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fh EL Q NO VIVE PARA SERVIR NO SIRVE PARA VIVIR

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Sep 29, 2009, 6:41:17 PM9/29/09
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28 de sept.  Lectura de la Biblia: Números 33 a 36

Núm. 1: Números 33:1-23

Núm. 2: Podemos despertar de la muerte (lr cap. 35)

Núm. 3: Aspectos en los que el Reino de Dios es superior a todos los gobiernos humanos

 

 


PUNTOS SOBRESALIENTES: Lectura de la Biblia: Números 33 a 36

 

Perspicacia -1 pág. 703 Dioses y diosas

Números 33:4

Por medio de las plagas con las que Jehová azotó a los egipcios, humilló a sus dioses y ejecutó juicio sobre ellos.

Pero, la muerte del primogénito resultó en la máxima humillación para los dioses y las diosas egipcios. Esto fue así porque la muerte del primogénito del faraón suponía en realidad la muerte de un dios. Este hecho en sí debió ser un golpe severo para la religión de Egipto, sin mencionar la completa impotencia de todas las deidades para salvar de la muerte a los primogénitos de los egipcios.

No hay duda, ningún dios puede compararse con Jehová.

 

La Atalaya 1/8/04 pág. 27 Puntos sobresalientes del libro de Números

Números 35:9-29. El hecho de que un homicida involuntario tuviera que abandonar su hogar, huir a la ciudad de refugio y quedarse en ella durante un período de tiempo nos enseña que la vida es sagrada y debemos respetarla.

Números 35:33. Lo único que puede expiar el asesinato de personas inocentes, cuya sangre contamina la tierra, es la sangre de quienes la han derramado. ¡Qué apropiado será que Jehová destruya a los inicuos antes de transformar la Tierra en un paraíso! (Proverbios 2:21, 22; Daniel 2:44.)

Palabra de Dios o palabra de hombres cap. 7 págs. 92-94 párrs. 15-16 ¿Se contradice la Biblia?

Números 35:14

Hubo ocasiones en que los escritores de la Biblia informaron acerca del mismo suceso desde puntos de vista diferentes, o presentaron sus relatos de maneras diferentes. Cuando se toman en cuenta esas diferencias, se hace fácil resolver otras aparentes contradicciones. Un ejemplo de esto se halla en Números 35:14, donde Moisés llamó el territorio al este del Jordán “este lado del Jordán”. No obstante, Josué, al hablar sobre la tierra al este del Jordán, la llamó el “otro lado del Jordán”. (Josué 22:4.) ¿Cuál es la descripción correcta?

16 En realidad, las dos son correctas. Según el relato de Números, los israelitas todavía no habían cruzado el río Jordán para entrar en la Tierra Prometida, de modo que para ellos el este del Jordán era “este lado”. Pero Josué ya había cruzado el Jordán. Ahora estaba, físicamente, al oeste del río, en la tierra de Canaán. Por eso, para él el este del Jordán era el “otro lado”.

 

La Atalaya 15/11/95 pág. 12 párrs. 9-10 Las ciudades de refugio, una provisión misericordiosa de Dios

Números 35:15

Quiénes sin intención, hirieran mortalmente a un alma se beneficiaban de las ciudades de refugio. Por eso, para ser imparcial y para que se hiciera justicia templada con misericordia, Jehová dijo a los israelitas que establecieran ciudades de refugio para los homicidas involuntarios que fueran 1) israelitas naturales, 2) residentes forasteros de Israel o 3) pobladores extranjeros que moraran en medio de ellos.

10 Cabe destacar que, aunque el homicida fuera involuntario, tenía que ser ejecutado, según el decreto divino: “Cualquiera que derrame la sangre del hombre, por el hombre será derramada su propia sangre”. De modo que fue una provisión misericordiosa de Jehová Dios el que el homicida involuntario pudiera huir a una de las ciudades de refugio. Al parecer, la mayoría de las personas se compadecían del homicida que huía del vengador de la sangre, pues sabían que ellas también podían cometer una ofensa similar, sin intención, y necesitar refugio y misericordia.

 

 

 

 

 

 

 

 

Núm. 3: Aspectos en los que el Reino de Dios es superior a todos los gobiernos humanos

La Atalaya 15/7/6 págs. 4-6 El Reino de Dios: superior en todos los sentidos

¿En qué aspectos es superior?

El Reino de Dios es un gobierno real y muy poderoso. Unas palabras del profeta Daniel escritas hace mucho tiempo nos permiten entrever su poderío: “El Dios del cielo establecerá un reino que [...] triturará y pondrá fin a todos estos reinos [humanos]”. Es más, a diferencia de los gobiernos del hombre, que van cambiando con el transcurso de la historia, el Reino de Dios “nunca será reducido a ruinas” (Daniel 2:44). Pero dicho Reino supera a cualquier gobierno humano no solo en este aspecto, sino en todos.

