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“los “esbaratadores” del siglo XXI aceleran la destrucción de los últimos rasgos democráticos para imponer la dictadura de Chávez.

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TORREBLANCA®

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Dec 20, 2009, 6:47:37 PM12/20/09
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pinión
20 / Dic / 2009 -- 09:24 am 48 comentarios
“Los ‘esbaratadores’ del Siglo XXI aceleran la destrucción de los
últimos rasgos democráticos”

Para Marta Colomina, “los “esbaratadores” del siglo XXI aceleran la
destrucción de los últimos rasgos democráticos para imponer la
dictadura de Chávez. Así lo dice en su columna de este domingo en “El
Universal”.

Esta es la columna que, con el título, “Los esbaratadores del Siglo
XXI”, publica hoy en “El Universal”:

Hace tiempo circuló un chiste cuyo anclaje aplica a estos últimos
meses de fuertes protestas encabezadas por quienes han sido fervientes
defensores de las políticas “revolucionarias”, convertidas hoy en
promesas nunca cumplidas. Pareciera que la proximidad navideña
exacerba las carencias de quienes han esperado inútilmente la casita
ofrecida, el empleo necesitado, o la beca que nunca llegó. A esas
quejas se unen las de aquellos miles que hace meses no les pagan las
misiones, o de los trabajadores públicos (muchos sin contrato
colectivo) a quienes el Gobierno les debe varias quincenas y el
aguinaldo.

El chiste narra que al centro de Caracas llegó un muchachito con
una caja de cartón en la que dormitaban ocho gatitos recién nacidos.
El pequeño gritaba: “vendo gatos chavistas”, “compre su gatico
chavista”. Con tal prédica logró vender la mitad de los felinos. A la
semana siguiente el chico se apostó en el mismo lugar (ahora con 4
gatitos) y comenzó a gritar: “compre su gatico escuálido”. Un
transeúnte, testigo de la venta anterior, le preguntó al niño: “¿Cómo
es que la semana pasada los gatos eran chavistas y ahora dices que son
“escuálidos?”. Y el chamo respondió: “¡Claro!, ¡es que estos gaticos
ya abrieron los ojos!”.

Si bien muchos venezolanos ya “abrieron los ojos” al comprobar que
el “amor” de Chávez por el “pueblo” ha sido una coartada para imponer
su proyecto autoritario, es a partir del segundo trimestre de este año
cuando la decepción popular se ha ido acrecentando, según registran
las encuestas. Ese desencanto se expresa a través de protestas
públicas cada vez más airadas, en las que increpan al Presidente como
el responsable de los problemas que aquejan a las mayorías, como
inseguridad, desempleo, inflación, apagones y falta de agua, entre
otros muchos no resueltos.

Aquella frase de “que el precio del petróleo puede llegar a cero y
aquí no tendremos crisis” es un boomerang que lacera la atormentada
cabeza presidencial. Pocos creen que Chávez no sabía del saqueo que
sus “empresarios”, ministros y allegados hacían al Tesoro Nacional a
través de unos seudobancos alimentados con miles de millones públicos.
Y no lo creen porque “en Venezuela no se mueve ni una hoja sin que yo
lo sepa” (Chávez dixit). Ya cerca de la Navidad, el pueblo ve que
mientras sigue con la “regaladera” a sus compinches políticos ($ tres
mil millones dio a Cuba hace pocos días), a los 4 mil niños de los
Simoncitos adscritos al ME hace cuatro meses que no les llega la
alimentación y a las “madres integrales” encargadas del cuidado
infantil en El Junquito, Casalta, Caricuao, Mamera, Propatria, El
Paraíso y otras barriadas, les adeudan salarios y bonos de
alimentación y navideño.

Por eso se arrodillaron sobre el asfalto y culpan al alcalde Jorge
Rodríguez y al presidente Chávez de tan cruel incumplimiento.
Simultáneamente hombres y mujeres humildes que estuvieron más de 24
horas esperando a las puertas de la “Feria Socialista del Juguete”
para comprar los regalos para sus hijos (como les habían prometido)
escucharon indignados que, sin haber abierto las puertas, ya se habían
acabado los juguetes.

“¡Para el pueblo nada!”, gritaban furiosos los padres frustrados,
a la par que denunciaban haber visto sacar de allí gigantescas bolsas
de juguetes llevadas por militares, policías y otros funcionarios
rojitos. “Estamos como a la deriva” decían en otra protesta ese mismo
día cientos de empleados a cargo de Diosdado Cabello, los de Pequiven
trancaron las calles “porque nos estamos muriendo de hambre”, mientras
que petroleros del Zulia y obreros portuarios reclaman a gritos “sus
legítimos pagos”. “Somos pisoteados por este gobierno” decía un
dirigente sindical de Ipostel rodeado de decenas de funcionarios
furiosos porque no les han pagado ni quincena, ni aguinaldo y quienes
protestan son amenazados con el despido. Guayana es un polvorín de
reclamos y de huelgas de hambre (como la de Bauxilum) porque el
Gobierno no paga ni a trabajadores, ni a contratistas.

¿Dónde están los $ 950 mil millones recibidos si el Gobierno no
paga a las universidades, ni a profesores ni a trabajadores petroleros
ni del aluminio ni del Metro ni a los eléctricos ni a proveedores ni a
los viejitos, ni ha construido escuelas ni hospitales ni casas ni
autopistas, a pesar de que el barril está por encima de los $ 60? Tan
grave es, que ya analistas internacionales califican la deuda
venezolana como la de mayor riesgo en el mundo .

Por eso los “esbaratadores” del siglo XXI (Aristóbulos dixit,
cultísimo ex ministro de Educación) aceleran la destrucción de los
últimos rasgos democráticos para imponer la dictadura de Chávez y no
de las comunas (de nuevo el pueblo como coartada). Sólo con las
protestas unificadas, pacíficas y masivas que están por venir -y no
aisladas como hasta ahora- podremos impedir que lo logren.

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