La comunidad de brazos y piernas entrelazadas

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Jordi Carhur

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May 11, 2012, 12:23:34 PM5/11/12
to seminari...@googlegroups.com
Hola, hay alguien ahí? :)

Pego aquí un artículo que, creo (pues no he podido todavía consultarlo), ha aparecido en la edición de Diagonal de ayer, con algunas variaciones.


 

Por una desobediencia civil constituyente

 

            La estrategia del 1% es clara, transparente. Por un lado, ofensiva del capital, en la que medidas de carácter político tratan de hacerse pasar por parte de los que nos gobiernan como meramente técnicas o económicas : múltiples « recortes » cuyo objetivo es extender la única lógica de beneficio y de privatización a las pocas esferas de la vida social que eran hasta ahora relativamente independientes de ella, con la consiguiente precarización de las formas de vida y la pérdida de las condiciones materiales que posibilitan el ejercicio de los derechos básicos que permiten vivir dignamente. Acompañando esto, ofensiva de los sistemas estatales de represión tanto jurídicos como policiales, con el objetivo evidente de impedir cualquier interrupción de este proceso por acciones de protesta, de disenso o de desobediencia. 

            La estrategia es clara, pero la visión de la realidad que supone es pesadillesca y propia de una personalidad paranoide. Así, estudiantes que se manifiestan para exigir estufas para sus escuelas serían en realidad peligrosos enemigos del Estado, trabajadores que ejercen su derecho a la huelga realizando piquetes informativos serían guerrilleros urbanos formados en los métodos de alguna « kale borroca », etc. El 1% sólo ve y sólo quiere ver ante sí a criminales aislados o a terroristas organizados. La visión de la realidad que trata de imponernos es esa : o estais de acuerdo, o sois criminales o terroristas. Se trata así de conducirnos a la impotencia, a que olvidemos las razones por las que luchamos, a que perdamos de vista el embrión de mundo nuevo que llevamos con nosotros cada vez que actuamos. La figura del antisistema-quemando-un-contenedor que se fabrica sin cesar para los medios no significa otra cosa : el orden actual sólo sobrevive tratando de demostrar que es el único posible, que no hay nada fuera de él y que contra él sólo hay la desesperación muda.

            Dentro de esta triste lógica, como se sabe, el último episodio que se prepara una reforma del código penal directamente dirigida contra las acciones de desobediencia civil como las practicadas por toda la constelación de iniciativas que surgió del 15M. Así, la resistencia pasiva, la forma más clásica de lucha no violenta, sería considerada delito, por su carácter evidentemente « violento ». Convocar en redes sociales « actos violentos » también sería delito ; pero si la resistencia pasiva es violenta, ¿ qué será considerado un acto violento ? ¿ Poner una mesa informativa en Sol es violencia, una sentada colectiva es violencia, un grito mudo es violencia, acampar en una plaza pública es violencia ? Todo parece posible. Pero un signo puede indicarnos qué es lo real de esta estrategia de represión anti-15M, qué es lo que el 1% teme realmente. En la reciente acción « Toma el metro », lo grave para nuestros gobernantes no fue el aspecto de sabotaje simbólico del acto, con esos tres o cuatro minutos que se prolongó la parada habitual, lo grave no son esas miles de horas perdidas de producción según el cálculo delirante del torpe matemático de Estado, ni la nula posibilidad del más mínimo riesgo para alguno de los pasajeros por el hecho de parar un tren ya parado. El propio servicio de gestión privatizada del Metro es a menudo mucho más eficaz a la hora de « sabotear » materialmente el servicio provocando retrasos, de igual modo que los hooligans del fútbol son mucho más eficaces a la hora de quemar contenedores que los peligrosísimos antisistema. Lo que pareció grave a nuestros gobernantes es que la gente de « Toma el metro » se hubiese concertado para actuar : lo que les parece gravísimo, intolerable, es simplemente que nos asociemos, que nos reunamos para hablar de lo que nos preocupa, que tomemos decisiones colectivamente, que las llevemos a la práctica. Y en el fondo, si el 1% trata de criminalizar la resistencia pasiva, es porque la comunidad de brazos y piernas entrelazadas que resiste a la violencia policial es como la imagen en miniatura de cualquier asociación.

            El 1% nos hace la guerra, y cada vez más directamente. En esa guerra, tenemos un papel asignado desde hace tiempo : lo esencial, si queremos tener alguna iniciativa a la hora de definir la realidad y así poder transformarla, es rechazar ese papel que nos captura en la realidad paranoide de los que nos gobiernan. Hannah Arendt, en su ensayo La desobediencia civil. analiza precisamente qué es lo que separa este modo de infringir la ley tanto del delito común como del complot organizado. Frente al delito común, la desobediencia civil es una infracción organizada, colectiva, de la ley. Frente al complot organizado, la desobediencia civil es pública, no se oculta sino que se declara y dice sus razones. Tal vez hoy más que nunca sea necesario que nuestras acciones insistan en esos dos rasgos, recordando que la guerra que se nos trata de imponer no es nuestra guerra, que nuestra guerra o nuestra lucha consiste más bien en ser ese 99% del que tanto hablamos. Así que es a ese 99% que queremos ser y que a veces hemos tocado a quien hay que hacer ver la legitimidad de nuestras acciones, para que seamos cada vez más los que hablamos y actuamos, para que nuestra asociación crezca y lo haga por tanto también nuestra potencia.

            Según Arendt también, la obediencia a la ley reside en una especie de acuerdo tácito, de consenso originario : la ley expresa una razón común. Esa razón común, en nuestras sociedades, es cada vez más en realidad la de una ínfima minoría, una minoría que sin embargo tiene el monopolio de la riqueza, de la capacidad de decisión, de los medios de violencia y de los medios de información. De ahí que a menudo la ley nos parezca injusta, y no queramos obedecer. Pero mientras esto nos parezca así de modo individual, no habrá ningún obstáculo para los que nos gobiernan, por mucho que nos rebelemos. Tampoco habrá ningún obstáculo mientras nos organicemos en partidos o en grupos de afinidad con nuestras ideologías y demás.

            Si el 1% tiene tanto miedo a que mientras desobedecemos nos reunamos para hablar y actuar, es precisamente porque ese tipo de desobediencia pública que discute y comparte sus razones podría ser el principio de un nuevo consenso originario. La búsqueda de consensos en Sol, entre gente tan diversa, así como en otras plazas, en el seno de una acción abierta y declarada de desobediencia, es un magnífico ejemplo de ello. Cuando la ley no rige, un nuevo sentido común crece. Porque no basta con disentir, lo esencial es preguntarnos colectivamente en qué este disenso es la condición de posibilidad de otro consenso. Es el aspecto constituyente de la desobediencia civil. Y lo importante a este respecto, si queremos tener la iniciativa, si queremos constituir otra realidad, es recordar que necesitamos las razones de todos y de todas cuando desobedecemos : que nunca tendremos suficientemente claro por qué desobedecemos hasta que nuestra razón sea realmente la del 99%.




Rafael SMP

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May 11, 2012, 1:19:52 PM5/11/12
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Por si aca, no es que se haya variado este texto por los editores de Diagonal, sino que esas "variaciones" son parte de un trabajo colectivo.

Lo digo, por dignificar un poco la cosa.

No són sólo variaciones vaya, son moveduras de palabras que permiten que pueda decirnos a algunos más.

Un abrazo.

R



Jordi Carhur

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May 11, 2012, 2:44:39 PM5/11/12
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sí, he sido muy lacónico, gracias por explicarlo!

2012/5/11 Rafael SMP <rafae...@gmail.com>
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