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Camino de servidumbre venezolano. Por Carlos Ball

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Feb 25, 2006, 1:48:14 PM2/25/06
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Carlos Ball es Periodista venezolano, director de la agencia de prensa AIPE (www.aipenet.com) y académico asociado del Cato Institute.

A fines de abril me invitaron a participar en una conferencia en Nueva Orleáns sobre el Estado de Derecho, donde traté de explicar a una audiencia estadounidense la triste historia contemporánea de Venezuela. Esa nación que en los años cincuenta tenía un nivel de vida más alto que España e Italia—atrayendo a cientos de miles de inmigrantes—, hoy es un país de emigrantes que compite en pobreza y desempleo con Cuba y Haití. ¿Qué pasó?

Leyendo los papeles de mi fallecido hermano Luis Henrique, encontré una historia fascinante que me hizo comprender mejor el "camino de servidumbre" por el que avanza Venezuela. Mi hermano, quien era 9 años mayor que yo, relata su visita a nuestra madre en la clínica, en 1939, cuando yo nací. Cuenta que al entrar al hospital saludó a una muchacha con su recién nacido en los brazos. La reconoció como trabajadora de la fábrica de nuestro padre y me enteré que, en aquellos tiempos, esa empresa pagaba el 95% de los gastos médicos de todos sus trabajadores, quienes recibían atención médica en la Policlínica Caracas, el mejor hospital privado del país.

Fue después de la Segunda Guerra que por presiones del Departamento de Estado se creó en Venezuela el Instituto de Seguros Sociales para socializar la medicina y centralizar las pensiones. Entonces, la ONU recomendó al médico chileno Salvador Allende para asesorar en la creación del instituto. Los impuestos a las nóminas de sueldos pronto eliminaron todos los programas privados de atención médica y sólo aquellos con altos ingresos pudieron desde entonces tener acceso a clínicas privadas.

Venezuela fue un país agrícola y pobre hasta los años treinta, cuando el auge petrolero lo convirtió en una de las economías de más rápido crecimiento. Un ingrediente importante de esa prosperidad fue la fijación del valor del bolívar en un gramo de oro desde 1879 y cuando se fundó el Banco Central, en 1940, se tuvo el cuidado de crearlo fuera del alcance de los políticos. Así, la inflación venezolana durante los años cincuenta, nuestra edad de oro, fue de menos de 1% anual, inferior a la de Estados Unidos.

Baja inflación es evidencia de respeto por los derechos de propiedad. Los políticos latinoamericanos saben que la inflación es la manera fácil de robar, perjudicando especialmente a los más pobres, quienes casi todo lo tienen en efectivo y en cuentas de ahorro, no en inversiones ni propiedades. Por ejemplo, el gobierno argentino le borró 17 ceros a su moneda entre 1971 y 1991.

La primera constitución venezolana de 1811 se parecía a la de Estados Unidos, protegiendo a los ciudadanos de sus gobernantes, en lugar exhortar a los políticos a alcanzar la utopía socialista. Veinticinco constituciones más tarde, la "bolivariana" de Hugo Chávez arruina a cualquier gobierno que intente cumplirla.

Otro factor histórico importante es que en Venezuela heredamos la ley española donde el subsuelo es propiedad del rey. Esa misma ley le permitió al general Lázaro Cárdenas expropiar en México las concesiones petroleras en 1938, por lo que las grandes petroleras se mudaron a Venezuela.

Pero nuestros gobiernos democráticos copiaron todo lo malo del PRI mexicano: en 1960 el ministro de Energía y Minas fundó la OPEP y, al año siguiente, el presidente Betancourt anunció el fin de las concesiones, lo cual causó la primera devaluación del bolívar del siglo XX.

La participación venezolana en el comercio petrolero internacional cayó de 60% a fines de los años cincuenta a 3% hoy. La politización del Banco Central bajo la presidencia de Carlos Andrés Pérez condujo a frecuentes devaluaciones, significando una pérdida de 53.000% del valor del bolívar frente al dólar, más aún en el mercado negro surgido recientemente por el nuevo control de cambios. Desde 1969 se politizó también el sistema judicial, hasta el punto que los juicios los ganan quienes gozan de contactos políticos o suficiente dinero para comprar al juez, mientras los pobres se pudren en las cárceles.

