A través de las bienaventuranzas, Cristo el carpintero o masón
(tekton) habla de aquello que conecta al hombre con
otro orden superior de vida, y acerca de los modos por los cuales la
fuerza, o la dicha, de este nivel
superior puede llegarle al hombre. En las Bienaventuranzas dice:
"Bienaventurados los que tienen
hambre y sed de justicia, porque serán hartos". Ser bienaventurado
significa lograr el nivel de iniciación.
Denota un estado efectivo de iniciación que se puede obtener, y no un
mérito abstracto ni una constancia en papel en favor de uno en alguna
iniciación solamente asentada en actas de una Logia. Originalmente
los
griegos
utilizaban esta palabra Bienaventuranza para describir el estado de
los dioses. En este pasaje, tener hambre y
sed de justicia se refiere a una justicia diferente a la humana de la
propia justicia que sólo se considera a sí
misma y a su particular objeto en leyes de ignorantes profanos. Para
hallar esta otra justicia el hombre tiene que "perderse", o
sea que tiene que perder todas las ideas académicas que posee, y todo
acerca de su propio valor ideal mundano ,de su mérito personal.
Estudiemos el significado de un pasaje que se refiere a esta idea de
"perderse". Ocurre en la
descripción del incidente en el que Cristo se vuelve de pronto sobre
Pedro y le llama
"escándalo" porque siempre tomaba lo que se decía en términos de
bienes terrenales. Pedro
mezclaba las cosas de diferentes niveles. No entendía el significado
de no permitir que la
mano izquierda supiese lo que hacía la derecha. Mezclaba en su mente
la enseñanza de Cristo
con las "cosas de los profanos". Cuando Cristo anunció a sus
discípulos su propio martirio, como producto de la mando de la
justicia mundana-
Pedro le dijo: "Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te
acontezca". A lo cual
Cristo le dijo: "Quítate de delante de mí. Satanás. Me eres escándalo
porque no entiendes lo
que es de Dios, sino lo que es de los hombres profanos". Esto
demuestra por qué razón recibe el
calificativo de Satanás. He aquí una de las definiciones del
significado que los Evangelios dan
a Satanás. Es el mezclar diferentes niveles de pensamiento, ya que
acá
entender denota
pensar. Luego, Cristo dice: "Si alguno quiere venir en pos de mí,
niegúese a sí mismo, tome
su cruz y sígame. Porque cualquiera que quisiere salvar su vida la
perderá, y cualquiera que
perdiere su vida por causa mía, la hallará" –
En el original de este pasaje,
"vida" significa "alma". El hombre tiene que perder su propia alma.
Cuando se dice que un hombre
tiene que perder su alma , se interpreta algo más completo que la
simple muerte física. En Juan, Cristo
dice: "Nadie tiene mayor amor que éste, que ponga alguno su alma por
sus amigos"
-Pero en el original encontramos la palabra "alma" y no la palabra
"vida". El hombre tiene
que perder su alma; y está la definición suprema del amor
consciente.-
Tiene que poner a sus
amigos (en griego, esto significa literalmente aquellos a quienes uno
ama) en su lugar. En este
pasaje Cristo habla acerca de lo que significa en términos de
obediencia al que él enseña. Un
siervo, dice, obedece a su amo aun cuando no sepa lo que el amo
quiere
significar. Pero un
amigo es alguien que comprende, y obedece en virtud de la
comprensión.
Por eso dice:
"Vosotros sois mis amigos". Son sus amigos si obedecen el orden de
Verdad de que habla sus amigos son los iniciados en los Augustos
Misterios
Así obrar por encima de los propios intereses, colocar algo por
encima
de
ellos. Y un hombre no puede perder su alma si es que únicamente
entiende las cosas de los
hombres.
