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Hasta el día de hoy no es sencillo hablar del orgasmo. No lo es
porque para hacerlo hay que hablar del placer femenino. Pocas son las
mujeres que conocen su cuerpo con libertad y amor, y saben qué les
produce placer y lo expresan sin temor al qué dirán.
Los hombres tienen sentimientos contradictorios frente al orgasmo
femenino. Por un lado, se preocupan por conocer cuáles son los signos
exteriores que evidencian que una mujer llegó al clímax, y por otro,
cuando ella lo manifiesta, sienten inseguridad y piensan que están
frente a una jugadora o mala mujer.
Por el tipo de educación sexual que aún existe: desinformación sobre
el tema, falta de diálogo entre padres e hijos, y entre las parejas,
la mayoría de mujeres no conoce aún sus zonas de placer y les da
vergüenza hablar de ellas. Por esa razón, muchas veces repiten modelos
de conducta o copian algunos gestos que confunden al varón, pero a
ellas mismas también, sostiene la sexóloga de Apropo, Trixsi Vargas.
En realidad, el orgasmo en la mujer es provocado por un conjunto de
estímulos que se producen en las zonas llamadas erógenas, como son los
labios menores, las paredes de la vagina y el clítoris. Pero también
existen otras que cada mujer reconoce como propias: el cuello o las
caricias en la espalda, por ejemplo. El orgasmo supone la liberación
de la tensión sexual y se traduce en una sensación de intenso placer.
Para que se produzca tiene que haber un alto grado de excitación
sexual, que aumenta la secreción vaginal, acelera la respiración y se
expresan exhalaciones cortas y rápidas. Cada mujer lo vive de manera
diferente. Llegar al orgasmo es un derecho de la mujer.