(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)
PEDIMOS SIEMPRE AL SEÑOR POR EL BIENESTAR DE LOS NUESTROS:
(Recordamos al soldado colombiano caído en Afganistán. Presentamos
nuestras más profundas condolencias y oraciones a los familiares y
amistades del soldado colombiano, John Felipe Romero Meneses, quien
perdió su vida cuando cumplía junto a sus compañeros de armas sus
labores militares en Afganistán. Sabemos que nuestro Padre celestial
envió a su Hijo amado a Israel como comandante en jefe de sus
ejércitos celestiales, para proteger a cada hora a los suyos, y esto
son a los que aman y honran su nombre muy santo en sus corazones por
todos los lugares de la tierra. Por lo tanto, es él mismo quien se
acerca con sus ángeles fieles a los que están a punto de salir del
mundo entero para entrar al más allá, a la nueva eternidad celestial
de su nuevo reino sempiterno y más no el ángel de la muerte como
muchos piensan, por ejemplo. Pues para esto nuestro Padre celestial
envió a la tierra a su Hijo amado para levantar a cada uno de sus
hijos e hijas, en sus millares de todas las familias, razas, linajes,
tribus y reinos, para que regresen a sus vidas normales y eternas de
su nuevo reino celestial, como La Nueva Jerusalén santa y gloriosa del
cielo. Por ello, el soldado colombiano goza a cada hora de su nueva
vida celestial en la presencia santa no solamente de nuestro Padre
celestial, quien lo crea inicialmente en sus manos santas, como cuando
creaba a Adán, por ejemplo, sino también de la presencia gloriosa de
su árbol de la vida, nuestro Señor Jesucristo, para jamás volver a
tener hambre y sed, para siempre.
También nos unimos solidariamente a nuestras víctimas del Aluvión
ocurrido recientemente en la Sierra. Oramos por las cuatro víctimas
fatales, padre e hijo y madre e hija, quienes fueron llevados por el
aguaje fuerte que arraso con todo lo que estaba en su camino, dejando
así destrucción y dolor tras de sí de algunas familias desafortunada
de las cuales, desafortunadamente, tenían sus viviendas en su camino
devastador. En la presencia santa de nuestro Padre celestial están
ellos, gozando a cada momento de la gloria bendita de su Hijo amado,
nuestro Señor Jesucristo, para seguir viviendo en la eternidad de sus
verdaderos hogares celestiales, los cuales fueron preparados para
ellos en el día de su creación. Porque nuestro Señor Jesucristo nos
enseñó que en la morada sagrada de nuestro Padre celestial hay muchas
moradas para todos sus hijos e hijas de todas las familias de toda la
tierra, para que vivan junto a él y así jamás vuelvan a abandonar sus
moradas eternales, como lo hicieron inicialmente Adán y Eva por culpa
del pecado.
Recuperación del futbolista paraguayo. Nos alegramos mucho también de
saber que Salvador Cabañas, el paraguayo, se recupera poco a poco de
su encuentro sorpresivo con maleantes e irresponsables. Nuestras
oraciones por su bienestar fueron escuchadas por el SEÑOR, en el
nombre santísimo de su Hijo amado, nuestro Salvador Jesucristo, por lo
tanto, él seguirá recuperándose poco a poco y hasta que vuelva a jugar
para alegría de él mismo y de muchos que se gozan siempre de su buen
fútbol de elite. Mientras tanto, nosotros seguiremos pidiendo a
nuestro Padre celestial que lo bendiga cada vez más para que vuelva a
su vida normal, pero esta vez con mayores bendiciones del cielo que
antes, y todo gracias por amor al nombre bendito del Hijo de Dios,
¡nuestro Salvador Jesucristo!, quien reina en nuestros corazones cada
día y para siempre.
El siguiente libro es de gran bendición infinita para tu vida y la de
los tuyos también, familiares y amistades, para leerlo una vez más
delante de nuestro Padre celestial, de su Hijo amado y de su Espíritu
Santo. ¡Amén!)
SALPICA LA SANGRE VIVA SOBRE EL DINTEL Y LOS DOS PALOS DE LA PUERTA:
Definitivamente, nuestro Padre celestial pasará matando al primogénito
de los egipcios y de sus animales también por toda la tierra de
Egipto, más cuando vea la sangre del Cordero escogido sobre el dintel
y en los dos palos (la cruz), pasará de largo aquella puerta y no
dejará entrar en sus casas al destructor, les aseguraba Moisés a los
Hebreos. Por tanto, guarden estas palabras como Ley para cada uno de
ustedes y para sus hijos para futuras generaciones venideras y para
siempre, para que jamás les falte la sangre expiatoria del Cordero de
Dios en sus vidas y así ningún mal de Satanás y de sus seguidores
malvados se enseñoreara sobre ustedes, para destruirlos.
Además, ésta sangre santísima, en sí, es la misma sangre gloriosa de
su Rabinu Yeshua jaMashíax, el Hijo de David, para no solamente
cubrirlos del mal de todos sus pecados, sino que también tiene poder y
autoridad para protegerlos de los males del maligno, Satanás, para que
sus vidas sean cada día bendecidas delante de su presencia santísima.
Pues, por ella nuestro Padre celestial tiene poder y autoridad sobre
cada uno de nosotros, incluyendo a nuestros amados y así también con
nuestras amistades, para protegernos grandemente de los poderes
terribles y escondidos del más allá, como maldiciones generacionales,
enfermedades, problemas y hasta de la misma mano del ángel de la
muerte, para caminar por siempre favorecidos por su camino santo.
Porque éste es el Espíritu Santo de su verdadero camino de sus Diez
Mandamientos y de su justicia, para alcanzar la vida eterna, en esta
vida y en la venidera también de su nuevo reino sempiterno, para con
cada uno de los suyos, de todos los hombres, mujeres, niños y niñas de
la humanidad entera, comenzando por Israel. Además, ésta sangre
santísima de nuestro Rabinu Yeshua jaMashíax, el Hijo de David, cuando
Moisés la comienza a untar sobre los dinteles y los dos palos de las
puertas de su casa y de cada una de las familias hebreas, entonces
corría abundantemente para no solamente cubrir sus pecados sino
también la de sus hijos e hijas, para generaciones futuras.
En verdad, ésta sangre expiatoria de nuestro Rabinu Yeshua jaMashíax,
el Hijo de Dios, salpica abundantemente sobre los dinteles y los dos
palos de las puertas de las casas hebreas, porque nuestro Padre
celestial la multiplica grandemente, como el mismo río Nilo, por
ejemplo, para que todos fuesen cubiertos sobrenaturalmente de los
peligros venideros. En este día, nuestro Padre celestial hace de todos
los hebreos y sus familias infinitamente santos, libres de los males
del pecado y de las enfermedades terribles de Satanás, por lo tanto,
estaban completamente actos para caminar hacia la tierra eterna del
más allá, la Nueva Jerusalén celestial, en donde todos viven felices
por amor a Dios y a su Cordero.
En verdad, nuestro Padre celestial hace que el Nilo se vuelva en un
río de sangre caudaloso delante de Moisés y de todos los demás en
Egipto, como “en un gran sacrificio sobrenatural y eterno”, para
demostrarles a todos de la abundante sangre expiatoria que hay no sólo
para Israel y Egipto, sino también para las naciones venideras.
