On Jan 4, 3:27 pm, Hegelly <
mar...@zipmail.com.br> wrote:
> Brasil, el gigante despierta
>
> Jornal El Pais, Espanha,
> Jesus Rodriguez 22/11/2009
>
> A 8.000 metros de profundidad, frente a sus costas, un océano inmenso
> de petróleo puede convertir a Brasil en una nueva e influyente
> potencia mundial. Una ocasión histórica que el presidente Lula quiere
> aprovechar para acabar con la pobreza y el atraso de su país y para
> financiar el Mundial de Fútbol de 2014, los Juegos Olímpicos de 2016 y
> el tren de alta velocidad. Y demostrar al mundo que Brasil todavía es
> diferente.
>
> El futuro de Brasil reposa en las entrañas del Atlántico. Mar adentro,
> a 8.000 metros de profundidad, frente a la costa tropical que une Río
> y São Paulo, aguarda desde hace 50 millones de años un océano de
> petróleo que puede cambiar el destino de este país veinte veces mayor
> que España. Un tsunami de oro negro capaz de acabar con la pobreza y
> transformarlo en la sexta potencia del mundo; en portavoz de los
> países emergentes; líder de América Latina; miembro del Consejo de
> Seguridad; financiar su educación, sanidad e investigación. Cimentar
> una industria nacional poderosa. Y demostrar que puede escapar a la
> eterna maldición de represión, corrupción y desigualdad que arrastran
> los grandes productores de crudo del planeta, desde las monarquías del
> golfo Pérsico hasta Nigeria, Irán o Venezuela. "El petróleo es el
> excremento del diablo; una maldición que le quita al enfermo la
> voluntad de curarse", teoriza el politólogo y ex ministro de Industria
> venezolano Moisés Naím. Frente a ese modelo de dependencia absoluta de
> las exportaciones de crudo, los dirigentes brasileños esgrimen su
> segunda vía: "Al contrario que los tradicionales Estados productores
> de petróleo con muchas reservas, poca tecnología e industria, un
> mercado interior pequeño y mucha inestabilidad, nosotros contamos con
> grandes reservas, pero tenemos alta tecnología, una base industrial
> diversificada, un gran mercado interno y, sobre todo, estabilidad".
>
> En abril de 2006, Lula clamaba con las manos manchadas de crudo: "Dios
> es brasileño" todas las nuevas ganancias del petróleo irán a un fondo
> social contra la pobreza
> El negocio del petróleo está reactivando toda la industria del país
> Brasil aún cuenta con 40 millones de pobres, pero son la mitad que
> hace sólo 15 años
> Para comprender la desigualdad social de Brasil hay que subir hasta
> las favelas"
>
> Brasil es diferente. Ése es al menos el diseño esbozado por el viejo
> compañero del metal del sindicalismo brasileño, Luiz Inácio Lula da
> Silva, de 64 años, durante sus dos mandatos como presidente. El
> secreto de su éxito político ha sido el equilibrio. Cautela en materia
> económica y osadía en el plano social. Y estabilidad, "mucha
> estabilidad", un adjetivo reiterado con orgullo por los hombres del
> presidente. Brasil es un país fiable e influyente. Cuenta con 40
> millones de pobres, pero son proporcionalmente la mitad que hace 15
> años. Y la cifra va en descenso. Y la clase media, en aumento. "No
> queremos ser un país rico y paria. No queremos diamantes de sangre,
> sino democracia y progreso", describe un político carioca del Partido
> dos Trabalhadores, la formación política de Lula: "Queremos aprovechar
> esta ocasión única que nos ofrece el petróleo; crear riqueza y que
> llegue a cada habitante. Avanzar. Participar en la tecnología y la
> investigación. No queremos exportar petróleo, importar todo lo demás y
> echarnos a temblar cada vez que caiga el precio del barril".
