La Europa que conocemos

15 views
Skip to first unread message

isabel...@gmail.com

unread,
May 10, 2006, 3:51:22 PM5/10/06
to Camino Jacobeo
La Europa que nosotros conocemos, dentro de cuyos límites geográficos
se encuentra situada España, se conformó cultural y espiritualmente
después de la caída del Imperio Romano. Roma, en verdad, nunca fue
Europa, aunque, a través de ella se creara la posibilidad de unificar
los diversos pueblos, que la circundaban. Desde los primeros años de
nuestra era, aparte de los Evangelios y del libro Acta Apostolorum ,
los escritores contemporáneos a la historia en ellos narrada,
historiadores de tan reconocida reputación como Josefo (Flavio),
judío de nacimiento, (año 37 en Jerusalem, y fallecido el año 95 en
Roma), dan testimonio documental sobre la vida y milagros portentosos
de Jesús, el Redentor, ajusticiado en Jerusalem y al que sus
discípulos llamaban el Ungido (en griego Cresto), por lo que se les
conocía con el sobrenombre de "crestianos". Son numerosos los escritos
de historiadores y escritores, profanos y religiosos (Suetonio, Dión
Casio, Eusebio, Tertuliano, Tácito, etc), que cuentan la historia de
las persecuciones y martirios de multitud de seguidores de Jesús
("multitudo ingens"), detallando tanto el martirio como los diálogos,
acusaciones y defensas de los que no podían admitir al Cesar como
Dios, renunciando a su fe cristiana. Los emperadores Nerón, Domiciano,
Trajano, Adriano, Antonino Pío, Marco Aurelio, Cómodo, Septimio
Severo, etc, a lo largo de tres siglos interrogan y condenan a miles de
cristianos, con martirios atroces, entrando de lleno estos documentos
en la Historia, tanto de Roma como de todos los pueblos bajo su
dominio, y de otros que, como consecuencia de la Diáspora judía,
tuvieron la ocasión de conocer la vida y doctrina de Cristo, en
Oriente, Sin posibilidad de enumerar a todos los que dieron su vida por
Cristo en aquellas persecuciones, me permito enumerar someramente, en
aras del rigor histórico, algunos de ellos:


- A la orden de NERÖN (54-68), entre la "gran muchedumbre de mártires
" (Clemente Romano), las más insignes fueron los príncipes de los
apóstoles: Santiago, San Pedro, San Pablo.


- Bajo el mandato de DOMICIANO (81-96): Acilio Glabrión, de familia
consular; Flavio Clemente, primo hermano de Tito y de Domiciano; Flavia
Domitila, esposa de Flavio Clemente; La persecución se extendió a:
Bitinia (Plinio el Joven), Asia menor, (Tertuliano), Palestina
(Hegesipo).


- Bajo la autoridad de TRAJANO (98-117), ADRIANO (117-138) y MARCO
AURELIO (161-180): San Justino, eminente filósofo; al grupo de los
mártires de Lyón y Viena de Francia debe añadirse el Obispo Potino,
los diáconos Sanctus y Attalus, la esclava Blandina, el niño
Póntico, de quince años y otros cuarenta y cinco cristianos. Eusebio
habla de tres obispos mártires en el Oriente.


- En el gobierno de CÓMODO (180-192), fueron martirizados entre otros
Apolonio, miembro del Senado romano y de nobilísima familia; los seis
mártires escilitanos, tres varones y tres mujeres.


- SEPTIMIO SEVERO (192-211) publicó el primer edicto general en el que
se prohibía hacerse judíos y cristianos. Se aplicó con todo rigor,
tanto en Oriente como en Occidente, con el consiguiente derramamiento
de sangre: Leónidas, padre de Orígenes, las Santas Perpétua y
Felicidad; los Santos Félix, Fortunato y Aquiles, apóstoles de
Balance; San Ireneo, obispo de Lyón.