Además, nuestro Padre celestial convierte el Nilo en un río de sangre
expiatoria primero, para demostrarle de su poder y autoridad sobre
toda la tierra a Egipto y, a la vez, para enseñarles también, de que
sólo él puede salvar grandemente con el Espíritu abundante y glorioso
de su sangre santísima de su Hijo amado, ¡el Santo de Israel!
Porque asimismo posteriormente corre a cada hora el mismo Espíritu
Santo de la sangre expiatoria del Rabinu Yeshua jaMashíax, nuestro
Señor Jesucristo, colgado sobre el dintel y los dos palos cruzados de
Adán y Eva en el monte santo de Jerusalén, en Israel, para fin del
pecado y la destrucción eterna de la vida malvada de Satanás en toda
la tierra. Porque por éste mismo sacrificio santo y voluminoso, como
el mismo río Nilo convertido en sangre expiatoria en Egipto, por el
cual nuestro Padre celestial libera a todo Israel de su cautividad
eterna, para al fin servirle a su Dios, como él quiere eternamente y
para siempre, para salvación posterior de cada hombre, mujer, niño y
niña de la humanidad entera.
Entonces nuestro Padre celestial conquista a Egipto primero, no con
espada y ejércitos sino con el Espíritu bendito de la misma sangre
gloriosa, con la cual pacta con pan de vida y vino con Abraham y sus
hombres, bajo la sombra del dintel y los dos palos cruzados de la
puerta sangrienta de Salem (antigua Jerusalén) para perdón, protección
y vida. Además, cuando nuestro Padre celestial firma éste pacto de
sangre santa y gloriosa, llena de vida y de salud para Israel naciente
y para las multitudes de naciones venideras, entonces se alegra mucho
en su corazón santísimo y declara fiesta y baile en gran manera en el
cielo con todos sus ángeles, arcángeles, serafines, querubines y demás
seres muy santos.
Y éste es un pacto eterno en vigencia, de sangre santa y expiatoria
entre nuestro Padre celestial y los retoños de Abraham (gentiles y
hebreos), servido en la Cena del SEÑOR por el Rey Melchisedec, en la
puerta sangrienta de Salem, para que no solamente nazca Israel, sino
también para que las naciones del mundo entero reciban su misma
bendición infinita. Por eso, nuestro Padre celestial, en cumplimiento
a su palabra santa dada a Abram en las afueras de Salem, entonces
ordena a Moisés a sacrificar su Cordero escogido, de un año y sin
mancha, para que su sangre pague por sus pecados, salpicándola sobre
los dinteles y los dos palos de cada entrada de sus casas, en la
tierra de Gosén.
Aquí nuestro Padre celestial estaba celebrando con sus ángeles las
victorias de su Rabinu Yeshua jaMashíax, nuestro Señor Jesucristo,
clavado y salpicando su sangre expiatoria para bendición eterna sobre
el dintel y los dos palos cruzados de Adán y Eva sobre el monte santo
de Jerusalén, en Israel, para condenación eterna del pecado y del
ángel de la muerte también. Y sólo así nuestro Padre celestial podía
bendecirlos grandemente y, simultáneamente, darles poderes
sobrenaturales, para que crucen el mar Rojo por un camino seco, el
cual los llevaría sin tocar el agua hasta el otro lado del mar, para
empezar su camino hacia el monte Sinaí con su mirada fijada sobre el
holocausto eterno de sangre expiatoria, en la tierra prometida.
Por todo ello, Moisés confiando en la gran obra salvadora de nuestro
Padre celestial, entonces iba de puerta en puerta, salpicando la
sangre del Cordero de Dios, la cual jamás se disminuía, sino que cada
vez había más sangre protectora, para no solamente untar los dinteles
de los dos palos de las casas hebras, sino también la de los egipcios.
En este día, nuestro Padre celestial, aunque sumamente enojado por la
dureza de los egipcios en contra de Él y de su pueblo Israel,
comenzando con Faraón y sus oficiales, aún así, deseaba bendecirlos
grandemente también; y esto es tal cual como bendecía a los hebreos,
pero sí sólo creyeren en la sangre redentora de su Rabinu Yeshua
jaMashíax, ¡su Jesucristo!
Particularmente, la sangre de éste cordero, en las manos de Moisés,
era tan abundante como las aguas del Nilo convertida por el golpe de
un palo en un río caudaloso de sangre reparadora, a lo largo y a lo
ancho; pues éste era el sacrificio simbólico de nuestro Rabinu Yeshua
jaMashíax, el Hijo de David, para liberar a Israel al fin. Y los
hebreos con sus familiares creían grandemente en la sangre del Cordero
de Dios, pues dejaban a Moisés salpicar la sangre del pacto eterno
sobre sus puertas, para ser libres finalmente de sus captores egipcios
y así poder servirle al Dios de sus antepasados: al Dios de Abraham,
al Dios de Isaac y al Dios de Jacobo, por ejemplo.
Ya que, con la unción constante de ésta sangre del Cordero escogido de
Dios, entonces no solamente sus enemigos serian destruidos, para que
ya no les hagan más daño, sino que también ninguna plaga del enemigo
del más allá, como mentiras, maldiciones, enfermedades y muertes ya no
habrá más en ellos, para hacerles daño o destruirlos para siempre, por
ejemplo. Pues, es la sangre santísima de su Rabinu Yeshua jaMashíax,
nuestro Señor Jesucristo, levantada sobre el dintel y los dos palos
cruzados de Adán y Eva lo que destruye todos los males, maldiciones,
problemas, conflictos, mentiras, calumnias, maldades, enfermedades y
muertes, sino que también condena a Satanás y a cada uno de sus
ángeles caídos, para siempre en la eternidad.
Entonces es la sangre santísima del Rabinu Yeshua jaMashíax, nuestro
Señor Jesucristo, la que no solamente libera a Israel de Egipto, y lo
ayuda a cruzar el mar Rojo por tierra seca, sino que también se
levanta posteriormente sobre lo alto de Israel para protegerlo de las
mordeduras venenosas de las serpientes, para que no sean exterminados
en el desierto. Es decir, también que la serpiente de bronce clavada
horizontalmente al palo de Aarón, y levantada sobre las cabezas de los
hebreos, fue la que perdona a todo Israel y lo sana por completo
delante de nuestro Padre celestial, para que no sea destruido por las
culebras venenosas del desierto.
Condicionalmente, para esto nuestro Padre celestial los libera de
Egipto con la sangre de su Cordero salpicada sobre el dintel y los dos
palos de sus puertas, con objeto de vencer la profundidad del mar
Rojo, el desierto con sus culebras venenosas y así salpicar la sangre
del pacto eterno sobre el dintel y los dos palos cruzados de Adán y
Eva. Ortodoxamente, éste es el único servicio santo y honrado, por el
cual nuestro Padre celestial escoge a Moisés para liberar a Israel de
Egipto y así llevarlos a que le sirvan a Él y a su nombre muy santo
sobre todo lo alto del dintel y los dos palos cruzados de Adán y Eva,
sobre la cima santa de Jerusalén, en Israel.
Y fuera de éste holocausto de sangre santísima y expiatoria, nuestro
Padre celestial no puede ser servido ni honrado jamás, en esta vida ni
en la venidera tampoco, por ningún ángel del cielo ni por ningún
hombre, mujer, niño o niña de Israel y de las naciones de toda la
tierra, en estos días y para la eternidad venidera. Pues, éste es el
verdadero servicio a nuestro Padre celestial y a su nombre santísimo
en el cielo con sus ángeles, arcángeles, serafines, querubines y demás
seres muy santos, el que honremos la sangre de su Hijo amado en
nuestras vidas de cada día por toda la tierra, para fin de nuestros
males, y el comienzo de una vida abundantemente gloriosa.
