Cuentos SUFIS

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EL Agricultor

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Oct 11, 2012, 12:50:23 PM10/11/12
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LA ENTRADA A UN CÍRCULO SUFÍ 

Si lees y si practicas, puedes estar cualificado para un círculo sufí. Si sólo 
lees, no lo estarás. Si piensas que has tenido experiencias sobre las que 
puedes progresar, tal vez no estés cualificado. 

Las palabras solas no comunican: debe haber algo preparado 
previamente de lo que las palabras son una indicación. 
La práctica por sí sola no perfecciona a la humanidad. El ser humano 
necesita el contacto de la verdad, inicialmente en una forma que pueda 
ayudarle. 

Lo que es conveniente e impecable para un tiempo y lugar, es 
generalmente limitado, inadecuado, o un obstáculo para otro tiempo y 
lugar. Esto es así en la búsqueda también en muchos ámbitos de la vida 
ordinaria. 

Espera y trabaja para que puedas ser aceptable para una círculo sufí. No 
intentes juzgar a sus miembros, a menos que estés libre de codicia. La 
codicia te hace creer cosas que normalmente no creerías. Te hace no 
creer en cosas que por lo general creerías. 

Si no puedes superar la codicia, ejercítala únicamente donde puedes 
verla actuar, no la lleves al círculo de los iniciados. 

(NAZIR EL KAZWINI, Observaciones solitarias) 



 UNA HISTORIA DE IBN HALIM 

Existen dos hombres de gran renombre como maestros del Camino 
Correcto. Ibn Halim relata que fue  primero a ver a uno de ellos, cuyo 
nombre era Pir Ardeshir de Qazwin. 

Al encontrarlo le dijo: “¿Me aconsejarías qué hacer y qué no hacer?” 

“Sí, pero te daré tales instrucciones que te serán muy duras de cumplir, 
puesto que irán en contra de tus preferencias, incluso aunque éstas 
consistan a veces en privaciones.” 

Ibn Halim pasó varios meses con el pir* Ardeshir, y descubrió que la 
enseñanza era realmente muy difícil para él. Aunque los anteriores 
discípulos del pir Ardeshir eran ya famosos en todo el mundo como 
maestros iluminados, él no podía soportar los cambios, las incertidumbres 
y las disciplinas que se le imponían.  

Al final, solicitó permiso al pir para dejarle, y viajó a la tekkia del segundo 
maestro, Murshid Amali. 

A Murshid le preguntó: “¿Me impondréis tareas pesadas que pueda 
considerar cercanas a lo intolerable?” 

Amali respondió: 
“No te impondré tales tareas.” 
Ibn Halim preguntó: 
“Me aceptáis entonces como discípulo?” 
Murshid respondió: 37 
“No hasta que me hayas preguntado por qué mi entrenamiento no sería 
tan costoso como el del pir Ardeshir.” 

Ibn Halim preguntó entonces: “¿Por qué no sería tan costoso?” 

Murshid le contestó: “Porque yo no me ocuparía de ti y por tu bienestar 
real como lo hizo Ardeshir. Por lo tanto, no debes pedirme que te acepte 
como discípulo.” 

* Guía espiritual (N. del T.)


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