El Mundo Subterráneo y la Masonería

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Alcoseri Vicente

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Mar 26, 2026, 7:35:41 PM (9 days ago) Mar 26
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El Mundo Subterráneo y la Masonería  
¿Qué representa para la Masonería  realmente ese mundo subterráneo, ese reino de demonios infernales, duendes,  gnomos y elfos, ese suelo sobre el que vivimos y los seres humanos echamos raíces como los árboles?
Cuando ingresamos a una caverna , siempre provoca en muchos de nosotros una sensación extraña , fascinante, misterioso , algo cambia en nosotros y nos preguntamos el porqué sucede esto.  Y seguramente quienes elaboraron el ritual de iniciación masónica sabían esto y lo dejaron plasmado en el paso a la cámara de reflexiones que en muchos templos masónicos esta cámara es subterránea.
Göbekli Tepe que sin duda era un centro de iniciación  de hace 12 mil años fue enterrada bajo capas de tierra, seguro para cumplir con esta idea de que fuera un centro subterráneo y que fuera desenterrada justo cuando fuera necesaria su reactivación en este siglo XXI.  
Toda definición  de la Realidad se vuelve imprecisa. El ser humano se descubre prisionero de un universo que define pero que no conoce verdaderamente. Para recuperar la sustancia esencial, el buscador se adentra en el laberinto: un camino simbólico cuyas idas y venidas son etapas purificadoras. En ese mundo de tinieblas y angustia, pierde toda seguridad y orgullo. Por una gracia divina, encuentra la puerta oculta  y baja. Aunque sus cadenas aún no han caído, tiene esperanzas en liberarse . El velo se levanta y, en esa Logia , la iluminación desciende hasta su corazón.
El tema del centro de la Tierra y las cuevas es uno de los arquetipos más antiguos y universales de la humanidad. Representa el descenso a lo profundo, la confrontación con la sombra, la muerte simbólica y el renacimiento. No es sólo un lugar físico: es un espacio interior donde se revela lo oculto, lo primordial y lo divino.

La Cueva de la Natividad (Belén) y la Cueva del Santo Sepulcro (Jerusalén): lugares de nacimiento y resurrección. Simbolizan la matriz divina y la victoria de la vida sobre la muerte.
El Infierno de Dante se sitúa literalmente en el centro de la Tierra.
Simbolismo oculto: la cueva es el vientre de la Tierra-Madre donde Cristo nace y resucita. Representa la “noche oscura del alma” y el segundo nacimiento espiritual.
La Cueva de Hira (cerca de La Meca): donde el profeta Mahoma recibió la primera revelación del Corán.
La Cueva de Thawr: donde se escondió con Abu Bakr durante la Hégira.
Simbolismo oculto: la cueva es el lugar de la iluminación súbita, la “noche del destino” (Laylat al-Qadr). Representa el retiro interior necesario para recibir la palabra divina.
Patala Loka: los siete mundos subterráneos, reino de las serpientes y los nagas.
Cuevas sagradas como las de Ajanta, Ellora o las usadas por ascetas y yoguis.
Simbolismo oculto: la cueva es el útero cósmico y el lugar de la meditación profunda. Descender es ir al origen primordial para alcanzar la liberación (moksha o nirvana).

Antiguo Egipto
El Duat (inframundo): un laberinto subterráneo donde el alma del difunto viaja para ser juzgada.
Cuevas y tumbas como la de Tutankamón o las pirámides (que representan la montaña primordial sobre la cueva).
Simbolismo oculto: la cueva es el lugar de la prueba y la transformación. El descenso prepara la “segunda muerte” y la resurrección como ser luminoso.

Tradiciones chamánicas y nativas americanas
Muchas tribus (hopi, mayas, aztecas) hablan de la emergencia desde cuevas: la humanidad nace de “las siete cuevas” o de un mundo subterráneo.
Simbolismo oculto: la cueva es la matriz de la Tierra. Salir de ella es el momento del verdadero nacimiento como pueblo consciente.

