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Los argentinos "vivimos una disyuntiva crucial"

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LUNFA = GRAN SORETE MALOLIENTE LLENO DE MOSCAS

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Dec 20, 2009, 4:05:45 PM12/20/09
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Los argentinos "vivimos una disyuntiva crucial"
Por Mariano Grondona

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Domingo 20 de diciembre de 2009 | Publicado en edici�n impresa


Santiago Kovadloff escribi� anteayer en LA NACION un art�culo titulado
"2010 ser� un a�o decisivo", en cuya parte final advierte que "vivimos
una disyuntiva crucial".

Si tenemos en cuenta que en 2010 se montar� el escenario de 2011 del que
surgir� el pr�ximo presidente, lo que vino a decir Kovadloff es que en
estos dos a�os los argentinos no nos limitaremos a escoger entre dos
candidatos presidenciales dentro de un sistema pol�tico ya consagrado,
como acaban de hacerlo los uruguayos, lo est�n haciendo los chilenos y
est�n por hacerlo los brasile�os, sino que, viviendo todav�a en un
estadio de desarrollo m�s primitivo que el de ellos, que ya tienen un
sistema y s�lo necesitan renovarlo cada cuatro o cinco a�os, nosotros
tendremos que optar en 2010-2011 por algo previo y fundamental: en cu�l
de los dos sistemas pol�ticos alternativos que se nos ofrecen querremos
vivir. Nuestro dilema no consistir� en designar uno u otro candidato
presidencial dentro de un r�gimen pol�tico preexistente, sino en decidir
cu�l ser�, de dos reg�menes antag�nicos, el que nos va a albergar.

La nuestra no ser� una decisi�n de alcance meramente "gubernamental",
sino una decisi�n "estructural". Por eso Kovadloff concluye su art�culo
afirmando que en 2010 los argentinos empezaremos a vivir "una disyuntiva
crucial".

�C�mo definir las dos alternativas fundamentales entre las cuales
tendremos que optar? Un historiador acaba de publicar el estudio
comparativo de dos rep�blicas a las que separan siglos de distancia,
pero cuyo esp�ritu ha sido el mismo: la rep�blica romana, que vivi� casi
500 a�os, del 510 al 30 antes de Cristo, y la rep�blica norteamericana,
que ya tiene 222 a�os de edad (Thomas Madden, Empires of Trust, 2009).

El �xito de ambas rep�blicas fue tal que termin� por convertirlas en
"rep�blicas imperiales", pero al quedarse sin enemigos a la vista
despu�s de dominar a Cartago y a las ciudades griegas hacia el siglo II
a.C. los romanos se precipitaron en una larga guerra civil hasta que el
flamante emperador Augusto les devolvi� la paz a cambio de su libertad.
Cuando cay� la Uni�n Sovi�tica en 1991 un l�cido observador ruso,
Georgie Arbatov, les anunci� a los norteamericanos que los esperaba el
peor de los males porque, lo mismo que los romanos, se hab�an quedado
sin enemigos de peso.

Los tiempos iracundos de George Bush hijo llevaron a la nueva "rep�blica
imperial" a la peligrosa frontera "romana" del disenso interno, de la
cual quiere rescatarla el presidente Obama. Su final a�n es incierto,
pero Madden subraya el esp�ritu com�n de ambas "rep�blicas imperiales":
el vigoroso rechazo de la monarqu�a, de la cual ambas proven�an.

Es que todas las rep�blicas, incluidas las que estudia Madden y otras
similares como las europeas y las latinoamericanas que acabamos de
mencionar, conllevan la misma convicci�n fundamental de que el poder no
se dice en singular por pertenecer a un d�spota, sino en plural porque
se lo ha dividido en "poderes" para asegurar la libertad de los
ciudadanos. Esta y no otra es la inspiraci�n republicana de las
democracias exitosas de nuestro tiempo.

Rep�blica o dinast�a

Si aplicamos estas lecciones de la historia a los a�os 2010-2011 que nos
tocar� vivir, veremos que nuestra opci�n no ser� s�lo entre candidatos
presidenciales como Kirchner de un lado y, digamos, Cobos, Reutemann,
Duhalde o Carri� del otro, sino entre dos sistemas de gobierno .

Uno de ellos, el del ex presidente y su esposa, abreva en fuentes
mon�rquicas. El otro, sean quienes fueren los que al fin lo encarnen,
abreva en fuentes republicanas. Elegir entre una "monarqu�a" (de monos,
"uno", y ark� , poder) y una "rep�blica": �ste ser� nuestro dilema
fundamental.

