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(IVÁN): JESUCRISTO ES NUESTA JUSTICIA COMPLETA, MILAGROSA Y PODEROSA
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valarezo  
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Newsgroups: soc.culture.galiza
From: valarezo <valar...@netzero.com>
Date: Sun, 6 Apr 2008 21:34:11 -0700 (PDT)
Local: Mon, Apr 7 2008 12:34 am
Subject: (IVÁN): JESUCRISTO ES NUESTA JUSTICIA COMPLETA, MILAGROSA Y PODEROSA

Sábado, 05 de abril, año 2008 de Nuestro Salvador Jesucristo,
Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica

(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)

JESUCRISTO ES NUESTA JUSTICIA COMPLETA, MILAGROSA Y PODEROSA:

Bendecir día y noche a Nuestra Majestad Celestial es justicia eterna,
en nuestros corazones y en nuestro diario vivir en la tierra, para
posteriormente entrar, si no es desde ya, a nuestras nuevas vidas
eternas del nuevo reino celestial, por gracia y la misericordia
encontrada, sólo posible en la manifestación de nuestro Salvador, ¡el
Rey de reyes y Señor de señores! Porque la verdad es que nosotros
hemos sido creados, por nuestro Padre Celestial y por su Espíritu
Santo, <<para que alabemos y honremos día y noche, como los ángeles
fieles, a su nombre santísimo>>, en el espíritu y en la verdad de la
justicia infinita de su Árbol Redentor, su gran rey Mesías de todos
los tiempos, ¡nuestro Salvador Jesucristo!

Ciertamente, la justicia del íntegro enderezará su camino, por donde
sea que vaya por toda la tierra, porque es la fe, de nuestro Salvador
Jesucristo que está en su corazón siempre con sus ojos clavados /
centrados a nuestro Dios que está en los cielos, <<para recibir de su
aprobación y de su favor continuamente>>. Pero el impío caerá
atropellado sobre sus propias tinieblas a causa de su propio lenguaje
profano, porque no cree en Dios; y, además él no tiene el espíritu de
fe, de nuestro Señor Jesucristo centrado en su corazón hacia nuestro
Creador en el cielo, <<por eso, por su maldad, por su culpa, por su
ignominia espiritual muere diariamente en la tierra>>.

Y el impío muere día y noche en todos los lugares de la tierra,
<<porque no hay justicia alguna en todo su ser para poder sobrevivir al
pecado de su vida y así ver la vida como desde ya>>, en su mismo
corazón y con sus mismos ojos de toda su vida, por ejemplo. Porque
nuestro Padre Celestial ha ordenado justicia, verdad, santidad y
rectitud para todos los habitantes de la tierra, comenzando con
Israel, sólo <<por medio del Espíritu de fe y de la gracia redentora de
su Árbol de vida eterna>>, ¡nuestro Salvador Jesucristo!

Y fue por esta razón, más que ninguna otra, que nuestro Salvador
Jesucristo tenía que derramar su sangre santa en las afueras de
Jerusalén, en Israel, <<como en las afueras del paraíso, por ejemplo;
ya que Adán y sus descendientes no podían regresar al cielo jamás>>,
sin el fruto de vida en sus corazones, latiendo vida y salud en
abundancia. Para que entonces el nombre muy santo de nuestro Padre
Celestial sea glorificado y honrado por vez primera <<no sólo por Adán
y Eva sino por cada uno de sus descendientes para cumplir toda verdad
y justicia infinita del cielo y de la tierra también, eternamente y
para siempre>>.

Para que de esta manera única y justa <<jamás les falte ninguno de sus
milagros, maravillas y prodigios portentosos del cielo y de la
tierra>>, para gloria y honra de su nombre bendito en el corazón y en
la vida de cada uno de ellos, en sus millares, de todas las familias,
razas, pueblos, linajes, tribus y reinos del mundo entero. Porque para
vivir en la tierra y así también en el paraíso <<se necesita
constantemente del Espíritu de la justicia santa e infinita del fruto
del Árbol de la vida de nuestro Padre Celestial, su Hijo amado>>,
¡nuestra única Justicia Celestial y Redentora!

Puesto que, para agradar a nuestro Creador, a su Espíritu Santo y a
sus huestes celestiales, entonces <<el hombre tiene que caminar en el
camino de la verdad, de la vida santificada y de la justicia infinita
del Árbol Redentor>>; de otra manera, su alma no conocerá la vida
milagrosa jamás, <<por falta de la justicia perdida en el paraíso>>. Y
esto es muerte para cualquier hombre, mujer, niño y niña de toda la
tierra, así como lo fue para Adán y Eva en el paraíso, por ejemplo, en
el día que nuestro Dios encontró injusticia en sus corazones y en sus
labios también, <<pues por no haber comido del fruto del paraíso, del
cual les ofreció comer inicialmente>>.

Porque sólo el fruto del Árbol de la vida <<imparte verdadero amor,
gracia, paz, poder, santidad, sanidad y vida llena de la justicia del
reino de los cielos>>, nuestro Salvador Jesucristo, para que nuestro
Padre Celestial siempre esté en paz con cada uno de nosotros, en
nuestros millares, en el paraíso y en todos los lugares del mundo
entero. Porque sólo el Espíritu de justicia de nuestro Salvador
Jesucristo es que realmente nos hace fieles a nuestro Padre Celestial
en cada uno de los días de nuestras vidas cotidianos de la tierra,
<<para sólo así conocer su voluntad perfecta, en cada momento de
nuestras vidas, para gloria y honra infinita de su nombre muy santo e
infinitamente glorioso>>.

Y sin esta justicia paradisíaca de nuestro Árbol de la vida, <<entonces
no caminamos por el camino de la verdad y de la nueva vida eterna,
para conocer cada vez más del nombre muy santo de nuestro Padre
Celestial>>, sino que inconvenientemente conoceremos del nombre de
Satanás y de sus ángeles caídos, como ídolos e imágenes fundidas de
metal, por ejemplo. Y esto es perdición, para cualquier ser viviente
de toda la creación, <<porque deshonra el Espíritu Divino de Los Diez
Mandamientos de Dios y de Moisés por completo>>, en nuestros corazones
y en nuestras vidas de siempre, en todos los lugares de la tierra y
del cielo, también; y nuestro Dios desea, como siempre, <<sólo la honra
para su Ley Santísima>>.

Por ello, la lealtad a nuestro Creador, únicamente por medio de su
fruto de vida, nuestro gran rey Mesías, ¡el Cristo!, <<es de suma
importancia para el corazón y para la vida de cualquier hombre, mujer,
niño y niña de toda la tierra>>; y sin justicia divina no hay lealtad
legitima ni menos amor verdadero de nuestros corazones para nuestro
Dios. Es más, sin el Espíritu de la sangre y de la vida santísima de
nuestro Árbol de vida, Jesucristo, entonces <<es totalmente imposible
cantar victoria sobre Satanás, ni menos sostener en nuestras almas Los
Diez Mandamientos Santos limpios y puros en nuestras vidas
cotidianas>>; es decir, que sin Jesucristo <<no podremos vivir
intachablemente nuestras vidas jamás, para venerar la Los
Mandamientos>>.

