En el mudo seno de este olvidadizo globo
Aunque como desconocidos parecemos encontrarnos,
Nuestras vidas no son ajenas ni como extraños nos juntamos,
Movidos uno hacia otro por una fuerza sin causa.
El alma puede reconocer a su alma que responde
A través del Tiempo que separa y, en los caminos de la vida
Absorta viajera arrebujada, al volverse recobra
Familiares esplendores en una cara desconocida
Y tocada por el dedo advertidor del súbito amor
Se estremece de nuevo con un gozo inmortal
Revestida de un mortal cuerpo para el deleite.
Hay un Poder interior que conoce más allá de
Nuestros conocimientos; somos más grandes que nuestros pensamientos,
Y en ocasiones la tierra desvela aquí esa visión.
Vivir, amar son signos de cosas infinitas,
El Amor es una gloria de las esferas de la eternidad.
Rebajado, desfigurado, suplantado por poderes más bajos
Que roban su nombre y su forma y su éxtasis,
Es aún la divinidad por la que todo puede cambiar.
Un misterio despierta en nuestra materia inconsciente,
Una felicidad ha nacido que puede rehacer nuestra vida.
El amor mora en nosotros como una flor sin abrir
Esperando un rápido momento del alma,
O vagabundea en su sueño encantado en medio de pensamientos y de
cosas;
El niño-dios juega, se busca a sí mismo
En muchos corazones y mentes y formas vivientes:
Aguarda por un signo que pueda conocer
Y, cuando llega, despierta ciegamente a una voz,
A una mirada, a un toque, a la expresión de una cara.
Libro Cinco: El Libro del Amor
Canto II: Satyavan
página 397.17