Puesto que, nuestro Padre celestial les da y, juntamente, cumple los
poderes y autoridades sobrenaturales que Él mismo deposita
inicialmente en Abram, en el día que cree en la comida y en el vino
que su Rey Melchisedec le sirve a él y a sus hombres bajo la sombra de
la puerta sangrienta de Salem, para que coman su «Cena Santa»
concluyentemente. Y como los poderes sobrenaturales de ésta sangre
escogida del pacto eterno entre Dios y Abraham y sus retoños (hebreos
y gentiles), entonces no solamente bendecía al dintel y los dos palos
de cada puerta de los hebreos, sino que también su bendición y gracia,
de una manera u otra, toca a los egipcios ampliamente para que ellos
les den regalos.
En la medida en que, después de ésta noche terrible y de gran llanto
para todos (los egipcios y hebreos también), especialmente cuando
despertaron al día siguiente, entonces sólo los egipcios se encuentran
con tantos muertos de sus primogénitos de hombres y animales que no
podían creerlo, ni mucho menos contarlos, por su gran devastación por
todo el país de Egipto. Realmente, nuestro Padre celestial castiga a
todo Egipto, no porque no cree a sus grandes maravillas, señales y
milagros, los cuales los realiza por las manos de Moisés, para que el
Faraón y sus oficiales dejen ir libres a sus hijos e hijas, para que
le sirvan a Él, tal como se lo promete inicialmente a su siervo
Abraham.
Más bien, nuestro Padre celestial castiga grandemente a todo Egipto,
de tal manera tan terrible, porque los dinteles y los dos palos de las
puertas de sus casas no tenían la sangre expiatoria salpicada sobre
ellas, para que cuando el destructor pase, entonces vea la sangre y
así siga su camino por otro lugar, sin tocarlos jamás. Porque sí los
egipcios obedecen al llamado de Dios, de salpicar la sangre del pacto
eterno sobre los dinteles y los dos palos de sus puertas de cada uno
de sus hogares, entonces el destructor al ver la sangre justificadora
obligadamente tenía que seguir su camino de muerte por otro lugar,
siempre lejos de la sangre del pacto eterno.
Pero, desdichadamente para los egipcios, ellos no creen a la palabra
de nuestro Padre celestial, ni menos a lo que le instruye
personalmente a hacer a Moisés, para que los primogénitos de sus
hogares no mueran jamás, por ningún pecado o razón alguna;
verdaderamente, nuestro Padre celestial siempre desea el bien de
Egipto, pero únicamente con la sangre de su Rabinu. Y, entonces,
nuestro Padre celestial les dice a los hebreos, después de haber todos
salpicado la sangre protectora de su Cordero escogido sobre los
dinteles y los dos palos de sus puertas, de que ellos ahora les podían
pedir alhajas de oro a los egipcios, para que se las regalen, sin
escatimarles nada.
Así nuestro Padre celestial logra que los hebreos despojen a los
egipcios de sus grandes riquezas de oro que tenían acumuladas en sus
hogares, para llevárselas con ellos al fin a la tierra prometida, para
seguir untando el dintel y los dos palos de las puertas de sus hogares
en toda la nueva tierra de todo Israel. Y esto seria, sin duda alguna,
como en un rito eterno de jamás dejarlo de hacer delante de su
presencia santa de nuestro Padre celestial y de sus huestes
angelicales, con el fin de siempre ahuyentar todo mal del enemigo,
como problemas, conflictos, guerras, enfermedades y así sucesivamente
toda muerte de Satanás y de sus ángeles caídos, por ejemplo.
Es decir, que nuestro Padre celestial por la obediencia de un sólo
hombre, Moisés su siervo fiel, al sacrificar su Cordero y salpicar su
sangre expiatoria sobre los dinteles de los dos palos de sus puertas,
no sólo los salva de su muerte segura en Egipto, sino que también los
enriquece grandemente, para que le sirvan por siempre, adorando su
nombre salvador. En otras palabras, ya sea en la antigüedad u hoy en
día, por ejemplo, los hebreos son sumamente bendecidos e infinitamente
ricos con la sangre del pacto eterno, no solamente salpicada sobre los
dinteles de los dos palos de sus casas, sino también de los dinteles y
los palos de sus corazones, para seguir sirviéndole a nuestro Dios con
grandes riquezas inmensurables.
Porque la sangre del pacto eterno no solamente borra o cubre de todo
pecado a los hebreos, egipcios y en fin a todo el mundo, sino que
también los limpia maravillosamente con su Espíritu Santo para
enriquecer sus corazones, sus mentes, sus cuerpos, sus almas y sus
vidas de cada día por toda la tierra, para gloria de su nombre
santísimo. Además, éstas son grandes riquezas del cielo y de la tierra
también, de las cuales no se pueden comprar ni adquirir jamás con todo
el dinero de la tierra y sus minas de oro y de piedras preciosas, sino
solamente con la sangre derramada de su Rabinu Yeshua jaMashíax,
nuestro Señor Jesucristo, para que Satanás y sus ángeles caídos huyan
siempre.
Y, hoy en día, ésta es nuestra gran bendición celestial con cada uno
de nosotros en toda la tierra, en nuestros millares, ya sea sobre el
Nilo, sobre los dinteles y los dos palos de las puertas de nuestras
casas o de nuestros corazones, pero siempre con la sangre bendita del
pacto eterno entre nuestro Padre celestial y Abraham. Visto que, es la
sangre bendita y expiatoria del Rabinu Yeshua jaMashíax, nuestro
Salvador Jesucristo, la que no solamente cubre nuestra sangre pecadora
y sus muchas imperfecciones, llenas de mentiras, maldiciones,
calumnias, enfermedades y hasta de muertes terribles, sino que también
nos hace grandemente ricos, tan ricos como él mismo, su Hijo amado y
su Espíritu Santo, por ejemplo.
Pues, en la sangre de nuestro Salvador Jesucristo está la vida santa y
sumamente gloriosa dada a cada uno de nosotros, desde mucho antes de
la fundación del mundo, digna de entrar a La Nueva Jerusalén santa y
gloriosa del cielo, para seguir amando y honrando a nuestro Padre
celestial en la eternidad, por los siglos de los siglos. De otra
manera, no podemos jamás obtener nada de nada de nuestro Padre
celestial, de su Hijo amado, de su Espíritu Santo ni de ninguna de sus
cosas creadas en los cielos y en toda la tierra, como frutos de los
ángeles, arcángeles, serafines, querubines, árboles, aves, animales y
peses de los ríos y de los mares, por ejemplo.
Inicialmente, nuestro Padre celestial nos entrega también la
protección de sus ángeles y así también de los frutos de los árboles y
animales de la tierra y de los mares con sus alturas, para servicio
constante de su nombre santísimo, viviendo ya en nuestros corazones,
en esta vida y en la venidera, y todo ¡gracias a la sangre reparadora
de Jesucristo! Por eso, debemos de adorar a nuestro Padre celestial
por la sangre gloriosa, la cual está repleta de vida, salud y de
bendiciones sin fin, en esta vida y en la venidera, para servirle a Él
de la manera que Él quiere y no nosotros, y esto es siempre por medio
de su Rabinu Yeshua jaMashíax, ¡nuestro Salvador Jesucristo!