- MAXIMINO DE TRACIA (235-238) arreció la persecución, principalmente
contra los dirigentes cristianos y así dieron su vida como testigos de
Cristo: el papa Ponciano, Hipólito y Antero. Esta persecución dio
lugar a varios martirios tambien en Oriente.


- Elevado al trono CAYO MESSIO QUINTO TRAJANO DECIO (249-250), el
cristianismo tuvo que sufrir una de su más duras pruebas; ya que la
persecución promulgada por Decio iba dirigida a aniquilar no sólo a
los cristianos sino a hacer desaparecer todo vestigio de esta doctrina.
Dió poder absoluto a proconsules o gobernadores provinciales para
exigir de todos los súbditos lo que se les imponía. Es decir, el
reconocimiento de la religión del Estado, sea ofreciendo alguna
libación, sea participando en banquetes sagrados, aunque sólo fuera
quemando un grano de incienso. Se exigía dar muestra exterior de
adhesión al culto pagano. Era necesario empezar por las cabezas que
regían y predicaban la doctrina y fe cristianas. Como consecuencia de
estas ordenanzas, los cristianos volvieron a ocultarse, principalmente
quienes en ese momento estaban señalados como primeras víctimas;
entre ellos podemos mencionar a San Cipriano de Cartago, San Gregorio
Taumaturgo y San Dionisio de Antioquía. Una de los primeros mártires
fue el papa San Fabián, siguiéronle diversos clérigos romanos,
muchísimos obispos, simples cristianos, matronas venerables, niños,
adolescentes, jovenes, quedando consignado en multitud de actas de
mártires. Referencia de los traídos de Oriente para martirizar en
Roma: Abdón y Senén. En Italia cabe señalarse a Santa Águeda, hija
y patrona de Catania; en Egipto; multitud de hogueras en la capital de
Alejandría donde ofrecieron sus vidas por Cristo numerosos fieles. En
Cartago, en Grecia, Creta y otras islas helénicas la manifestación de
fe fue notoria y relatada en numerosos documentos: San Pionio, obispo
de Esmirna; otras ciudades del Asia proconsular, Éfeso, Pérgamo,
Bitinia, etc, nos hablan de diversos obispos martirizados: Alejandro de
Jerusalén, San Babilas, obispo de Antioquía, Nestor, obispo de
Panfilia.


- VALERIANO (253-260): en un primer Edicto expuso la aceptación de
cualquier culto en privado, para poder entrar en el conjunto de
religiones permitidas por el Estado. Así se privaría al pueblo
cristiano de sus jefes. Los dos obispos de las más importantes
ciudades del Imperio, San Dionisio de Antioquía y San Cipriano de
Cartago, tuvieron que comparecer ante los magistrados romanos y al
negarse a sacrificar a los dioses, fueron desterrados. De igual forma
fueron deportados y encarcelados en Numidia multitud de obispos,
sacerdotes y simples fieles.

En un segundo Edicto (258) decretó que todos los obispos, presbíteros
y diáconos, que no hubieran obedecido las ordenes del emperador,
fueran ejecutados. Víctimas de esta nueva persecución cabe destacar
en Roma al papa Sixto II junto con cuatro diáconos, uno de estos fue
San Lorenzo condenado a sufrir el martirio asado en unas parrillas.
Otro mártir muy famoso y querido por toda la iglesia fue San Tarsicio.
Las iglesias más florecientes de Cartago y Egipto fueron las más
probadas de todas. En Cartago, San Cipriano fue conducido ante el
proconsul Galerio Máximo, donde hizo una de las confesiones más
valientes y hermosas de su fe. Al anunciar el proconsul "Ordenamos que
Tascio Cipriano sea muerto por la espada", respondió él con la
serenidad del héroe: "Gracias sean dadas a Dios". Otros obispos,
tambien desterrados, debieron comparcer ante el juez imperial siendo
inmolados en aras de su constancia en la confesión de su fe. Se
deberían añadir los martirios de dos clérigos, del diácono Jacobo,
del lector Mariano y la de ocho mártires más con Lucio y Montano a la
cabeza. En Utica fue célebre el martirio de trescientos cristianos con
el obispo Cuadrato a la cabeza, conocido tradicionalmente con el
calificativo de <massa candida>. Fueron arrojados a un gran estanque
lleno de cal, quedando sus cuerpos calcinados y blancos. Esta trágica
y dolorosa persecución se extendió con virulencia por Egipto y Asia.
En españa debemos recordar el martirio de San Fructuoso, obispo de
Tarragona y de sus dos diáconos Augurio y Eulogio, que fueron quemados
vivos.