Mitología griega y romana
Cuevas de la Sibila de Cumas, la gruta de Pan, el Tártaro y el Hades.
Simbolismo oculto: la cueva es el umbral entre el mundo visible y el invisible. El descenso (katábasis) es necesario para obtener sabiduría o rescatar el alma.


Escritores y Obras Literarias

Dante Alighieri – La Divina Comedia (Infierno)
El centro de la Tierra es el punto más bajo del Infierno, donde Lucifer está congelado. Dante desciende, toca el fondo y sale por el otro lado hacia el Purgatorio.
Simbolismo oculto: el descenso al centro es la purificación total. Al tocar el fondo se produce la inversión: lo que era abajo se vuelve arriba. Representa la transmutación alquímica del plomo (pecado) en oro (luz).
Julio Verne – Viaje al centro de la Tierra (1864)
Los protagonistas descienden por un volcán islandés y descubren un mundo interior con océanos, dinosaurios y luz propia.
Simbolismo oculto: aunque es una novela de aventuras, evoca la búsqueda del origen primordial y la idea de un “centro vivo” de la Tierra (tema recurrente en la tradición esotérica).
Otras obras importantes:
Platón – La República (Alegoría de la Caverna): los prisioneros sólo ven sombras; salir de la cueva es la verdadera iluminación.
H.P. Lovecraft: cuevas y abismos como portales a horrores cósmicos (simbolismo del inconsciente colectivo y lo desconocido aterrador).
Edgar Allan Poe y Bulwer-Lytton: mundos subterráneos como metáforas de lo oculto y lo reprimido.
Rabelais – Gargantúa y Pantagruel: la “Divina Botella” en un templo subterráneo.
Tradición alquímica y rosacruz: la “cueva de los filósofos” o “caverna de los tesoros” donde se realiza la Gran Obra.


3. Simbolismo Oculto Común (el hilo que une todo)
En todas estas tradiciones y obras, la cueva / centro de la Tierra representa:

La matriz cósmica: el vientre de la Gran Madre (Tierra) donde todo se gesta.
La muerte y el renacimiento: el lugar de la “primera muerte” (ego) y la “segunda nacimiento” (ser espiritual).
El inconsciente: tanto personal como colectivo. Descender es enfrentar las sombras para integrarlas.
El eje del mundo (axis mundi): el centro donde se conectan los tres mundos (inferior, medio y superior).
La iluminación interior: la luz que nace en la oscuridad (como en la Cámara de Reflexión masónica).
La purificación: el descenso es prueba; la salida es transfiguración.