En el Sermón de la Montaña, Cristo comienza por decirle a los
discípulos no lo que deben
hacer, sino lo que deben ser antes de poder ganar el reino de los
cielos. Este sermón comienza
con las palabras: "Bienaventurados los pobres en espíritu porque de
ellos es el reino de los
cielos". Cristo habla acerca de lo que el hombre debe ser, alude a lo
que tiene, primero, que
llegar a ser en sí mismo. El hombre debe procurar ser muy diferente
en
sí mismo antes de
alcanzar el reino. Tiene que cambiar de mente iniciarse , cambiar en
sí mismo, y llegar a ser "pobre en
espíritu", despojarse de los metales y las joyas, - sea cual fuere el
significado de esta extraña frase. Hagamos un contraste entre esto y
lo que enseña el Bautista. Este habla sobre deberes externos, bondad
ciudadana; Cristo habla
acerca de la transformación interior. Juan lanza una tormenta sobre
quienes le oyen y les pide
arrepentimiento; Cristo habla acerca del significado del cambio
interior que tiene que
producirse primero. Juan les dice qué es lo que tienen que hacer, y
Cristo les dice qué es lo
que tienen que ser. Un hombre como Juan el Bautista, que estaba
únicamente del lado externo
de la enseñanza del Verbo de Dios, que es la que hace alusión a una
posible evolución del
hombre, se inclina siempre a tomarlo todo al pie de la letra. Y el
Verbo de Dios es algo que no
puede tomarse así porque es un medio para establecer un vínculo entre
el nivel llamado
"tierra" en el hombre, y el superior que es posible alcanzar y que se
llama "cielo". El sentido
terrenal es, en verdad, por completo distinto del celestial. Y a
menos
que aquél crezca y se
desarrolle alcanzando siempre nuevos significados, no puede haber
contacto alguno con los
niveles superiores, y entonces queda muerto. De suerte que el hombre
literal, el hombre que lo
toma todo al pie de la letra, aquel que vive únicamente en los
sentidos, el de significados
externos solamente, el que nada entiende en lo interno y que, si es
religioso, sólo sigue los
métodos y las experiencias exteriores de su secta, este hombre no
puede desarrollarse. Ahora
bien, si Juan el Bautista no era del reino, como lo indicó bien
marcadamente Cristo, ¿qué
significa estar cerca del reino? Esto nos ayudará a comprender por
qué
razón la enseñanza del
Bautista no era la enseñanza del reino. Estar cerca del reino es un
caso de entendimiento
interior; y hay un ejemplo muy claro tocante a esto en los
Evangelios.
Examinémoslo antes de
pasar a las demás Bienaventuranzas. Uno de los escribas ha preguntado
a Jesús cuál es el
primero de todos los mandamientos, y Jesús responde: "El Señor, uno
es. Amarás, pues, al
señor tu Dios de todo corazón y de toda tu alma y de toda tu mente y
de todas tus fuerzas... y
el segundo es... amarás a tu prójimo como a ti mismo". El escriba
contesta: "Bien, maestro,
verdad has dicho que uno es Dios y que no hay otro fuera de él, y
amarle de todo corazón y de
todo entendimiento . .. más es que todos los holocaustos y todos los
sacrificios". Y como
Jesús vio que la respuesta del hombre provenía de su propia
comprensión (y no sabiamente,
como dice la traducción) le dice: "No estás lejos del reino de Dios",
y ya ninguno osaba
preguntarle. ¿Podemos ahora ver por qué motivo se dice que este
escriba
estaba cerca del reino? Siempre ha habido quienes en asuntos de la
religión han valorizado en
demasía las formas externas, las observaciones y las disciplinas.
También vemos en los
Evangelios que Juan el Bautista quedó preocupado al enterarse que
Cristo y sus discípulos
comían y bebían y no ayunaban conforme a la letra de la ley. Y no
cabe
duda de que hubiese
igualmente objetado el que los discípulos recogiesen espigas de trigo
en sábado, o que el
Cristo curase a los enfermos también en sábado. Todas estas cosas
iban
contra las leyes
mosaicas. Hacia el final de su vida, el Bautista, aparentemente,
comenzó a dudar de Cristo. Y
hasta le envió un mensaje preguntándole: "¿Eres tú el que había de
venir, o esperaremos a
otro?"¿Y cuál fue la respuesta de Cristo? Respondió de tal manera que
el
Bautista pudiese entender literalmente. Dijo:
"Id, dad las nuevas a Juan de lo que habéis visto y oído; que los
ciegos ven, los cojos andan,
los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan".
Juan el Bautista no podía
entender que esto denotaba los ciegos, sordos, etc. psicológicos.
