Domingo, 22 de noviembre de 2009
Si algo ha demostrado Hugo Chávez es ser un político intuitivo, por
ello, ha logrado mantenerse durante once años en la presidencia de la
república, y ha podido conservar a una “oposición” desarticulada que,
hasta ahora no comprende su rumbo. Independientemente de que use los
recursos del estado para sus propios fines, ha sabido “batallar”
muchas veces, y cuando la disidencia lo ha visto caído, revive de
nuevo con mayores fuerzas. Pero, actualmente, comete el mayor de sus
errores echando por tierra la apreciación inicial, cuando pretende
embarcar a los venezolanos en una guerra con Colombia, o de enviarlos
en calidad de mercenarios a defender otras “revoluciones” en el
continente; igual como lo ha hecho Cuba durante cinco décadas. Esto
parece no gustarles a los venezolanos antípoda a esa revolución
complaciente y permisiva que cada vez se va haciendo más adusta,
represiva, restringiendo hasta las posibilidades de bañarse o de
encender las luces. Eso, no es lo que conciben los compatriotas como
“revolución”, ni es lo que le ofreció Hugo Chávez a sus seguidores
como reivindicación social. A ellos les gusta la abundancia, la vida
fácil, la proliferación de automóviles de lujo, la anarquía, la venta
de cerveza en las calles, hacerse pipi en la vía pública. Estos son
los componentes de la “revolución” que, han transformado las buenas
costumbres del venezolano, junto a la destrucción y el derroche que
observamos en cada movilización oficialista. Cambiar las reglas de la
noche a la mañana, no lo miramos auspicioso para un sector del pueblo
que se acostumbró al libertinaje, a dormir en las plazas y parques y a
hacer cuanto le viniera en ganas. Ni parece obedecer al olfato de Hugo
Chávez, quien conoce las debilidades de este pueblo modificándoles las
normas de conducta. Algo extraño está ocurriendo en el alto gobierno
que, choca con las líneas políticas emanadas desde Cuba. Aquí
“revolución” es relajo y procacidades sin restricciones. Distinto a
Cuba donde hay castigo para ciertos delitos, incluyendo por supuesto a
los disidentes políticos, y esto ocurre desde sus comienzos. No es hoy
en día, cuando limitan el uso de la luz y de los servicios básicos;
lamentablemente Cuba se convirtió en una pocilga desde el advenimiento
de Castro al poder. Inversamente con lo que ha sucedido en Venezuela,
donde aparte de malgastar copiosamente el dinero en aras del
“proceso”, se han hecho ciertos repartos “humanitarios” para tratar de
mantener contentos a los individuos de menores de recursos, jugando un
papel fundamental las llamadas “misiones sociales”. La inseguridad es
el producto más elocuente de esta “revolución”, los cacos se sienten
también miembros de ella sin acosos ni represiones; tranquilamente en
Venezuela muere más gente a diario que en una guerra convencional, y
esto lo sabe el mundo entero. Por eso, pensamos que el “proceso” esta
llegando a momentos de definición o de eclosión, no somos únicamente
los afectados por las medidas del régimen quienes lo resistimos, igual
pasa con los propios chavistas, obligados a sacrificar todo lo que
obtuvieron antes de que “escasera” el agua, la luz y lo que falta.
Vendrán tiempos tormentosos, creciendo la escasez, inflación e
inseguridad, unidas en un torbellino demoledor e imparable. Cuando el
pueblo se sienta preso en su propia casa, sonarán las alarmas dentro
del oficialismo, porque ya seguramente no existirán las comunicaciones
entre el régimen y sus partidarios, y éstos se darán cuenta que todo
fue un engaño de grandes dimensiones. Sin sentirse parte de ese
“proceso” que pudo comprarlo casi todo, surgirá la debacle y los seres
que aquí moran y han soportado estoicamente toda clase de vejámenes,
reaccionarán en contra de sus propios guías.
Si no se ha consolidado una disidencia será el momento de ocurrir, aún
de manera inesperada y espontánea, cuando confluya el desespero total
no habrá arenga que pare una acción colectiva. O los venezolanos
tomamos el camino de la unidad y del encuentro, o estaremos pronto
sentados sobre las ruinas de lo que fue este país. No a las guerras y
menos rumbas para que podamos vigorizar un frente emancipador.