Ciertamente, <<nuestro Padre Celestial ama profundamente la justicia de
su Árbol de vida eterna>>, como lo más valioso del cielo, no sólo en
los corazones y en la vida de los ángeles fieles, sino también en la
vida de Adán y así también de cada uno de sus descendientes en todas
las familias, razas, pueblos, tribus y reinos de la tierra. Por ello,
el Espíritu de la justicia de nuestro Señor Jesucristo viviendo en
nuestros corazones, en cada momento de nuestras vidas en la tierra,
<<ya es en si gloria infinita para nuestro Hacedor y para su Espíritu
Santo sobre cada uno de los males y sus tinieblas terribles de
Satanás>>; y esto es honra pura e infinita, <<únicamente para nuestro
Dios>>.

Porque es la lealtad de nuestro corazón y de nuestro espíritu humano,
hacia nuestro Padre Celestial por Sus Sagrados Mandatos eternos, por
ejemplo, <<es que realmente nos ayuda diariamente a enderezar nuestros
caminos>>, como por donde Satanás los haya torcido con sus mentiras,
con sus calumnias, con sus artimañas de siempre y, a la vez, con sus
muchas obras malvadas, también. Por ello, es sólo nuestro Espíritu de
fe, en la sangre y en la vida santísima de nuestro gran rey Mesías,
<<el cual realmente diariamente endereza nuestros pasos para llevarnos
virtuosamente de victoria en victoria hacia la gloria final, nuestro
Dios y su Glorioso Espíritu Santo>>, rodeado por siempre de su Árbol de
vida y de sus millares de huestes angelicales.

Fue por esta razón que nuestro Padre Celestial les decía a los
antiguos una y otra vez y sin cesar: <<No dejen que las palabras de
éste Libro Sagrado se aparte de sus labios, sino que meditaran día y
noche en él, para que sus pasos prosperen siempre>>. Es decir, para que
su andar por la tierra sea derecho y de victoria en victoria y hasta
llegar a la recta final, nuestro Dios y Fundador de nuestras nuevas
vidas infinitas, <<gracias infinitamente a su Espíritu Santo y a su
Árbol de vida eterna>>, establecido como Rey y Dios en La Nueva
Jerusalén Santa y Perfecta del cielo, por ejemplo.

Y los antiguos le obedecían a nuestro Padre Celestial y a cada uno de
sus preceptos, mandamientos y leyes sociales también, <<para honrarle
siempre y agradar sobre todas las cosas su corazón muy santo a la
misma vez>>. Pero, desdichadamente siempre Satanás tenía a alguien para
engañarlos y desviarlos con injusticia infernal de toda verdad y de
toda justicia de la palabra sagrada de nuestro Padre Celestial, de su
Espíritu Santo y de su Árbol de vida eterna, ¡nuestro gran rey Mesías,
el Cristo! Y aún así nuestro Dios ha sido perfectamente fiel a su
palabra y a su Espíritu Santo hasta el final, como con su amor eterno
hacia su Árbol de vida, por ejemplo, a pesar de los males constantes
del enemigo de la justicia bendita del paraíso y de la humanidad
entera, ¡nuestro Jesucristo!

Y es por esta razón, por falta de justicia en sus corazones del
Espíritu de Los Diez Mandamientos Sagrado de nuestro Dios, de su
Espíritu Santo y de su Árbol de vida eterna, <<por la cual muchos de
ellos no han entrado aún a la nueva vida infinita de La Nueva
Jerusalén Santa y Gloriosa del cielo>>. Es decir, que <<aún hay mucha
esperanza para los que no han entrado a la nueva vida infinita del
nuevo reino angelical de nuestro Padre Celestial, de su Espíritu Santo
y de su Árbol de vida>>, rodeado de los ángeles y de las naciones de la
antigüedad fieles a Él, para servirle y honrarle infinitamente como
siempre con Sus Mandatos Santos.

Es por eso que hay poderes sobrenaturales en el Espíritu de Los Diez
Mandamientos de Dios y de Moisés en nuestros corazones y en cada
momento de nuestras vidas en la tierra y en el paraíso igual,
eternamente y para siempre. Y estos poderes sobrenaturales de los
decretos, leyes y preceptos de nuestro Hacedor, son verdaderamente
poderes sobrenaturales de su justicia infinita, <<obrando siempre día y
noche para bien y enriquecimiento continúo de nuestras vidas, para
acercarnos a Él cada vez más que antes>>; porque nuestro Dios desea que
nos acerquemos a él siempre, <<pero con justicia y sin justicia
jamás>>.

Porque sin la justicia del Espíritu del fruto del Árbol de la vida,
nuestro Salvador Jesucristo, <<nuestro Dios no desea ver, ni hablar, ni
mucho menos vivir con nadie en el cielo, en la tierra ni en La Nueva
Jerusalén Santa e Imponente de la nueva eternidad venidera>>.
Ciertamente, el Espíritu de la justicia de la verdad del amor de
nuestro Dios hacia su Hijo amado en nuestros corazones, <<pues
repercute profundamente en nuestras vidas cotidianas, en toda la
tierra y así también en el cielo>>; es decir, también que la justicia
de Jesucristo brilla en la tierra y en el cielo, <<y siempre para
gloria de nuestro Creador>>.

Y es por eso que muchas bendiciones de nuestro Padre Celestial, las
cuales fueron llamadas a descender sobre nosotros desde mucho antes de
la fundación del cielo y de la tierra, <<pues entonces empiezan a
entrar en nuestros corazones y llenar nuestros espíritus humanos, para
enriquecernos poderosamente para el servicio cotidiano a nuestro Dios
y Fundador de nuestras nuevas vidas infinitas>>. Porque es el Espíritu
Santo que viene descendiendo del cielo día y noche para entrar en
nuestros corazones y en nuestras vidas renovadas, para subyugar con
sus milagros, maravillas y prodigios celestiales a cada una de las
profundas tinieblas de Santas, <<para que seamos limpios y libres de
toda mancha del mal, para servir a nuestro Dios continuamente y sin
cesar jamás>>.

Por lo contrario, para los que no tienen el Espíritu de fe, del nombre
sagrado de la justicia milagrosa y toda poderosa de nuestro Señor
Jesucristo, entonces <<injuria de Satanás es añadida sobre su
injusticia espiritual día y noche, para que sufra profundamente el
dolor de no amar a su Dios, y así posteriormente muera en sus
tinieblas terribles del infierno>>. Pero <<nuestro Padre Celestial no
creo al hombre y a la mujer de la tierra para que sufran el mal del
dolor y del desamor de sus vidas>>, afectadas terriblemente por la
presencia constante de la injusticia del pecado de Adán, de no amar a
su Jesucristo en sus corazones, como en su primer encuentro con Él,
sino todo lo contrario.

Nuestro Dios creo al hombre, <<para que viva por siempre y para siempre
en el Espíritu de la justicia sobrenatural y toda poderosa de su fruto
de vida eterna>>, para que jamás le falte ningún bien del cielo y de la
tierra; porque <<el bien de la vida del cielo es para sus hijos e
hijas>> y más no para sus enemigos. Porque <<la vida pecadora del mundo
de los muertos, realmente fue creada por el mismo espíritu rebelde del
pecador y de la pecadora, como Adán y Eva en el principio>>, como para
los que sólo aman la injusticia en sus corazones y más no el Espíritu
de la verdad y de la santidad del Señor Jesucristo, ¡nuestro único
fruto de vida eterna!

