El Peso de la Guerra y el Camino Para los hombres de la frontera, el ajuar era sinónimo de supervivencia. Cuando Blas Ochoa de Elejalde dictó su última voluntad en 1716, sus posesiones más preciadas no eran adornos, sino herramientas de defensa y movimiento: su silla jineta, sus espuelas, el freno de su caballo y un arcabuz listo para disparar. Del mismo modo, el Alférez Jacinto de la Garza en 1724, dejó tras de sí una espada y una carabina, mudos testigos de una vida a caballo, junto a una silla vaquera que seguramente conoció leguas de polvo y sol.
El Refugio del Hogar: Plata y Fe Pero al cruzar el umbral de las casas, el escenario cambiaba. En la morada de Doña Josefa Montes de Oca (1720), la viuda del Capitán Ballesteros, la luz de las velas arrancaba destellos a la plata labrada: ocho platos, saleros y, curiosamente, dos "tembladeras" (copas con asas para beber chocolate sin derramar), símbolos de estatus y civilidad. La fe también ocupaba un espacio físico y tangible; Doña Josefa legó un crucifijo con su baldaquín y un cuadro de Nuestra Señora del Carmen, destinados a perpetuar la devoción familiar en el Valle del Oaxuco.
La Vanidad y el Color A pesar de la austeridad del entorno, los testamentos desmienten la idea de una sociedad gris. El inventario de José Joaquín de Mier Noriega en 1790 es un estallido de color y textura: casaquitas de "persiana encarnada" (tela roja fina), medias de seda y listones de tisú.
Por su parte, Antonio Fernández en 1751 describió con minuciosidad las prendas que protegían del frío y vestían de dignidad a su familia: desde su propio gabán de paño de Querétaro y zapatos de cordobán, hasta el ajuar de su esposa, con naguas de sarga y un ajustador de raso. Incluso en la cocina, los objetos tenían nombre y valor: dos metates de piedra y un cazo de cobre eran herencia suficiente para asegurar el sustento de la siguiente generación.
El Último Adiós Al final, estos objetos —desde las perlas finas de la esposa de Blas Ochoa hasta la simple caja de madera de Nicolasa de Escamilla— contaban la historia de quiénes eran. No eran simples mercancías; eran "géneros de Castilla" traídos de ultramar, "tazas de China" que cruzaron el Pacífico, y "ropa de la tierra" tejida en el virreinato. Al testar, estos hombres y mujeres no solo dejaban cosas; dejaban la evidencia de que, incluso en la frontera más lejana, habían logrado construir un hogar.
Fuente Principal:
Protocolos_V_2_1 (1).pdf (Extractos de testamentos de los Volúmenes 12, 13, 19 y otros).