Porque fue por los poderes sobrenaturales de ésta sangre santísima,
salpicada sobre los dinteles y los dos palos de las puertas de las
casas hebreas, por la cual pudieron al fin escapar su cautividad de
labores forzadas por muchos años en Egipto, para volver a renacer a
una nueva vida sin fin en la tierra prometida, en la Nueva Jerusalén
celestial. De otra manera, sin el Nilo convertido en río de sangre
expiatoria, para subyugar a todas las fuerzas del mal en Egipto y,
además, sin la unción suprema de la misma sangre del Cordero
sacrificado sobre los hogares hebreos, entonces Israel estuviera ya
muerto, o cautivo aún en Egipto, sufriendo a Satanás, sin poder jamás
escapar sus males de cada día.
Por eso, le damos gracias grandemente a cada hora a nuestro Padre
celestial, porque los hebreos obedecieron a Moisés con la sangre del
Cordero degollado en sus manos, para untarla abundantemente sobre sus
casas y así honrar al fin el pacto eterno entre Dios y Abram, por toda
la tierra y para miles de generaciones venideras, del más allá. Porque
la sangre del Cordero escogido, en sí, no solamente es para el dintel
y los dos palos de las puertas de las casas hebreas, sino que también
es realmente para la casa eterna de cada hombre, mujer, niño y niña de
las naciones, comenzando con Israel por toda la tierra y en la Nueva
Jerusalén santa y gloriosa del cielo.
Así es, la sangre salpicada del Cordero degollado en las manos de
Moisés, en verdad, es la nueva casa bendita de todos nosotros, en
nuestros millares, en todos los lugares de la tierra, comenzando con
las casas de los hebreos en Egipto, por ejemplo, para escapar por
siempre del poder del pecado y de Satanás. Por eso, cada uno de
nosotros está llamado por nuestro Padre celestial inicialmente a creer
en la gran obra sobrenatural de su Rabinu Yeshua jaMashíax, nuestro
Señor Jesucristo, para comer y beber por siempre de su pan sin
levadura y de su vino de vida eterna, para que de nuestros interiores
viertan ríos de agua viva para la eternidad.
Pues para esto nuestro Padre celestial, después de lavarlos de sus
pecados por la sangre de su Cordero escogido, entonces les enriquece
grandemente con el oro de Egipto, para llevarlos por tierra seca del
mar Rojo al otro lado, en donde está el Sinaí, su roca eterna de agua
viva. A plena luz del día, nuestro Padre celestial hace que el mar
Rojo se abriera con el toque del palo de Moisés, para que mostrara su
camino santo en su fondo seco y así los hebreos con sus animales
crucen al fin con dos paredes largas y altas de agua hacia la libertad
eterna, comprada con precio de sangre expiatoria.
Además, nuestro Padre celestial los hace caminar el mar Rojo con sus
paredes de aguas gigantes a sus dos lados, para que toda esa
abundancia de agua se quedara «clavada en sus corazones», porque de
toda ésta gran cantidad de agua viva les iba a dar de ver al pie del
Sinaí, en donde su libertad empieza originalmente con Moisés. En otras
palabras, nuestro Padre celestial les da de beber, a fin de cuentas,
del agua viva de su roca eterna, de la misma agua viva que Moisés bebe
inicialmente, para empezar sobre todo lo alto del monte Sinaí, con su
Rabinu Yeshua jaMashíax brillando: ¡la liberación eterna de su
cautividad egipcia y mundial!
Es decir, también que nuestro Padre celestial, así como hace que
Moisés se acercase al monte Sinaí para beber inicialmente de su agua
viva que emana de la barriga herida de su roca eterna para perdón,
salud, poder, bendición, protección y para salvación eterna con sus
muchas bendiciones sin fin, entonces los hebreos tenían que hacer lo
mismo delante de Él. Y esto es, sin duda alguna, beber abundantemente
de su agua viva, como Moisés ya lo había hecho previamente sin
objetar, para entonces seguir por su camino trazado divinamente por el
desierto por su Rabinu Yeshua jaMashíax, nuestro Señor Jesucristo,
para finalmente entrar a la tierra prometida y servirle a su Dios,
como sólo Él requiere de ellos a cada hora.
Puesto que, el servicio central, núcleo, ideal a nuestro Padre
celestial de cada hebreo hombre, mujer, niño y niña se encuentra ya
sobre el dintel y los dos palos salpicados con la sangre de su Rabinu
Yeshua jaMashíax, el Hijo de David, para que sus pecados les sean
borrados y sus nombres inscritos en el libro de la vida eterna. Pues,
es ésta misma salvación gloriosa y fructífera, dada por nuestro Padre
celestial para cada una de las familias de las naciones de toda la
tierra, sin hacer excepción alguna de ninguna persona jamás, para que
sus pecados les sean perdonados y sus nombres inscritos en el libro de
la vida eterna también, eternamente y para siempre.
Entonces era necesario primero que cada hebreo y cada hebrea también
bebiese, sin demora, del agua viva que emana abundantemente de la
barriga herida de la roca eterna, para que entonces las naciones
posteriormente beban de ella en su día, para gloria y honra infinita
del nombre muy santo de nuestro Padre celestial y de su Hijo amado,
¡nuestro Salvador Jesucristo! Pero antes que los hebreos lleguen al
pie del monte Sinaí con los suyos, entonces nuestro Padre celestial
los obliga a caminar por todos lados del desierto, en busca incansable
por agua, como las almas perdidas en el vasto infierno, por ejemplo; y
al fin llegaron a Refidim, en donde tampoco había agua para beber
ellos y sus animales.
Aquí nuestro Padre celestial le dice a Moisés que con su palo golpee
la barriga de la roca eterna, como golpeó previamente el Nilo para que
se convirtiera en un río caudaloso de sangre redentora, para subyugar
a todos los poderes malvados de Satanás y así liberarlos al fin de su
cautiverio egipcio. Inesperadamente, Moisés golpea más de lo debido a
su roca eterna del Sinaí, lo cual le duele mucho a nuestro Padre
celestial que Moisés lo haya hecho así, cuando tan sólo debía golpear
la barriga de su roca una sola vez, para que vierta agua viva para
todo Israel sediento y para sus animales también.
Ahora, como Moisés golpea la roca eterna más de la cuenta, entonces
esto significaría que su Rabinu Yeshua jaMashíax, el Hijo de David,
iba a sufrir más golpes de lo debido en las manos de los hebreos y de
los gentiles también, sobre lo alto del monte de santo de Jerusalén,
en Israel, para muerte eterna del pecado. Originalmente, nuestro Padre
celestial no desea ver a su Rabinu Yeshua jaMashíax, nuestro Salvador
Jesucristo, sufrir más de la cuenta en las manos de sus enemigos,
gentiles y hebreos, en el momento de salpicar su sangre expiatoria
sobre el dintel y los dos palos cruzados de la ciudad santa, la
Jerusalén escogida, en Israel, para fin de todo mal del enemigo.
