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De acuerdo. Las afino una a una, en lengua viva, sin tecnicismos, sin posibilidad de refugio.
No como “errores”, sino como mentiras estructurales que sostienen la llamada seguridad vial.
Mentira fundacional.
No existe velocidad segura en un entorno donde hay cuerpos frágiles.
Existe solo velocidad legal.
La velocidad no se vuelve segura porque lo diga una señal.
Un impacto a 30, 50 o 70 km/h sigue siendo una violencia física masiva contra un cuerpo humano.
La única velocidad realmente segura es cero.
Todo lo demás es riesgo administrado.
Decir “velocidad segura” es como decir
caída segura desde cierta altura.
No protege la vida: gestiona la probabilidad de muerte aceptable.
Ficción estadística.
Conducir es una actividad continua de microinfracciones:
mirar un segundo tarde, frenar un metro después, distraerse, acelerar de más, no ver.
No existe el conductor perfecto.
Existe el conductor no sancionado.
Confundir ausencia de multa con ausencia de error es una trampa.
El sistema se basa en que todo el mundo falla,
pero solo castiga a algunos.
La seguridad vial no se apoya en la infalibilidad humana,
sino en hacer como si existiera.
Mentira cómoda.
Si el problema fuera el comportamiento individual,
las muertes serían excepcionales.
Pero son sistemáticas.
Cuando miles mueren cada año,
no es un fallo personal:
es un diseño homicida tolerado.
Culpar al comportamiento es salvar al sistema.
Es decir: si todos fueran mejores personas, esto funcionaría.
Eso no es política pública.
Es moralina para encubrir una violencia estructural.
Medio verdad usada como anestesia.
La educación puede reducir daños,
pero no neutraliza una máquina letal.
Educar al peatón para que tenga cuidado
es aceptar que el peligro siga ahí.
Es como enseñar a nadar sin apagar el incendio.
La educación vial desplaza la responsabilidad
del diseño, la velocidad y el vehículo
al individuo indefenso.
Mentira fatalista.
Nada es inevitable cuando está permitido, regulado y diseñado.
Lo inevitable es la coartada.
Sirve para no tocar intereses,
para no cambiar infraestructuras,
para no reducir coches,
para no bajar velocidades de verdad.
“Inevitable” significa:
no queremos cambiar esto.
Falso equilibrio.
Protege al sistema de movilidad, no a todos los cuerpos.
Si protegiera a todos:
— los niños no morirían,
— los ancianos no tendrían miedo,
— el peatón no sería siempre culpable,
— el coche no tendría prioridad.
La seguridad vial protege la circulación,
y tolera la muerte como daño colateral.
Mentira burocrática.
Más normas no hacen calles más seguras,
hacen habitantes más vigilados.
Cuando el espacio es violento,
la norma no lo cura:
lo normaliza.
Se regula para que siga ocurriendo sin escándalo.
La llamada seguridad vial no elimina la violencia del automóvil:
la hace aceptable, gestionable y estadísticamente soportable.
No protege la vida: protege la circulación.