DIOCLECIANO (284-305): en el año 295 fue martirizado en Numidia un
soldado cristiano, llamado Maximiliano y tres años más tarde el
centurión Marcelo. En España la persecución se ensañó con las
ordenes de la pena capital a quienes no apostataran de su fe cristiana;
fue el caso de los mártires de Calahorra Emeterio y Celedonio, del
soldado Marcelo, natural de León y centurión de la legión Séptima
Gémina, de las Santas Justa y Rufina en Sevilla, de San Vicente,
oriundo de Huesca y torturado con el potro, el lecho incandescente,
garfios de hierro, para finalmente arrojarle a una mazmorra horrible.
Su heroismo, fortaleza, fidelidad y martirio fue cantado por Prudencio.
No menos glorioso para la iglesia española fue el martirio de los
dieciocho mártires de Zaragoza; a propósito de esa sangrienta y
rigurosa persecución de Diocleciano, también Prudencio en su himno
cuarto del Peristéfanon nos deja el siguiente relato:


"Cuando Dios, blandiendo su fulminante diestra... venga resplandeciente
a pesar a las gentes en su justa balanza, le saldrán al encuentro, en
medio de todo el orbe, con la cabeza erguida, las ciudades, llevando en
sus canastillos sus preciosos dones: la Africana Cartago mostrará tus
huesos, ¡oh Cipriano!... Córdoba dará a Acisclo y a Zoilo y las tres
coronas de Fausto, Jenaro y Marcial. Tú, Tarragona, ofrecerás a
Cristo una diadema bellísima con tres perlas engarzadas sutílmente
por Fructuoso... Gerona expondrá los santos miembros de Félix... la
esclarecida Barcelona se levantará con Cucufate; Narbona con Pablo y
Arlés con Ginés; Mérida... las cenizas de su niña Eulalia;
Alcalá... las urnas llenas de sangre de Justo y Pastor; Tánger con
Casiano. Cada una de estas ciudades no podrá dar más de uno, dos,
tres, o a lo sumo cinco mártires, pero tú, ¡oh Zaragoza!, tan amante
de Cristo, que tienes las cumbres coronadas de olivos, tú te
levantarás con tus dieciocho santos".


