EL NUEVO MUNDO.
Para el que cree todo es posible. Jesús
Un cambio de paradigma es desgarrador porque al mismo tiempo conviven
la vieja mirada que muere, con la nueva visión que nace. Es como si
hubiera dos películas proyectándose juntas: la transición entre dos
mundos, uno en decadencia y otro en gestación.
Nuestros ancestros,
tanto los pueblos originales como los que llegaron a través de los
barcos, soñaron en estas tierras el nacimiento del nuevo mundo.
Hoy
todo el planeta está hablando de la visión Maya sobre el 2012, el
punto de inflexión de la humanidad. Unos pocos, los traficantes del
miedo, han propagado sólo la idea catastrófica del fin del mundo. La
verdad original es otra: lo que anuncian las visiones proféticas de los
ancestros es, primero, el nacimiento de un nuevo mundo, otra forma de
mirar las cosas, y junto con pegado, el fin del viejo mundo, la mirada
caduca.
La inercia del tiempo lineal, donde el pasado es el que
determina el futuro, colapsa al instante que la sincronía del tiempo
real, aquí y ahora, se hace manifiesta.
El fin paulatino del dominio
de la tele a costa del crecimiento de la red, es un ejemplo claro de
este momento histórico. Dicen los sabios Mayas que las cosas, los
objetos manufacturados e inventados por el hombre, reflejan el nivel de
su consciencia. Desde esta perspectiva, si hoy contamos con un medio
de comunicación al alcance de nuestras manos, que nos permite estar
conectados, es porque nuestro propio despertar nos está indicando hacia
donde vamos como colectivo. Estamos abandonando el estadio de la
separación, dualidad, y nos estamos conectando al Estado de unión,
sincronía, donde todos conformamos el entramado de una sola red. Y cada
uno somos una pieza clave: dejamos atrás los papeles pre-asignados
como extras de la película, víctimas de las circunstancias, fieles
devotos, puntos de rating, o votos duros, y nos convertimos en
creadores de contenidos para compartir. La vida como una obra de arte.
El nuevo mundo es el de la creación propia, desechando las creencias
impuestas que dividen y separan. Es el retorno a lo sagrado, la
creación, en comunión con la belleza, la estética y el arte que es la
naturaleza real de la vida. Es un cambio de mirada, en 180 grados, que
nos permite entrar a la gran visión, la mirada periférica, desde donde
podemos acceder al lienzo invisible donde habita el Espíritu, el espacio
de inspiración del poder creador de cada uno.
Uno es lo que cree que es, aunque no lo creamos.
Soy uno de los muchos pocos que cree, desde el fondo de la raíz, que
México es el lugar donde está naciendo esta mirada, ahora en estos
tiempos confusos. Mirada que a pesar de estar muy por encima de lo
electoral, seguramente se reflejará a través de una gran sorpresa en las
urnas este 1 de julio del 2012. Es cuando todos los voceros oficiales,
repetidores de la razón del miedo a perderla, pondrán cara de qué
carajos pasó. Ni siquiera lo sospechan, están tan encerrados en su
querer tener la razón haiga sido como haiga sido, que no perciben más
allá de lo que la tele y las encuestas dicen. Se olvidan de que hay algo
que ni los estudios de opinión mejor hechos logran captar: el mundo
interno de lo latente, donde se crean las grandes gestas, los
parte-aguas de la humanidad.
Un latido de millones en sincronía
tiene más poder que toda la lógica, la estadística y las probabilidades
juntas. Y ese latido latente se está contagiando, es la red de un solo
corazón.
El nuevo mundo es un Estado latente, ya está creado en el
mundo interno de la inspiración, sólo ocupamos acabar de creerlo, para
que se manifieste como nuestra realidad. Evidentemente esta visión no
cabe en la razón que se rige sólo en lo que los cinco sentidos captan
como la situación de las cosas. Sentencia que por cierto pierde su
verdad a cada segundo, más en estos días, donde las cosas están tan
aceleradas.
No es ver para creer, es al revés, es creer para ver el nuevo mundo. El gran Maestro era Jesús, no Tomás.
@SantiagoPando
