¿Fue Cristo un Masón Anticlerical de la Antigüedad?
Jesús el Cristo es conocido tradicionalmente como “el carpintero”, pero el estudio de las palabras originales nos revela una verdad mucho más rica y profunda: no fue sólo un trabajador manual, sino un constructor, maestro y guía espiritual, muy cercano al ideal masónico. La Francmasonería, luz de sabiduría y libertad, encuentra en su figura un antecedente magnífico, una enseñanza eterna que conecta con sus principios más nobles: perfeccionamiento, fraternidad y búsqueda de la verdad.
En el Libro de la Ley , concretamente en los evangelios se le llama hijo del carpintero, pero en arameo se usa nagar y en griego tekton. Lejos de significar sólo carpintero, ambas palabras traducen como albañil, masón, artesano o maestro constructor; en hebreo también aparece como sapatim, igualmente “constructor experto”. En otros idiomas:
Inglés: tekton → constructor, artífice
Francés: tekton → maître d’œuvre, creador
Latín: tectonius → relacionado con la construcción y la obra
Sánscrito: naga → ser sabio, elevado, símbolo de conocimiento y poder espiritual
Todo indica que Jesús no trabajaba la madera, sino la piedra: fue un masón especulativo, es decir, uno que construye no casas, sino conciencias y seres humanos. Se llamó a sí mismo Piedra Angular, llamó a Pedro “Piedra”, habló de reconstruir el Templo en tres días… todo lleno de simbología masónica.
Hay vínculos impresionantes: vivió y enseñó como los esenios de Qumrán, que usaban rituales, mandiles, grados, lenguaje secreto y una idea de resurrección muy parecida a nuestro Tercer Grado. Como nosotros Cristo , criticó a quienes se aferran a la letra sin espíritu: llamó hipócritas a líderes religiosos que cumplían normas pero olvidaban la caridad. Fue un revolucionario social, sin violencia, igual que la masonería: transformar desde la razón, la justicia y la libertad.
Su enseñanza tiene dos niveles: exotérica (para todos, sencilla) y esotérica (profunda, para quienes pueden entenderla), igual que nuestras doctrinas masónicas. Para Él —y para nosotros— la salvación y el progreso no vienen sólo de creer, sino de esforzarse, aprender y perfeccionarse. Lo esencial no está en libros ni reglas rígidas, sino en la ley escrita en el corazón y en el estudio del universo.
El "anticlericalismo" de Jesucristo no se dirigía contra la religión en sí, sino contra la corrupción y el fanatismo de su época. Él denunció el abuso de poder y el uso de la autoridad religiosa para oprimir al pueblo, consolidar privilegios o aparentar una piedad vacía. Ejes de la postura de Jesús Crítica a la ostentación: Cuestionó a los líderes religiosos por buscar el reconocimiento público, usar vestimentas ostentosas y exigir lugares de honor (Mateo 23:5-7).Opresión de las leyes: Criticó que los fariseos impusieran pesadas cargas morales y legales a las personas, sin ofrecerles ayuda o compasión (Mateo 23:4).
Prioridad del amor sobre el rito: Puso la misericordia y la ayuda al prójimo por encima de las normas y tradiciones del templo (Marcos 2:27-28, Mateo 12:7).Purificación del Templo: Expulsó a los cambistas y comerciantes, acusándolos de convertir la casa de Dios en una "cueva de ladrones" (Mateo 21:12-13). Un mensaje de servicio.
Lejos de buscar el poder terrenal, Jesús estableció un modelo de liderazgo basado en el servicio absoluto, donde el más grande debe ser el servidor de los demás (Marcos 10:43-45).
Hoy, la masonería debe volver a este espíritu: libertad, sentido común y dejar atrás normas vacías. Al igual que Jesús, somos constructores de hombres, defensores de la tolerancia y luz contra la ignorancia.
Como Masón, destaco: esta coincidencia no es casualidad. Ambos —Jesús el Cristo y la Masonería— representan la misma misión: liberar, educar y elevar al ser humano. Él fue el primer Gran Arquitecto entre nosotros, y nosotros seguimos su obra: edificar un mundo mejor, piedra sobre piedra, corazón sobre corazón.
Un cuento: El Constructor de Piedras Vivas
Hace mucho tiempo, en un pueblo de colinas y casas de piedra, vivía un hombre al que todos llamaban el Tekton. No se le veía cortar madera, sino observar y vigilaba las piedras, saber cuál servía para el muro, cuál para el pilar, cuál para el rincón más fuerte.
Un día le preguntaron:—¿Por qué no construyes casas y templos de piedra como los demás? Él sonrió y tocó el pecho de uno de ellos:—Yo no construyo para el mundo de la materia. Yo construyo el templo que no se cae, hecho de piedras que respiran, piensan y aman. Cada uno de ustedes es una piedra; yo sólo les ayudo a encontrar su lugar, su forma y su fuerza.
Algunos lo entendieron, otros sólo vieron a un hombre raro que hablaba en parábolas. Pero quienes se acercaron de verdad aprendieron su secreto: el verdadero constructor no trabaja la piedra, trabaja al hombre.
Siglos después, muchos hombres de mandil y escuadra siguen caminando con esa misma idea. Saben que ser masón es ser ese mismo Tekton: construir fraternidad, libertad y verdad, hasta que el mundo entero sea un gran templo de luz y justicia.
Alcoseri