Pero
esté nivel de
comprensión ha existido siempre, la comprensión de la verdad dura,
literal, la comprensión de
únicamente el hombre exterior que mantiene la enseñanza del Verbo de
Dios sobre el nivel de
la Tierra y así destruye no solamente su belleza, sino también su
significado, de la misma
manera en que uno puede destruir a una criatura con alas cuando se
las
corta. Juan el Bautista
representa la enseñanza literal del Verbo de Dios. Representa aquella
clase de gente literal a
quien Cristo defiende en la persona del Bautista, pues ella es el
punto de partida de todo lo
demás, y habla acerca de ellos con tanto cuidado y ponderación como
si
fuesen un problema
muy difícil de resolver. Juan el Bautista creyó en Cristo cuando lo
vio; pero hacia el final de
su vida comenzó a dudar. Y éste es el verdadero cuadro psicológico de
aquellos que
habiéndose arraigado en el lado externo de la enseñanza del Verbo, y
todo su áspero
significado literal, se hallan de pronto con el sentido interno o
superior, y no lo pueden
comprender y caen en la duda; y, en verdad, se sienten ofendidos
porque ya no pueden sentir
mérito alguno, ya no pueden considerarse mejor que los otros. Sin
embargo, debe
comprenderse que el significado literal del Verbo de Dios tiene que
conservarse.
Segunda Parte
La primera Bienaventuranza, según se las llama, y las ocho restantes,
están dirigidas, en
apariencia, a los discípulos de Cristo y no a la multitud. Las
palabras con que comienza el
capitulo quinto del Evangelio de Mateo expresan:
"Y viendo la gente, subió al monte; y sentándose se llegaron a él sus
discípulos. Y abriendo la
boca, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres en espíritu
porque de ellos es el
reino de los cielos»."
En Lucas encontramos una versión abreviada y algo diferente de las
Bienaventuranzas; se
mencionan tan sólo cuatro, y esto después que Cristo ha escogido a
sus
doce discípulos en la
montaña y ha descendido al llano. De estas cuatro Bienaventuranzas,
la
primera dice:
"Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de
Dios."
Desde que Lucas menciona a los pobres, muchos son los que han pensado
que esto quiere
decir ser verdaderamente pobre, ser pobre al pie de la letra. Pero en
Mateo se dice:
"Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de
los cielos". Y nadie
podrá creer que los literalmente pobres carecen de orgullo si en este
sentido se toma este
versículo. ¿Cómo vamos, pues, a entender esta expresión "pobre en
espíritu?" En la
traducción literal del original hallamos que la expresión no es
"pobre
en espíritu", sino
"mendigo del espíritu". ¿Qué significa ser mendigo del espíritu?
Eliminemos por completo la
noción de que quiere decir ser un mendigo o ser pobre al pie de la
letra. Hay otra palabra en
los Evangelios que se traduce como pobre y que significa ser
verdaderamente pobre, como en
el caso de los diezmos de la viuda; en este sucedido se presenta a la
mujer como una persona
en realidad indigente, pobre en el sentido literal, pero que da más
que los otros. Pero el
término empleado en este caso tiene un significado más bajo. Se
refiere a uno que se arrastra
y que tiembla, como si fuese un mendigo oriental pidiendo limosna en
las calles, y así
adquiere una profunda acepción psicológica. En Lucas, donde sólo se
dan cuatro
Bienaventuranzas, se dan también, por así decirlo, cuatro pesares que
están en
correspondencia directamente opuesta a las bendiciones. El pesar
correspondiente a la sucinta
formulación de "Bienaventurados vosotros, los pobres" es' "Mas ¡ay de
vosotros, ricos!,
porque tenéis vuestro consuelo". Ahora bien; desde que Mateo habla de
ser pobre en espíritu
el significado de "rico" en Lucas no puede ser otra cosa que "rico en
espíritu". Un triunfo
sobre un rival, una mejora en la situación personal, una recompensa,
un negocio inteligente,
todo esto constituye un consuelo. Pero si en el fondo de sí mismo el
hombre siente que es
nada, que no sabe nada, que no merece nada, si es que anhela
comprender más y ser diferente,
si en realidad se siente vacío y desea ser algo, entonces, de hecho,
en su mente, en su espíritu,
en su comprensión, percibe su propia ignorancia, su propia nadidad, y
en tal caso es un "pobre
en espíritu". Está vacío y así puede ser harto. Sabe y reconoce su
ignorancia, y así puede oír la
enseñanza del reino. Pero si está lleno de si "mismo, ¿ cómo podrá
oír
algo? Se oye a sí
mismo todo el tiempo. Oye las interminables voces de su inquieta y
quejumbrosa vanidad, de
su satisfecho o frustrado amor propio. Al atacar a los fariseos,
Cristo atacaba la riqueza en
espíritu, y acerca de ellos dijo que ya tenían su recompensa. Cuando
al príncipe rico le pidió
que vendiese todo lo que tenía, no estaba hablando de posesiones al
pie de la letra, sino de
aquel aspecto del hombre que le hace imaginar que es mejor que los
demás por sus posesiones
mentales, sociales y materiales. Y lo que hace que un hombre se
sienta
especialmente rico en
sí mismo es la satisfacción del amor propio, la vanidad satisfecha,
el
mérito ofrecido por la
vida. Y en realidad, las delicias del amor propio satisfecho son más
poderosas que cualquier
otra cosa en la vida y sólo tenemos que advertirlas en nosotros
mismos
para comprobar que
esto es verdad. Si nos encontramos en aquel estado de equilibrio que
produce el amor propio,
y que en realidad puede también quedar fácilmente trastornado y hacer
que uno se sienta
ofendido, ¿para qué vamos a buscar algo nuevo? ¿Cómo se nos podrá
pasar por la mente que
somos nada, que no tenemos base alguna en nosotros mismos, y que a la
luz del reino
verdaderamente no poseemos nada?