Ahora, el que sufre males terribles día y noche en su corazón y en
toda su vida, y en la vida de los suyos también, ha de ser no porque
nuestro Dios lo creo y se olvido de él, <<sino porque simplemente su
corazón está en oscuras y sin la luz de la justicia milagrosa y toda
poderosa de su Jesucristo>>. Es decir, también que el hombre, la mujer,
el niño y la niña de la humanidad entera, sufren males terribles de
enfermedades y de la falta de muchos bienes del Árbol de la vida en
toda la tierra, <<porque les falta en sus corazones el primer fruto
original del paraíso, el nombre milagroso y sumamente misterioso de
nuestro Señor Jesucristo>>.

Pues la vida sin Jesucristo es un desierto sin agua para beber, ni
frutos para comer, por lo tanto, toda vida es totalmente imposible
subsistir. Así también es el paraíso si el primer bocado del fruto del
Árbol de la vida eterna, nuestro gran rey Mesías, nuestro Salvador
Jesucristo, no se puede beber el agua de sus cielos ni de sus
manantiales, ni se puede comer tampoco de los frutos de su tierra
santa, como de sus plantas y de sus muchos árboles, por ejemplo. Sin
el nombre del Señor Jesucristo en su corazón, el paraíso le negó la
vida y de sus gloriosos frutos a Adán y así también a sus
descendientes en general, comenzando con Eva, y sólo hasta que
aprendan a vivir con su SEÑOR del cielo.

Porque el nombre glorioso y todopoderoso del Hijo amado de Dios
viviendo en su lugar correcto del corazón del hombre, <<entonces
problemas se resolverían al instante o poco a poco, enfermedades
desaparecerían con sus males al instante o poco a poco>>, para gloria y
honra eterna del nombre bendito de nuestro Padre Celestial y de su
Espíritu Santo en nuestras vidas. Pero el hombre sigue sufriendo sus
males de siempre, una generación termina y la otra empieza y el hombre
sigue viviendo sus males cotidianos, <<porque su corazón aún no ha
amanecido de su profundo sueño de las tinieblas de la tierra, para ver
y vivir la luz redentora del Árbol de la vida, como en las llamas
ardientes del altar de Dios>>.

Porque <<esta luz del Árbol en llamas>>, el cual Moisés vio sobre todo
lo alto del Sinaí, <<no se ha apagado aún para ningún hombre, mujer,
niño y niña de la humanidad entera>>, para liberarlos de los poderes
terribles del mal del pecado y del ángel de la muerte, también, para
que vivan sus vidas alegres y fructíferas para su Creador Celestial. Y
nuestro Padre Celestial aún desea cambiar drásticamente la vida del
hombre y de la mujer de toda la tierra, como en cualquier momento de
su vida, <<si tan sólo se acercan a Él, en el nombre todopoderoso,
ungido y lleno de la justicia del paraíso, su Hijo amado>>, ¡nuestro
Señor Jesucristo!

Es por eso que el Espíritu de Dios, por medio de los poderes
sobrenaturales de sus palabras, de su Ley Santa y de su nombre
santísimo, entonces <<está tocando tu corazón, como quien dice ábrame
la puerta ya para entrar y cenar contigo>>, para que así jamás tengas
sed ni hambre de la justicia angelical del Árbol de la vida eterna. Es
decir, también que este hombre, mujer, niño o niña, sufre males en su
vida cotidiana en la tierra, sin saber en su corazón que tiene poderes
sobrenaturales actuando en su vida diariamente, <<si tan sólo cree en
su corazón y así confiesa con sus labios el nombre, lleno de milagros
y prodigios para resolver sus problemas siempre>>, ¡nuestro Señor
Jesucristo!

Porque es tan sólo el nombre sagrado del Hijo de Dios, <<el cual
realmente puede volver a rehacer la vida del hombre, de la mujer, del
niño y de la niña de la humanidad entera, en un momento de milagros y
de maravillas en oración a nuestro Padre Celestial, en el nombre
sagrado de su Hijo amado>>, ¡nuestro Señor Jesucristo! Para que de este
modo los males del pecado, con cada una de sus tinieblas terribles y
hasta de la muerte amenazante también, salgan de su corazón, de su
espíritu, alma y cuerpo humano, <<para que desde las ventanas del cielo
desciendan a su vida día y noche todas sus más ricas y bondadosas
riquezas del nuevo reino de Dios>>. Porque el reino de Dios y sus
riquezas es exclusivamente para los que creen en Jesucristo y nada
más; puesto que esto es justicia milagrosa y toda poderosa en toda tu
vida terrenal y celestial, <<si sólo crees en Dios y en su Hijo amado
en tu corazón>>.

Y nuestro Dios hará todas estas misericordias, de verdad y de bondad
infinita por cada uno de todos nosotros, porque nuestro Dios nos ama
como a Padre a hijos e hijas, <<para que jamás nos falte ninguno de sus
bienes gloriosos, como de los frutos de los árboles del paraíso y de
su Árbol Viviente, también, por ejemplo>>. Porque los frutos de todos
los árboles del paraíso y así también del reino de los cielos <<son
para enriquecer y sanar las vidas de todos sus siervos y de sus
siervas fieles a él, por amor a la vida santa y grandiosa de su Hijo
amado>>, ¡nuestro único rey Mesías posible para Israel y las naciones
de toda la tierra!

Y nuestro Padre Celestial seguirá obrando con muchos milagros y
maravillas, aún mayores que los de la antigüedad, <<por amor al
Espíritu de la justicia infinita de Sus Diez Mandamientos que fueron
sublimemente honrados y exaltados en la vida de sus hijos e hijas de
las naciones de los mundos prehistóricos, como Israel, por ejemplo>>.
Y, además, nuestro Padre Celestial no cesara de bendecir
abundantemente la vida de sus fieles devotos a su nombre muy santo,
<<porque nuestro Dios es un Dios eternamente fiel a Sus Diez
Mandamientos Sagrados hoy en día, tal cual como lo fue en la
antigüedad con los todos pueblos de toda la tierra>>.

Por todo ello, sólo en la fe y en la invocación del nombre del Señor
Jesucristo <<es que las tinieblas se van para siempre de nuestros
corazones y de nuestras vidas del paraíso y de la tierra y con cada
uno de sus males terribles de enfermedades y hasta de la muerte
también>>, para no volver jamás a ninguno de nosotros. Porque nosotros
tenemos que regresar a las manos creadoras de nuestro Padre Celestial
en el reino de los cielos y al mismo lugar en donde nos comenzó a
formar en su imagen y conforme a su semejanza celestial, para
finalmente <<coronarnos con coronas de oro y vestirnos con vestiduras
reales de vida eterna, por justicia eterna a su Árbol de vida>>.