En masonería, la Cámara de Reflexión (o “cuarto oscuro”) es exactamente eso: una cueva artificial donde el candidato medita sobre la muerte, la transitoriedad y su propio centro interior antes de la iniciación. Es la versión moderna de todas las cuevas sagradas.
Mi visión como masón
El centro de la Tierra y las cuevas no son sólo lugares: son metáforas del alma humana. Toda gran tradición espiritual nos dice lo mismo: para subir hay que bajar primero. La luz más pura se enciende en la oscuridad más profunda. En un mundo obsesionado con la superficie (redes sociales, apariencias, velocidad), estos símbolos nos recuerdan que lo verdaderamente valioso se encuentra en lo profundo, en el silencio y en la confrontación honesta con uno mismo.
Para comprender los misterios y alcanzar los estados superiores del ser, es necesario descender hasta el centro de la Tierra. Hay que hundirse en la materia, superar la etapa de la cueva, que representa el lugar de la primera muerte y del segundo nacimiento.
Todos los textos sagrados describen un ritual que pone el símbolo en movimiento. Este viaje subterráneo no es material: es de naturaleza psíquica y sutil. Realiza en el ser una elevación espiritual que se manifiesta visiblemente durante la ceremonia iniciática.
La puerta se abre bajo la montaña del Purgatorio. Como mostró Dante, nos encontramos entonces ante lo Supremo Incognoscible y la cristalización luciferina. Este centro de la Tierra nos invita a reflexionar sobre una influencia espiritual profunda. El profano sale de allí glorificado. Si vuelve a tomar el camino del laberinto, ya sabe hacia dónde dirigirse; su marcha ya no es vacilante.
Durante esta ascensión, el iniciado   masón puede recapitular todos sus estados: desde su cristalización en el reino mineral hasta su condición actual. Todas estas pruebas conducen al conocimiento filosófico y a la liberación espiritual del alma.
El héroe desciende a las entrañas de la Tierra, guiado por una fuerza desconocida. Busca el centro para recuperar su energía psíquica. En esa zona sagrada debe reencontrar su realidad absoluta. Pero este santuario natural es muy difícil de hallar. Antes de construir templos artificiales, el ser humano buscó acercarse a las fuerzas de la naturaleza. La gruta o caverna condensa esas energías telúricas. Es la puerta subterránea al otro mundo. Su forma evoca el huevo primordial del que nace la sustancia andrógina, pero también es un vientre: el de la Tierra regeneradora. Allí el iniciado muere simbólicamente para renacer purificado. La caverna es, pues, la matriz universal.
En hebreo, la palabra “pozo” también significa mujer o esposa. La caverna engendra, pero también permite al ser humano conquistar su inmortalidad. Aquí se une la idea del infierno que regenera: la muerte no es aniquilación, sino transformación necesaria.
Oswald Wirth vio en la caverna un paralelo perfecto con el gabinete de reflexión y luego con la Cámara del Medio, donde resplandece la luz central. René Guénon señaló que el símbolo de la caverna y el del corazón son muy cercanos: ambos representan el centro del ser y el interior del huevo del mundo.
Platón elevó esta imagen a su máxima profundidad. En su famosa alegoría, la caverna representa el mundo sensible, donde sólo  percibimos sombras de la realidad trascendente. El iniciado debe salir de ella para contemplar la luz verdadera.
Numerosos episodios de la historia sagrada ocurren bajo tierra. La Anunciación a María sucede en una gruta cerca de una fuente. Las aguas superiores simbolizan la feminidad elevada, donde reina la Virgen (como en Lourdes). La Natividad también ocurre en una cueva. Zeus y Agni nacen en grutas. Los mexicas creían que su raza nació en la cueva de Chicomoztoc (“las siete cuevas”), un lugar sagrado.
Todas las cavernas santificadas por el paso de Jesús tienen accesos difíciles, entradas estrechas y ascensos peligrosos. Las puertas de los templos iniciáticos obligan al postulante a inclinarse, simbolizando humildad. Platón habla de dos aberturas: una hacia el cielo y otra hacia el mundo subterráneo. Dante sale del infierno y su fuerza ascendente le abre el paso al mundo superior.
Como Masón, agrego mi punto de vista:
Los postulados  iniciáticos no son sólo  un camino físico hacia abajo: son un viaje hacia adentro. Descender a la caverna es descender a nuestro propio inconsciente, enfrentar las sombras personales y colectivas. Sólo  quien se atreve a bajar puede subir transformado. En un mundo que valora la superficie y la velocidad, la masonería nos recuerda que la verdadera luz se conquista en la profundidad, en el silencio y en la oscuridad voluntaria. No hay iluminación sin antes haber atravesado la noche oscura del alma.
La caverna es madre y tumba al mismo tiempo. Nos recuerda que toda gran transformación exige una muerte simbólica. Allí donde parece reinar sólo  la oscuridad, se gesta la luz más pura. El iniciado que sale de ella ya no es el mismo: lleva dentro el fuego que no se apaga.
Los postulados  iniciáticos nos enseñan que el verdadero templo no se construye hacia arriba, sino hacia dentro. Y que sólo  quien ha bajado hasta el centro de sí mismo está realmente preparado para elevarse y ayudar a elevar a los demás.
Alcoseri 


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