>
> Brasil, el eterno gigante aletargado, está a punto de despertar. Se
> está desperezando. El crudo es la gran espoleta, pero no hay que
> olvidar que será el anfitrión del Mundial de Fútbol de 2014 y
> organizará los Juegos Olímpicos de 2016; va a construir el primer tren
> de alta velocidad del continente y está realizando enormes inversiones
> en infraestructuras, vivienda, educación y protección social. Ese
> dinero tiene que salir del crudo y sus derivados.
>
> Un negocio muy caro y muy rentable. En la industria del petróleo, el
> tiempo es oro. Un minuto de perforación en aguas ultraprofundas cuesta
> 5.000 euros. En una sala blindada con las paredes cubiertas por
> monitores en el corazón de la sede de Repsol en Río de Janeiro se
> refleja cada movimiento de su plataforma de perforación Stena DrillMax
> I, que opera a 190 kilómetros de la costa de Macaé. Se visualiza en
> pantalla cada centímetro que atraviesa su broca en el lecho marino; la
> composición de cada material en el que penetra, su resistencia y
> temperatura, y el tiempo que resta para alcanzar el crudo. Desde que
> se inicia la exploración de un yacimiento hasta que empieza a producir
> pueden pasar diez años. No es un negocio apto para cardiacos.
>
> La Stena llegó a Brasil para perforar el bloque BM-C-33, en la cuenca
> de Campos, hace dos meses, procedente del golfo de México; Repsol paga
> un millón diario de alquiler por esta plataforma (sus equipos y la
> tripulación de 180 personas de 20 nacionalidades), que permanecerá en
> estas aguas hasta enero antes de dirigirse a un nuevo bloque en aguas
> de Brasil; los geólogos afirman que el crudo se encuentra a una
> profundidad de 6.583 metros. La Stena perfora 24 horas al día. Los
> gráficos que se reciben sin pausa en esta sala RTO (Real Time
> Operation) aseguran que ya se han alcanzado los 4.494 metros. El crudo
> puede estar cerca. Antes hay que atravesar una barrera de sal viscosa
> y movediza como la gelatina de más de un kilómetro de espesor. Pocos
> datos más nos facilitan los geólogos. Toda la información que se
> maneja en esta estancia blanca y sin ventanas es confidencial. La
> petrolera española se juega en aguas brasileñas cientos de millones de
> inversión, sus reservas futuras y su prestigio y cotización bursátil.
> No tiene un minuto que perder.
>
> Lo curioso es que Brasil nunca fue una potencia petrolera. Al
> contrario. Era uno de los mayores productores mundiales de carne,
> café, soja, cacao, madera, caucho, azúcar, zumos de frutas, grano,
> hierro, uranio o esmeraldas. Todo bajo un sol generoso y regado por la
> primera reserva de agua dulce del planeta. Como reza grandilocuente su
> himno nacional, "Gigante por la propia naturaleza / eres bello, eres
> fuerte, impávido coloso". No miente. Impresiona perderse por este
> inmenso territorio entre lagunas y bosques interminables donde la
> vegetación abarca cientos de kilómetros de costa, los cultivos no
> tienen fin y el 80% de la energía es de origen hidroeléctrico. Brasil
> tenía todo menos crudo. A mediados de los cincuenta importaba el 95%
> del petróleo que consumía. Era el reverso de otros países
> latinoamericanos, como México o Venezuela, que explotaban desde los
> años treinta sus generosos yacimientos. El éxito exploratorio
> brasileño es el resultado de medio siglo de tesón. Una obsesión por ir
> más hondo, más lejos. Y considerar el petróleo como un recurso
> estratégico, no un surtidor de dinero fácil. En aquellos primeros
> pasos se acuñó un eslogan en Brasil que revela la importancia para el
> orgullo nacional del control estatal del crudo: "O petróleo é
> nosso" (el petróleo es nuestro). Lo explica un ingeniero de Petrobrás,
> la compañía nacional del petróleo brasileña: "La clave era buscar la
> autosuficiencia energética, no convertirnos en exportadores. Nunca
> pensamos entrar en la OPEP. Queríamos tener petróleo y crear una
> industria petroquímica. Manufacturar. Aprender el negocio y lanzarnos
> a operar en el exterior. Y ya estamos trabajando en 27 países. Ha sido
> una carrera de fondo. Cuando nos cercioramos de que no había petróleo
> en tierra, nos lanzamos al mar, fuimos los primeros y hemos ido
> acumulando experiencia; en 1977 descendimos a 124 metros. Y
> continuamos a medida que el conocimiento científico lo iba
> permitiendo. Hoy, nuestro récord de perforación está en 7.000 metros
> en el lecho marino tras atravesar una lámina de agua de otros 3.000".