Otros muchos nombres podrían añadirse a los referidos aquí arriba:
Optato, Luperco, Suceso, Marcial, Urbano, Julio, Quintiliano,
Ceciliano, Evento, Primitivo... Engracia, Vicente, Cayo..Y además en
esa innumerable lista de mártires españoles, añadir los de Santa
Leocadia de Toledo; de los Santos Vicente, Sabina y Cristeta de Ávila;
San Crispín de Écija, San Servando y San Germano de Mérida; San
Victor de Braga; San Facundo y San Primitivo de Sahagún ; San Ciriaco
y Santa Paula de Cartagena; Santos Claudio, Lupercio y Vitorico de
León; Máxima y Julia de Lisboa, y otros muchos como Santa Eulalia de
Barcelona. Otro tanto se puede añadir de las otras poblaciones del
Imperio Romano, como en Italia San Marcos, San Marcelino, Santa Inés,
San Saturnino, Santos Primo y Feliciano , San Tiburcio, San Ciriaco y
compañeros mártires; San Pancracio, San Sebastian, intimo amigo de
Dicleciano; San Gervasio, San Protasio, Santa Justina, Santa Lucía,
entre otros muchos santos que padecieron el martirio en este período.
África siempre fecunda en sangre de mártires: San Cipriano, Félix,
obispo de Tabiaca, Saturnino de Abitina y sus cuarenta y ocho
compañeros mártires, las santas Máxima, Donatilla y Secunda; Santa
Crispina de Tabaste; Fabio, Victor y Marciana en la Mauritania. En
Egipto: Filoromo, mayordomo imperial; los obispos Fileas de Túnez y
Pedro de Alejandría; Hesiquio, Pacomio y Teodoro; Fausto, Dío y
Ammonio; el taumaturgo Menas; los Santos Ciro y Juan; el obispo Psocio
y Dióscoro. Se puede afirmar que en todo el oriente imperial la
persecución se cegó en un encarnizado combate contra los cristianos.
En Palestina, en Fenicia, Arabia y Mesopotamia, La Cilicia, Galacia, el
Ponto, Paflagonia, Capadocia y demás regiones del Asia proconsular. En
la cuenca del Danubio y en los Balcanes, Galerio aplicó con el máximo
rigor la persecución, baste recordar a los obispos de Pettau, anterior
a Nicea, Victorino; Ireneo de Mitrowitza; Anirino de Siscia. Es digna
de mención el desenlace de la legión de Tebea , que bajo el mando de
Maximiano se negó a martirizar a los cristianos, por lo que fue
diezmada dos veces y al fin aniquilada. Son conocidos los nombres de
Mauricio, Cándido, Victor y Segundo.

Al término de estas referencias cabría ya sacar las primeras
conclusiones sobre las raíces que informaron la Europa que conocemos.
Mas la historia es un devenir sin lagunas que, a veces innova y en
otras confirma, añade y completa. No existe un periodo histórico en
el que no haya que reflexionar sobre los elementos que le integran. A
partir del S. IV la Iglesia, ya en pleno desarrollo, testimoniada por
la sangre de tantos que dieron su vida por Cristo y en defensa de su
fe, sigue creciendo y extendiéndose por todas las poblaciones
existentes, dentro y fuera de los límites que comprende el Imperio
Romano. No es este el momento de exponer la integración histórica del
Cristianismo en las culturas de todo el Continente Europeo, no es mi
propósito. Mi idea es la de llegar a sacar unas conclusiones que, de
forma lógica, puedan aducirse en defensa de la venida del Apóstol
Santiago a España y el origen milenario del Camino de Santiago.

Dado que S.S. Juan Pablo II, en su venida a España en Mayo de 2003, en
su predicación expresó, -como yo no soy capaz de hacerlo-, con
claridad y firmeza el propósito de este artículo mío, con el respeto
y amor que le profeso, me permito incluirlo como prólogo de cuanto en
él expongo. El Santo Padre quiso destacar en su mensaje la importancia
de la Peregrinación Jacobea, como expresión "de los orígenes
espirituales y culturales del Viejo Continente, pues la Iglesia y
Europa son dos realidades íntimamente unidas en su ser y su destino"

..."Por ello, a pesar de la actual crisis cultural que, en ciertos
aspectos, repercute en la vida de algunos cristianos, debemos reafirmar
que el Evangelio sigue siendo una referencia fundamental para el
Continente"... "El Camino de Santiago, a través del cual tantos
peregrinos han justificado y acrecentado su fe a lo largo de la
Historia y que ha dejado su impronta netamente cristiana en la cultura
humana, no puede olvidar su dimensión espiritual"... "Cualquier
iniciativa que intente desvirtuar o adulterar su carácter
específicamente religioso sería una tergiversación de sus
auténticos orígenes"... "En estos momentos transcendentales para la
consolidación de Europa unida, deseo evocar las palabras con las que
en Santiago de Compostela me despedía al finalizar mi primer viaje
apostólico por tierras españolas, en noviembre de 1982. Desde allí
exhortaba a Europa con un grito lleno de amor, recordándole sus
raíces cristianas: ¡¡ Europa, vuelve a encontrarte. Sé tu misma.
Avíva tus raíces !!