Cristo sigue hablando tocante a lo que un hombre debe ser, si es que
va a acercarse a un nivel
superior en sí mismo, al nivel que se llama el reino.
"Bienaventurados sean los que lloran, porque ellos tendrán
consolación."
No es fácil de asir esta idea de que uno puede recibir una ayuda
interna y consuelo por el
mero hecho de ir contra sí mismo. Pero si es que hay un nivel
superior
de donde procede la
dicha con la cual le es a uno posible comunicarse, entonces esta idea
no tiene nada de
extraordinario. "Bienaventurados los que lloran" significa que la
dicha o la felicidad puede
llegarle a la persona desde aquel nivel superior del reino siempre
que
llore, siempre que sea
pobre en espíritu. ¿Pero debe acaso suponerse que el hombre tiene que
ir por el mundo
bañado en lágrimas, llorando abiertamente o vestido de luto? Esta
idea
es absolutamente
imposible en vista de lo que Cristo enseña en el capítulo siguiente
de
Mateo, el capítulo sexto,
en el que subraya que el hombre debe hacerlo todo en secreto; hacer
su
limosna en secreto,
ayunar en secreto, y no hacer nada en razón de su amor propio a fin
de
obtener una alabanza,
un halago o un mérito a los ojos de los demás. En un sentido literal
uno llora sus muertos.
Pero percibir que uno mismo está muerto es llorar en un sentido
psicológico. Son muchas las
cosas que Cristo dice acerca de los muertos, acerca de aquellos que
están psicológicamente
muertos, muertos en lo interior, en aquella parte de sí mismos que es
la parte real, la única que
puede evolucionar hacia un nivel superior de hombre; pero porque
están
muertos no lo saben.
Por tanto, no lloran.
La tercera Bienaventuranza dice:
"Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por
heredad."
En el original, la palabra πραος, que ha sido traducida a "manso" es
realmente lo opuesto a la
palabra enojado o resentido. Quiere decir amansado, hacerse dócil, de
la misma manera como
se amansa a un animal salvaje. Heredar la tierra significa acá legar
la tierra otorgada al
hombre del reino. Está dicha en el mismo sentido que: "Honra a tu
padre y a tu madre porque
tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da". (Éxodo
xx, 12). Los judíos que
tomaban estas cosas al pie de la letra pensaban que se trataba de la
tierra de Canaán. Pero su
significado interno es del reino de los cielos. La tierra, entonces,
significaba el reino. Y el
hombre habría de ir contra todos sus resentimientos naturales, contra
su pasión, su cólera, a
fin de convertirse en un heredero.
La cuarta Bienaventuranza dice:
"Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque
ellos
serán hartos."
y se refiere a aquellos que anhelan comprender lo que es la bondad de
ser, los que aspiran al
conocimiento de la Verdad que conduce al hombre a un nivel superior.
Son aquellos que, al
sentir su nadidad, su ignorancia, al sentir que están muertos en su
ser interno, anhelan la
enseñanza de la Verdad que posee el hombre superior, aspiran seguirla
y desean saber lo que
es el Bien en el nivel del reino de los cielos. Sienten hambre de
Bien
y sed de Verdad. La
unión de estas dos cosas en el hombre le hace tener aquella armonía
interna que se llama
justicia. La quinta Bienaventuranza dice:
"Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán
misericordia."
