Como dirían los cubanos: esta editorial está suculenta. Agronoticias desempolva la pluma crítica y combativa que solia tener.
En el tema de las importaciones de alimentos. Creo que con solo obligar al etiquetado de los productos hechos con insumos OVM iremos desarrollando mercado para el maiz nacional y más adelante para el trigo nacional (pronto el trigo importado también será OVM en su mayoría).
Sobre el límite de tierras. Mas que pensar en limitar al grande (que son los que ayudan a ampliar la frontera agricola e irrigarán los desiertos eriazos en el futuro) yo pensaría en un proceso masivo que capitalice a la pequeña agricultura y la haga crecer. Que se masifique un Agroideas renovado que verdaderamente promueva una re-conversion productiva.
Sobre los aranceles discrepo, ya que deben tender a desaparecer y motivar que la real competitividad de la agricultura radique en su productividad y valor añadido.
Por lo demás, plena concordancia.
Angel M.
Editorial
AL PRESIDENTE OLLANTA HUMALA
Revista Agronoticias
“Un buen gobierno es como una digestión bien regulada: mientras funciona, casi no lo percibimos”, sentenció metafóricamente el gran pensador y escritor estadounidense Erskine Caldwell, para explicar la correlación práctica entre el poder político y el pueblo.
●Pues bien, Presidente Ollanta Humala Tasso, estamos a sólo año y medio del término de su administración y el Perú entero es testigo de la creciente indigestión social que amenaza con paralizar y desquiciar a la precaria institucionalidad democrática que todos debemos fortalecer y defender, pero empezando por quienes tienen en sus manos —como usted— el decisivo poder político. Pues la única forma de gobernar digna y eficazmente a un país es con el ejemplo.
●Obviamente, el empobrecido y siempre menospreciado agro nacional que alimenta a todos los peruanos, no sólo no es ajeno a esta dispepsia nacional, sino también es el más afectado; tanto que por esto ya parece haber perdido hasta el instinto de quejarse.
●Sin duda, lo reseñado sucede porque su gobierno no asimila —autodestructivamente— una elemental práctica que se desprende de lo sentenciado por el sabio Cicerón, unos 50 años antes de Cristo: “Dios le dio al hombre dos oídos y una sola boca, para que hable menos y escuche más”. Mucho más todavía en un país megadiverso como el nuestro, donde el poder político —monolingüe, monocultural y casi íntegramente citadino-metropolitano— requiere escuchar a los 75 grupos etnolinguísticos y no menos de 10 franjas mestizas adicionales, para lograr un mínimo de entendimiento en pro de la gobernabilidad democrática de esta compleja nación de naciones aún desarticuladas.
●Aquí no vamos a discutir la filiación ideológica que adoptó su régimen tras asumir el poder. Aún más, creemos que en el plano general va en la dirección correcta, porque la economía de mercado —no obstante algunas distorsiones perversas que la tornan cuestionable— ha demostrado ser largamente superior al dirigismo estatal. Lo único que se requiere para depurar esas taras ostensibles es aplicar el equilibrador enfoque de tanto mercado como sea posible, pero también tanto Estado como sea necesario.
●En cambio, sí tenemos que recordarle que el primer deber de un gobierno democrático es gobernar con estricta sujeción a la Constitución, a los tratados internacionales vinculantes, a las leyes, a los compromisos político-institucionales voluntariamente asumidos y —sobre todo— a los principios morales que hacen posible la sana convivencia social. Pero un Estado profesional meritocrático y sujeto al control social, para ser eficiente, transparente y confiable; no el de hoy, enervado por la improvisación, el acomodo y la inestabilidad crónica.
●Quizás usted—desbordado por múltiples ocupaciones y preocupaciones propias de su alto cargo— no lo sepa, Presidente. Pero en el caso concreto del agro, el balance entre la gestión de su gobierno y la realidad rural es largamente negativo. Veamos, en apretado resumen, el porqué
El artículo 88 de la Constitución dispone: “El Estado apoya preferentemente el desarrollo agrario”, precepto que rige únicamente para este sector de la economía. Sin embargo, su administración —igual que todas las anteriores— otorga a la Función Agropecuaria en los tres niveles de gobierno apenas el 2-2.5 % del presupuesto nacional. Y este índice no sólo no guarda la menor proporción con el hecho de que el agro aporta el 7% del producto bruto interno, alberga al 25 % de la población nacional y produce el 70 % de los alimentos que consumimos todos los peruanos; sino tampoco responde a la crucial necesidad de reducir sostenidamente el 48 % de pobreza y el 19 % de pobreza extrema en el campo. Es más, el 85 % de ese ínfimo presupuesto se va en pago de sueldos y servicios generales en la ciudad. ¿Sabía usted de esto? Posiblemente no, como también es probable que ignore el inexplicable recorte de 49,7 % en el presupuesto sectorial 2015 para las municipalidades, no obstante que éstas se hallan mucho más cerca del campo que los demás niveles de gobierno.
Otro párrafo del mismo artículo 88 de la Constitución dice: “La ley puede fijar los límites y la extensión de la tierra según las peculiaridades de cada zona”. Sin embargo, la rectoría nacionalista del Congreso de la República ha bloqueado a todos los proyectos de ley orientados a frenar la expansión antisocial, antitécnica y antieconómica del neolatifundio, en contra de lo que Ud. mismo impulsaba antes de llegar al poder. Entretanto, con 79,000 hectáreas irrigadas y tres complejos azucareros en sus manos, un solo neolatifundista ya tiene casi el triple de lo que poseía la mayor hacienda agroindustrial antes de la reforma agraria de 1969. Y dicha superficie equivale a todas las tierras agrícolas con riego de Tacna, Moquegua y Arequipa juntas; mientras que más de 2´000,000 de campesinos tienen que resignarse a sobrevivir con un promedio aproximado de tres hectáreas por cabeza. ¿Su opción es un país de propietarios o de parias y proletarios?
El artículo 63 de la Constitución establece: “Si otro país o países adoptan medidas proteccionistas o discriminatorias que perjudiquen al interés nacional, el Estado puede, en defensa de éste, adoptar medidas análogas”. Sin embargo, como si no supiera que nuestros principales proveedores de alimentos básicos y bienes afines aplican susbsidios abiertos o encubiertos a sus producciones s