Las mujeres olvidan hacerse mamografías a pesar de haber sufrido un cáncer en la infancia

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Jan 31, 2009, 3:56:33 PM1/31/09
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Un técnico prepara a una paciente para la radioterapia (Foto: Michael
Anderson | NCI)
Actualizado miércoles 28/01/2009 01:32 (CET)
MARÍA VALERIO
MADRID.- Sobrevivir a un cáncer en la infancia o la adolescencia ha
dejado de ser una rareza. Sin embargo, a cambio de las mejorías de
pronóstico logradas en las últimas décadas, estas personas tienen
mayor riesgo de volver a tener un tumor siendo adultas. Un trabajo
conocido esta semana subraya la importancia de la mamografía como
técnica de detección precoz de un cáncer de mama en jóvenes que
recibieron radioterapia en el tórax durante su infancia.

Curiosamente, aunque el riesgo de desarrollar un tumor de mama años
después de la radioterapia es bien conocido, muchas jóvenes pasan por
alto esta información a juzgar por las conclusiones de la
investigación que acaba de publicar la revista 'The Journal of the
American Medical Association' (JAMA).

El trabajo advierte que muchas supervivientes de un tumor infantil que
recibieron radioterapia a altas dosis no participan en programas
organizados de diagnóstico precoz, y sólo la mitad de ellas se hace
una mamografía anual como sería recomendable. "Nuestras conclusiones
ponen los pilares para que médicos y pacientes pongan en marcha
iniciativas coordinadas".

El doctor Luis Madero, responsable del Área de Oncología en el
Adolescente y Adulto Joven de la Clínica La Luz de Madrid, coincide
con esta llamada de atención. "Aunque a estos pacientes cada se les
radia menos en el tórax, hay un porcentaje, sobre todo en el caso del
linfoma de Hodgkin, que se sigue usando radioterapia", explica el
especialista. El problema, añade, es que después de abandonar la
consulta del oncólogo pediátrico a los 18-20 años, no siempre reciben
el seguimiento adecuado por otros especialistas.

Como explica el trabajo, se calcula que el riesgo de sufrir un tumor
mamario comienza a ser evidente ocho años después de recibir la
radiación en el tórax; y se estima que entre el 12% y el 20% de las
mujeres de unos 45 años podrían desarrollar un cáncer a consecuencia
de la radioterapia administrada años atrás. Por este motivo, la
recomendación 'oficial' habla de una mamografía al año a partir de los
25 u ocho después de acabar con la 'radio', según qué suceda más
tarde.

Tres grupos de mujeres
En el trabajo, realizado por el equipo de Kevin Oeffinger, del
Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York (en EEUU), se
comparó a 551 mujeres supervivientes de un tumor pediátrico entre 1970
y 1986 con otros dos grupos: sus hermanas (otras 712 mujeres) y otras
639 féminas que superaron un cáncer en la infancia sin necesidad de
recibir radiaciones en el torso.

Lo que descubrieron al analizar sus conclusiones, es que las
supervivientes mayores eran más proclives a pasar por el mamógrafo que
las jóvenes. En el grupo de las que tenían entre 25 y 39 años, un
57,3% respondió que nunca se había hecho una mamografía; mientras que
más del 75% de sus compañeras de los 40 a los 50 años había pasado la
prueba en los últimos dos años.

La edad también resultó ser un factor favorable a la mamografía en los
tres grupos, y por cada lustro de edad se duplicaban las
probabilidades de que la mujer se hiciese este test de diagnóstico
precoz del cáncer de mama. A pesar de que no cumplían las expectativas
(sólo el 55% del total se había hecho el test en los últimos dos
años), el grupo tenía mejor asistencia a la mamografía que sus
hermanas y que las mujeres con un tumor infantil que fue tratado sin
radioterapia en el pecho.

Excusas y oportunidades
Pero no fue la edad, sino el consejo médico el factor más determinante
para que estas supervivientes se decidiesen a hacerse la prueba.
Aquellas a quienes un especialista les había recomendado la mamografía
tenían tres veces más probabilidades de hacer lo correcto; mientras
que 'soy muy joven' o 'no me lo ha mandado el médico' fueron las
excusas más repetidas entre las perezosas.

Éstas son, según los autores, las primeras evidencias de que no se
está cumpliendo adecuadamente con la mejor fórmula para vigilar a las
mujeres que superaron un tumor pediátrico; por lo que esperan que la
advertencia sirva para desarrollar intervenciones que mejoren esta
situación. Y aunque el empleo de radioterapia a altas dosis ha
descendido de manera importante, aún hay numerosas personas que
podrían considerarse dentro de esta categoría de 'alto riesgo', a las
que les beneficiaría la vigilancia.

Como apuntan en un editorial los británicos Aliki y Roger Taylor, el
riesgo de cáncer no es la única secuela de los niños y adolescentes
que han tenido cáncer, por lo que sería conveniente prestarles la
atención necesaria. Sobre todo, teniendo en cuenta, que cada vez son
más los que logran sobrevivir a la enfermedad. "Deberían introducirse
cambios en el sistema, mecanismos de información y de seguimiento para
evitar 'perder' a estos pacientes cuando abandonan la consulta de
oncología y vigilar las posibles secuelas", concluye Madero por su
parte.
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