En el apartado dedicado a las persecuciones dejé un dato histórico
para analizar con mente ecuánime sobre su autenticidad; se trata de un
dato que vino a mis manos, investigando sobre el posible Camino de la
1ª Evangelización Hispaniae: un Edicto de Publio Aurelio Licinio
VALERIANO. Este emperador romano, motivado por el grandioso poder de
DECIO, en el año 257 prohibe el acceso y tránsito a Iria Flavia. No
se encuentra la razón de este decreto, lo que sí se conoce
históricamente es que este emperador fue un encarnizado perseguidor de
los cristianos. Por la importancia que puede representar este dato hago
una breve reseña para mayor conocimiento de quienes estén interesados
en la historia del Camino de Santiago:


Publio Aurelio Licinio VALERIANO.

Emperador romano (190/269). De poderosa dinastía senatorial pasó, no
obstante, por todos los grados de la jerarquía militar,
distinguiendose por su valor y alcanzando las distinciones de su propio
mérito.


Cuando el emperador Decio quiso restablecer el cargo de censor,
Valeriano ostentaba el título de príncipe del Senado desde el año
238, fue elegido por sus colegas para desempeñarlo (251).


En 253 fue enviado por el emperador Treboniano a la Galia contra el
usurpador Emiliano, pero las tropas le proclamaron emperador y fue
reconocido, como tal, por todo el Imperio, después de la muerte de
aquellos.


A su hijo Galieno encargó la defensa de Occidente, cuyas fronteras se
veían atacadas por los bárbaros y cuyas provincias sufrían de
incursiones y desordenes internos.

A pesar de su energía y valor no logró restablecer el orden en el
Imperio. Publicó varios edictos de persecución contra los cristianos
y marchó a luchar contra los persas. Recobró Antioquía, pero luego
sufrió una terrible derrota en la que cayó prisionero del rey Sapor.
Tuvo que soportar atroces torturas y vejaciones, contándose que murió
desollado vivo y que su piel, rellena de paja para que conservase la
figura humana, fue curtida y teñida de encarnado y se conservó por
varios siglos en un templo persa.

Este emperador persiguió con saña a los cristianos mereciendo el
título de ser uno de los más pertinaces perseguidores del
cristianismo. Se supone que la prohibición decretada, bajo su mandato
(257), de impedir el paso de viatores (peregrinos ?) a Iria Flavia se
debió a su inquina contra aquellos.


En España el cristianismo se había extendido por toda la Península,
por lo que se la consideraba como una de las provincias peligrosa, dada
la fidelidad y firmeza de sus creyentes. Esta fue la causa de que las
persecuciones de los emperadores Decio, Valeriano y Diocleciano se
llevaran a cabo con el mayor rigor, crueldad y dureza.


Existe un hecho cierto y es que entre los tres períodos de
persecución (54-305) contra los cristianos dentro del territorio del
Imperio Romano, muchos españoles sufrieron martirio por confesar
valientemente su fe cristiana, negándose a aceptar la religión del
Estado. Este dato, aparte de los documentos históricos que nos hablan
de lo mismo, es un indicio claro de que Hispania fue evangelizada y no
como consecuencia de la visita de San Pablo a España, ya que, durante
su corta estancia en la misma, no existen noticias de su actividad
evangelizadora. Mas bien parece que él sentía necesidad de cuidar de
los "hermanos de España". En Actos de Pedro con Simón (130-150),
habla de la soledad de Roma al partir Pablo para España y
termina:"Habiendo ayunado Pablo tres días... tuvo una visión en la
que el Señor le decía: <Levántate, Pablo, y presentándote a los que
están en España, sé su médico>.


