No se puede explicar humanamente hablando, cómo con todo esto (y
téngase en cuenta que lo mencionado es apenas un grano de arena y no
lo más triste, porque suceden todavía cosas más aberrantes aunque no
se pueda creer)... no se entiende como hay personas tan fanatizada
por la democracia que avala la desviación de las riquezas del
capitalismo al armamentismo y al desarrollo de tecnología nuclear de
punta para la guerra, y destinada al malgasto en un colosal aparato
militar de inconmensurable proporciones, infinitamente multimillonario
(en euros digamos, claro, porque los dólares se desmoronan, a menos
que se inicie la guerra contra Irán), con el único propósito de
asegurar la multiplicación de capitales, y más y más capitales ¿...?
sólo para iniciar otra vez la producción de armas, sí, otra vez, sin
reconocer que la caída del billete será al final igualmente
inexorable, con o sin armas. Y todo esto para una mera postergación
del colapso inevitable de estas políticas infames.
La humanidad que sigue este camino, por supuesto que ya se orientó
hacia la autodestrucción. Pues, ¿nadie repara en el enorme arsenal
nuclear acumulado en todo el mundo? ¡Vamos, Ludwig Von Mises!
¡piense!, ¿qué haremos cuando uno de estos almacenes nucleares
detonen? ya sea por fatalidad o por la mano voluntaria del hombre...
¿qué haremos con todas las inmejorables estadísticas resultantes de la
libre economía? Las ojivas nucleares se encuentran almacenadas por
todo el mundo en los cuarteles de muchos gobiernos, en la cantidad
suficiente como para destruir la tierra completamente más de veinte
veces.
Hoy en día hay retenciones, impuestos a las ganancias, porcentajes de
coparticipación y otros artilugios más para extraerles unas monedas a
los enriquecidos, y aun así, esta táctica no ha sido suficiente.
Elevar demasiado estos impuestos conduce a una guerra civil e incluso
una guerra entre estados, reducirlos implica el martirio del pueblo de
las clases obreras, y liberar la economía conforme al laissez-faire de
Von Mises es en definitiva, la inexorable extinción de la clase pobre
de modo directo, sin tantas vueltas, y una extinción no porque los
pobres avancen quizás a una clase media mejor (como se suele decir en
el neoliberalismo), sino por abandono a la muerte a causa de la
dejadez política. Y no es que el concepto neoliberal esté equivocado,
de hecho es muy altruista en casi todos sus conceptos, pero en su base
no está reconociendo la real naturaleza humana, que para que haga
honor a la inteligencia, antes debe ser reeducada en los valores
humanistas del amor al prójimo y respeto por la naturaleza.
En el
http://www de Wikipedia, se describe la praxeología como la
ciencia que define al hombre de acción como un ser capaz de pensar
lógicamente pero que al menos debe padecer una contrariedad para poder
reaccionar conforme a esa lógica innata que posee. ¡¿Pero de que
lógica nos habla?!, me pregunto, ¿será la lógica del ser humano que
considera un obstáculo el color de piel, la raza, los credos, las
clases sociales y hasta las castas? por lo que sí se moviliza y
organiza en función de eso para aniquilar todo lo contrario a sus
propias creencias. Bueno, al menos hasta el presente la definición de
la praxeología se ha aplicado perfectamente en este sentido. Sin
embargo, Von Mises la reinventa diciendo: “Las personas reaccionan
conforme a sus necesidades e intentarán alcanzar aquello que
consideren más vital en sus circunstancias particulares, progresando
en sus adquisiciones desde las más prioritarias hasta las más
superfluas, y por cada uno de los logros alcanzados irá perdiendo más
valor por las posesiones, hasta llegar al punto de no precisar más,
conforme al principio de la «utilidad marginal decreciente».”
Es excelente esta definición, si no fuera porque la ambición humana no
tiene límite, claro que dicha tendencia desenfrenada no se salva en su
posesividad y apego desesperado al materialismo, del vacío e
insatisfacción alcanzada sobre todo en el cenit de la opulencia, según
bien lo señala Von Mises.
Desde ya que tampoco hace falta llegar a la cima de la riqueza para
conocer esta desazón y experimentar la falta de estímulo para
aventurarse a nuevos horizontes, ya sean artísticos o espirituales,
digo, no religiosos ni de algún otro tipo de materialismo, por lo cual
se cae en esa inercia interior o insatisfacción mundana después de
haber alcanzado una mini riqueza, una pequeña empresa, la casa, el
campo de veraneo, los dos automóviles, una buena entrada económica,
una futura regia pensión, y por haber formado una familia tipo y
contar con un grupo de amigos, para entonces menoscabar el esfuerzo
por una vida más viva, intensamente vivida, y ya no necesitar soñar
con un movimiento de hermandad solidaria por las generaciones
presentes y por las que vendrán; y por supuesto, que esta negación no
es a causa de haber calificado a una acción semejante de utópica, sino
debido al mismo espíritu mediocrizado por el nivel de riqueza
alcanzado.
Muchos habitantes de las ciudades del primer mundo ya comienzan a
padecer el letargo de una vida adormecida y monótonamente sumergida en
el regazo del capital logrado y los bienes poseídos, honestamente
alcanzados, claro que sí, no digo lo contrario, pero que ya afecta a
millones de jóvenes del primer mundo.
Desde ya que en esto doy toda la razón a Von Mises respecto al
accionar movilizador de las personas cuando hay un obstáculo, sólo que
los de abajo, los excluidos e indigentes nunca tendrán esta opción y
jamás podrán salir de sus miserias (con algunas excepciones) por más
obstáculos que encuentren en su intento, hagan lo que hagan, se
esfuercen hasta la muerte. Porque el sistema, tal como está, se los
prohíbe, indirecta o concretamente, pues siguen siendo esta gente
materia prima necesaria de explotación como mano de obra barata o
regalada, discriminadas por su condición, bastardeadas por la política
por ser víctimas de los residuos del capitalismo democrático que, a su
vez, quieren desconocer, desmentir y ocultar.
Nadie quiere hacerse cargo de ellos, ni las economías liberales, ni
las reguladas por el estado, nadie. Pero irónicamente, al mismo
tiempo los necesitan para explotarlos como mano de obra barata y así
poder reducir los gastos y aumentar los ingresos.
Hasta ahora sólo parece que únicamente a los socialistas y comunistas
les interesa esta gente. Es que el capitalismo yerra en su tremendo
egoísmo y en su desequilibrio posesivo por los bienes de la tierra, de
la tierra digo, no de los seres humanos que igualitariamente tienen
derecho ya que son productos de la Existencia ofrecidos para todos sin
distinción.
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