Uno de los significados de esto es que a menos que perdonemos los
pecados de otros no
podemos esperar misericordia alguna para nosotros mismos en relación
a
nuestra propia
evolución. En cierto sentido, tener misericordia es saber y advertir
que aquello que uno
condena en los otros es algo que también lleva en si mismo; o sea, es
ver la viga en el ojo
propio: es verse a sí mismo en los otros y a los otros en uno mismo.
Es ésta una de las bases
más prácticas de la misericordia. Pero, como todo lo de los
Evangelios, además tiene otros
significados: uno de éstos es que el hombre debe saber y conocer
aquello hacia lo cual ha de
tener misericordia en sí mismo, y aquello hacia lo cual habrá de ser
inmisericorde.
La sexta Bienaventuranza dice:
"Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios."
Literalmente, ser puro de corazón significa haber purgado el corazón,
haberlo limpiado por
medio de una purga. Ante todo, se refiere a no ser un hipócrita.
Trata
acerca de la
correspondencia entre lo interno y lo externo que tiene que haber en
el hombre. Trata respecto
a un estado emocional que se puede alcanzar; en este estado se
percibe
directamente la
realidad de la existencia de Dios mediante la claridad de visión que
permite un entendimiento
emocional puro, pues nosotros no sólo entendemos con la mente. El
aspecto emocional del
hombre, cuando se halla lleno de turbaciones sobre si mismo y así
alberga sentimientos malos
acerca de quienes no le admiran; cuando está lleno de compasión hacia
sí mismo, de odio y de
venganza, etc., se halla oscurecido, está en tinieblas y no puede
cumplir su función de reflejar
el nivel superior. Cuando queda limpio, el corazón ve, o sea que
comprende la existencia de
un nivel superior, la existencia de Dios, la realidad de la enseñanza
de Cristo. Los Evangelios
tratan muy a menudo acerca de la purificación de las emociones. Y
tomemos nota de que si no
existiese un nivel superior, no habría purificación posible de las
emociones más allá de
turbaciones anímicas relativas a sí mismo.
La séptima Bienaventuranza dice:
"Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos
de Dios."
Crear la paz dentro de uno mismo es estar libre de las desarmonías
internas, de las
contradicciones y de los disturbios íntimos. Hacer la paz con los
otros es obrar siempre
partiendo del Bien que hay en nosotros mismos y no aferrarse a las
diferencias de opinión ni
discutir sobre los diferentes puntos de vista o teorías que siempre
crean desavenencias,
desacuerdos. Si la gente obrase apoyándose en el Bien y no en las
divergencias resultantes de
las teorías y de los puntos de vista, o sea de las diferentes ideas
que hay acerca de la Verdad,
todos serían pacificadores. Aquí, Cristo los llama "hijos de Dios",
porque en este caso se
piensa de Dios como del Bien mismo, en el mismo sentido exactamente
en
el que Cristo
definió a Dios cuando alguien le llamó "maestro bueno", y él
respondió: "¿Por qué me llamas
bueno? Ninguno hay bueno sino Dios" ). El odio divide a todos; el
Bien
todo
lo unifica, de tal suerte que es realmente Uno, y esto es Dios.
Siguen otras dos Bienaventuranzas que en esta breve consideración
podemos tomarlas juntas,
porque ambas se refieren a la acción más allá y por encima del amor
propio, y del
sentimiento de mérito que lleva.
"Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la
justicia,
porque de ellos es el
reino de los cielos. "Bienaventurados seréis cuando os vituperaren y
os persiguieren, y
dijeren de vosotros todo mal por mi causa, mintiendo. "Gózaos y
alegraos, porque vuestra
merced es grande en los cielos: que así persiguieron a los profetas
que fueron antes que
vosotros."
Esta misma idea se expresa en Lucas de la siguiente manera:
"Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrecieren y cuando
os
apartaren de sí, y
os denostaren y desecharen vuestro nombre como malo, por el Hijo del
Hombre. Gózaos en
aquel día y alegraos, porque he aquí vuestro galardón es grande en
los
cielos; porque así
hacían sus padres a los profetas."
y el pesar correspondiente a esto se presenta diciendo:
"¡Ay de vosotros cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros!"