>
> El éxito se hizo de rogar. En la década de los setenta, Brasil aún
> importaba el 80% del combustible. Su dependencia de las importaciones
> de crudo era tal que tras la primera crisis del petróleo de 1973, el
> Gobierno militar promovió la fabricación de etanol a partir de la caña
> de azúcar como sustitutivo de la gasolina. Hoy, la mayoría de los
> coches brasileños funcionan con una mezcla de gasolina y un 25% de
> etanol. El 80% de los vehículos que se fabrican en este país ya admite
> esa composición, que supone para el país un ahorro diario de más de
> 500 millones de litros de gasolina. También se optó por la energía
> nuclear con la construcción de dos centrales y una tercera en
> proyecto. Al margen de esas alternativas energéticas, los sucesivos
> Gobiernos, en dictadura o democracia, jamás frenaron la exploración
> del océano. Era cuestión de Estado.
>
> A mediados de los ochenta, los geólogos tuvieron por fin la certeza de
> que decenas de miles de millones de barriles de petróleo aguardaban
> enterrados en la cuenca de Santos. Los yacimientos se extendían hasta
> las vecinas cuencas de Campos y Espíritu Santo a lo largo de una
> extensión equivalente a un tercio de España. La cuestión era llegar a
> ellos, extraerlos y conducirlos a tierra. Más difícil aún al
> permanecer atrapados bajo una capa de dos kilómetros de sal que hacía
> imposible en aquel momento su visualización y extracción. Estos
> yacimientos, a los que se denominó pre-sal, representaban una de las
> más grandes reservas de petróleo del planeta en un momento en el que
> los tradicionales productores comenzaban a mostrar síntomas de
> agotamiento. Un golpe de suerte. Antes había que explotarlos.
>
> Los retos a los que se enfrentaban las petroleras públicas brasileñas
> para acometer la exploración y desarrollo de esos yacimientos eran
> enormes. Para empezar, necesitaban financiación. Mucho dinero. Y había
> que captarlo fuera. Técnicamente, el proyecto era tan complicado como
> alcanzar la Luna. Había que descender una tubería a lo largo de una
> lámina de más de 2.000 metros de agua hasta tocar fondo y a partir de
> ahí perforar 6.000 metros más. Brasil no contaba con equipos ni
> expertos. Había que formarlos. Y crear una base industrial que
> fabricara en poco tiempo las plataformas y también una estructura
> logística capaz de trasladar esos materiales, personal y provisiones
> hasta decenas de bloques perdidos a 300 kilómetros de la costa. Y
> transportar el crudo a tierra. Los problemas no acababan ahí. Durante
> la perforación existía el riesgo de que la sal cerrara los pozos y que
> las tuberías se rompieran por la presión del agua; y al final se podía
> dar con un pozo seco después de haber invertido 100 millones de euros
> (20 veces más de lo que cuesta perforar en el desierto saudí). El
> porcentaje de éxito en la búsqueda de petróleo rara vez supera el 30%.
> Y si no hay crudo, te vas con las manos vacías. Y vuelta a empezar.