Entonces por éste pecado, por no haber honrado a su Hijo amado ante
Israel, al golpear su roca eterna más de la cuenta, pues nuestro Padre
celestial no quiso perdonarlo, sino hasta llegar a la puerta de la
tierra prometida, y no dejándolo entrar en ella con los hijos de
Israel, sino que lo deja verla tan sólo desde lejos. Empero, en aquel
día nuestro Padre celestial, a pesar de que Moisés golpea más de la
cuenta a su Rabinu Yeshua jaMashíax, nuestro Salvador Jesucristo,
entonces deja que su roca derrame un gran río caudaloso de agua viva,
para que no solamente los israelitas sedientos con sus animales beban,
sino también para convertir a el desierto en un gran paraíso vivo.
Puesto que, toda vida del desierto y de la humanidad entera está
escondida en el agua viva de la roca eterna de nuestro Señor
Jesucristo sobre el monte Sinaí, para no solamente convertir la tierra
y hasta su mismo infierno en paraísos terrenales, sino también que
puede llenar de vida y de salud sin fin a cada planeta del vasto
universo. Porque la tierra está rodeada de planetas infiernos, donde
la vida es totalmente imposible; pues, por más que el hombre busque
vida en la inmensidad del universo no la encontrara jamás, sí Dios
mismo no se lo permite primero; porque los planetas con sus estrellas
son infiernos extremos para que toda vida subsista, asimismo como el
centro infernal de la tierra.
Además, la vida de todos estos planetas infiernos, cercanos y lejanos,
está también en la misma roca eterna de nuestro Padre celestial y de
su Espíritu Santo, su Rabinu Yeshua jaMashíax, nuestro Señor
Jesucristo, dado que es Él quien le da inicialmente libertad y vida a
Israel, así pues también a la tierra y sus desiertos por doquier, muy
probablemente. En verdad, cuando nuestro Padre celestial hace que los
hebreos caminen por todos lados del desierto, en busca de agua sin
encontrarla jamás, entonces los hace caminar como almas perdidas en el
infierno o los planetas, por ejemplo, infinitamente sedientos por
beber del agua viva de la barriga herida de la roca eterna, su Rabinu
Yeshua jaMashíax, ¡nuestro Salvador Jesucristo!
Con esto nuestro Padre celestial les quería hacer entender a los
hebreos con todos y cada uno, que él no solamente puede hacer que la
barriga herida de su roca eterna brote en ríos de agua viva, para que
ellos beban y el desierto se vuelva un paraíso lleno de vida, sino que
también puede hacer lo mismo en el infierno. Porque el desierto es un
infierno, igual que el corazón infernal y violento de la tierra, en
donde las almas perdidas esperan su juicio final de nuestro Padre
celestial y de su Cordero escogido, en el cual Él puede muy bien hacer
que su roca eterna se vuelva en ríos de agua viva para calmar la sed
de las naciones perdidas.
Ahora, ¿cuándo nuestro Padre celestial lo va hacer así en el infierno,
es decir, si realmente piensa hacerlo así después del cumplimiento de
todo juicio celestial y terrenal? En verdad no lo sabemos. La
Escritura no lo manifiesta así aún, en ninguna de sus líneas antiguas
o nuevas. O, sí ya lo hizo en el día que nuestro Señor Jesucristo
desciende al infierno, para resucitar en el tercer día, predicando con
sus dos testigos fieles a las almas perdidas de su gran salvación
alcanzada sobre el dintel y los dos palos cruzados de la puerta
sangrienta de Jerusalén, en Israel, tampoco lo sabemos.
Pero si sabemos que nuestro Padre celestial es un Dios Todopoderoso y
grande en misericordia y verdad para con todas sus criaturas, por lo
tanto, para él no hay nada imposible en la tierra del desierto ni
menos en su infierno, para volverle a dar vida y en abundancia también
por todos lados. Pues, quién sabe si no sólo nuestro Padre celestial,
sí para esto crea el infierno para llenarlo de todos los que no lo
aman a él, por medio de la sangre expiatoria e invocación del nombre
santísimo de su Rabinu Yeshua jaMashíax, nuestro Señor Jesucristo,
para posteriormente manifestar su gran favor y misericordia, dándoles
de beber al fin su agua viva.
Ahora, si los hebreos entendieron ésta gran verdad en aquellos días,
no lo sabemos: pero lo que sí sabemos es que nuestro Padre celestial
no solamente les da de beber y hasta sus animales también, dejándolos
nadar en sus aguas por un rato para refrescarse, sino que también deja
que el agua corra por doquier del desierto, perdiéndose en sus
horizontes. Como el agua viva corría por todos lados del desierto,
entonces las arenas se volvían fértiles cada día, llenándolo todo de
vida para los hebreos y para las naciones alrededor también, pero si
tan sólo los hebreos hubiesen seguido creyendo a nuestro Padre
celestial y a su Rabinu Yeshua jaMashíax, nuestro Jesucristo, así como
Moisés cree inicialmente en él sobre el Sinaí.
Porque la verdad es que nuestro Padre celestial es Todopoderoso
siempre con los que creen y aman grandemente en sus corazones a su
Rabinu Yeshua jaMashíax, nuestro Salvador Jesucristo, para que
entonces maravillas, milagros y grandes señales prodigiosas se
manifiesten en los cielos y por toda la tierra, para bien eterno de
muchos, en estos días y para siempre. Además, nuestro Padre celestial
hace todo esto por los hebreos, porque no solamente desea convertir el
desierto en una gran Jerusalén santa y gloriosa, como la del cielo, en
donde sus ángeles y sus muy amados antiguos beben y comen a cada hora
del fruto del árbol de la vida, nuestro Señor Jesucristo, sino también
para exaltar su nombre santísimo grandemente.
Porque es necesario que su nombre muy santo sea grandemente exaltado
en el corazón de cada hombre, mujer, niño y niña de todas las
naciones, comenzando con Israel mismo, por ejemplo, para así alcanzar
aún mayores glorias, honras y santidades jamás alcanzadas ni aun así
por sus santos ángeles, arcángeles, serafines, querubines y demás
seres muy santos del reino sempiterno. Pues, para esto nuestro Padre
celestial libera inicialmente a Israel de su cautividad egipcia, para
alcanzar nuevas glorias, honras y santidades jamás tocadas por nadie
aún, y esto seria exaltando grandemente las glorias infinitas del
nombre bendito y salvador de su Rabinu Yeshua jaMashíax, nuestro Señor
Jesucristo, en sus vidas y en las demás naciones de toda la tierra,
también.
Por ello, nuestro Padre celestial tenía que hacer que los hijos de los
hebreos entrasen gloriosamente a la tierra prometida primeramente,
para que naciese en su día del vientre virgen de la hija de David,
como el dador de la vida eterna, para que viva y cumpla grandemente el
Espíritu Santo de los Diez Mandamientos. Porque éste Espíritu Santo de
los mandamientos no lo podía honrar ni menos cumplir nadie en todo
Israel, comenzando con Moisés que lo había recibido personalmente de
nuestro Padre celestial sobre todo lo alto del Sinaí, para
entregárselo a Israel en su día y a las naciones posteriormente.
Porque nuestro Padre celestial les entrega el Espíritu Santo de los
mandamientos grandemente, al beber de la barriga herida de la roca
eterna, nuestro Salvador Jesucristo, para que más adelante la reciban
escrita, no para verla y guardarla, sino para cumplirla grandemente y
sólo en su día señalado por Él mismo, sobre todo lo alto del monte
santo de Jerusalén, en Israel. Además, cuando nuestro Padre celestial
le entrega a Moisés las dos tablas de la Ley, entonces no solamente
les entrega la vida gloriosa e infinitamente llena de milagros de su
Rabinu Yeshua jaMashíax, nuestro Señor Jesucristo, sino que también
les entrega sin escatimar la vida de cada uno de nosotros mismos,
empezando con la misma vida salvaguardada de Adán y Eva.