Y sólo así entonces la vida del hombre y de la mujer serian
inmediatamente libres de las ataduras y de los ataques terribles de
Satanás, para que sólo conozcan la paz de la vida santa del paraíso <<y
por siempre llena de sus más santas y honradas bendiciones de nuestro
Dios y de su unigénito>>, ¡el Árbol de la vida eterna! Pues ahora el
Espíritu de la justicia, de la verdad, de la santidad y del derecho al
fruto del Árbol de la vida eterna, vive en nuestros corazones y en
nuestras vidas cotidianas de la tierra, en vez de las tinieblas
antiguas de Adán y Eva del paraíso, por ejemplo, <<gracias a la sangre
salvadora del Hijo de Dios, ¡nuestro Señor Jesucristo!>>.

Es decir, que entonces ahora estarán actuando continuamente en
nuestros corazones, en nuestros espíritus humanos y en nuestro diario
vivir: poderes milagrosos, maravillosos con sus prodigios y con sus
grandezas increíbles, para alejarnos de los males comunes de las
tinieblas de Adán, para que así entonces darnos bendiciones y vida en
abundancia constantemente, en la tierra y en el paraíso, siempre. Y
nuestro Creador desea que vivamos ya en el Espíritu de su unigénito,
como los ángeles del reino de los cielos, <<para que su corazón alcance
esa gran felicidad añorada por siglos y siglos, pues aún no alcanzada
por culpa de nuestras rebeliones constantes hacia su Árbol de vida, su
unigénito, y nuestro gran rey Mesías de la nueva eternidad
celestial>>.

Porque sólo en el Señor Jesucristo verdaderamente tendremos perdón de
nuestros pecados cotidianos, y así mismo, <<pues seremos, sin duda
alguna, llenos de sus muchas y ricas bendiciones infinitas>>: de paz,
salud y prosperidad en todas las ramas de nuestras vidas, en la tierra
y en el paraíso, también, eternamente y para siempre. Porque cuando no
hay tinieblas en nuestras vidas, <<entonces esto significa que el
Espíritu de la verdad, la santidad, del derecho y de la justicia de
nuestro Árbol de la vida, está actuando acalladamente, como en
secreto, en nuestros corazones y en los corazones de los demás
también>>, para que lo que deseemos en nuestras vidas, pues entonces
sean cumplidos cabalmente.

Porque nuestro Padre Celestial se goza con cada uno de nosotros,
<<cuando vivimos en las abundancias infinitas de los bienes gloriosos y
portentosos de su Espíritu Santo, como dones de milagros de sanidad y
de prosperidad y así también, con los frutos de salud y de vida de su
Árbol de vida>>, por ejemplo, para enriquecer nuestro diario vivir
continuamente. Porque nuestro Padre Celestial nos creo para que
disfrutemos de todas las cosas que le agradan a su corazón y a su alma
santísima en el reino de los cielos, es decir, <<que nuestro Dios no
nos creo para el pecado sino para gozar de las riquezas abundantes y
sobrenaturales de su Espíritu Santo y de su Árbol de la vida>>.

Ahora, quizás tú mismo te digas, por ejemplo: Yo he cometido muchos
pecados y muchas injusticias en mi vida; Dios no va a darme de su
justicia, para que yo viva en paz todos los días de mi vida en la
tierra y en el más allá, también. Pero te equivocas enormemente, si
piensas así: <<porque nuestro Dios envió a su Árbol de la vida, su Hijo
amado, nuestro Señor Jesucristo, para no sólo darle de su verdad a la
tierra y a su humanidad infinita, sino mucho más que todo esto del
reino de los cielos y de su nueva vida eternal de la misma manera>>.

Pues fue también, definitivamente para que su Jesucristo personalmente
te dé de su justicia y derecho infinito y sin medida alguna, de comer
y de beber del Árbol de la vida, <<para que vivas en paz siempre y así
jamás te falte ningún bien a ti ni a los tuyos, en la tierra y en tu
nueva vida eterna también>>. Porque es la voluntad perfecta de nuestro
Padre Celestial, siendo el Creador del cielo y de la tierra y de todas
sus cosas, dé darte siempre todo lo que necesites día y noche y sin
medida alguna, <<para que de este modo tu vida y la de los tuyos
también sea sumamente enriquecida, para servicio continuo de su nombre
muy santo por doquier>>.

Porque es justicia milagrosa de nuestro Hacedor: <<darte de su Espíritu
con sus muchas riquezas, y así también darte de su Árbol de vida, de
su unigénito, nuestro Salvador Jesucristo, y con todas sus riquezas
incluso su mismo cuerpo, su misma alma, su misma vida eterna también y
con todas sus más ricas bendiciones infinitas de salud y de
prosperidad celestial>>. Es más, nuestro Dios no le ha negado nada de
nada al hombre, siempre y cuando se le acerque a Él, únicamente en el
Espíritu de la justicia infinita de su fruto de vida, ¡nuestro Señor
Jesucristo! Es por eso que nuestro Padre Celestial dejo correr la
sangre de su unigénito sobre los árboles cruzados de Adán y Eva, por
amor a su Espíritu de su justicia infinita, para que hoy mismo, por
ejemplo, <<esta misma sangre santísima, repleta de la justicia
milagrosa y toda poderosa de la vida del reino celestial, pues toque
tu alma infinita, sobrenaturalmente>>.

Porque tú tienes que ser tocado por nuestro Padre Celestial
divinamente, así como las tinieblas del pecado tocan tu vida
sobrenaturalmente para mal; pero <<nuestro Dios te tocara a ti para
bien y para enriquecer tu vida cada vez más, y más no para hacerte
daño alguno jamás>>. El daño, por ejemplo, como el cual Satanás siempre
te lo ha hecho a ti y en contra de los tuyos también, <<para que así no
seas feliz jamás para servir a tu Dios y Fundador de tu nueva vida
infinita, sólo en el espíritu y en la justicia única y verdadera de su
Hijo amado, ¡nuestro Árbol Sagrado de vida eterna!>>.

Porque <<sólo su Hijo amado es tu único fruto de vida y de justicia
eterna en la tierra y en el paraíso también cada día de tu vida y en
la nueva eternidad venidera igual>>, como con Adán y Eva en el paraíso
con nuestro Señor y Salvador Jesucristo, por ejemplo. O como los
árboles secos y sin vida de Adán y de Eva bañados en la sangre
expiatoria, sobre la cima de la roca eterna, en las afueras de
Jerusalén, <<pues e inseparables esta vez por el cuerpo santo y la vida
eterna, para vivir juntos infinitamente en la presencia santa de
nuestro Padre Celestial y de su Espíritu Santo>>.

Es por eso que nuestro Padre Celestial te entrega de su Espíritu de
gracia y de la justicia infinita de su Hijo amado, <<para que vivas y
seas infinitamente como Él, lo mismo que Él, exactamente como el Santo
del paraíso y de la humanidad entera>>, desde hoy mismo y para siempre
en la nueva eternidad venidera. Porque nuestro Padre Celestial te creo
a ti en sus manos santas en su imagen y conforme a su semejanza
celestial, <<para que vivas exactamente en la verdad y en la justicia
infinita de su Árbol de vida eterna, y así jamás te falte ningún bien
del cielo ni de Su Nueva Jerusalén Sagrada e Infinita del más allá>>.