>
> Desde la base offshore de Niteroi, a las afueras de Río de Janeiro, se
> tiene una visión perfecta de la capital. Los cerros cubiertos de
> vegetación selvática que la rodean, las favelas que trepan en precario
> equilibrio hasta sus cimas, el urbanismo endiablado, las infinitas
> playas blancas y las elegantes torres racionalistas de Copacabana
> inspiradas en la arquitectura de Niemeyer. Estos viejos muelles,
> inactivos durante años, se han reconvertido en los últimos meses en un
> enorme centro logístico que presta servicio a las 300 plataformas
> instaladas en los campos marinos y a otras 300 que entrarán en
> servicio en los próximos años. La bahía aparece sembrada de
> plataformas en construcción o mantenimiento. Una reposa sus 190 metros
> de altura sobre el espigón como una torre Eiffel inerte a la espera de
> ser montada, botada y arrastrada hasta un bloque petrolífero a 300
> kilómetros de aquí. Sobre ella se instalará un módulo del tamaño de un
> edificio de cinco plantas que procesará el gas extraído del fondo del
> mar. Los caducos astilleros públicos de esta zona de Río han renacido
> tras años de decadencia. Brasil necesita construir no sólo los
> centenares de plataformas de perforación y producción que antes venían
> de Asia, también 150 petroleros y barcos de apoyo. Y turbinas, sondas,
> taladros, tuberías, herramientas, equipos submarinos, oleoductos. Y
> media docena de refinerías. Y complejos petroquímicos. Hay trabajo
> para 20 años. A toda máquina. Cada retraso supone perder dinero. El
> petróleo está reactivando toda la industria del país. Desde la
> siderurgia hasta el sector textil y de las comunicaciones; desde los
> estudios sísmicos hasta el almacenamiento del crudo, el tratamiento
> del gas y la elaboración de fertilizantes. Por ley, al menos el 60% de
> cada artilugio empleado en la exploración y producción debe estar
> fabricado en Brasil. Se habla de 250.000 puestos de trabajo.
>
> Pero hace 10 años, a finales de los noventa, Brasil no tenía ni el
> dinero ni la tecnología ni los técnicos necesarios para exprimir el
> fondo del mar. El país estaba ahogado en su particular crisis
> económica, el efecto samba. El Fondo Monetario Internacional (FMI) le
> daba a diario tirones de orejas. Ninguna potencia estaba dispuesta a
> arriesgar un dólar en este país asolado por la pobreza y la
> corrupción. Menos aún con un barril de petróleo que cotizaba en
> picado. Entre la espada y la pared, el Gobierno abrió el negocio del
> petróleo a las empresas extranjeras. Rompió el monopolio. Fue una
> jugada arriesgada e inteligente. En 1999, Brasil celebró la primera
> ronda de licitaciones, en la que se sacaron a subasta decenas de
> bloques petrolíferos en el mar. Las adjudicatarias debían explorar por
> su cuenta y riesgo en un determinado plazo de tiempo y, si encontraban
> petróleo, pagar al Estado impuestos, royalties y una parte del crudo;
> el resto era de su entera propiedad. Estaban, además, obligadas a
> destinar un 1% del valor de la producción a investigación en Brasil.
> La empresa que más tecnología estuviera dispuesta a transferir y a
> fabricar la mayor parte de sus equipos en este país tenía mucho ganado
> con vistas a las concesiones. El modelo funcionó. Fluyó dinero e
> inteligencia. Y Brasil empezó a chupar conocimiento. Se atacaron con
> éxito los yacimientos de pre-sal. Hasta un 87% de los pozos perforados
> tenía crudo. Un milagro. El 21 de abril de 2006, el presidente Lula,
> mono de petrolero y casco de peón, anunciaba con las manos empapadas
> en petróleo a bordo de la plataforma P-50 de Petrobrás, en la cuenca
> de Campos, la autosuficiencia petrolera del país. El comienzo de una
> nueva era. Dos millones de barriles diarios. Se había encendido la
> mecha. Los siguientes tres años iban a suponer un goteo interminable
> de grandes descubrimientos jaleados propagandísticamente por el
> Gobierno. Pinchar en los yacimientos pre-sal supone encontrar petróleo
> de calidad. Los técnicos hablan de cinco millones diarios de barriles
> en 2020. "Dios es brasileño", clamaría el viejo sindicalista. "Ha
> llegado el día de nuestra segunda independencia".