Hoy, el presidente de PDVSA—la petrolera estatal—es Alí Rodríguez, el terrorista que en los años sesenta dinamitaba los oleoductos. Luego de despedir a 18 mil empleados, cuenta con el apoyo logístico y técnico de ExxonMobil y de Shell para volver a operar los pozos y las refinerías tras la huelga de dos meses. Lenin nos advirtió que los capitalistas siempre están dispuestos a vender la soga utilizada para ahorcarlos.

Chávez es la conclusión del camino al socialismo por el que Venezuela avanzó durante más de cuatro décadas: politización de la justicia, educación pública como órgano de propaganda política, inflación, controles de precios, de cambios y demás violaciones de los derechos de propiedad, en supuesta búsqueda de "justicia social." Hoy Chávez redistribuye la pobreza.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)

PM

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Feb 25, 2006, 9:51:39 PM2/25/06
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Crónicas de un verdugo de las UMAP (I parte)
 
Por Raúl Soroa

Cubanet / Noticuba Internacional
http://www.noticubainternacional.com

La Habana, 25 de febrero de 2006

Mirada cansada como sus pasos. Pasos que arrastran, con poca convicción, un cuerpo delgado y nudoso. Viste una vieja camisa de ginga y un pantalón de kaki gris sujeto a la cintura por un cinto militar. Calza botas y lleva en la cabeza una gorra verde olivo.

"Yo en el fondo soy un hombre bueno", dice, y me contempla fijo unos instantes con esos ojos azules, diáfanos, que no parecen ocultar ninguna culpa. Unas profundas arrugas bordean los ojos y surcan las mejillas del hombre que se sienta en uno de los sillones del portal de su actual centro de trabajo. Lentamente enciende un tabaco bastardo, de los de la cuota. Muerde la punta,hace un gesto vago y lanza las primeras volutas de humo.

Mira al techo del portal y lanza con fuerza el humo. El azul revive en sus ojos, y creo ver una especie de fuego contenido.

"Se hicieron muchas barbaridades. Yo estuve de jefe en 'El Infierno'".

Queda en silencio un largo rato. Lo conmino a seguir con su historia. Dice que no, que no puede. Me pregunta qué clase de periodista soy yo. Le explico que soy un periodista independiente. Me observa con suspicacia, la aprensión es parte de la manera de ser de este hombre. Llevo meses intentando ganarme su confianza.

Fue comandante del Ejército Rebelde, combatió en Girón y el Escambray. Hoy es CVP de una pequeña empresa, de una talabartería estatal.

Fue un amigo quien me habló de él. Dijo que era un comandante retirado, descontento con su situación actual, desengañado. Me presentó como un escritor famoso que podía escribir un libro sobre su vida de combatiente. No le mentí. Le expliqué que las posibilidades reales de publicar un libro sobre su historia eran bien remotas, y que no era famoso. Tarde tras tarde de guardia compartimos café y cigarrillos. Poco a poco, con mucha dificultad, fue contando sus historias.

Comenzó así de golpe, cuando menos lo esperaba:

"Creíamos hacer lo correcto. Estábamos convencidos entonces. Nunca había oído hablar de eso de los derechos humanos. Ellos eran el enemigo, pura bazofia, lacras sociales, homosexuales. Eso.

"Había de todo allí. Jehovases, tipos de la dulce vida, homosexuales. Pura porquería. La Revolución echaba pa'lante, y a ellos les había cogido la rueda de la historia. Nosotros éramos la rueda. Decían que los llevaban para reeducarlos, pero eso era puro cuento. Nosotros sabíamos bien de qué se trataba".

Otra larga pausa. La mirada azul busca en lo alto, entre las nubes. Se pierde en las llanuras de Camagüey, entre los mosquitos y los gritos de los guardias y el hambre y la sed y los golpes y la muerte y las alambradas de púas donde miles de hombres padecen, sufren por el único delito de ser diferentes o simplemente por pura mala suerte.

