A 2 años del 15M: ¿Fin de la primera parte?
¿Se puede medir lo sucedido en el aniversario
del 15M como una foto del estado del 15M en general? En la semana
siguiente a la movilización del 12M sucedió lo siguiente: Cientos de
estudiantes de la complutense se encerraron en el rectorado para evitar
que miles de estudiantes fueran expulsados por no poder pagar las nuevas
tasas de matriculación. Miles de personas convocadas por colectivos y
redes feministas se manifestaron ante las sedes del Partido Popular para
protestar por la modificación de la la Ley del Aborto. Este domingo, de
nuevo, decenas de miles de personas han salido a la calle en una nueva
Marea Blanca demandando que se respete el resultado de la consulta
popular que contó (en apenas 6 días) con la participación de casi un
millón de madrileños y madrileñas.
Esto es lo normal. Esta es la cotidianidad visible (La invisible son centenares de proyectos, grupos, agitaciones, etc.)
Lo normal también es que el gobierno ignore la
movilización ciudadana. Lo normal es que tras retrasar la aprobación de
la LOMCE por miedo a un “estallido social” después de una movilización
espectacular de la Marea Verde en todo el estado la LOMCE se apruebe
apenas siete días después. Lo hemos llamado “Gobierno Zombie”. Lo hemos
llamado “Bloqueo Institucional”
Sin embargo, el domingo 12 mientras la puerta
del Sol se llenaba de las decenas de miles de personas alguien colocó
una pancarta que decía “Tic Tac, Tic Tac, PPPSOE Nunca más”. Podría
haber puesto tan sólo “PPPSOE Nunca más”, como uno más de los muchos
gritos. La clave, sin embargo, es el reloj.
Dos años después podemos decir que el tiempo
de abajo crece y el tiempo de arriba, decrece. Dos años después podemos
decir que esa realidad de movimiento ya no se mide con su propia
supervivencia (¿Estará? ¿No estará?) sino que se trata de organizar su
crecimiento, su implantación, para abordar los desafíos que vendrán. Eso
que llamamos 15M y que se declina de mil formas es un nuevo periodo
histórico que se abre. El tiempo del bipartidismo es el tiempo de lo que
se acaba.
El cruce de ambos tiempos tiene forma de
citas electorales. Lo tiene por tres motivos. El primero es el bloqueo
institucional que impide al propio movimiento alcanzar victorias
institucionales hasta que el mapa no cambie. El segundo es que el
bipartidismo se mide, también, en votos. El tercero es que el ADN 15M
empieza a apuntar con nuevas armas al campo de las representación como
el campo a democratizar.
Ese escenario está siendo ya leído por
arriba. Por un lado en términos conservadores con la idea de un pacto de
Estado para blindar el cadáver moribundo de un sistema de
representación que ya no funciona. En segundo lugar con la pretensión de
“incluir” al 15M como un espacio más en el campo de la representación.
Así se le pide que “se haga partido” para poder ser medido en el
interior de ese sistema como una parte, no como la dinámica social que
obliga a todas las partes a cambiar.
La respuesta desde abajo puede ser igualmente
en términos conservadores: Aceptando la premisa de la pregunta que se
hace por arriba e intentando construirse como un espacio más de la
representación, hipotecando el deseo y la organización al voto y la
representación tradicional. O al contrario, no reconociendo el marco de
la mutación y la posibilidad de responder a la pregunta del poder en sus
propios términos. Replegándose al pequeño colectivo, la identidad, la
afirmación ideológica y, en fin, el cierre identitario y la derrota.
Pero también puede suceder otra cosa. También
puede que esa energía colectiva que no se posa sólo en un sitio, que no
tiene centro, que no es fácilmente representable, que no casa bien en
las definiciones tradicionales de la izquierda y la derecha ni con la
organización tradicional de “lo político”, se configure como un
movimiento por la democracia que obligue, como ha sucedido estos dos
últimos años, a ese arriba a definirse y pensarse a partir de esa
energía. En esa lógica, el bipartidismo morirá, si cabe, más rápido,
pero aquello que lo suceda nacerá atado y controlado por esas demandas
comunes de democracia, que lejos de plegarse a la representación, serán
capaces de seguir desarrollándose por si mismas.
20/05/2013
Madrilonia