Munar corneada

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Jaime Sancho

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Aug 10, 2005, 8:30:11 PM8/10/05
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 ROMAN PIÑA VALLS


Le encantan las multitudes. Si vas a pedirle que acuda a un salón de actos para que reparta premios, cuelgue medallas y suelte unas palabritas ante un micrófono y más de veinte personas, te dirá que sí. Le gusta la gente por una razón obvia. Pero para ella las personas no son personas, son sólo máquinas de votar.

Si la invitas a una paella para 500, te dirá que sí. Si la invitas a un pa amb oli para mil, te dirá que sí. Si la invitas a una inauguración de una exposición, te dirá que sí. Con que haya más de veinte personas ya le vale la pena sacar del armario el abrigo de visón, ya amortiza la laca de ese pelucón, ya cree que bien gastados están unos milímetros de los tacones de sus zapatos.

Si unos cazadores le piden que presida un genocidio animal, irá encantada. Si le piden unos pescadores que patrocine una romería, irá corriendo a disfrazarse de diosa llampuga. Los criadores de trotones la llaman Cenicienta, y los cofrades de Semana Santa le han prometido que si desfila en la próxima procesión la dejarán ir sin capirote. Los restauradores de antigüedades son pocos, pero si llaman a Munar seguro que sacarán tajada.

Los moteros son muchos, y ella tenía que estar allí. Donde haya premio y un micrófono, tiene que estar. En el coso taurino de Palma había diez mil personas, y Munar se puso cachonda sólo de pensar en esas potenciales diez mil máquinas de votar meditando el día de la próximas elecciones si votar a la señora del pelucón, esa que da los premios. A lo mejor los premios de Munar ya no tienen el efecto esperado. A lo mejor, tras el escándalo de las cuentas escondidas del Consell, ya nadie quiere un dinero que haya pasado por las manos purulentas de unos políticos que no gobiernan, sino que se limitan a comprar votos.

La ceguera psicópata de Munar tenía que llevarla a este suicidio, a este baño de abucheos que caen como ladrillos sobre la laca. Tantos años de gestión marrana al fin han elevado el olor de la pocilga hasta límites inaguantables. Lo más fino que el pueblo le ha dicho es caradura y sinvergüenza. El pueblo le ha perdido el respeto. Se va a tener que ir a casa.

El colmo de la inopia en que se encuentra UM es el caso del edil de Calvià. UM tiene las narices de acusar al PP de ruptura del pacto, cuando UM ha intentado acabar con el alcalde del PP en Calvià. Munar, ciega de vanidad una vez más, da un ultimátum que es una palada más en su propia tumba.

Si le pides que acuda a un concierto de rock, te dirá que sí, siempre que pueda salir al escenario. Si le pides que suba al patíbulo donde le espera la guillotina, te preguntará si va a salir en la tele.

Fuente: El Mundo/El Día de Baleares

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