Y así siempre puedas darles a los demás de lo bueno que nuestro
Creador te ha dado a ti, gracias a la obra misteriosa de su unigénito,
nuestro Árbol Redentor, sobrepuesto sobre los árboles cruzados de Adán
y Eva, bañados en la sangre expiatoria, para ponerle fin al pecado <<y
sólo así llenar diariamente la humanidad entera de su justicia
prodigiosa>>. Para que entonces todos puedan darse mutuamente de su
palabra viva, como los ángeles en el cielo, el uno al otro se da del
Espíritu de su justicia celestial y honrada a su semejante.

Y esta es la misma justicia celestial, la cual descendió del cielo,
como del corazón santísimo de nuestro Hacedor por medio de la vida
sagrada y sumamente honrada de su Árbol Salvador, nuestro Señor
Jesucristo, <<para llenar tu vida de poder infinito continuamente y sin
cesar jamás, desde hoy mismo y para siempre>>. De otra manera, y sin
justicia, entonces no podrás ser feliz jamás en esta vida ni en la
venidera tampoco, para siempre.

Porque nadie ha sido jamás feliz en el paraíso ni en la tierra,
viviendo día a día en el espíritu de la injusticia de Satanás y de sus
ángeles caídos, por ejemplo, desde los días de la antigüedad y hasta
nuestros días, por ejemplo; ciertamente el Señor Jesucristo nos hace
falta a todas horas del día y de la noche igual. Y nuestro Señor
Jesucristo será siempre fiel a cada uno de nosotros, a través de los
siglos y la eternidad venidera, de la misma manera que ha sido siempre
fiel a nuestro Dios y a su Espíritu Santo, <<gracias a su amor perfecto
por toda nuestra justicia humana e intachable hacia nuestro Dios y
Fundador de nuestras nuevas vidas celestiales>>.

Es decir, para que a ti, mi estimado hermano y mi estimada hermana,
jamás te falte la fe gloriosa de la vida eterna, para honrar y
glorificar a tu Dios y Fundador de tu nueva vida infinita, libre del
poder del pecado y de sus muchas injusticias, <<para que así entonces
vivas en paz y gozoso infinitamente con tu Creador Celestial>>. Por
ello, sin el derecho de nosotros comer del Árbol de vida en el paraíso
y así también en todos los lugares de la tierra, entonces <<ninguno de
nosotros no tiene ninguna verdad, ni ninguna fe, ni mucho menos
ninguna justicia en su corazón y en toda su vida también que valga
realmente, para presentarse diariamente intachable delante de su
Hacedor>>.

Y ese es el problema espiritual de cada hombre, mujer, niño y niña de
la humanidad entera, que no ha recibido en su corazón, ni ha confesado
con sus labios el nombre de su única verdad y justicia infinita de su
vida en la tierra y del cielo también, nuestro Señor Jesucristo; pero
<<todo esto ha cambiado milagrosamente en el hombre>>. Si, ha cambiado
drásticamente todo en el hombre, gracias a nuestro Dios que nos hizo
justicia, cuando Satanás nos arrebato nuestro derecho de comer del
Espíritu de la justicia milagrosa y poderosa del fruto del Árbol
Redentor, <<pues entonces nos la envío a Israel porque no podíamos
regresar al paraíso por él, ni por sus frutos de vida y de salud
infinita>>.

Es decir, que nadie tiene excusa hoy en día para no comer y no beber
del fruto del Árbol de la vida eterna, ¡nuestro Señor Jesucristo! Y,
además, nuestro Dios tuvo compasión por nosotros y nos envió a
Jesucristo a la Tierra Prometida, a Israel, <<para que comamos y
bebamos de él siempre, como hoy mismo, por ejemplo, por medio del
poder de la oración y siempre en su nombre muy santo y sumamente
misterioso de toda la tierra, su Hijo amado>>, ¡el Hijo de David! Para
que así podamos individualmente cada uno de nosotros, de todas las
familias, razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de la tierra,
<<satisfacer nuestra hambre y nuestra sed por la verdad y por la
justicia de la vida santa del nuevo reino celestial, para poder no
sólo ver a nuestro Dios, sino vivir con él infinitamente y desde ahora
mismo también>>.

Aquí fue cuando nuestro Señor Jesucristo se sentó a la mesa del SEÑOR
con sus doce apóstoles y les dijo, rompiendo el pan con sus manos:
<<Éste es mi cuerpo, de él coman todos ustedes. Porque todo aquel que
coma de mi cuerpo, no volverá a tener hambre jamás>>. Y luego tomo la
copa de vino y la levanto al cielo, diciendo: <<Ésta es mi sangre, todo
aquel que beba de ella, no volverá a tener sed jamás, sino que de su
vientre correrán fuentes de agua de vida eterna>>.

Y una vez cumplida estas palabras delante de sus apóstoles, sobre la
mesa del SEÑOR, en Jerusalén, <<entonces su cuerpo fue tomado por los
pecadores para partirlo y entregarle a cada uno de los hombres,
mujeres, niños y niñas de la humanidad entera, como el pan que Adán
rechazo en el paraíso, para que no tengan hambre jamás en sus nueva
vidas>>. Y así también nuestro Creador hizo que su sangre viva corriera
de su cuerpo santo sobre los cuerpos muertos de Adán y Eva, <<para que
por fin reciban la justicia milagrosa y poderosa, la cual Satanás con
mentiras se las negó a ellos y a su linaje humano también, para que no
sirvan a Dios y a su nombre santísimo jamás>>.

Y la sangre expiatoria de nuestro Salvador Jesucristo se regó sobre la
tierra, para alcanzar a todos ellos que viven en el polvo de la
muerte, para que resuciten y sirvan y alaben a su Dios infinitamente
en la nueva eternidad venidera, por amor al Espíritu de la justicia
divina de nuestro Padre Celestial en sus corazones eternos. Y es éste
mismo Espíritu de justicia incansable que ha transcendido muchos
lugares y hasta el umbral de la muerte también, para tocar la puerta
de tu corazón, en un día como hoy, por ejemplo, <<para que despiertes
de las tinieblas de la injusticia mortal a la luz de la justicia
infinita del Hijo Amado de Dios, ¡nuestro Señor Jesucristo!>>.

Es por esta razón <<que mucha gente de muchos pueblos de la tierra aún
no le sirve a su Dios correctamente y de la manera que debe de ser
siempre>>, como en el cielo con los ángeles, por ejemplo, por medio de
la fe, y únicamente en el fruto de la vida eterna, ¡nuestro Señor y
Salvador Celestial, Jesucristo! Y desde aquel día en adelante, para
nuestro Padre celestial y para su Espíritu Santo, Adán y Eva volvieron
a vivir sus vidas en el paraíso como antes o quizás con mayor amor y
fe: <<pero aún así, esta vez llenos del Espíritu de la verdad y de la
justicia infinita de su fruto de vida eterna, ¡nuestro Salvador
Jesucristo!>>.

Y es este bien, el cual nuestro Padre Celestial busca día y noche e
incansablemente para tu corazón y para toda tu vida también, mi
estimado hermano y mi estimada hermana, <<si tan sólo le quieres
obedecer a Él, por medio de su primer mandato y llamado que le hizo a
Adán, por ejemplo, en el paraíso>>. Entonces fue por falta de justicia
primeramente, por la cual no pudieron permanecer ni un día más Adán y
Eva delante de la presencia de nuestro Dios y su Árbol de vida, <<por
lo tanto el paraíso los vomito para que vayan a morir lejos del cielo,
como en un hueco en la tierra en donde vivimos hoy en día, por
ejemplo>>.

