Francisco Rubiales.- La estrategia soberanista hacia la independencia se le
está complicando a Artur Mas, a quien Europa ha advertido que una Cataluña
independiente quedaría al margen de la Unión Europea. Además, tres
centenares de intelectuales, empresarios y políticos de derechas e
izquierdas le han firmado un manifiesto de condena a su empeño por destruir
la convivencia y la unidad. A Mas, desesperado, sólo le queda como salida
una loca huida hacia adelante.
La única manera que tiene Artur Mas de ganar su apuesta soberanista es
convirtiéndose en mártir y generando entre los catalanes un inmenso e
irracional movimiento de protección a su persona y odio a sus adversarios.
Por eso provoca cada día y acumula “méritos” para ser procesado. La última
tropelía, propia de un auténtico forajido, ha sido afirmar que a él “no le
frenarán ni tribunales ni constituciones”.
Su desprecio a la Constitutión que juró, su desacato a las sentencias de los
altos tribunales, su apuesta por dinamitar una España de cuyo Estado forma
parte y su interés por sembrar la división, el victimismo y el odio
constituyen materia suficiente para que se le procese, pero él sabe que está
blindado y es impune porque hacerlo ahora, en vísperas de unas elecciones,
le convertiría en un martir triunfador, al que la sociedad catalana
arroparía otorgándole una impresionante marea de votos.
Su jugada ha sido tan arriesgada y delictiva como magistral. Al envolverse
en la bandera catalana y arremeter contra el Estado ha convertido las
elecciones en un plebiscito sobre la independencia, cuando, en buena lógica,
debería haber abierto un profundo debate sobre los errores, carencias,
despilfarros y fracasos de los últimos gobiernos catalanes, que han
conducido a la antes próspera Cataluña hasta el fracaso y la ruina.
Gracias a sus estrategias de división, odio e insumisión, Mas podría
convertirse en uno de los pocos políticos europeos que no paguen en las
urnas el castigo que merece por haber fracasado ante la crisis y haber
conducido a su pueblo hasta la ruina económica y el retroceso en derechos y
libertades. Zapatero, Sarkozy, Sócrates, Berlusconi y otros muchos ya han
pagado esos errores y fracasos con la derrota en las urnas, producto del
castigo y del rechazo de sus respectivos pueblos.
Pero Mas, antes de asumir la culpa que le corresponde, que no es poca a la
vista de los estragos causados en Cataluña por la clase política, la
corrupción, el abuso de poder y el despilfarro, ha preferido las
bravuconadas y lanzar un desafío y toda regla al Estado y a las leyes,
colocando a Cataluña y a España al borde de un conflicto grave, una actitud
que, a todas luces, merece un proceso legal por traición y otros delitos.
El comportamiento de Mas, con cuyo partido han coqueteado el PSOE, el PP e
Izquierda Unida durante los últimos 30 años, es un reflejo fiel de la baja
estofa y nula calidad democrática de la clase política española, en la que
han “aterrizado” todo tipo de déspotas, ineptos y energúmenos totalitarios
con mentalidad mesiánica, un drama que sólo puede ser remediado por la
Justicia, que no debería perder de vista que si los Pujol, los Mas y otros
cabecillas del nacionalismo insurgente catalán son culpables, no lo son
menos los socialistas, los políticos del PP y los comunistas de Izquierda
Unida, por haber fraguada alianzas con el nacionalismo, haber comprado sus
votos y cerrado los ojos y oídos ante sus insumisiones, desacatos,
corrupciones e innumerables abusos de poder.
Fuente: http://www.alertadigital.com