>
> Las cosas estaban cambiando. Brasil, que nunca fue una potencia en la
> producción de crudo, se puede convertir en la sexta región petrolífera
> del planeta y en un nuevo elemento de equilibrio energético frente a
> los turbulentos países del golfo Pérsico, Argelia, Rusia o Venezuela.
> Tampoco Repsol, la multinacional española resultante de la fusión y
> posterior privatización en 1997 de varias empresas públicas del
> franquismo, había jugado antes en las grandes ligas del petróleo. Era
> una compañía respetada, pero de segunda; centrada en el refino y la
> distribución. Nunca había apostado por el caro y rentable negocio de
> la exploración. A comienzos de la década de 2000 tenía su frigorífico
> de reservas vacío. Había sufrido reveses en varios petroestados de
> América Latina. Necesitaba realizar descubrimientos. Sus estrategas
> pusieron la vista en Brasil y su nueva política de atraer compañías
> extranjeras. Repsol jugó fuerte. Era su ocasión de ascender a la
> primera división.
>
> La supo aprovechar. Roberta Camuffo, geóloga y curtida directora de
> exploración de la compañía en el continente americano, aterrizó en Río
> de Janeiro en 2004. "No teníamos ni ordenador", recuerda. "Nuestra
> idea era hacer un estudio profundo de las áreas a las que queríamos
> optar. Y crear una red de relaciones con el Gobierno brasileño.
> Convertirnos en socios de Petrobrás. Ir juntos. Compartir riesgos.
> Somos latinos y nos entendimos bien. Nos creamos un prestigio y nos
> rascamos el bolsillo en la investigación de los bloques. Estudiamos el
> terreno y pujamos. Todo ese trabajo previo nos permitió hacernos entre
> 2005 y 2006 con 24 bloques, de los que somos operadores (es decir,
> dirigimos la exploración y producción) de 11, pagando unos precios muy
> bajos para lo que después se ha vuelto Brasil cuando se ha confirmado
> la enorme riqueza del pre-sal. Ahora hay bofetadas para entrar aquí y
> lo que no hay son bloques disponibles. Ya no hay subastas. El petróleo
> es del Estado, y el Estado quiere explotarlo por su cuenta y que las
> extranjeras sean meras empresas de servicios". El máximo ejecutivo de
> Repsol en Brasil, el ingeniero Javier Moro, un veterano de la
> exploración en todo el mundo, asegura que Repsol cuenta en estos
> momentos "con el segundo dominio minero exploratorio de Brasil tras
> Petrobrás y por delante de las más poderosas petroleras del planeta".
> "La compañía española se ha alzado como la segunda mayor productora de
> petróleo del país y no ha parado de realizar descubrimientos, como los
> megacampos Carioca y Guará, y este mismo año, los pozos Vamoira,
> Panorámix o Piracucá", explica un informe de la sección brasileña de
> la consultora Llorente y Cuenca. Sólo lo que se estima que va a
> extraer en el campo de Guará equivale a dos años de consumo de
> petróleo en España.
>
> Repsol estuvo en el lugar adecuado en el momento justo. Antes de que
> los grandes descubrimientos offshore de los años 2007, 2008 y 2009
> pusieran a las grandes petroleras occidentales, las majors, en la
> pista de Brasil y su Gobierno cerrara el grifo de las concesiones para
> no acabar con la gallina de los huevos de oro. ¿Fue una simple
> cuestión de suerte? Responde un ejecutivo de la industria: "La suerte
> es un factor importante en el mundo del petróleo, pero tú te la
> buscas. Éste es un negocio de alto riesgo y a largo plazo, y a ti te
> toca calibrar y gestionar esos riesgos. No se trata de tirar la moneda
> al aire. Repsol fue el primer socio extranjero de Petrobrás cuando no
> todo el mundo estaba dispuesto a meter un dólar en Brasil. Han sido
> pioneros en los buenos y malos tiempos. Y ahora están sentados sobre
> un mar de petróleo. Y nadie se lo va a quitar. El Gobierno brasileño
> va a respetar las concesiones. Las reglas de juego están claras".