Si, así es: Los huesos de Adán y Eva están enterrados en el hueco de
la tierra, de donde Dios introdujo su mano santa para liberarlos de
sus primeras tinieblas, para moldearlos en sus manos y hacer de ellos
seres vivientes con su aliento divino en sus narices y en sus bocas.
¿Dónde ésta ese hueco y los primeros huesos de la humanidad entera?
Sólo Dios lo sabe; es un secreto del cielo. Probablemente, nuestro
Padre Celestial los levanto al paraíso de regreso por los poderes
sobrenaturales de su Espíritu Santo, después de haber sido
crucificados con el Hijo de David y recibido de su pan de vida y de su
copa de sangre expiatoria para sus almas infinitas, sobre la roca
eterna, en las afueras de Jerusalén, en Israel.

Consiguientemente, sin el Espíritu de la justicia divina de la sangre
y de la carne de nuestro Árbol de la vida, nuestro gran rey Mesías, el
Hijo de David, nuestro único Salvador de nuestras almas infinitas,
<<entonces Adán ni ninguno de los suyos podría jamás legalmente volver
a pisar tierra santa y firme del paraíso, sino que su destino seria
otro>>. Ciertamente, el destino final de todo pecador es el mismo lugar
de siempre el mundo de los muertos, el infierno, <<para no volver a ver
la luz del sol ni de la luna jamás, como en los días de su vida que
vivió en la tierra con toda seguridad>>.

Porque nuestro Creador requiere de nosotros, que seamos intachables y
sin injusticia alguna en nuestras vidas, para entonces podernos
presentar delante de Él, <<para orar en su presencia y con cada una de
nuestras peticiones de nuestros corazones eternos, de las cuales sólo
Él las podrá contestar individualmente para bien de nuestras vidas
infinitas en la tierra, y sólo en Jesucristo>>. De otra manera, nuestro
Padre Celestial no podrá bendecirnos para sanar nuestros cuerpos de
enfermedades, ni menos nos podría contestar el deseo de nuestros
corazones, porque sin Jesucristo en nuestras vidas, <<entonces no
tenemos justicia ni derecho alguno para sostenernos intachables
delante de su presencia santa, en la tierra ni mucho menos en el
paraíso>>.

Es por eso que el pecador y la pecadora de toda la tierra jamás han
recibido nada bueno de su Dios que está en el paraíso: Siempre listo
para sanarlos de sus males y bendecir sus vidas grandemente, porque el
Espíritu de justicia de la verdad y del derecho al fruto del Árbol de
la vida no está en sus corazones. Y <<esto es separación constante
entre Dios y el pecador y la pecadora de la humanidad entera>>, ya sea
en el paraíso, en la tierra o así también en la nueva eternidad
venidera, como en el infierno o como en el lago de fuego, por
ejemplo.

Porque una vida sin el Espíritu de la justicia del amor, la verdad y
la santidad infinita de su Árbol de vida, nuestro Salvador Jesucristo,
para nuestro Dios no tiene sentido alguno ni menos gloria alguna
delante de su presencia santa, <<así pues esa misma vida humana del
hombre, de la mujer, del niño o de la niña de la tierra, muere
innecesariamente>>. Es decir que si esa misma vida, sea una vida sin
pecado y santísima como Adán y Eva o como cualquiera de los ángeles
muy sagrados del cielo, por ejemplo, <<y no tiene el Espíritu de la
justicia del fruto del Árbol de la vida, entonces tiene que partir de
su presencia sagrada para morir irremediablemente en otro lugar>>.

Y las almas mueren día y noche e innecesariamente también, cuando
verdaderamente no deberían morir jamás, <<porque nuestro Dios no las
creo para que mueran sino para que vivan>>; pero, sin embargo, mueren
innecesariamente <<por falta de la presencia y la bendición constante
del fruto del Árbol de la vida eterna en sus corazones>>, ¡nuestro
Señor Jesucristo! Porque la santidad de nuestro Padre Celestial y así
también de su Espíritu Santo y de sus seres muy santos y fieles a él,
en el reino de los cielos, <<no puede jamás comprometerse con una vida
sin justicia y sin verdad alguna, como Adán y Eva o como los ángeles
caídos, por ejemplo, sin Jesucristo en sus corazones>>.

Y sin el Espíritu de la justicia y del amor celestial de su Árbol
Redentor en su corazón, entonces nuestro Creador y así también su
Espíritu Santo no quieren saber nada de nada de aquel ángel caído o de
aquel hombre o mujer de la tierra, <<porque todos ellos están muertos
para Dios, si Jesucristo no es en sus vidas>>. Porque nuestro Padre
Celestial considera impuros a sus ángeles muy santos del cielo, <<si el
Señor Jesucristo no vive o no es honrado en sus corazones, por
ejemplo>>.

Y así también nuestro Padre Celestial considera impuro los cielos y la
tierra, si el Señor Jesucristo no es alabado, honrado, exaltado y
glorificado en nuestros corazones y en nuestras vidas cotidianas, <<por
todo lo bueno que hizo por cada uno de nosotros en su vida consagrada,
en las afueras de Jerusalén y sobre la roca eterna de Israel, por
ejemplo>>. En otras palabras, nuestro Señor Jesucristo es tan
importante para nuestro Padre Celestial como su unigénito, así como Él
también lo es para cada uno de nuestros corazones y de nuestros
espíritus humanos, <<para poder vivir nuestras vidas de día en día y
siempre llenas de la justicia infinita, para cumplir siempre su
voluntad perfecta en todos nuestros días de vida>>. Y la voluntad
antigua de nuestro Dios se cumple en nuestras vidas cabalmente, sólo
cuando el Señor Jesucristo vive en nuestros corazones, <<no importando
jamás nuestra condición espiritual o material, por ejemplo, para
entrar desde ya al reino de sus milagros, maravillas y prodigios
gloriosos en la tierra y del nuevo reino celestial>>.

Por lo tanto, sin Jesucristo la amista del hombre y de la mujer con su
Dios y Fundador de su vida muere o deja de ser temporalmente, <<y sólo
hasta que el Señor Jesucristo vuelva a ser reconocido, por su cuerpo y
por su sangre santísima, en su corazón y en toda su vida también>>. (Y
toda secta religiosa que niega la importancia del cuerpo inmolado y de
la sangre santísima y llena de justicia para vivir la vida eterna de
todo hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, entonces es
falsa. Es más, cada dogma religioso del hombre que niega a Jesucristo
como el unigénito, como el Cordero de Dios, como el sumo sacerdote del
cielo y de la tierra para expiar por los pecados, es en si falta y, a
la vez, Satánica.)

Y esto fue precisamente lo que le sucedió a Adán y a Eva en el
paraíso, por ejemplo, como cualquier pecador o como cualquier pecadora
de la tierra, de hoy en día y de siempre, para mal y desgracia
constante de sus vidas, <<si no regresan a su Jesucristo del paraíso,
cuanto antes mejor para reconciliarse con su Creador Celestial>>.
Porque sólo el Señor Jesucristo es el camino del Espíritu Santo de
Dios de la verdad y de la vida que lleva al hombre, a la mujer, al
niño y a la niña de la humanidad entera día y noche a la presencia
santa de nuestro Padre Celestial, <<y sólo en un momento de oración y
de fe, en su nombre santísimo>>.