Como en todas y en cada una de las Bienaventuranzas, Cristo habla en
ésta acerca del
hombre, quien tras un prolongado trabajo psicológico en sí mismo
comienza a desear algo que
está más allá de su amor propio. Habla acerca del hombre que ya no
vive centrado en su amor
propio, sino que está buscando el medio de huir de él. Y aquí es
justamente donde se
encuentra la más difícil de las barreras psicológicas. Pero aun el
poder captar un vislumbre de
ella, aun cuando no podamos pasarla, es ya de un incalculable valor.
¿Pues quién que lleve
una vida respetable y que obre al nivel de la enseñanza de Juan el
Bautista puede evitar el
sentimiento de mérito? ¿Y podrá en forma alguna regocijarse cuando
los
hombres hablen mal
de él? Un hombre bueno, bueno en la vida corriente, que es sobre lo
que habla Juan el
Bautista y desde lo cual explica todo, fácilmente puede estimar que
hace lo mejor que se
puede con sólo comportarse bien: dar la ropa que le sobra, dar de
comer a quienes no tienen
cómo proporcionárselo, no exigir más de lo que corresponde
legalmente,
no ser violento, no
hacer el mal y contentarse con su paga. ¿Pero cómo podrá escapar del
mérito final de todo
esto? Pues cualquiera que sea la causa del amor propio y por muy
buena
que sea una persona
al nivel de ese amor, que es el nivel de todos, existe un gran
problema psicológico acerca del
cual Cristo habló de innúmeras maneras y con respecto a lo cual
muchos
se sintieron
ofendidos. El amor propio, que se lo adjudica todo a uno mismo, no
puede llegar al nivel del
reino, y en las Bienaventuranzas podemos advertir lo que el hombre
tiene que llegar a ser, a
ser en sí mismo, y en un sentido completamente distinto al hombre de
amor propio, al hombre
de mérito y de virtud, antes que pueda siquiera vislumbrar el reino.
Luego viene el resumen de todo el significado de las Bienaventuranzas
en los extraños
términos de la sal, de tener sal y de que la sal pierde su sabor.
Cristo continúa de la siguiente
manera (aún está hablando a los discípulos) :
"Vosotros sois la sal de la tierra; y si la sal se desvaneciere ¿con
qué será salada? No vale
más para nada, sino para ser echada fuera y ser hollada por los
hombres." Viendo técnicamente la sal en este caso, la sal como en la
realidad, es una mezcla de dos
elementos diferentes. Representan una unión. Ya vimos en otra parte
que el conocimiento de
la Verdad, como ésta misma, lleva a uno a una meta que es su propio
Bien, y que como tal la
Verdad tiene su propio uso. Toda Verdad siempre busca su unión con el
Bien. Por sí misma la
Verdad es inútil. Y el Bien por sí mismo es también inútil... Las
Bienaventuranzas tratan
acerca de cómo alcanzar cierto estado interior de deseo que puede
conducir al hombre a esta
unión, pues todo deseo busca alguna forma de unión como la
consumación
de sí mismo. La
Verdad de la enseñanza de Cristo, o el conocimiento del Verbo de
Dios,
o la Verdad acerca de
la evolución interior del hombre, no significa absolutamente nada si
se la practica por sí
misma, sin haberse dado cuenta de la meta o sin haberla alcanzado;
esta meta es el Bien hacia
la cual conduce el conocimiento. La unión de ambas es la dicha, no la
dicha ordinaria que
conocemos nosotros y que bien prontamente puede convertirse en su
opuesto, sino es un
estado complejo y consumado en sí mismo de modo que tiene su
particular poder de creación
mediante su propia fuerza; es poder porque contiene en si mismo los
dos elementos —la
Verdad y el Bien unidos—. Esta es la fiesta de las bodas de que habla
el Evangelio, el
maridaje de dos cosas que deben ocurrir en el hombre y que
constituyen
la totalidad de su
vida interior. Esta es la transformación del agua de la Verdad en
vino
durante las bodas de
Cana de Galilea. Pues si se le ve internamente, si se le ve separado
de su aspecto exterior y de
su semblanza, el hombre es ante todo su conocimiento de la Verdad y
su
nivel del Bien.
Finalmente, en su evolución, llega a ser esta boda entre estos dos
elementos. Recién entonces
tiene, en un sentido solamente, lo que en los Evangelios se dice:
"Vida en sí mismo", por
cuanto por esta unión recibe su poder desde un nivel superior. Quizá
sea dable comprender
que un hombre puede practicar el lado de la Verdad sin contar con el
deseo de que le
conduzca a ninguna parte que no sea la autoestimación. Entonces puede
decirse que carece del
deseo de que la Verdad que sigue y practica le lleve a la meta que le
espera y que es el Bien.