"¿La comida dice usted? ¿Quién iba a gastar comida en esa gente? ¿Sabe, periodista? Había varios así como tú. No se ofenda. Usted no dura un día en uno de esos lugares. Había un escritor, un tipo gordo, fofo, pura manteca. En menos de quince días estaba que parecía un hilo de flaco. El hombre se veía desesperado, merodeaba cerca de la cocina por las noches en busca de alguna sobra que botaran los guardias. Un día los cabos UMAP (Unidades Militares de Apoyo a la Producción -léase GULAG castrista) lo agarraron y le dieron una paliza que por poco lo matan, y al día siguiente el hombre regresó de nuevo en busca de las sobras. Entonces al teniente Amado se le ocurrió una diversión. Apostaban cuántos palos era capaz de soportar el hombre a cambio de un poco de raspa de arroz. Se turnaban los cabos para golpear al tipo. Mientras más aguantara más raspa le daban. Lo golpeaban por las nalgas con un cuje de guayaba hasta
sangrar. La diversión duró poco. El hombre falleció al poco tiempo de tifus. ¿Qué si era verdad lo del tifus?"

Ahora mira sarcástico, y descubro un brillo nuevo en sus ojos. Un hálito del pasado que trae peligro. Muerde las palabras cuando contesta a mi pregunta.

"Las lacras morían de tifus, de diarreas, de cualquier cosa. No podía aparecer en las estadísticas que habían muerto de un tiro o de hambre. Este tipo estaba medio muerto y ya hace rato que no era nada. La diversión se extendía a lamerle las botas a los cabos y sargentos, a caminar en cuatro patas y ladrar y a cuanta cosa se le ocurría al teniente. Un día alguien le dio un tiro en la nuca. ¿Por qué? Puro aburrimiento, puro berrinche. Nosotros estábamos tan presos como ellos, a cientos de kilómetros de la familia, entre enormes mosquitos y rodeados de todas esas lacras.

"¿Las jornadas de trabajo? Bueno, eso lo decidíamos nosotros. Podían durar 12, 14, 16, lo que nos diera la gana. Sí, a veces llevábamos almuerzo al campo. Sopa, claro, sopa de arroz.

"¿Torturar? Bueno, había gente muy imaginativa, y con el aburrimiento, imagínate lo que es estar días y días en medio de la nada, lejos de la mujer o de la novia. Sí, enterraban hasta el cuello en la tierra, sin agua. Podía durar un día completo o hasta dos. Los amarraban con alambres de púas desnudos. Los mosquitos acaban con ellos. ¿Las recuas? ¿Quién te contó eso? Sí, amarrábamos a los jehovases por el cuello hasta formar una hilera, amarrados uno al otro por el cuello, así tenían que ir al campo y a todas partes.

"¿Muertes?" Sonríe irónico. Ahora el brillo de los ojos azules se ha transformado en algo terrible, impreciso. Los ojos cansados y vacuos del excomandante tienen ahora una fuerza que atemoriza.

"¿Muertes? Tifus, diarreas, fiebres, hambre, tiros, golpes. En las alambradas quedaron no pocos desesperados que intentaban huir. ¿Escapar, dices tú? Imposible".

Muerde con fuerza el tabaco. Pide que por favor no mencione su nombre. Se lo prometo, le doy mi palabra. Pero sólo hasta que esto llegue a su fin, en cuanto se establezca un régimen democrático y libre en Cuba, entonces tendrá que responder ante la ley. No ante mí ni ante nadie, ante la ley. Serás juzgado con todas las garantías que ofrece un estado de derecho, le digo, y el hombre me mira con sorna.

"¿Podemos hablar de otros asuntos que no sean la UMAP?" Dice que no le gusta hablar de la UMAP, que tiene muchas cosas importantes que contar. Le digo que voy a respetar su anonimato, que incluso voy a cambiar algunos nombres, pero que me cuente todo lo que quiera. Le pregunto si se siente arrepentido.

"¿Arrepentido?" Pausa. Sus ojos tienen de nuevo ese tono cansado, vencido. "No,entonces creíamos que era lo correcto".


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Noticubainternacional un medio informativo al servicio de quienes entregan lo mejor de si por un futuro democrático y libre de totalitarismo para todo el continente Latinoamericano.


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