Sabemos que San Pablo vino a visitar las iglesias de España. Por todos
sus escritos conocemos que a él le fue imposible hacerlo antes, dada
su misión aceptada y realizada entre los años 45-63, incluidos sus
tres viajes apostólicos y cautividad. Ya para entonces Hispania había
sido evangelizada por el único Apóstol del que poco sabemos de su
actividad, Santiago. Bien es cierto que Pablo confesó que no tenía
por costumbre evangelizar donde otros lo estuvieran haciendo ya, pero
no es menos cierto que él visitó no sólo las iglesias fundadas con
su predicación, sino también allí donde hacía falta robustecer la
fe predicada ó corregir los errores y malas conductas de los
creyentes. Dando por supuesto, ya que de los demás apóstoles
conocemos dónde predicaron el Evangelio y que no se habla de ninguno
de ellos que viajara a España ¿Por qué no entender que Santiago,
inmediatamente después de Pentecostés, se dirigió a Finisterrae,
coincidiendo con el mandato de Cristo "Predicad el Evangelio hasta los
confines de la tierra"? ¿Acaso la evangelización de España debía
esperar hasta el año 63?. En todo caso, los católicos españoles
podemos estar contentos y seguros de nuestra fe, ya que estuvo
confirmada por dos Apóstoles, uno Santiago, hijo del trueno, y otro
San Pablo, columna imbatible de la Iglesia. Como último apunte,
añadiré que en el sarcófago de Santa Engracia aparece un bajorelieve
con la Virgen en el aire y a sus pies Santiago, San Pedro y San Pablo,
según quienes lo han visto y estudiado. ¿No nos recuerda el hecho
portentoso de la venida de la Virgen en carne mortal a Zaragoza? En el
S. VII el monje floriacense (Aimoinus monachus) describe el traslado
del cuerpo de San Vicente, desde la Iglesia de Santa María en
Caesaraugusta (Zaragoza) hasta donde reposa actualmente. Si en Zaragoza
en el siglo IV ya existía una Iglesia dedicada a la Santísima Virgen,
sin lugar a dudas hay que suponer un hecho realmente portentoso. Todo
el culto de las iglesias primitivas se celebraba sobre las tumbas de
los mártires, de hecho la Eucaristía, hasta nuestros días, pide ser
celebrada sobre un ara en la que se conservan reliquias de mártires.
El edificio se levantaba con motivo de algún hecho milagroso, fuera de
toda explicación natural.


A mi corto entender y, por supuesto, respetando las opiniones de los
historiadores,


el aceptar la 1ª Evangelización Hispaniae por el Apóstol Santiago y
el traslado de su cuerpo por sus discípulos a Iria Flavia, de forma un
tanto portentosa,

el enterramiento, según nos ha llegado por la tradición, también
portentoso,

su ocultación durante la invasión árabe

y el reencuentro (813) por el monje Pelagio, asistido por el obispo don
Teodomiro de un sepulcro marmóreo de época romana, cuyo contenido se
asegura que corresponde a los restos de Santiago el Mayor,


son temas que yo acepto plenamente, sabiendo que poco puedo errar.
¿Porqué?. Porque lo que históricamente está comprobado es que,
desde principios del siglo noveno, en el Finisterrae de los romanos, en
las tierras más alejadas al noroeste de Europa y más alejadas de la
invasión árabe, se expande la noticia de que han aparecido los restos
mortales del Apóstol Santiago. La movilización que se genera en toda
la cristiandad y el despertar de un interés masivo de las gentes, ante
el hallazgo o invención del Sepulcro, resulta desproporcionada,
teniendo presente los limitados medios de comunicación. Puede
argüirse que entre los siglos VII y VIII ya existía este interés y
devoción por el Apóstol, bien es cierto, pero no lo es menos que este
despertar creó una Via, un Camino por el que la cristiandad europea
transitó y peregrinó, uniendo países, fusionando culturas y
cristianizando almas, pueblos y naciones: el Camino Jacobeo, conocido
mundialmente por el Camino de Santiago.

Reply all
Reply to author
Forward
0 new messages