>
> El círculo virtuoso de Brasil tiene que cerrarse en diez años. En una
> década, todo tiene que encajar. El presidente Lula, que abandonará el
> poder en octubre de 2010 al no poder presentarse a una tercera
> reelección consecutiva, ha afirmado que las ganancias estatales del
> pre-sal serán invertidas en un fondo social destinado a la educación,
> la ciencia y tecnología y la lucha contra la pobreza. Según Thomas
> Trauman, director general de la consultora Llorente y Cuenca en
> Brasil, "la intención del Gobierno es invertir en acciones a largo
> plazo, dado que los yacimientos de petróleo y gas no duran siempre y
> el mercado internacional del petróleo es muy volátil".
>
> El modelo es Noruega. Un país que llegó a este negocio a mediados de
> los setenta y se ha convertido en una peculiar y discreta potencia
> petrolera manejada con cautela desde el Estado. Al tiempo que debutaba
> como uno de los más grandes exportadores de crudo, el país nórdico ha
> ido construyendo una industria propia, desde el pozo hasta la
> refinería; ha formado a sus técnicos, atraído a las majors e invertido
> los beneficios en un fondo soberano, el más grande de Occidente, que
> maneja 300.000 millones de euros, con cuyos intereses tapan las
> goteras del país y supondrán un salvavidas de lujo para cuando el
> crudo se agote en sus aguas. Noruega ha escapado a la maldición del
> petróleo. Al excremento del diablo. Noruega es el modelo.
>
> Pero Brasil no es Noruega. No es una fría y despoblada
> socialdemocracia nórdica. Su población se ha doblado en sólo 40 años.
> Tiene 190 millones de habitantes. Un porcentaje de pobreza del 25%.
> Enormes tasas de violencia. Malas infraestructuras y bajos niveles
> educativos. Excesiva burocracia y corrupción. Graves problemas
> medioambientales en la Amazonia. Desequilibrios territoriales entre el
> paupérrimo norte y el soleado sur. Y una enorme e histórica
> desigualdad en el reparto de la riqueza. El petróleo tiene que ser el
> motor del cambio. La piedra angular. Aunque algunos ya piensan que
> Lula da Silva está creando excesivas expectativas en torno al pre-sal
> con vistas a las elecciones de octubre, a las que concurrirá su
> protegida, Dilma Rousseff, de 61 años, antigua ministra de Energía,
> que es el cerebro en la sombra del nuevo modelo petrolero de Brasil,
> pero carece del tirón electoral de su mentor. El consejero delegado de
> una gran petrolera occidental opina que conviene ser cautos: "Se están
> sacando muchos conejos de la chistera desde el Gobierno. Cada uno
> puede hacer el cálculo especulativo que quiera sobre el tamaño de los
> yacimientos del pre-sal. Se ha hablado incluso de 150.000 millones de
> barriles (más de la mitad de las reservas de Arabia Saudí), cuando los
> cálculos más sensatos no pasan de 50.000 millones. Hablamos de
> cantidades muy grandes, pero pasarán años antes de que se puedan
> desarrollar comercialmente. ¿Cuánto nos va a costar sacar un barril a
> esa profundidad? ¿Y ponerlo en la costa? ¿Va a ser rentable? No es muy
> prudente comprometer cifras". Cuando se sugiere a un alto funcionario
> brasileño que la explosión petrolera de su país tiene algo de cuento
> de la lechera, te observa con cara de pocos amigos, recurre a la
> manida estabilidad política y las brillantes cifras macroeconómicas y
> concluye: "La gente es pobre, pero menos pobre de lo que era cuando
> llegó Lula. Esto es un proyecto nacional. Tenemos un sentimiento de
> progreso a largo plazo; a 2020; no es algo asociado a grandes hechos.
> No se nos va a ir la cabeza".