No tiene el deseo de consumar esta unión, no anhela este misterio
interior de la conjugación.
No quiere que aquello que sabe se transforme en aquello que es y que,
finalmente, se una a su
propia meta al hallar en si mismo el Bien que le pertenece. Entonces
es cuando no tiene sal.
Está obrando sin el deseo adecuado. Está quitándole el sabor a la
sal,
haciéndola inútil. Y al
carecer de una verdadera comprensión de lo que está haciendo
confundirá fácilmente aquella
enseñanza que conoce con su vida ordinaria y con todas sus reacciones
de tal modo de vivir.
Sin ver hacia dónde conduce la Verdad, o cuál es su meta, la tomará a
su propio nivel, la
tomará como una finalidad en sí misma y aun hará que ella sea una
nueva fuente de donde
broten otros disgustos, rivalidades, celos y superioridad sobre los
demás, y aun crueldad.
Estará ciego con respecto al Bien de la enseñanza que ha recibido y
que es su verdadera
finalidad. Esta es la razón por la cual Cristo dijo, en otro lugar,
después que sus discípulos
estuvieron riñendo entre ellos acerca de cuál era el más grande:
"Buena es la sal; mas si la sal fuere desabrida ¿con qué la
adobaréis?
Tened en vosotros
mismos sal, y tened paz los unos con los otros." (Mat. IX, 50.)
Llevados por su amor propio, los discípulos estaban riñendo entre sí;
habían olvidado sus
propósitos. Y es justamente porque las gentes olvidan el motivo por
el
cual estudian la Verdad
y no quieren ser realmente diferentes y darse cuenta de otra clase de
Bien, que lo mezclan y lo
revuelven todo, tanto lo viejo como lo nuevo. Por esta razón. Cristo
dice: "Buscad primero el
reino de Dios y su justicia, y todo lo demás os será dado por
añadidura".
Para llegar a una comprensión exacta de lo dicho por Jesucristo exige
de nuestra parte una buena calidad de atención y profunda meditación,
las bienaventuranzas son un maravilloso tema, pues han influenciado
a
la humanidad por dos milenios. Las enseñanzas de Cristo han
provocado reacciones poderosas en el acontecer esotérico de la
masonería, pero también, por otro lado han influenciado en el
desarrollo profano, deformando las ideas expuestas por Cristo con
meros fanatismos, o reacciones meramente pasionales y por parte del
clero religioso, una explotación sistemática atroz de los fieles de
las diversas religiones. Existe para los que siguen realmente las
enseñanzas de Cristo, una enseñanza reservada para algunas personas,
es una enseñanza que los profanos no pueden capta. Solamente los
humanos de cierto grado de evolución son capaces de entenderla. El
profano ( el no masón ) es presa de las falsas ideas religiosas,
hipnotizados o inmersos en la literalidad de las enseñanzas se
confunde, no son capaces de entender ninguna de las enseñanzas
brindadas ni por Cristo ni por la masonería.
☻Detrás de lo literal expuesto en las enseñanzas cristianas o
masónicas existe algo más profundo, imposible de ver por la humanidad
atrapada en la vida profana. Se trata únicamente de comprensión
esotérica, no literal. Es necesario que se tenga claro el significado
de la palabra esotérico, significa algo secreto, interno, reservado y
oculto, para quienes, para los profanos claro esta. Esotérico no es
lo
que muchas personas creen al relacionar este concepto con
charlatanes,
timadores, lectores del aura, lectores de cartas, brujerías, magias
etc.
╝La palabra esotérico denota algo serio, y veraz.
♥La masonería proviene del circulo de la humanidad pensante, es
decir,
de aquellas personas que han provocado su propio desarrollo a partir
de aplicar el conocimiento secreto de la masonería, y así han
alcanzado un nivel de comprensión, sobre el hombre y el acontecer
mundial.
☻La masonería es una situación de percepción superior de la
existencia, ocurre de forma razonada, quienes han desarrollado su
conciencia y logran contactar con algo superior dentro de sí, lugar
interior donde se encuentra vibrante el Gran Arquitecto del
Universo
http://groups.msn.com/SECRETOMASONICO/_whatsnew.msnw