Domingo, 22 de noviembre de 2009
Hace 20 años, los escombros del muro de Berlín cayeron
estrepitosamente sobre el marxismo y lo pulverizaron. Algo que,
paradójicamente, confirmó la opinión de Marx sobre las teorías, tal y
como lo explicó en sus Tesis sobre Feuerbach: “Es en la práctica donde
el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el
poderío, la terrenalidad de su pensamiento”.
El marxismo, sencillamente, no resistió el enfrentamiento con la
realidad. Prometía el paraíso en la tierra y parió veinte dictaduras
espantosas. Dejó cien millones de muertos en el camino. Empobreció a
medio planeta. Retardó el progreso científico y técnico de numerosos
pueblos y, tal vez lo peor de todo, envileció a varias generaciones de
personas obligadas a mentir y a celebrar un régimen al que detestaban
profundamente.
Cuando Marx murió, su discípulo, compañero y amigo Federico Engels --
tan amigo que hasta reconoció como suyo un hijo de Marx concebido por
la criada de la casa-- describió los dos “grandes aportes”´ del
pensador alemán: el materialismo histórico y la plusvalía. ¿En qué
consistían?
El materialismo histórico (una hipótesis ridícula que ignoraba la
inmensa complejidad de la naturaleza humana) postulaba que la
religión, el sistema político, las instituciones de derecho, la moral,
el arte, etc. constituían la “superestructura” generada por los
intereses de la clase dirigente que controlaba la “infraestructura”,
es decir, los medios de producción. De acuerdo con Marx y Engels, al
desaparecer la propiedad privada y obtener los trabajadores el control
del aparato productivo, cambiaría radicalmente la superestructura.
En cuanto a la plusvalía, se trataba de un error surgido de la teoría
del valor de los economistas clásicos Adam Smith y David Ricardo: Marx
creía que el valor de la producción dependía del trabajo humano que se
le incorporaba, de manera que el capitalista se enriquecía
apropiándose de la diferencia entre el precio de venta y los costos
reales de los bienes o servicios producidos. Esa era la plusvalía. Un
par de años antes de su muerte (1883), un joven economista austriaco,
Eugen von Bohm-Bawerk, le demostró sus errores y, de paso, señaló las
contradicciones sobre este tema que existían entre el tomo primero y
tercero de El capital.
¿Por qué estos dos disparates intelectuales generaron una catástrofe
tan gigantesca como las dictaduras comunistas? En primer término,
porque para poder desmontar el Estado burgués y rehacer las relaciones
de propiedad de acuerdo con la utopía que había diseñado, Marx
prescribió, y sus discípulos le hicieron caso, una etapa dictatorial
dirigida por el proletariado. Es decir, se acogió a una ética de fines
capaz de justificar cualquier monstruosidad siempre y cuando condujera
a los seres humanos en la dirección de la felicidad y el progreso que
él les señalaba.
Luego, Lenin y otros comunistas especialmente crueles crearon un
método de control social por medio de la represión policiaca que
resultó imbatible. Una vez construida la jaula, era muy difícil
evadirse.
¿Por qué, en definitiva, se hundió el comunismo? Fundamentalmente, por
la desmoralización de la clase dirigente ante el fracaso material y
espiritual del marxismo-leninismo. Los comunistas no podían ignorar la
comparación entre las dos Alemania o las dos Corea. Veían con envidia
cómo todos los hallazgos científicos y técnicos se producían en las
democracias occidentales dotadas de economías capitalistas. Habían
comprobado hasta la saciedad que Marx estaba equivocado en el plano
teórico, y que la puesta en práctica de sus ideas había conducido
inútilmente al matadero a millones de seres humanos y al estancamiento
y la pobreza a las sociedades que lo habían intentado.
Ante esa situación, comenzaron las reformas, pero el marxismo no era
reformable. La arrogante pretensión de Marx de haber descubierto las
leyes por las que se rigen la historia y el desarrollo económico, era
una superchería hueca que no podía corregirse. Había que desecharla.
Su tesis de la plusvalía, y en definitiva su incapacidad para entender
el concepto del valor subjetivo, tampoco podía modificarse. Era como
creer que la tierra es plana. Estaba equivocado. Punto.
El período provisional de la dictadura del proletariado, dirigida por
la vanguardia comunista, se había convertido en una pesadilla
permanente. No era una fase, sino una meta repugnante administrada por
el aparato de seguridad. Por eso, cuando trataron de arreglar el
sistema, el edificio se desplomó. Se había construido sobre cimientos
falsos. Sólo quedan un par de antiguallas de aquella época (Cuba y
Corea del Norte) tercamente empeñadas en el error, pero es sólo
cuestión de tiempo. En esos países tampoco la clase dirigente cree una
sola palabra del discurso oficial.
Este Montaner sigue loco y bruto como siempre. Lo que se acabó fue el
muro en Berlin. Los comunistas siguieron muy bien, hasta que los
mismos rusos decidieron acabar con su sitema, nadie los obligó.
Posiblemente los alemanes inflyeron, pero es algo que no se ha
verificado. Yo creo que los rususo llevaba años aburridos por la falta
de libertad y otros pequeñpos detalles, que son muy molestos. Pero
todavía hay países comunistas, algunos camino a ocupar el primer
peusto en el Mundo.
En Latinoamerica el comunismo está creciendo como una versión más del
socialismo Si no me equivoco, al final los socialistas "soft" se van
a pelear con los socialistas "hard" (comunistas). En todo caso, lo
importante es sacar a los gringos, después nos repartimos la libertad.
T.Schmidt
P.S. [1] Este Montaner es cubano, no le crean anda, los cubanos hablan
mucha paja, el que mejor habla se llama Fidel Castro y se lleva
páginas para decir tres líneas. En Cuba cantidad es calidad. En eso
se parecen a los españoles, que hablan sin decir nada de importancia.
Hablan mucha paja y mucha mierda también; creo que de hay lo de
comemierda...
/jat
" El período provisional de la dictadura del proletariado, dirigida
Vaya, que pensamiento más profundo...
/jat
Y tu eres pastuzo.
Se dice pastuso (si te refieres a Pasto). Es una expresión medio
racista, de mal gusto, pero tolerable.
T.Schmidt