>
> Donde mejor se entienden los problemas estructurales y la desigualdad
> social que padece Brasil es en las favelas. A diez minutos de las
> elegantes mansiones del barrio de Ipanema, del viejo bar de Vinicius
> de Moraes, donde aún es posible escuchar cada noche a María Creuza, la
> diva de la bossa nova, uno alcanza la frontera de la favela de
> Cantagalo Pavão / Pavãozinho. Es imposible acceder a este territorio
> sin un buen contacto. Aquí la vida no vale nada. Un policía muere a
> diario en alguna de las 1.000 favelas de Río donde subsisten un millón
> de cariocas retrepados en las colinas y se contabilizan por millares
> las armas automáticas. Nuestro hombre bueno es Rubem Cesar Fernandes,
> de 66 años, antropólogo, represaliado por la dictadura militar
> (1964-1985) y líder de la ONG Viva Río, la más extendida entre las
> favelas de la ciudad, que lucha por su pacificación e integración.
> Aquí las casas son covachas de ladrillo sin enfoscar; la electricidad
> se roba del poste; no hay campos de deportes, dispensarios, escuelas,
> comisarías, iglesias ni oficinas municipales. Tampoco transporte
> público ni saneamiento. Mientras caminamos por las polvorientas calles
> de Cantagalo, entre míseros comercios, chavales sin rumbo y miradas
> suspicaces, Rubem Cesar nos explica su teoría de la informalidad
> brasileña: "Éste es un país informal; en su economía, en su mercado de
> trabajo, en la ocupación de espacios públicos; millones de inmigrantes
> del éxodo rural llegaron a estos cerros en los años sesenta, y el
> Estado no pudo y no supo ocuparse de ellos; el Estado no llegaba hasta
> aquí. El desarrollo urbano de las favelas se dejó a expensas de los
> pobres; la gente se instaló como pudo, construyó sus casas y se fue
> creando una sociedad informal dirigida por bandas que exprimen a los
> vecinos y se financian con la extorsión y la droga. Aquí la ley no
> existe. Nosotros apostamos por la educación de los jóvenes y los
> planes de integración urbana; derribar barreras; que la Administración
> entre y se quede; hay que formalizar: dar títulos de propiedad a los
> vecinos; crear infraestructuras. Hay una inercia en Brasil a no
> enfrentase a lo informal. Y ahora el petróleo es nuestra gran promesa
> de futuro. Lula quiere convertir las favelas en barrios humildes pero
> integrados. Coger el toro por los cuernos, como dicen ustedes".
>
> Nuestro objetivo en la favela de Cantagalo es el Espacio Criança
> Esperança. En lo que un día fue un fantasmal hotel de lujo colgado
> sobre el bello lago Rodrigo de Freitas, el médico Jairo Coutinho, de
> 62 años, antiguo compañero de viaje y asesor del presidente Lula,
> dirige un admirable centro educativo y de convivencia que frecuentan
> miles de habitantes de la favela. Y en el que es posible esta tarde
> primaveral entablar una conversación en torno a un refresco de guaraná
> con negros y blancos; descendientes de esclavos y de soldados
> portugueses; viejos pandilleros, niños de la calle, policías de la
> temida Coordinadora de Recursos Especiales y vecinos que trabajan en
> Río y confiesan sentirse discriminados y avergonzados por vivir en una
> favela. Este centro no se ha librado de las guerras de bandas. Hace
> unos años, durante un tiroteo, una bala fue a incrustarse en una de
> sus paredes. Jairo Coutinho quiso que permaneciera ahí. La conserva a
> la vista de todos. En torno a ella ha ido creciendo un enorme mural.
> Le llama la bala de la paz. Es un símbolo.