Entonces cuando nuestro Padre celestial le permite a Moisés golpear la
barriga de su roca eterna al pie del monte Sinaí, no solamente su Hijo
amado vierte agua viva para los sedientos hebreos y sus animales, sino
que también los llena del Espíritu de la vida gloriosa e infinitamente
santa de sus mandamientos, su Rabinu Yeshua jaMashíax, ¡nuestro
Salvador Jesucristo! Y sólo con ésta satisfacción del agua viva en su
Espíritu Santo de salud eterna, entonces Moisés podía no solamente
recibir de las manos de nuestro Padre celestial la nueva vida gloriosa
y sumamente santa, escrita por su dedo sobre las tablas de los
mandamientos, sino que también les da el poder glorioso para leerla,
creerla y honrarla por siempre.
Es decir, que nuestro Padre celestial al pie del Sinaí, al beber los
hebreos del agua viva que vertía de la barriga herida de la roca,
entonces los llena del Espíritu Santo de sus mandamientos, para que
cuando vean frente a frente a su Rabinu Yeshua jaMashíax, nuestro
Salvador Jesucristo, pues crean en él grandemente en sus corazones a
buena hora. Dado que, para ver y creer en el Rabinu Yeshua jaMashíax,
nuestro Señor Jesucristo, entonces uno tiene que estar bendecido
grandemente por el Espíritu Santo de los mandamientos, su palabra
santísima y llena de bendiciones sin fin, para que posteriormente sólo
amor, respeto y gracias emana de nuestros interiores hacia nuestro
Padre celestial, por revelarnos tan gran salvación infinita.
Por ello, nuestro Padre celestial los lleva al epicentro del desierto,
caminando día y noche por todos lados y hasta que llegaron al lugar en
donde volvieron a ofender a nuestro Padre celestial y a su siervo
Moisés, que serpientes venenosas comenzaron a brotar de la tierra, en
sus millares, para morderlos y así terminar con ellos. Aquí nuestro
Padre celestial les manifiesta a los hebreos de todos los tiempos, de
que sí ellos no creen en él, por medio de su Rabinu Yeshua jaMashíax,
nuestro Señor Jesucristo, entonces no van a estar protegidos de todo
mal del enemigo, sino que siempre serán atacados, por donde ellos
menos lo esperan.
Porque no solamente el desierto se convertirá en cada uno de sus
granos de arena en culebras venenosas para castigarlos, por causa de
la ira de nuestro Padre celestial, de ver que su Rabinu Yeshua
jaMashíax, nuestro Señor Jesucristo, no es levantado adecuadamente en
sus corazones, para perdón, salud y bendiciones sin fin, sino que toda
la tierra igualmente para desdicha. Porque no hay nada en el cielo, en
la tierra, ni aún entre las llamas del infierno, que pueda realmente
encender la ira de nuestro Padre celestial instantáneamente, como
cuando sólo ve que su Hijo amado, nuestro Jesucristo, no es elevado,
honrado, respetado debidamente en los corazones de todos los hombres,
mujeres, niños y niñas del mundo entero, empezando por Israel.
Por esta razón, nuestro Padre celestial hace que su Rabinu Yeshua
jaMashíax, nuestro Señor Jesucristo, se levante sobre los hebreos
mordidos por las culebras venenosas en medio del desierto, como en
medio del infierno, dónde el gusano no muere ni se cansa jamás de
morder y comer del alma perdida del hombre, para que al fin vuelvan a
vivir. Además, nuestro Padre celestial hace estas misericordias por
los hebreos, aún cuando eran mordidos y muertos por las culebras
venenosas para enseñarles, a fin de cuentas, de que sus vidas dependen
de como le sirven a él, como su Dios y Fundador de sus vidas, por
medio su Rabinu Yeshua jaMashíax, ¡nuestro Señor Jesucristo!
Porque sólo en su Rabinu Yeshua jaMashíax, nuestro Salvador
Jesucristo, está su perdón, salud, bendición y salvación; pues para
esto nuestro Padre celestial hace que Moisés fundiese primero una
culebra de bronce venenosa, como de las que brotaban de entre la arena
para morder a los hebreos, para finalmente perdonarlos y sanarlos de
sus males al instante y para siempre. Y, además, nuestro Padre
celestial le ordena a Moisés que la clavara sobre el palo de Aarón,
levantándola sobre todos los hebreos, para que todo aquel que la viera
entonces sus pecados les sea perdonado, para que sus cuerpos sanasen
de las mordeduras venenosas de las serpientes y así sigan viviendo
para Él y para servicio de su nombre muy santo.
Es decir, que no solamente la culebra venenosa clavada al palo de
Aarón, levantada sobre todo lo alto de las cabezas de los hebreos,
nuestro Padre celestial perdona sus pecados y rebeliones hacia Él y su
siervo Moisés, sino que también sana grandemente muchos de sus males
que estaban sufriendo por culpa de sus constantes rebeliones. Además,
nuestro Padre celestial perdona a los hebreos pecadores y rebeldes
hacia Él y su voluntad santa por todo el desierto, y todo fue al
instante: Porque cuando él ve la serpiente de bronce clavada al palo
de Aarón, entonces se acuerda de la manera en que su Rabinu Yeshua
jaMashíax, el Hijo de David, iba a morir por ellos posteriormente.
Es decir, como su Hijo amado iba a ser golpeado y clavado a los
árboles secos y sin vida de Adán y Eva sobre el monte santo de
Jerusalén, para fin del pecado y el comienzo de una nueva vida
gloriosa y eterna en la tierra, como la de su Rabinu Yeshua jaMashíax,
para vivirla por siempre para la eternidad. Y ésta vida eterna
consiste, en que el que ve a su Hijo amado, nuestro Salvador
Jesucristo, crucificado, sangrando sobre el dintel y los dos palos de
la puerta sangrienta en las afueras de Jerusalén, y así cree en él y
en su gran obra salvadora, para bendición en la tierra y en el
paraíso, entonces vive su alma milagrosamente, para siempre.
Además, nuestro Padre celestial ordena a Moisés que fundiese una
serpiente de bronce y la clavase sobre lo alto del palo de Aarón,
porque él no solamente tenía que redimir a los hebreos que eran
mordidos por las serpientes venenosas, sino que también tenía que
vencer a la serpiente eternamente en el desierto, como en el mismo
infierno, por ejemplo. Aquí hay poder sobrenatural para todos, sean
gentiles o hebreos, para convertir desiertos y aún tierras prometidas
para naciones en paraísos gloriosos, llenos de ángeles y bendiciones
eternas, como la misma Jerusalén santa y gloriosa del cielo; aquí los
poderes del pecado mueren, por tanto, todo problema, dificultad,
enfermedad y hasta imposibles y muertes desaparecen para no volver
jamás a nuestras vidas.
Además, estas serpientes venenosas salían por doquier de entre la
arena del desierto, llenas de la ira de Dios, para castigar a los
hebreos de sus muchos pecados y rebeliones y así dejarlos postrados en
el desierto, para siempre, y sin que jamás vean la tierra prometida,
prometida inicialmente por Dios a sus antepasados, Abraham, Isaac y
Jacobo, sin duda. Por lo tanto, el desierto ya no era el desierto de
antes en los ojos de Moisés y de los hebreos, sino un vasto infierno
de culebras venenosas por doquier, en sus millares, para terminar con
la vida de cada uno de ellos, en quizás unos tres días al menos, pero
sin jamás tocar a Moisés y a los suyos.
