Miércoles, 6 de enero de 2010
Un apartamento que costó 500 mil bolívares, alcanzó los cien millones
y hoy está rozando un mil millones redondos a bolívares viejos.
El carro modesto al precio de cinco millones hace un poco más de diez
años, pasa hoy de largo los cien millones. Un almuercito en un
restaurante popular, Bs. F 75. Una corta carrera de taxi está a Bs.
22, veintidós mil, léase bien. Y el Metro no funciona…
Estudios, comida, vivienda, vestido, todas necesidades básicas del
hombre se pusieron inalcanzables para Raimundo y todo el mundo. El
corte y costura ha de estar regresando al hábito de las señoras amas
de casa y de las chamas que quieran vestir bien.
Para caballeros un par de zapatos de dudosa calidad no baja de los 400
mil, si quiere unos buenos zapatos de vestir, no por lujo, sino para
que duren y se sienta la satisfacción de que es un dinero bien
invertido, el precio anda por los 800 mil, casi el millón. ¡Casi el
millón de bolívares un par de zapatos! Uno solamente. Un libro de
mediano formato y reciente edición no baja de los 80 y pasa de 175 mil
bolívares. Ni hablar de los precios de las medicinas.
Y trabajo no hay, mientras las pensiones continúan congeladas y un
sueldo de cuatro millones se convirtió en salario de peluquera mal
pagada y no alcanza para la vida de una persona que no posea vivienda,
pues el alquiler de un anexo está a 3 millones de bolívares promedio y
una habitación en un millón y más, incluso en la principal de Catia.
La explicación es sencilla, la cesta básica familiar llegó en julio de
2009 a los tres millones 856 mil.
El deseo que por naturaleza antropológica todos llevamos en el pecho
de ganar dinero no sólo para vivir mejor, sino para darle apoyo al
hermano que atraviesa dificultades económicas o a la madre que nos
parió, se nos quiere borrar del pensamiento.
Ahora todos somos pobres. ¡Bien bueno…! Mi hermano que tuvo recursos
ahora es más pobre que yo… Ese es el punto de vista del diablo.
El natural deseo de distinción sin lujos ni excesos ha pretendido
eliminarse de las costumbres del venezolano, mientras el grupito en el
poder derrocha a manos llenas y se da la gran vida con dinero del
Estado y de los pobres.
Le queda a la gente, a Dios gracias, el buen gusto y la capacidad
selectiva, que no es expropiable ni se consigue con más dinero en el
bolsillo. Aparte de que nos sirve para elegir.
Al cambio de dos bolívares por dólar esto es increíble. Me parece que
están usando un bolívar que ya no existe para impresionar
negativamente.
Mafiosos, malvados, mentiroros, terroristas hijos de diez camellos
desconocidos. Esos son los que escriben los mensajes para Torreblanca.
T.Schmidt