El mundo de hoy está convirtiéndose rápidamente en un Circo de Tres
Pistas, donde los payasos están a cargo del espectáculo.
¡Cuánta estupidez política puede aguantar el mundo? Aparentemente,
muchísima. Las sociedades modernas no han aprendido aún nada de los
bárbaros y brutales períodos de Totalitarismo por los que ha pasado.
No han aprendido las lecciones, cuanto más pasar los exámenes de
realmente conocer el Nacional Socialismo, el Comunismo, el Fascismo.
Es más, los musulmanes lo que aprendieron es a copiar los métodos
políticos de los totalitarios para convertirse a una insaciable,
crüenta abominación de la religión.
Y ¿QUIÉNES SON LOS PAYASOS?
¡No me digas que no lo sabes! Con lo fácil que se les puede
identificar. Aquellos que visten ridículamente. Que usan palabrotas.
Que tienen un humor estúpido de estercolero. Ésos que dan brinquitos
por el mundo, buscando el aplauso de una audiencia irresponsable, que
les ríen las gracias, pero que en el fondo los desprecian por su
ignorancia de la economía. Pero que les inspiran cierto temor POR el
desajuste mental que muestran.
El que erigió la Carpa Mayor del Circo actual. y se hizo Maestro de
Ceremonias de las masas mentecatas, fue Fidel Fidel Castro Ruz. “Ése
es un dictador de un país bananero,” los dirigentes de los grandes
países se prestaron a decir, y no lo hicieron caso. Hoy por su
ingenuidad, sus países están infiltrados por el narcocomunismo. Ellos
son los culpables de esta monstruosidad con cerebro perverso y con
falta total de escrúpulos al exterminar a sus enemigos.
¿Quiénes son responsables de que Fifus Moribundus haya podido
estrangular la disidencia, y que el asesino en masa de Guevara
adquiriera la imagen de santo a pesar de sus ejecuciones de
prisioneros indefensos? Pues aquellos que pudieron evitar que ese
paranoico obseso masacrara física y moralmente al pueblo. Los miles de
víctimas es una sombra negra que cubre no sólo al victimario, sino
sino a aquellos “demócratas” que lo ayudaron a instaurarse en el
poder. Ya nadie resucita a las víctimas. Pero se puede evitar que
otros sean víctimas. La lista de los payasos se alarga, los Chávezes,
los Morales, los Correas, los Ortegas, y la liebre escurridiza de
Zelaya.
No. Obama no es un payaso. Es un cómico, que ingenuamente cree que los
totalitarios pueden cambiar.
¿DE QUIÉN ES LA CULPA?
La izquierda internacional, Lumpen del fracasado comunismo, en
especial la izquierda EU americana. Que crearon el clisé del
antiamericanismo en sus campañas publicitarias de propaganda,
apoyándose en los errores de los elementos democráticos. La bazofia de
intelectuales políticos con arrogancia religiosa que los caracteriza
son culpables. El fanatismo fundamentalista que se une a las peores
causas con disfraces de amor y paz son culpables. Todos han
subestimado el poder de los payasos.
Los ricos simpatizantes de los comunistas se han dedicado a a)
distorsionar la aplicación de las leyes, b) ocultar información sobre
las brutalidades del comunismo europeo y asiático, y en especial del
cubano.
Casi que lograron salvar al comunismo en la URSS con el apoyo
desmedido a Gorbáchov contra la agente de democracia total de Yelsin.
Ganaron batallas infamantes al lograr que se publicara muy poco en los
EEUU sobre los récords de plantilla de periodistas y escritores, y
otros colaboradores de los soviéticos. Esos cómplices y
colaboracionistas de un régimen asesino todavía gozan de todos los
privilegios.
LA HISTORIA SE REPITE
Crimea fue el lugar infausto adónde está logró que llevaran un
Churchill enfermo, sabiendo que le iba a afectar la salud para que
firmara la entre de millones de almas al terror stalinista, por obra y
gracia de las democracias occidentales.
Ahora, las democracias occidentales con la misma doble moral, en lugar
de detener los avances del narcocomunismo en la América Latina,
prefieren cobardemente ceder ante las presiones de líderes
megalomaníacos, y quieren vender a Honduras, como hicieron con los
países bálticos.
¿Aprenderán algún día estos políticos estúpidos?
Ese tipo de actitud sólo crea una bola de nieve negra. Y la dejan
crecer, y crecer. Entonces, para detenerla, como antes, se tiene que
hacer a un coste de millones de soldados que no mueren por la
libertad, sino a causa de las burradas de sus gobiernos.
R. Rewes
Robert