El Reino de Dios cuenta con un mejor rey. Piense en quién ocupa ese cargo. En “un sueño y visiones”, Daniel vio que el Gobernante del Reino de Dios era “alguien como un hijo del hombre” a quien se llevaba ante el Dios todopoderoso y se le daba “gobernación y dignidad y reino” (Daniel 7:1, 13, 14). El hijo del hombre es Jesucristo, el Mesías (Mateo 16:13-17). Jehová Dios ha elegido a su propio Hijo para ser el Rey de su Reino. Cuando estuvo en la Tierra, Jesús dijo a los malvados fariseos: “El reino de Dios está en medio de ustedes”, dando a entender que él, el futuro Rey de aquel Reino, estaba entre ellos (Lucas 17:21).

¿Puede algún ser humano igualar las cualidades de Jesús como gobernante? Él ya ha demostrado que es un líder muy justo, confiable y compasivo. Los Evangelios lo describen como un hombre de acción y a la vez afectuoso y de intensos sentimientos (Mateo 4:23; Marcos 1:40, 41; 6:31-34; Lucas 7:11-17). Por si fuera poco, el resucitado Jesús no está sujeto a la muerte ni a otras limitaciones humanas (Isaías 9:6, 7).

Jesús y los que gobiernan con él lo hacen desde una posición más elevada. En el sueño antes mencionado, Daniel también vio que “el reino y la gobernación [...] fueron dados al pueblo que son los santos” (Daniel 7:27). Jesús no gobierna él solo; otras personas ejercen con él la función de reyes, así como de sacerdotes (Revelación 5:9, 10; 20:6). Respecto a ellos, el apóstol Juan escribió: “Vi, y, ¡miren!, el Cordero de pie sobre el monte Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil [...] que han sido comprados de la tierra” (Revelación 14:1-3).

El Cordero es Jesucristo una vez coronado Rey (Juan 1:29; Revelación 22:3). Y el monte Sión representa el cielo (Hebreos 12:22). De modo que Jesús y los 144.000 gobiernan desde el cielo, una posición sin duda muy encumbrada. Desde ahí tienen una perspectiva más amplia. Al “reino de Dios” también se le llama el “reino de los cielos”, porque ahí está su sede (Lucas 8:10; Mateo 13:11). Ningún arma, ni siquiera las nucleares, puede amenazar a este gobierno celestial o acabar con él. Es invencible, y cumplirá con el cometido que Jehová le ha asignado (Hebreos 12:28).

El Reino de Dios tiene representantes dignos de confianza en la Tierra. ¿Por qué decimos eso? Salmo 45:16 declara: “Nombrarás príncipes en toda la tierra”. Las palabras de esta profecía se dirigen al Hijo de Dios (Salmo 45:6, 7; Hebreos 1:7, 8). De modo que Jesucristo mismo es quien nombrará a los representantes principescos. Y podemos estar seguros de que estos cumplirán fielmente con todo lo que se les encargue. Incluso hoy en día, siguiendo las instrucciones de Jesús, los hombres capacitados que sirven como superintendentes en la congregación cristiana no se “enseñorean” de sus hermanos en la fe, es decir, no tratan de dominarlos, sino más bien los protegen, animan y consuelan (Mateo 20:25-28; Isaías 32:2).

Los súbditos del Reino son justos. A los ojos de Dios son rectos e intachables (Proverbios 2:21, 22). “Los mansos mismos poseerán la tierra —asegura la Biblia—, y verdaderamente hallarán su deleite exquisito en la abundancia de paz.” (Salmo 37:11.) Los súbditos del Reino son mansos porque son educables, humildes y amables. Lo más importante para ellos son los asuntos espirituales (Mateo 5:3). Quieren hacer lo que es recto y responden a la guía divina.

Las leyes del Reino de Dios también son superiores. Las leyes y principios que rigen ese Reino proceden de Jehová Dios mismo, por lo que nunca son injustas ni restrictivas. Al contrario: siempre nos benefician (Salmo 19:7-11). Hay muchas personas que ya están cosechando los buenos resultados de cumplir con las justas normas de Jehová. Por ejemplo, si prestamos atención al consejo bíblico para los esposos, las esposas y los hijos, tenemos una vida familiar más feliz (Efesios 5:33–6:3). Al obedecer el mandato de ‘vestirnos de amor’, mejoran nuestras relaciones interpersonales (Colosenses 3:13, 14). Cuando vivimos según los principios bíblicos, también desarrollamos buenos hábitos de trabajo y un punto de vista equilibrado sobre el dinero (Proverbios 13:4; 1 Timoteo 6:9, 10). Al evitar la borrachera, la inmoralidad sexual, el tabaco y las drogas, cuidamos de nuestra salud (Proverbios 7:21-23; 23:29, 30; 2 Corintios 7:1).

El Reino de Dios es un gobierno instituido por Dios mismo. El Rey, Jesucristo, y los que con él gobiernan son responsables ante Dios por el cumplimiento de Sus justas leyes y amorosos principios. Los súbditos de ese Reino, entre ellos sus representantes terrestres, se deleitan en vivir conforme a las leyes divinas. Tanto los que gobiernan como los que son gobernados centran su vida en Dios. Por lo tanto, el Reino es una verdadera teocracia: un gobierno ejercido por Dios. Y de seguro cumplirá el propósito con el cual fue creado.

 



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