>
> Brasil está cambiando muy deprisa. La promesa del petróleo está
> transformando el país. Han explotado en torno a la industria nuevas
> ciudades como Macaé o Itaborai, que recuerdan a las villas salvajes de
> la fiebre del oro del Oeste americano erigidas en semanas y en las que
> falta de todo. En ese sentido, muchos comienzan a preguntarse por el
> futuro medioambiental del país. Cómo puede afectar el progreso
> industrial desatado a la fisonomía del vergel brasileño. La mejor
> prueba de esa preocupación son esos antiguos enclaves costeros que
> están creciendo sin rumbo en torno a la extracción masiva de crudo y
> ya están siendo víctimas de la contaminación, la degradación de sus
> ríos, la falta de equipamiento social y urbano, la violencia y el
> tráfico de drogas.
>
> Sentado en una sillita de tijera pintada de azul sobre la arena,
> Américo, un viejo pescador de 66 años de Ilhabela, un paraíso natural
> a 200 kilómetros de São Paulo, recuerda con nostalgia y una colilla
> entre los labios los tiempos previos al boom petrolero. Cuando
> arrojaba cada madrugada las redes al mar y las recogía rebosantes de
> camarones. A un par de kilómetros de esta isla, justo frente a
> nosotros, surge imponente la terminal marítima Almirante Barroso, de
> Petrobrás, por la que entra la mitad del crudo y el gas que se consume
> en Brasil procedente de los yacimientos de la cuenca de Santos. El
> desfile de petroleros es constante. Sobre esas instalaciones
> portuarias, sobre las montañas, cuarenta inmensos depósitos circulares
> convierten el pueblo de San Sebastián en la mayor terminal de bombeo y
> almacenamiento de crudo de América Latina. Américo, nuestro pescador,
> que afirma que los vertidos de crudo son continuos y la pesca ha
> descendido un 90% y que los jóvenes ya no quieren pescar, sino
> trabajar en Petrobrás, no se irrita; sólo pide que ese puerto no
> crezca aún más al rebufo del negocio del crudo. "Sería el final de
> Ilhabela y de nuestra forma de vida". A su lado, Harry Finger, de 52
> años, peleón secretario municipal de medio ambiente, trabaja por el
> mismo objetivo: "Es el momento de que tomemos conciencia en todo el
> país de lo que nos jugamos; si no, este paraíso se puede ir al
> carajo".
>
> El futuro de Brasil duerme frente a estas mismas costas. El petróleo
> es aún una promesa lejana, pero detrás de esa esperanza todo el país
> se ha puesto en marcha. Brasil está abandonando la crisis económica en
> el pelotón de cabeza, encierra una inmensa riqueza natural, ha
> construido una democracia estable y, sobre todo, acumula las mayores
> reservas de optimismo del planeta. Por eso, si se le pregunta a un
> brasileño por el futuro, la respuesta será siempre la misma: "Todo
> ben; todo bon".
"El futuro del país está en el petróleo"...esta frase ha sido repetida
por, al menos, 3 países: México, Venezuela y ahora Brasil.
Ojalá que a Brasil le resulte diferente que a México, en donde la
pobreza no solo no se ha acabado sino que aun ha aumentado, además de
criminalidad, impunidad, injusticia, etc., etc., etc., etc......
Además, vean a las grandes potencias mundiales: exceptuando, hasta
cierto punto, a USA, las demás no nadan en petróleo. UK tiene para su
propio consumo y quizás un pequeño excendente, igual que Noruega y
alguno más, tal vez.
Las potencias se hacen con la apuesta que es siempre 100% segura y
siempre rinde ganancias: la apuesta por la educación...claro, es una
apuesta que rinde solo en varias décadas y no en años, o aun menos en
meses, pero es la única manera de asegurar que un país verdaderamente
avance y se mantenga en punta. Esto, claro está, hay que
complementarlo con justicia, justicia social, seguridad, limpieza
política (hasta cierto punto, claro...políticos son la misma mierda en
todas partes, la diferencia es la cantidad de educación y de
conciencia social de la población que es la que les pondrá topes y
controles para sus marrullerías), etc.
Total...ojalá, Brasil....pero si solo están soñando en lo que el
petróleo les dará sin OTRAS medidas añadidas, me parece que ya estoy
viendo el futuro fiasco de América Latina.
Saludiux
Toño