Habr�a que agregarle a esta disyuntiva algunas precisiones. La
"monarqu�a" a la que aspiran los Kirchner es, en rigor, una dinast�a .
Ellos tienen en com�n con otros caudillos latinoamericanos, como Ch�vez,
Morales, Correa y Ortega, el ansia ilimitada de poder, pero traen adem�s
consigo la idea de un poder "hereditario".

Cristina sucedi� a N�stor, quien ahora pretende suceder a Cristina. El
poder unitario que ambos pretenden anida en el seno de una sola familia.
Para todo lo dem�s, los Kirchner y los Ch�vez son igualmente
mon�rquicos. Por eso algunas anomal�as a las que los Kirchner suscriben,
como la reciente invasi�n del Poder Judicial por parte del "talib�n"
An�bal Fern�ndez, no son desde su propia �ptica nada "an�malas", como
tampoco lo son su aspiraci�n a reducir al m�ximo el poder emergente del
nuevo Congreso y el poder todav�a declinante de los gobernadores de
provincia.

Por una v�a o por la otra, de Ch�vez a Kirchner, todos los aspirantes
latinoamericanos a la monarqu�a queman incienso en el altar del unicato.

Pero otras fuerzas pol�ticas que vienen surgiendo a partir del
pronunciamiento popular del 28 de junio, de la constituci�n del nuevo
Congreso y, m�s recientemente, de la creciente resistencia de los jueces
a seguir siendo manipulados, revelan por su parte que las fuerzas
republicanas, eclipsadas pero no erradicadas de 2003 a 2009, no han
renunciado al combate crucial que se avecina.

Los d�spotas, que han llevado la delantera hasta hoy en esta batalla,
todav�a no han vencido. Los republicanos de toda laya, de la
centroizquierda a la centroderecha, que los resisten con el impulso de
un suave crescendo , todav�a no han sido derrotados.

Si al fin llegan a prevalecer, en el podio los esperar�n no s�lo las
democracias de Europa y de Am�rica del Norte, sino tambi�n los Lula,
Serra y Rousseff, los Tabar� y el resto de los partidos uruguayos, los
Bachelet, Pi�era y Frei; los republicanos de todas las latitudes.

El espejismo

La opini�n p�blica argentina, cuyo componente republicano qued�
ampliamente demostrado el 28 de junio, muestra impaciencia al observar
la lentitud que han demostrado las fuerzas opositoras desde aquella
fecha hasta hoy.

Esta preocupaci�n es comprensible, pero s�lo parcialmente porque en
cualquier sistema republicano como el que estamos conformando debe
esperarse la dificultad de la coincidencia.

La supuesta par�lisis de los opositores es s�lo un espejismo porque nos
hemos acostumbrado a los m�todos del unicato. El esp�ritu republicano
apunta, al contrario, a la multiplicidad de las posiciones. Esta es su
esencia. Lo que tendr�amos que esperar en el campo republicano de ahora
en adelante, entonces, es la persistencia del pluralismo que ya asoma en
el nuevo Congreso.

En 2010 y 2011, por ello, frente al unicato kirchnerista se alinear�n
diversas fuerzas en competencia entre ellas, con la salvedad de que su
diversidad estar� acotada por un n�cleo fundamental de coincidencias al
estilo del Acuerdo de San Nicol�s o el Pacto de la Moncloa. S�lo as�, y
no sin tropiezos, alumbrar� entre nosotros un sistema "uruguayo",
"chileno" o "brasile�o" de coincidencia y, a la vez, de competencia.

Frente a �l, la fuerza declinante del unicato kirchnerista terminar� por
dividirse en dos como ya lo hizo el 3 de diciembre cuando, en la C�mara
de Diputados, el grueso de la bancada kirchnerista se neg� a seguir el
camino al ostracismo que imaginaba Kirchner.

Una parte de ella ser� inflexiblemente autoritaria y, si no entra en la
gran convergencia de la futura rep�blica, s�lo ser� por decisi�n propia.

La otra parte, probablemente mayoritaria, tendr� que ser generosamente
aceptada por el resto de las fuerzas opositoras como el novicio de esa
civilizaci�n pol�tica que, una vez que se establezca en 2010 y 2011, nos
prometer� el desarrollo econ�mico y social de largo plazo que a�n
estamos esperando.

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