Visto que, la ira de nuestro Padre celestial se había encendido sin
parar jamás en contra de los hebreos, y más no en contra de Moisés y
su familia; por lo tanto, mientras las culebras venenosas se movían
por todos lados, en sus millares, para morder a los hebreos, pero
jamás se acercaron para nada a los siervos de Dios. Ahora, nuestro
Padre celestial les provee perdón, bendición y salvación de una muerte
segura en el desierto con la culebra venenosa fundida en bronce y
clavada horizontalmente sobre el palo de Aarón, formando así el
crucifijo de su salvación: porque la humanidad entera empieza así en
el cielo, en el día que Eva sale de la quinta costilla de Adán.
Además, la cruz se forma primero en el paraíso, en el día de la
creación de Eva de la quinta costilla de Adán, porque nuestro Padre
celestial puso a Adán a dormir profundamente, y no acostado sino
parado. Porque cuando nuestro Padre celestial hace que Adán cayera en
un sueño profundo, no lo acuesta sobre una cama o sobre cualquier otra
cosa horizontal, sino que lo deja parado de la misma manera que sale
de la tierra, en el día de su creación en sus manos santas, por
ejemplo.
Pero jamás hace así con Eva, porque la quinta costilla de Adán está
localizada horizontalmente en su caja de cuerpo (el tórax), por lo
tanto, cuando nuestro Padre celestial forma Eva de la quinta costilla
de Adán, entonces ella sí toma la posición horizontal naturalmente,
formando así la cruz eterna del comienzo de la reproducción de toda
vida humana. Y fue así como nuestro Padre celestial crea a la primera
pareja de la humanidad entera, con Adán y con sus pies fijos sobre la
tierra santa del reino angelical, porque él sale directamente del
hueco de la tierra en el día de su creación conforme a su imagen
celestial, para ser varón de Dios, eternamente y para siempre.
Además, Eva acostada en su forma horizontal de la quinta costilla de
Adán, porque de ahí ella sale para ser creada por las manos santas de
nuestro Padre celestial y así sea por siempre la esposa de Adán, y la
primera madre de la humanidad entera. Así pues, se forma la cruz en el
paraíso por vez primera, para formar a la primera familia de la
humanidad entera, delante de la presencia santa de nuestro Padre
celestial, de su Rabinu Yeshua jaMashíax (nuestro Señor Jesucristo),
de su Espíritu Santo y de sus millares de huestes angelicales.
Por eso, para que el perdón y la regeneración de la humanidad entera
empiece ya, entonces nuestro Padre celestial le entrega primero
públicamente su cruz a Israel, para no solamente perdonar sus pecados
y sus enfermedades mortales, sino también para vencer la vida pecadora
de Satanás sobre todas las naciones, dándole así una puerta abierta
para entrar a la vida eterna. Así pues, nuestro Padre celestial, a fin
de cuentas, acaba con los poderes terribles que la serpiente antigua
deposita inicialmente en la sangre y en la vida de cada ser humano,
empezando con Adán y Eva en el paraíso, para que entonces el corazón
de todo hombre, mujer, niño y niña pueda recibir tempranamente a su
salvador personal ¡nuestro Señor Jesucristo!
Entonces después de nuestro Padre celestial derrotar finalmente a la
serpiente en el epicentro del desierto, con el símbolo profético de su
Hijo amado clavado al palo de Aarón, para perdonarlos del pecado y
sanarlos de las mordidas de las serpientes venenosas, pues podía ahora
muy bien llevarlos a la tierra prometida, sin la mancha de la
serpiente en sus vidas. Además, nuestro Padre celestial tuvo que
derrotar a las mentiras y maldades terribles de la serpiente del
paraíso en el epicentro del desierto, porque el desierto se asemeja al
infierno con sus mentiras, decepciones, maldades, calumnias,
enfermedades, muertes y demás que salen de ella aún, para afligir a la
humanidad entera, así como las serpientes venenosas para atacar, matar
y destruir.
Y después de tan gran victoria sobre la serpiente antigua y sus
mentiras terribles en contra de nuestro Padre celestial y de su árbol
de la vida, el Rabinu Yeshua jaMashíax, nuestro Señor Jesucristo,
entonces Israel puede a la postre entrar a la tierra prometida
victoriosamente e infinitamente limpio y libre sobre todo mal de la
serpiente del paraíso. Porque en la tierra prometida, el Rabinu Yeshua
jaMashíax, el Hijo de David, nacería del vientre virgen de la hija de
David, como el Hijo de Dios, el salvador de Israel y de la humanidad
entera, para cumplir con el Espíritu Santo de los Diez Mandamientos
para fin del pecado, y la resurrección de una nueva vida eterna para
todos.
Por ello, sólo el Rabinu Yeshua jaMashíax, nuestro Señor Jesucristo,
nace en el mundo “libre del pecado de Satanás y de la serpiente del
paraíso”, para cumplir y exaltar grandemente el Espíritu Santo de los
mandamientos, no sólo en Israel sino también en la vida de cada
hombre, mujer, niño y niña de cada una de las naciones de la tierra.
Y, entonces, en su día nuestro Señor Jesucristo fue golpeado por la
vara de Aarón y más de la cuenta también, en las manos de los
gentiles, crucificado sobre el dintel y los dos palos secos de Adán y
Eva, para salpicar su sangre protectora, reparadora, sanadora y sobre
todo salvadora para cada casa de Israel y de las naciones también.
Para que de esta manera, cuando el ángel de la muerte pase por
cualquier casa a cualquier hora, entonces vea la sangre salpicada
sobre el dintel y los dos palos de la puerta, y siga su camino por
otro lugar, siempre lejos de la sangre protectora, reparadora,
justificadora y sanadora del Rabinu Yeshua jaMashíax, ¡nuestro Señor
Jesucristo! Porque la verdad es también que cuando nuestro Señor
Jesucristo salpica su sangre santa sobre el dintel y los dos palos de
la puerta sangrienta de Jerusalén, entonces también lo hace por cada
casa de cada hombre, mujer, niño y niña de las naciones que creen
infinitamente, empezando por Israel disperso, para que Satanás con sus
males se mantenga lejos siempre.
Por eso, hoy en día, sí deseas ser libre de todos los males terribles
de las mentiras crueles de los enemigos de Dios y de su Cordero
escogido, el Rabinu Yeshua jaMashíax, nuestro Señor Jesucristo,
entonces tienes que creer en su sangre expiatoria, salpicada sobre el
dintel y los dos palos de tu corazón y de tu casa también. Porque ésta
es la entrada salpicada con sangre justificadora para perdón y para
vida eterna, de parte de nuestro Padre celestial y del Espíritu Santo
de sus mandamientos, por cierto, infinitamente cumplidos en ésta misma
sangre santísima y sumamente todopoderosa, para sanar, enriquecer, y
bendecir tu vida grandemente, en estos días y para siempre en la
eternidad venidera.