Pues Adán y Eva rehusaron injustamente comer del fruto del Árbol de la
vida eterna de nuestro Padre Celestial y de su Espíritu Santo, <<por
eso la tierra misma santa y celosa de la verdad y de la justicia de
Dios y de su Hijo amado no les otorgo sus frutos, sino que los vomito
a morir en la tierra>>. Porque todo aquel que no tenga el Espíritu de
la justicia, la verdad y la santidad infinita del Árbol de la vida en
el paraíso o en la tierra de nuestros días, por ejemplo, <<entonces
muere poco a poco y hasta que finalmente se lo traga la misma tierra,
para no volver a ver la luz del día nunca más>>.

Es decir, que los cielos y la tierra, en donde hemos nacido como
hombres y como mujeres, <<pues nos niegan de sus frutos diariamente,
para no saciar la sed de nuestras gargantas ni menos el hambre de
nuestros vientres, porque estamos tan lejos de la verdad y de la
justicia del Árbol de la vida, que no nos merecemos ningún bien>>. Y
todo ser viviente sea ángel del cielo u hombre o mujer de la tierra,
si la nación en donde viven no les da de comer de sus frutos, ni sus
cielos les da de beber de sus aguas, <<pues será sin duda alguna,
porque les falta el nombre milagroso de la justicia eterna en sus
corazones, ¡nuestro Señor Jesucristo!>>.

Es por eso que Adán y Eva fueron desterrados del paraíso, <<porque la
tierra santa del cielo requería de ellos la verdad y la justicia
básica del Árbol de la vida para quedarse>> y no la tenían, pues
tuvieron que salir del cielo inmediatamente a vivir a otro lado, por
su culpa, por su negligencia, por su pecado e injusticia inmoral. Así
pues también con el linaje humano, si sus familias no tienen a
Jesucristo en sus corazones, <<entonces la tierra se niega a servirles
de sus frutos y el cielo, a la vez, no les da de beber de sus aguas>>;
y de esto no es Dios el culpable ni mucho menos el Árbol de la vida,
sino la injusticia del hombre.

Porque es injusticia no servirle a Dios por Jesucristo; los cielos y
la tierra les niegan sus frutos día tras día y hasta que se
arrepientan de sus injusticias o mueran. Y así hasta naciones se han
ido a pelear guerras terribles por Los Sagrados Mandamientos de
nuestro Padre Celestial y de Moisés, simplemente porque no son
honrados ni menos el nombre de su Árbol de la vida eterna, nuestro
Señor Jesucristo, en los corazones de las gentes de tierras rebeldes y
ateas, por supuesto.

Por ello, nuestro Dios ha tenido que enviar sus juicios sobre estas
naciones una tras otra, para honrar a golpe de espada su palabra viva
y su nombre muy santo, si es necesario hacerlo así también, por
ejemplo, <<para que sólo Él reine sublime como soberano de las naciones
de la tierra>>, y más no Satanás y sus gentes mentirosas. ¿No me creen
aún, verdad? Pueden leer el Viejo Testamente, por ejemplo, pues ahí
están escritas las batallas feroces que nuestro Padre Celestial y su
Ángel Milagroso (Comandante en Jefe de sus ejércitos) tuvieron que
pelear con muchas naciones, para derrotarlas y desarraigarlas por
completo, <<porque simplemente no le honraban a él ni a su palabra viva
ni menos a su nombre santísimo tampoco>>.

Desdichadamente, <<ese es el fin fatal de los que no creen en su Padre
Celestial por medio de su Hijo amado, nuestro único fruto de vida y de
salvación eterna del paraíso, nuestro Salvador Jesucristo>>, en esta
vida y en la venidera también, eternamente y para siempre. Porque el
Espíritu del amor, la gracia y de la justicia del Árbol Redentor, es
realmente en si de hacerse constantemente el bien a si mismo en toda
la vida, <<ya sea entre ángeles del cielo u hombres y mujeres, o entre
niños y niñas de la tierra, para que la justicia corra como ríos de
aguas vivas siempre por doquier>>. Eso es lo que nuestro Dios desea ver
por toda la faz de la tierra, que el Espíritu de justicia milagrosa y
toda poderosa de su Hijo amado corra como ríos de aguas vivas por
todos lados, <<para que nadie más sufra la injusticia antigua y sus
males de siempre de Satanás>>.

Porque en el hacerse el bien a si mismo, <<esto ya es justicia cumplida
para nuestro Padre Celestial que está en los cielos>>. Por ejemplo,
recibir al Señor Jesucristo en el corazón ya es justicia infinita y
salvadora para llenar la vida del hombre, de la mujer, del niño y de
la niña con muchas y abundantes bendiciones de los frutos del reino de
los cielos y de la tierra, también. Si, eso si es justicia del paraíso
para todos los que aman a su Creador, sólo por medio de su Jesucristo.

Como cuando la madre abraza y ama a su bebe para protegerlo y así
alimentarlo día y noche y hasta que crezca y se valga por si mismo,
<<pues esto ya es justicia cumplida para nuestro Padre Celestial y para
su Espíritu Santo en el paraíso, en la tierra y en la eternidad
venidera igual>>. Así también es nuestro Padre Celestial con cada uno
de nosotros, pues nos ama y nos cuida día y noche con los dones de su
Espíritu Santo y sus muchos frutos gloriosos de salud y de vida eterna
de su Árbol Salvador, ¡nuestro Señor Jesucristo!

Así también, cuando el espíritu es correcto entre un hombre y una
mujer, y hay sólo verdad y armonía entre ambos y para con los demás
igual, <<ya esto es justicia cumplida para nuestro Padre Celestial y
para su Espíritu Santo en todos los lugares de la tierra>>. También
cuando hay una relación de amistad y compresión entre los padres y sus
hijos e hijas, <<esto ya es en si una justicia cumplida delante de
nuestro Dios y de su Espíritu Santo, para gloria y para honra infinita
de Él y de su nombre muy santo en nuestros corazones, por ejemplo>>.

Y así también cuando hay un espíritu de amor y verdad entre todos,
como entre hermanos y hermanas, como entre empleadores y empleados,
como entre ciudadanos y ciudadanas, como entre el gobierno y sus
ciudadanos en general, como entre el hombre y nuestro Dios en el
paraíso, por ejemplo, <<pues esto ya es justicia cumplida y en su
función normal>>.  Así pues, nuestro Creador podría ver nuestras vidas
siempre, llenos del Espíritu de amor, verdad, justicia y del derecho
de comer y de beber continuamente de nuestro Árbol de vida, nuestro
Señor Jesucristo, <<para entonces sólo Él mismo perdonar nuestros
pecados cotidianos, y así librarnos de cada mal del enemigo de
nuestras almas infinitas, como de Satanás y de sus gentes
mentirosas>>.

Como el juez (o los jueces) que juzga justamente de acuerdo a Los Diez
Mandamientos de Dios en su corazón, haciendo justicia para el inocente
y, pues echando el libreo de la ley sobre la cabeza a quien lo
quebranto al alegar: mentiras, calumnias infames y difamación terrible
de gran maldad; esto es ya justicia cumplida para Dios y para la
historia. Porque el juez que no juzga de acuerdo a la palabra de las
leyes, reglamentos, decretos y mandamientos sagrados de nuestro Dios,
cuando está en función de su sala de corte de justicia, entonces <<Dios
mismo lo llamara a cuentas por su ceguera espiritual, la cual habrá
causado mucha injusticia a muchos inocentes en muchos lugares de la
tierra>>.

Porque siempre y cuando haya injusticia entre todos los seres
vivientes de la tierra, entonces Satanás tiene razón para quedarse con
ellos, pues para seguir haciendo más de sus patrañas o males comunes,
<<para destruir toda vida humana, como en el cielo con Adán y Eva que
tuvieron que salir involuntariamente del paraíso a terminar sus vidas
en otro lugar>>. Y, además, Adán y Eva tuvieron que salir del paraíso,
porque literalmente dejaron de vivir la vida que nuestro Creador y su
Espíritu Santo habían puesto en sus cuerpos y en sus almas santísimas,
<<pues comenzaron a morir en sus cuerpos humanos para regresar al hueco
de la tierra, de donde la mano de Dios los saco para darles vida>>.

Y aunque Adán y Eva abandonaron sus vidas celestiales en el paraíso,
pues aún así nuestro Padre Celestial y su Espíritu Santo no los
desamparo jamás, <<sino que los siguió ayudando constantemente por amor
al Espíritu de justicia infinita de su Árbol de la vida eterna>>,
porque Jesucristo los amaba grandemente desde mucho antes de la
fundación del reino de Dios. Porque, además nosotros necesitamos ser
liberados de los males perjudiciales, los cuales son lanzados por
Satanás y sus ángeles caídos en contra de nosotros, <<para que
tropecemos en algo, y así no sirvamos a nuestro Fundador Eterno de
nuestras nuevas vidas infinitas>>, y para que no la vivamos ya en la
tierra o como en La Nueva Jerusalén Santísima del cielo.

Es por eso que todo aquel que ama a Jesucristo en su corazón, entonces
ésta vida va por el mundo, caminando íntegramente por el camino de la
verdad y con su justicia infinita del paraíso, <<para finalmente
encontrarse con su Hacedor en la tierra o en el nuevo reino celestial,
para no volverse a separar de Él jamás, en la eternidad>>. Si, así es:
<<sólo nuestro Señor Jesucristo es tu única justicia completa,
milagrosa y toda poderosa para vivir tu vida sumamente agradable a tu
Creador Celestial, a su Espíritu Santo y a sus huestes angelicales en
la tierra y así también en el paraíso, desde hoy mismo y por siempre
en la nueva eternidad venidera>>. ¡Amén!

El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su Jesucristo
es contigo.

¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre!

Dígale al Señor, nuestro Padre Celestial, de todo corazón, en el
nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras
almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y
honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el
cielo, también, para siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo
amado, nuestro Señor Jesucristo.

LAS MALDICIONES BIBLICAS, para los que obran maldad día y noche,
(Deuteronomio 27: 15-26):

"'¡Maldito el hombre que haga un ídolo tallado o una imagen de
fundición, obra de mano de tallador (lo cual es transgresión a la Ley
Perfecta de nuestro Padre Celestial), y la tenga en un lugar secreto!'
Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

"'¡Maldito el que le reste importancia a su padre o a su madre!' Y
todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

 "'¡Maldito el que cambie de lugar los limites de propiedad de su
prójimo!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

 "'¡Maldito el que desvié al ciego de su camino!' Y todo el pueblo
dirá: '¡Amén!'

 "'¡Maldito el que falsee el derecho del extranjero, del huérfano y de
la viuda!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

 "'¡Maldito el que se acueste con la mujer de su padre, porque
descubre la desnudes de su padre!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

 "'¡Maldito el que tenga contacto sexual con cualquier animal!' Y todo
el pueblo dirá: '¡Amén!'

 "'¡Maldito el que se acueste con su hermana, hija de su padre o hija
de su madre!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

 "'¡Maldito el que se acueste con su suegra!' Y todo el pueblo dirá:
'¡Amén!'

 "'¡Maldito el que a escondidas y a traición hiera de muerte a su
semejante, sin causa alguna!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

 "'¡Maldito el que acepte soborno para matar a un inocente, sin causa
alguna!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

 "'¡Maldito el que no cumpla las palabras de esta ley, poniéndolas por
obra en su diario vivir en la tierra!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS

Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la
verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la
omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad
perfecta del Padre Celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto
tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de
pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine,
cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos
con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre
las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a
la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está
aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en
Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los
males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible
de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en
la vida de cada uno de los tuyos también, para la eternidad del nuevo
reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en
día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus
ángeles santos. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada
hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada
palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición
terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada
majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con
todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y
de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su
Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las
naciones!

SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS

Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu
corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la
tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde
los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del
reino de los cielos:

PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí".

SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo
que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas
debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás
culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la
maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la
cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia
por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos".

TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios,
porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano".

CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para santificarlo.
Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será
sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni
tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el
forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová
hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y
reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y
lo santificó".

QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días
se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da".

SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio".

SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio".

OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás".

NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de tu
prójimo".

DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su
buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo".

Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y deshazte de todos estos
males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos,
también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por amor a la Ley santa de
Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos
desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú
no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los
tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días
de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy.
Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que
sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada
una de sus muchas familias, por toda la tierra.

Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos
juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia
santa del Padre Celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras
almas:

ORACIÓN DEL PERDÓN

Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de
tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu
reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la
tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras
deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos
metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el
poder y la gloria por todos los siglos. Amén.

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre Celestial
también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres,
tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y
la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ".
Juan 14:

NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR.

¡CONFÍA EN JESÚS HOY!

MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE.

YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS
TUYOS, EN EL DÍA DE HOY.

- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y
su MUERTE.

Disponte a dejar el pecado (arrepiéntete):

Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer
día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu
vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA.

QUIZÁ TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLE AL
SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un
pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su
SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi
pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi
SALVADOR.

¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador?  ¿Sí _____?  O ¿No _____?

¿Fecha? ¿Sí ____?  O ¿No _____?

Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de una
nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:

Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios,
orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El
ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en
un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema
autoridad. Habla de Cristo a los demás.

Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros
cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de
Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su
palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en
gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata
a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con
frecuencia, para ver que clase de libros están a tu disposición, para
que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.

Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que
te goces en la verdad del Padre Celestial y de su Hijo amado y así
comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre.

El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de
Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque ésta es
la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la
tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras
almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan
tranquilos los que te aman.  Haya paz dentro de tus murallas y
tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis hermanos y
de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre Jerusalén". Por causa
de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra:
imploraré por tu bien, por siempre.

El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de
Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que
respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso!
Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de
todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor
al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y
como siempre, para la eternidad.

http://www.supercadenacristiana.com/listen/player-wm.asp?playertype=w...

http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx

http://radioalerta.com


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