Por cuanto, desde el día que el soldado Romano introduce su lanza en
el costado de la quinta costilla del Rabinu Yeshua jaMashíax, nuestro
Salvador Jesucristo, mientras cuelga del dintel y de los dos palos de
la puerta sangrienta de Jerusalén, para ver si ya murió, entonces
brota agua y sangre de su tórax, para vida eterna de todos. Aquí
nuestro Padre celestial, de la quinta costilla del Rabinu Yeshua
jaMashíax, nuestro Señor Jesucristo, entonces crea a su Iglesia santa
y su evangelio glorioso para todas las naciones eternas de toda la
tierra, para que alcancen por siempre nuevas glorias y honras para su
nombre muy santo.
Por eso, éste es el agua viva que nuestro Padre celestial no solamente
hace brotar en su día de la barriga herida de su roca eterna del monte
Sinaí, cuando Moisés la golpea más de lo debido con su palo, para que
los hebreos sedientos y así también sus animales beban hasta
satisfacer sus sed, sino que nace su Iglesia eterna. Perpetuamente,
desde el día que el soldado introduce su lanza en el tórax del Rabinu
Yeshua jaMashíax, nuestro Salvador Jesucristo, entonces su cuerpo
santo sigue dándonos a todos, los que creemos en nuestros corazones y
confesamos su nombre muy santo con nuestros labios, ésta misma agua
viva, para limpiarnos y protegernos de todo mal del enemigo para vivir
la vida eterna infinitamente.
Pues fue por ésta sangre expiatoria que no solamente el Nilo se
convierte en río de sangre para escapar el cautiverio, además, luego
es untada sobre los dinteles y los dos palos de las puertas de las
casas hebreas, para salir finalmente de Egipto para levantar a nuestro
Señor Jesucristo, sobre lo alto del monte santo de Jerusalén, en
Israel. Porque éste es el servicio al nombre santo de nuestro Padre
celestial, por el cual salieron de Egipto, por los poderes
sobrenaturales de la sangre expiatoria de su Rabinu Yeshua jaMashíax,
nuestro Señor Jesucristo, para que no sólo Israel le sirva sino
también las multitudes de naciones de toda la tierra, para perdón,
salud y salvación sin fin en la eternidad.
Y sin éste servicio supremo de nuestro Señor Jesucristo de su sangre
limpiadora salpicada sobre el dintel y los dos palos de la puerta
sangrienta de Jerusalén, para satisfacer toda verdad, Ley y justicia
infinita en el corazón de cada hombre, mujer, niño y niña, entonces
nadie le pude servir justamente a nuestro Padre celestial en estos
días y para siempre. En estos días, nuestro Padre celestial nos ama
grandemente, como siempre, y sólo desea amor, salud, bendiciones sin
fin y vida eterna para cada uno de nosotros, pero sólo con la sangre
santísima de su Hijo amado, salpicada en el dintel y los dos palos de
las puertas de nuestros hogares y de nuestros corazones, para
bendecirnos grandemente a cada hora.
El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre celestial y de su Jesucristo
es contigo.
¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre!
Dígale al Señor, nuestro Padre celestial, de todo corazón, en el
nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras
almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y
honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el
cielo, también, para siempre, Padre celestial, en el nombre de tu Hijo
amado, nuestro Señor Jesucristo.
LAS MALDICIONES BIBLICAS, para los que obran maldad día y noche,
(Deuteronomio 27: 15-26):
“‘¡Maldito el hombre que haga un ídolo tallado o una imagen de
fundición, obra de mano de tallador (lo cual es transgresión a la Ley
perfecta de nuestro Padre celestial), y la tenga en un lugar secreto!’
Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que le reste importancia a su padre o a su madre!’ Y
todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que cambie de lugar los limites de propiedad de su
prójimo!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que desvié al ciego de su camino!’ Y todo el pueblo
dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que falsee el derecho del extranjero, del huérfano y de
la viuda!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que se acueste con la mujer de su padre, porque
descubre la desnudes de su padre!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que tenga contacto sexual con cualquier animal!’ Y todo
el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que se acueste con su hermana, hija de su padre o hija
de su madre!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que se acueste con su suegra!’ Y todo el pueblo dirá:
‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que a escondidas y a traición hiera de muerte a su
semejante, sin causa alguna!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que acepte soborno para matar a un inocente, sin causa
alguna!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que no cumpla las palabras de esta ley, poniéndolas por
obra en su diario vivir en la tierra!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS
Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la
verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la
omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad
perfecta del Padre celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto
tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de
pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine,
cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos
con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre
las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a
la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está
aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en
Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los
males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible
de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en
la vida de cada uno de los tuyos también, para la eternidad del nuevo
reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en
día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus
ángeles santos. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada
hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada
palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición
terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada
majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con
todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y
de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su
Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las
naciones!
SÓLO ÉSTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS
Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu
corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la
tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde
los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del
reino de los cielos:
PRIMER MANDAMIENTO: “No tendrás otros dioses delante de mí”.
SEGUNO MANDAMIENTO: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo
que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas
debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás
culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la
maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la
cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia
por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos”.
TERCER MANDAMIENTO: “No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios,
porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano”.
CUARTO MANDAMIENTO: “Acuérdate del día del sábado para santificarlo.
Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será
sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni
tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el
forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová
hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y
reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y
lo santificó”.
QUINTO MANDAMIENTO: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días
se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da”.
SEXTO MANDAMIENTO: “No cometerás homicidio”.
SEPTIMO MANDAMIENTO: “No cometerás adulterio”.
OCTAVO MANDAMIENTO: “No robarás”.
NOVENO MANDAMIENTO: “No darás falso testimonio en contra de tu
prójimo”.
DECIMO MANDAMIENTO: “No codiciarás la casa de tu prójimo; no
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su
buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo”.
Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y déshazte de todos estos
males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos,
también. Hazlo así y sin más demora alguna, por amor a la Ley santa de
Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos
desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú
no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los
tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días
de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy.
Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que
sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada
una de sus muchas familias, por toda la tierra.
Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos
juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia
santa del Padre celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras
almas:
ORACIÓN DEL PERDÓN
Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de
tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu
reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la
tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras
deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos
metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el
poder y la gloria por todos los siglos. Amén.
Porque sí perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial
también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres,
tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.
Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y
la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ”.
Juan 14:
NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR.
¡CONFÍA EN JESÚS HOY!
MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE.
YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS
TUYOS, EN EL DÍA DE HOY.
- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y
su MUERTE.
Dispónte a dejar el pecado (arrepiéntete):
Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer
día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu
vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA.
QUIZÁS TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLE AL
SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un
pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su
SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi
pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi
SALVADOR.
¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____?
¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____?
Sí tu respuesta fue Sí, entonces esto es solo el principio de una
nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:
Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios,
orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El
ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en
un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema
autoridad. Habla de Cristo a los demás.
Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros
cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de
Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su
palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en
gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata
a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con
frecuencia, para ver que clase de libros están a tu disposición, para
que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.
Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que
te goces en la verdad del Padre celestial y de su Hijo amado y así
comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre.
El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de
Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque ésta es
la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la
tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras
almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: “Vivan
tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y
tranquilidad en tus palacios, Jerusalén”. Por causa de mis hermanos y
de mis amigos, diré yo: “Haya paz en ti, siempre Jerusalén”. Por causa
de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra:
imploraré por tu bien, por siempre.
El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de
Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que
respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso!
Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de
todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor
al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y
como siempre, para la eternidad.
http://www.supercadenacristiana.com/listen/player-wm.asp?playertype=wm%20%20///
http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx