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(IVÁN): LOS TRES ALTOS SACRIFICIOS DE TODO ISRAEL, PARA NUESTRO PADRE CELESTIAL:
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IVAN VALAREZO  
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Newsgroups: netscape.public.mozilla.dom
From: IVAN VALAREZO <valare...@hotmail.com>
Date: Sun, 26 Jul 2009 12:28:02 -0500
Local: Sun, Jul 26 2009 1:28 pm
Subject: (IVÁN): LOS TRES ALTOS SACRIFICIOS DE TODO ISRAEL, PARA NUESTRO PADRE CELESTIAL:

Sábado, 25 de julio, año 2009 de Nuestro Salvador Jesucristo,
Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica

(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)

(Nuestras condolencias y oraciones son para la familia y
amistades del asambleísta fallecido recientemente de Julio
Logroño, en el hospital, después de una operación sin éxito.
Le damos, pues, gracias a nuestro Padre celestial, en el
nombre glorioso de su Hijo Jesucristo, por su vida y por su
servicio a la nación que lo vio nacer y crecer
triunfantemente cada día. También le damos gracias a nuestro
Padre celestial, en el nombre santo de su Hijo Jesucristo,
por haberlo recibido en su lugar eterno, en donde salió de su
corazón santo para ser formado en su manos gloriosas en su
imagen y conforme a su semejanza celestial, para comer y
beber por siempre del fruto del árbol de la vida del paraíso.

Así también recordamos a los bomberos españoles fallecidos
cumpliendo su deber al intentar sofocar fuegos forestales, en
ciertas regiones de España. Nuestras oraciones, y mejores
deseos de amor y respeto, son para sus familiares, amistades
y el departamento de bomberos de toda España. Ellos
regresaron al seno de nuestro Padre celestial, porque para
esto nuestro Padre celestial los creó en el principio, en el
reino de los cielos, para que vivan para siempre con él en la
nueva eternidad celestial. Hoy, ellos gozan del fruto del
árbol de la vida, nuestro Señor Jesucristo, a cada momento en
el paraíso, para jamás volver a tener hambre ni sed de paz,
amor, gozo y la felicidad de ser libres en la eternidad, para
servicio y para honra infinita de nuestro Padre celestial y
de su Espíritu Santo.

Oremos también por las líneas áreas de Irán, porque ya van
dos aviones que se precipitan al suelo, perdiendo así muchas
vidas preciosas en estas dos semanas pasadas. Esta vez
dieciocho fallecieron. En la presencia santa del SEÑOR se
encuentran hoy en día, gracias a nuestro Señor Jesucristo y a
su gran obra salvadora de su sangre santísima, derramada por
ellos y por sus familiares con mucho amor, verdad y justicia
celestial. En verdad, ésta es la sangre del pacto eterno de
Abraham, Isaac para con Jacob y nuestro Padre celestial, la
cual derramó asombrosamente en su día, sobre los árboles
cruzados de Adán y Eva, sobre el monte santo de Jerusalén, en
Israel, para fin de sus pecados y el comienzo de una vida sin
fin. Y esto es de una vida sumamente gloriosa y santísima,
libre de Satanás y de sus mentiras, pero, a la vez, llena de
amor, verdad, justicia del Espíritu Santo de Los Diez
Mandamientos, obedecidos y glorificados en nuestro Señor
Jesucristo, para cada uno de ellos en la tierra y en el
paraíso y en su nueva eternidad celestial.

Paz en sus tumbas, y el consuelo celestial del Espíritu Santo
para sus familiares y amistades, por medio del amor antiguo
de nuestro Padre celestial y la gracia infinita de su Hijo
Jesucristo.)

(Felices Fiestas a todo Guayaquil. Éste libro es para ti,
para que se gocen cada día nuestras familias eternas, leyendo
de las verdades infinitas de nuestro Padre celestial y de su
Hijo Jesucristo, para ser por siempre llenos de su Espíritu
Santo de sus mandamientos, grandemente obedecidos y
glorificados en la sangre bendita del pacto eterno de paz,
amor, verdad y de justicia sin igual. Felices Fiestas
Guayaquileñas a todos.)

LOS TRES ALTOS SACRIFICIOS DE TODO ISRAEL, PARA NUESTRO PADRE
CELESTIAL:

Moisés y Aarón se acercaron al Faraón egipcio y le revelaron,
asegurándole: nuestro Padre celestial nos ha hablado, el Dios
de los hebreos está con nosotros, y quiere que vayamos por
tres días de camino, por el desierto a ofrecerle a Él
"sacrificios", no sea que nos castigue por pecar con pestes y
con espadas, si no lo hacemos así. Nuestro Padre celestial es
todopoderoso, y "tiene que ser honrado con sus sacrificios
santos y eternos", para satisfacer grandemente su voluntad
santa y eterna en todos nosotros, en la tierra y en la
eternidad.

Por ello, nosotros no podemos quedarnos en la tierra de Gosén
ni por un día más, porque el tiempo del cumplimiento de la
palabra de nuestro Padre celestial hacia nuestros antepasados
ha llegado a su día y a su hora: por eso tenemos que salir a
ofrecerle sacrificios de sangre expiatoria a Él y a su nombre
muy santo. Además, nuestro Padre celestial es un Dios
santísimo y "sólo puede ser complacido con sus sacrificios de
sangre escogida por él mismo" y sobre su altar eterno, en la
misma tierra que él ha destinado para nosotros servirle a él
grandemente y "sólo en su gran obra misteriosa" y eterna; de
otra manera, no se le puede servir a él jamás.

Porque para nuestro Padre celestial "sin el derramamiento de
sangre no hay remisión de pecados posible", en la tierra ni
menos en el más allá, eternamente y para siempre. Y "la
sangre qué nuestro Padre celestial busca cada día entre todos
nosotros", no se encuentra entre tu gente egipcia ni entre
ninguna nación más de toda la tierra, sino solamente en los
descendientes de nuestro Padre Abraham y su hijo Isaac, para
perdón y bendiciones sin fin de Israel y de las naciones -le
aseguraba Moisés al Faraón egipcio-.

Pues, "ésta es la misma sangre que nuestro Padre celestial le
pedía a Abraham en su hijo Isaac, su único hijo", por el cual
había esperado muchos años para que llegara a él, y el cual
tuvo que llevar al Moriah para sacrificarlo al SEÑOR, sobre
su holocausto profético y eterno del fin del pecado y el
comienzo de la vida eterna. Pues, en este día, en vez de
sacrificar a su hijo Isaac, se encontró con un becerro
trabado con las ramas, de los árboles sin vida de Adán y Eva
sobre el Moriah, para derramar su sangre y cubrir su pecado
original del paraíso y así dejarlos infinitamente limpios y
listos, para recibir posteriormente el verdadero sacrificio
eterno del paraíso.

En aquel sacrificio, Abraham sacrificó el becerro trabado en
las ramas de los árboles secos de Adán y Eva y lo quemó con
sus mismos palos y ramas sobre todo lo alto del Moriah, para
abrirle así paso a la llegada del Hijo de Dios al mundo, el
Hijo de David, ¡el Cristo! Y los dos jóvenes, que acompañaban
a Abraham y a Isaac su hijo, miraban desde lejos el fuego y
el humo, como testigos fieles y verdaderos de lo que estaba
haciendo Abraham sobre todo lo alto del Moriah, así como
Jesucristo tendría sus dos testigos con él en su Holocausto
eterno, para fin del pecado del paraíso de Adán y Eva.

Y es, precisamente, ésta misma sangre libertadora, por la
cual nuestro Padre celestial está entre nosotros, hoy en día,
buscándola para llevarla a la tierra prometida, prometida
inicialmente a los padres de los hebreos, camino a tres días
en el desierto, para derramarla sobre toda ella y sus
habitantes y así llenarlo todo de bendición y de salud sin
fin, infinitamente. Además, ésta sangre santa del Dios de los
hebreos tiene que salir con ellos de Egipto con toda su gente
y sus animales, para ofrendarla sobre todo lo alto del monte
santo del SEÑOR, en la misma tierra escogida por él mismo,
desde la fundación del cielo y la tierra, para llevar acabo
ésta gran obra inmortal para bien de todos.

Porque si la sangre del sacrificio eterno estuviera entre las
familias egipcias o de cualquier otra nación que no sea
Israel, entonces ya hace mucho tiempo que hubiésemos
sacrificado su cordero escogido por él mismo, para que sea
derramada su sangre para remisión de pecados y salvación de
todo hombre, mujer, niño y niña de Israel y de la humanidad
entera. Pero ésta sangre muy santa sólo se encuentra entre
los hebreos, los hijos de Abraham, de Isaac y de Jacob, por
lo tanto, tenemos que salir de nuestra vida egipcia para ir
camino a tres días por el desierto a una tierra gloriosa y
derramarla allí, de una vez por todas y para siempre, sobre
el altar santo del SEÑOR.

Y, además, éste es un lugar muy glorioso, escogido
primordialmente por nuestro Padre celestial y por su Espíritu
Santo, para llevar a cabo el sacrificio eterno de Israel y de
la humanidad entera, para cumplir con toda justicia y así por
fin alcanzar una vida eterna para todos, jamás vivida en el
cielo ni menos en toda la tierra. Pero entonces, el Faraón
egipcio no creyó a las palabras de Moisés, porque nuestro
Padre celestial había decidido "endurecer su corazón para con
los hebreos y para con su sacrificio eterno de sangre santa y
de infinita reparación" para el corazón, el alma, la mente,
el cuerpo y el espíritu humano de cada hombre de la humanidad
entera.

Y nuestro Padre celestial lo hizo así con todo Egipto no sólo
porque quería manifestar los milagros, maravillas y prodigios
increíbles de su nombre santo en la tierra y el cielo, sino
también para castigarlos por los muchos pecados que habían
cometido en contra de su ungido, Jesucristo, quien había
vivido entre los hebreos por algunos siglos como su sumo
sacerdote. Es decir, que nadie que agravie a su Hijo amado,
nuestro Señor Jesucristo, y su sangre santísima para perdón
de todo pecado y para bendición eterna del corazón, alma,
cuerpo, vida y espíritu humano de todo hombre, mujer, niño y
niña de Israel y de la humanidad entera, nuestro Padre
celestial no lo puede dejar sin castigo nunca.

Porque todo aquel que maltrata a su Hijo amado, entonces no
solamente está maltratando su vida santísima sino también su
sangre y la resurrección gloriosa y sumamente honrada de
todos los demás: por eso, nuestro Padre celestial tenia que
sacar la sangre de su Hijo Jesucristo de Egipto, para que no
empeoraran las cosas para los egipcios ni para nadie más. En
otras palabras, nuestro Padre celestial decidió sacar a su
Hijo amado de Egipto, porque tuvo gran misericordia de los
egipcios y así no murieran para siempre en sus pecados, los
cuales estaban cometiendo injustamente en contra de la sangre
bendita del Holocausto eterno de todo Israel y de las
naciones de la humanidad entera, de todos los tiempos.

Y éste abuso cruel en contra de su Hijo Jesucristo, nuestro
Padre celestial no se lo iba a tolerar ni por un sólo momento
más a Satanás ni a ninguno de sus seguidores malvados,
haciendo de las suyas como siempre, en todo Egipto y en
contra de Israel y de sus promesas santas de vida y felicidad
infinita para todos. Ciertamente que nuestro Padre celestial
no quiso jamás que Egipto muriese, por pecar en contra de la
vida sagrada y del Holocausto eterno de su Hijo Jesucristo,
por eso libera a Israel de sus tierras y con la misma sangre
santa y todopoderosa de su Cordero eterno, nuestro Salvador
Jesucristo, para que siga viviendo al lado de su nación
eterna, Israel.

Es decir, que como iban las cosas en Egipto y la muerte
constante de los varones hebreos cada vez que salían del
vientre de sus madres, entonces nuestro Padre celestial
perfectamente podía maldecir a todo Egipto y dejarlo sin vida
y sin salvación para siempre; pero la misericordia que
nuestro Padre celestial sentía por todo Israel también se
manifestó para ellos grandemente. Y toda la gloria de Egipto
se vino abajo precipitadamente, no porque nuestro Padre
celestial los haya maldecido, de una manera u otra, sino fue
porque Israel salió de ellos con su Holocausto de sangre
milagrosa y salvadora de su Hijo Jesucristo, para entrar a la
tierra prometida, y así jamás volver a su vida antigua del
pasado egipcio.

En otras palabras, todo Egipto se volvió grande, la mayor y
poderosa de todas las naciones de la tierra, fue, realmente,
porque la sangre bendita, salvadora y resucitadora de cada
hombre, mujer, niño y niña de la humanidad vivía entre ellos,
gracias a los hebreos y a su hermano antiguo, Jesucristo, el
Holocausto salvador y la resurrección perfecta para vida
eterna. Pero cuando nuestro Padre celestial sacó a los
hebreos de su cautividad egipcia, entonces las muchas
bendiciones y salvación sobrenatural para una resurrección
perfecta del espíritu humano de la humanidad entera se fue
con ellos a vivir y servirle al SEÑOR, alrededor de su
Holocausto y resurrección sobrenatural de todos, por eso,
Egipto se debilito y perdió su supremacía entre las naciones.

Después de nuestro Señor Jesucristo haber cumplido con el
Plan salvador de nuestro Padre celestial para con todo
Israel, entonces lo mismo le sucedió a Israel: porque nuestro
Señor Jesucristo así como vino se fue, sin que los lideres
hebreos lo recibiesen, a no ser un remanente que se salvó
para resucitar con Jesucristo en el día de la resurrección.
Cuando nuestro Señor Jesucristo abandonó Israel para regresar
al Padre celestial con todas las victorias sobrenaturales, en
contra de Satanás y de sus mentiras malvadas, entonces todo
Israel dejó de ser nación, asimismo como Egipto en el
principio de todo; pero ahora Israel ha vuelto a ser nación,
gracias a los verdaderos creyentes y porque Jesucristo
regresa a su tierra nuevamente.

Es decir, también que si los creyentes no existieran en toda
la tierra, ni Jesucristo se estuviera acercando cada vez más
a Israel como en los días de la antigüedad, por ejemplo,
entonces Israel no sólo no hubiese vuelto a ser nación jamás,
sino que ninguna de sus tribus existiría en nuestros días en
toda la tierra, de modo definitivo. Porque la verdad es que
sólo por la sangre bendita de su Cordero escogido es que
nuestro Padre celestial puede tener comunión y armonía
eterna, para bendición y salvación, para con cada hombre,
mujer, niño y niña de la humanidad entera, empezando con las
familias de todo Israel, por ejemplo.

Por deducción, sin el derramamiento de sangre santa y
salvadora de su árbol de la vida eterna, el Hijo de David,
nuestro Señor Jesucristo, entonces no hay comunión ni armonía
alguna para con los hombres de toda la tierra, y así también
en el paraíso y en todo su reino angelical para siempre.
Entonces nuestro Padre celestial necesitaba sacar a Israel de
Egipto, para que vaya ya a levantar sus sacrificios delante
de su presencia santa tres días de camino por el desierto y
hasta situarse en su nueva tierra prometida a sus
antepasados, la cual fluye leche y miel cada día del cuerpo y
de la sangre bendita del Holocausto de grato olor.

Por ello, nuestro Señor Jesucristo estaba siempre con todas
las familias hebreas durante su cautiverio de más de
cuatrocientos años, en su calidad de intercesor, como  sumo
sacerdote, Cordero santo y escogido por Dios mismo, para que
sea su sangre milagrosa la que no solamente los liberé de su
cautiverio egipcio, sino que también los llevé a su hogar
eterno. Porque sólo nuestro Señor Jesucristo sabía de la
tierra prometida, en donde iba a nacer como un varón de Dios
del vientre virgen de la hija de David, para darle a Israel y
a la humanidad entera esa vida santísima del cielo con sus
huesos inquebrantables, carne santa y sangre milagrosa de
perdón, salvación, salud y de bendiciones sin fin.

Pero nuestro Señor Jesucristo, aunque vivía con todos los
hebreos a través de los siglos, no sabía el día ni la hora en
cuando nuestro Padre celestial le iba a permitir a él sacar a
Israel de su cautiverio egipcio, para introducirlo en el
desierto y darles la tierra prometida, prometida inicialmente
a sus padres. En verdad, ni aun el Espíritu Santo de Los Diez
Mandamientos y sus ángeles fieles sabían del día y la hora en
cuando nuestro Padre celestial le iba a permitir a su Hijo
Jesucristo que subiese con su sangre santa sobre todo lo alto
del Sinaí, para ser visto por Moisés y así empezar la
liberación de todo Israel.

Pero cuando llegó el día y la hora, entonces nuestro Padre
celestial le responde grandemente a las oraciones de su Hijo
Jesucristo para liberar a Israel, y sin más esperar nuestro
Señor Jesucristo subió al Sinaí, para ser visto por Moisés y
así enviarlo con su mensaje de salvación a todo Israel y al
Faraón egipcio al mismo tiempo. Aquí, nuestro Padre celestial
empieza a liberar no sólo a Israel de su cautiverio sino
también a todo Egipto, para que no entrase en pecados mayores
no solamente en contra del Holocausto eterno y de sangre
bendita, sino también en contra del Espíritu Santo de Los
Diez Mandamientos, los cuales harían grandes cosas en el
tercer día por la humanidad entera.

Y como el Faraón egipcio se negaba a dejarlos ir libres de la
tierra de Gosén, para salir al desierto y entrar finalmente a
su tierra cananea, Israel conocido de siempre, entonces
nuestro Señor Jesucristo con su nombre muy santo y milagroso
comenzó a hacer maravillas y milagros increíbles, delante de
todos ellos. Aquí, nuestro Señor Jesucristo, con el permiso
de nuestro Padre celestial, comenzó a hacer grandes obras
delante de los hebreos y de los egipcios, para que
entendiesen por fin de que todo éste asunto era de parte de
Dios y no del hombre, para que salga Israel de su cautiverio
y tomado de la mano del Rey Mesías hacia la tierra eterna.

Además, como el Faraón egipcio no quería aceptar la palabra
de nuestro Padre celestial, por medio de Moisés y de Aarón,
por ejemplo, entonces soberanamente nuestro Padre celestial
se encontró obligado a dejar suelto al ángel de la muerte,
para que les dé muerte a cada uno de sus primogénitos. Y esto
seria de darles muerte inmediata no sólo a los primogénitos
de los incrédulos egipcios, sino también de los que no
creyesen a su palabra, y esto incluía a los hebreos que
dudaban a Moisés y a su mensaje de liberación, departe de
nuestro Padre celestial y de su Jesucristo sobre todo lo alto
del Sinaí, por ejemplo.

Y como el Faraón egipcio no creía a la palabra del Señor
Jesucristo ni a las señales y milagros increíbles de su
nombre santo, de la mano y de la boca de Moisés, entonces
nuestro Padre celestial permitió inmediatamente al ángel de
la muerte que matase a los primogénitos de Egipto y hasta de
las primicias de sus animales también. En aquella noche el
ángel de la muerte mató a tantos egipcios y de las primicias
de sus animales también, que los egipcios se levantaron a
llorar a sus muertos, sin que hubiese nadie que los consolase
de su gran dolor, en el cielo ni menos en toda la tierra.

Mientras en Gosén, los hebreos habían obedecido fielmente al
llamado de su sumo sacerdote, nuestro Señor Jesucristo, ha
salpicar con su sangre santa los linteles de todas las
puertas de sus hogares, para que el ángel de la muerte cuando
viera su sangre redentora, entonces no les hiciera ningún mal
a ninguno de ellos ni aun a sus animales. La sangre del
Cordero escogido por nuestro Padre celestial, desde la
fundación del cielo y la tierra, había hecho su gran obra del
Holocausto eterno sobre todos los primogénitos hebreos y
hasta de sus animales también, para que ninguno de ellos
muriese en aquella noche de juicio divino, sino que saliesen
bien librados hacia la tierra prometida a sus antepasados
inicialmente.

En este día, los hebreos y así también los egipcios vieron el
poder sobrenatural de la sangre santísima del Cordero de Dios
que quita el pecado del mundo entero, y sólo cuando se lo
obedece/invoca para perdón, salud y salvación infinita del
alma viviente del hombre, de la mujer, del niño y de la niña
de toda la tierra. En este día, todos vieron como la sangre
santísima de nuestro Señor Jesucristo, la misma sangre
gloriosa que le fue ofrecida a Adán y Eva en el paraíso y la
que posteriormente se derramaría sobre el monte santo de
Jerusalén, en Israel, había librado de la muerte a todos los
hebreos e incluyendo a sus animales también.

En esta noche, la misma sangre entregada inicialmente a
Abraham, Isaac y a Jacob que había vivido entre los hebreos
por algunos siglos, entonces se manifestó con grandes
milagros, maravillas y de salvación para todo Israel, para
que el Faraón los dejara ir libres por fin a la tierra del
Holocausto de sangre y de salvación eterna del Gran Rey
Mesías. Después de tantos milagros y grandes maravillas
manifestadas en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, para
gloria y honra de nuestro Padre celestial, entonces el Faraón
egipcio no tuvo más que hacer sino contar sus muertos y, al
fin, dejar ir a Israel por el camino que ya nuestro Padre
celestial había trazado divinamente, camino directo a la
tierra prometida.

En donde, finalmente, todo Israel levantaría los sacrificios
sangrientos de nuestro Padre celestial, por los cuales la
tierra y así también Adán, Eva, Abraham, Isaac, Jacob y
millares más habían esperado por siglos, para que se lleve
acabo en su día y en su hora, cumpliendo así con toda verdad
y justicia delante de nuestro Padre celestial y de sus
ángeles. Pues, en este día el pecado habrá llegado a su fin
eterno, para abrir las nuevas puertas de la nueva vida eterna
de La Nueva Jerusalén santa y gloriosa del cielo, en donde
nuestro Padre celestial podría vivir felizmente con cada
hombre, mujer, niño y niña sin ofensa del pecado hacia el
Espíritu Santo, de Sus Diez Mandamientos glorificados

Pero antes que todo esto sucediese, los hebreos tenían que
primeramente ser bautizados en el mar Rojo, sin duda alguna,
para poder recibir la verdad y la justicia infinita del
Espíritu Santo de la vida gloriosa de su Hijo amado, el
sublime Holocausto sangriento, perdonador, sanador y
libertador, en sus corazones eternos, el Hijo de David, ¡
nuestro Salvador Jesucristo! Dado que, sin el bautismo de
agua en el mar Rojo, entonces nuestro Padre celestial no los
podía liberar de sus vidas antiguas y muertas, ni mucho menos
los podía limpiar de sus impurezas en el primer y segundo
día, para que en el tercer día darles el Espíritu Santo de
Los Diez Mandamientos escritos con su propio dedo.

En vista de que, con el Espíritu Santo de los Diez
Mandamientos es que no solamente ellos iban a conocer la
nueva vida santa del reino angelical, sino que también iban a
conocer meticulosamente la verdadera vida santísima de su
Gran Rey Mesías, por el cual habían esperados muchos años así
como sus antepasados, por ejemplo, Abraham, Isaac y Jacob.
Porque éste es el Espíritu Santo de la nueva vida eterna, sin
duda, por la cual nuestro Padre celestial los libera de
Egipto grandemente, para que entren a la tierra prometida: en
donde todos iban a vivir sus nuevas vidas, pero saturadas
enormemente por la santidad, pureza, perfección de la carne
santa y de la sangre bendita y salvadora de Jesucristo.

Entonces los hebreos no solamente tomaron de las manos de
Moisés las dos tablas de Los Diez Mandamientos en su día,
sino que también recibieron departe de nuestro Padre
celestial levantarle los sacrificios delante de su presencia
santa sobre el monte santo de Jerusalén, para fin del pecado
y el comienzo de la flamante vida resucitada en el tercer
día. Pero lo que no sabían los hebreos era que no podían ya
más levantarle los sacrificios escogidos de nuestro Padre
celestial sobre el monte santo de Jerusalén, sino que sus
hijos lo harían en su día, porque habían pecado grandemente
delante de su presencia santísima al doblar sus rodillas y
darle de su gloria a un becerro fundido en oro.

A todos los hebreos que salieron de la cautividad egipcia, y
que habían visto las maravillas y milagros increíbles del
nombre santo de su Hijo amado, nuestro Padre celestial no los
quería volver a ver más delante de su presencia santa, ni
mucho menos que entrasen en la tierra prometida con Moisés y
con sus rebeliones pasadas del Sinaí y del desierto. Y
nuestro Padre celestial no quiso terminantemente que ninguno
de ellos entrase a la tierra prometida de Israel con Moisés,
porque no solamente habían fundido un becerro en oro en las
faldas del Sinaí, cuando el Espíritu Santo de Los Diez
Mandamientos descendía a ellos, sino que estaban contaminados
terriblemente con éste mismo sacrificio abominable en sus
corazones rebeldes.

Por lo tanto, nuestro Padre celestial no quería que entrasen
en su tierra santa, y escogida por él mismo desde mucho antes
de la fundación del cielo y la tierra, porque en ella no se
ha hecho jamás ningún pecado similar a éste, delante de su
presencia gloriosa; desde entonces, nuestro Padre celestial
quiere a Israel libre de éste pecado abominable. Por eso,
ningún ídolo debía/podrá jamás entrar a la tierra de Israel,
para que la ira de nuestro Padre celestial, la cual se
manifestó peligrosamente en las faldas del Sinaí en el día
que se fundió un becerro de oro en lugar del Cordero escogido
de Dios, pues entonces no vuelva ni por un momento más a
Israel, para condenarlo.

Consecuentemente, los ídolos e imágenes del vaticano son
muerte de parte de Satanás no sólo para todo Israel, sino
también para cada una de las familias de las naciones del
mundo entero; porque si nuestro Padre celestial no perdonó a
Israel con su ídolo de oro, pues tampoco te perdonara a ti
con los ídolos del vaticano, si no te arrepientes. Además,
nuestro Padre celestial había escogido a estas tierras
eternas, para llevar a cabo exclusivamente su gran sacrificio
asombroso sobre la cima santa de Jerusalén, para fin del
pecado con el derramamiento de la sangre santísima, y la
última oración inmortal de su Hijo Jesucristo por todo
Israel, ¡el Cordero de Dios que salió de Egipto, para olvidar
el pecado de todos!

Y la última oración inolvidable que nuestro Señor Jesucristo
hizo sobre la cruz, y entre sus dos testigos personales y
eternos, antes de entregar su alma a nuestro Padre celestial,
en el momento de su muerte, fue, sin duda alguna: ¡Padre
amado! ¡Perdónalos, porque no saben lo que hacen! Y en su
último suspiro de vida israelí dijo abiertamente también: ¡
Consumado es! (Aquí se cumplió al pie de la letra las
Escrituras de los profetas y de los salmos, para fin del
pecado y para gloria y honra infinita de nuestro Padre
celestial.)

Por lo tanto, sólo el sacrificio supremo de su Hijo
Jesucristo, nuestro Padre celestial quería ver en todo Israel
y más no el recuerdo en los corazones rebeldes del sacrificio
fundido en oro de los primeros hebreos; por eso, nuestro
Padre celestial los dejó postrados alrededor de su sacrificio
fundido en oro, en los alrededores de las faldas del Sinaí.
Pero los sacrificios que nuestro Padre celestial quería ver
al fin, simplemente eran los dos criminales clavados sobre
sus árboles sin vida sobre todo lo alto del monte santo de
Jerusalén, con su Hijo Jesucristo en medio de ellos, muriendo
por todo Israel y la humanidad entera para resucitar en el
tercer día con la vida eterna de todos.

Y esto seria clásicamente nuestro Señor Jesucristo clavado a
los árboles cruzados de Adán y Eva, tal cual como debieron
ser clavados inicialmente a la vida gloriosa y sumamente
santa de nuestro Padre celestial en el paraíso, sangrando
sobrenaturalmente el Espíritu Santo de vida de Los Diez
Mandamientos, infinitamente obedecidos y glorificados en su
espíritu humano para fin de todo pecado. Y sólo con estos
altos sacrificios, de los tres hebreos clavados a sus cruces
sobre el monte santo de Jerusalén, en las afueras de
Jerusalén, en Israel, entonces nuestro Padre celestial podía
vivir infinitamente satisfecho en toda su verdad, santidad y
justicia infinita del Espíritu Santo de sus mandamientos,
para empezar entonces la vida eterna de la humanidad entera.

Además, nuestro Padre celestial hizo que dos hebreos sean
crucificados juntos con su Hijo Jesucristo sobre el monte
santo de Jerusalén, para que sean testigos fieles de todo lo
sucedido en su crucifixión santísima, en la tierra para
Israel y en el cielo para los ángeles, porque escrito está en
su Ley: Todo testimonio de dos testigos o tres es valido.
Entonces estos dos testigos que fueron crucificados juntos
con nuestro Señor Jesucristo sobre el monte santo de
Jerusalén, verdaderamente vieron paso a paso todo lo que le
sucedió injustamente a nuestro Señor Jesucristo, en las manos
crueles de sus verdugos en la tierra con los pecadores y en
el corazón de la tierra con el ángel de la muerte.

Pues estos dos testigos son los testigos fieles delante de
nuestro Padre celestial y de Israel junto con la humanidad
entera, de que en el día que nuestro Señor Jesucristo fue
crucificado por los pecadores, entonces en el tercer día no
solamente lo vieron vencer la muerte, sino que lo vieron
resucitar junto con ellos mismos, para entrar al paraíso
victorioso. Por lo tanto, estos son los tres sacrificios
escogidos delante de la presencia santa de nuestro Padre
celestial y del Espíritu Santo de sus mandamientos con su
Hijo amado clavado y sangrando sobre los árboles sin vida de
Adán y Eva junto con sus dos hermanos hebreos flanqueándolo,
por los cuales nuestro Padre celestial saca a Israel de
Egipto para consumarlo.

Es decir, que para estos tres sacrificios nuestro Padre
celestial liberó a los hebreos antiguos con la misma sangre
santísima de su Jesucristo, como su sumo sacerdote, su
Cordero escogido y Mesías Salvador de sus almas vivientes,
para que al fin sea crucificado entre los dos criminales,
para levantarse victoriosamente en el tercer día con una
nueva vida infinita para todos. Porque mayor sacrificio de
estos y de sangre humana pecadora junta con la sangre
santísima de su Hijo Jesucristo, sobre los cuerpos sin sangre
y sin vida de Adán y Eva, entonces no hay mayores en el cielo
ni en la tierra, no sólo para fin del pecado sino para el
comienzo de la vida gloriosa de La Nueva Jerusalén celestial.

Por lo tanto, sólo por éste sacrificio santo y glorioso y
entre sus dos semejantes hebreos suspendidos con clavos, como
Él mismo, y en medio de ellos, entregándoles su sangre
santísima, para fin de sus pecados y el comienzo de una nueva
vida eterna no sólo para todo Israel sino también para las
naciones del mundo entero, sin duda alguna. Por esta razón,
el Espíritu Santo del evangelio eterno del amor antiguo y
santísimo de nuestro Padre celestial y de su Hijo Jesucristo,
no solo empezó predicándose entre todo Israel, como en la
antigüedad por sus profetas, sino también que se lanzó sobre
todas las naciones, para erradicar a Satanás y a sus mentiras
para siempre de toda la tierra.

Y sólo alrededor de éste sacrificio santo y glorioso de
nuestro Señor Jesucristo sangrando mortalmente sobre los
árboles sin sangre y sin vida de Adán y Eva y entre sus
semejantes criminales, pecadores, condenados a morir, nuestro
Padre celestial llama constantemente a todo Israel a servirle
a él, en su espíritu y en su verdad infinita de su Espíritu
Santo. Entonces el sacrificio de fundición de oro del cordero
del Sinaí tenia que quedarse fuera de Israel, para los
muertos, para el vaticano y sus idólatras, y más no para los
que viven infinitamente y le sirven a Él, como su Dios y
Fundador de sus nuevas vidas eternas, en la tierra y en el
paraíso, eternamente y para siempre.

En otras palabras, sólo por éste sacrificio de la sangre
santa de su hermano antiguo, Jesucristo, nuestro Padre
celestial llama a todo Israel de todos los tiempos a servirle
a él, en su espíritu y en su verdad infinita, para fin de la
vida pecadora y el comienzo de su nueva vida eterna, ¡llena
del árbol de la vida del cielo! Y si le obedecen a Él cada
día, alrededor de éste sacrificio santísimo, el cual comenzó
en Egipto mismo con Moisés y sobre todo lo alto del Sinaí,
como el que posteriormente se llevó a cabo sobre el monte
santo de Jerusalén, en Israel, entonces ellos serán sus hijos
y su especial tesoro de su corazón santísimo, para la
eternidad entera.

Y esto seria, en realidad, una nación de reyes y de
sacerdotes para glorificación y santidad infinita de su
nombre muy santo, entre todas las naciones de la humanidad
entera, en los cielos y en la tierra, para jamás volverse a
separar de él, en su nuevo camino a la vida eterna de La
Nueva Jerusalén santa y gloriosa del cielo. Además, ésta es
una vida sumamente santa y antigua, la cual está llena de
milagros, maravillas y de señales increíbles en los cielos y
en la tierra, para no solamente glorificar y honrar su nombre
santísimo por siempre, sino también para darle vida, salud y
prosperidad al que no las tiene en toda tierra, para fin de
Satanás y sus mentiras.

Porque con el fin de Satanás y sus mentiras, las cuales
comenzaron en la vida de Eva y luego de Adán y sus retoños en
el paraíso, entonces nuestro Señor Jesucristo reinaría
grandemente en nuestras vidas terrenales y celestiales, para
que todas las enfermedades llenas de mentiras salgan de
nuestras vidas, para jamás volver a ninguno de nosotros, para
siempre. Visto que, son las mentiras de Satanás las que nos
mantienes en problemas y terribles enfermedades de nuestros
cuerpos y de nuestras tierras, para finalmente caer muertos
en el fuego eterno del infierno, porque el sacrificio supremo
de nuestro Señor Jesucristo no reina en nuestras vidas, como
Dios llamó a todo Israel a honrarlo infinitamente, y esto es
inicialmente desde Egipto.

Por lo tanto, para que las mentiras y maldades increíbles
abandonen la tierra junto con su padre Satanás y sus malvados
clásicos, entonces Israel tiene que servirle a su Dios y
Fundador de su nueva vida, llena de paz, amor, gozo y de
felicidades increíbles, en la tierra y en el paraíso: "pero
sólo alrededor del sacrificio supremo de su hermano
Jesucristo". El Hijo de David, quien no solamente vivió junto
con ellos su cautiverio de siglos como su sumo sacerdote en
silencio y como su Cordero del escape egipcio por el poder
sobrenatural de su nombre santo y de su sangre salvadora,
sino que al fin los liberó grandemente de sus vidas antiguas
para concebir su sacrifico eterno delante de Dios, en Israel.

Entonces si no le sirven constantemente alrededor de éste
sacrificio supremo de su hermano Jesucristo, quien resucitó
por ellos en el tercer día, como Dios manda, desde la
fundación del cielo y la tierra, y desde su escape de Egipto,
entonces seguirán sufriendo los embates de las mentiras de
Satanás y de sus ángeles caídos, y todo esto para mal eterno.
Porque mientras todo Israel se mantenga alejado de la verdad
y de la justicia infinita del Holocausto de sangre
santificadora de su hermano Jesucristo, entonces permanecerán
desprotegidos, y Satanás seguirá atacándolos con sus mentiras
y maldades de siempre y hasta que termine con ellos en todos
los lugares de la tierra y hasta en el más allá también, de
seguro.

Pero si hacen del sacrificio supremo de la sangre bendita de
su hermano Jesucristo, quien murió por amor a sus hermanos y
entre dos de ellos mismos clavados también a sus cruces sobre
el monte santo de Jerusalén, entonces serán restituidos a
cada una de sus bendiciones sin fin, dada a ellos por nuestro
Padre celestial, para que sean felices infinitamente. Ya que,
vivir cada día alrededor del sacrificio supremo de su hermano
Jesucristo y de su resurrección gloriosa en el tercer día, en
verdad, no solamente es la consumación total de la voluntad
santa de nuestro Padre celestial para con ellos, por la cual
los liberó inicialmente de Egipto, sino que es la liberación
eterna de todas las mentiras de Satanás.

Porque son las mentiras de Satanás, no solamente como las que
descendieron con Adán y Eva a la tierra en el día que
salieron del paraíso, sino que también son las mentiras
crueles con las que Satanás los llenó grandemente cuando
fundieron en oro un becerro abominable, llamándolo su
libertador, ofendiendo así a nuestro Padre celestial y a su
Jesucristo. Entonces son estas mentiras terribles de los
hebreos creyeron cuando se sentaron al pie del Sinaí, para
pecar con sus vidas liberadas, liberadas por la verdadera
sangre del Cordero de Dios, y fundir con sus manos un becerro
en oro para declararlo su libertador, humillando así
grandemente el verdadero sacrificio supremo de Jesucristo,
por el cual escaparon urgentemente de Egipto.

Son estas mentiras las que viven en los hebreos, hoy en día,
para seguirles haciendo daño a través de los tiempos, dando
vueltas aún alrededor de este cordero fundido en oro al pie
del Sinaí y sus derredores, en vez, de dar vueltas alrededor
de toda la verdad y justicia infinita del aceptable/creíble
sacrificio supremo de su hermano Jesucristo, en Israel.
Porque nuestro Señor Jesucristo no solamente murió por ellos
y junto con sus dos semejantes hebreos sobre el monte santo
de Jerusalén, para fin de sus pecados, sino que también
resucitó junto con ellos en el tercer día para vivir la vida
eterna, y ésta es la nueva vida infinita de La Nueva
Jerusalén santa y gloriosa del más allá.

Porque en el sacrificio supremo y creíble de todo Israel,
nuestro Señor Jesucristo murió y descendió junto con los dos
testigos oculares al corazón de la tierra, para dar
testimonio a las generaciones pasadas de todas las naciones
de que sólo él es el Hijo de David, el Santo de Israel y de
la humanidad entera, para perdón y salvación eterna. Y el
testimonio de estos dos hebreos, los cuales acompañaron
progresivamente a nuestro Señor Jesucristo sobre el monte
santo de Jerusalén, no solamente dio testimonio fiel en el
corazón de la tierra, de lo que vieron y oyeron en el día de
la crucifixión de su sangre santificadora, sino que también
testificaron asimismo delante de los ángeles en el cielo.

Y estos dos testigos fieles de nuestro Señor Jesucristo darán
sus testimonios individuales en el día del juicio delante de
la presencia de nuestro Padre celestial y de cada hombre,
mujer, niño y niña de Israel y de cada una de las familias de
las naciones de toda la tierra, para cumplir con toda
justicia infinita en la eternidad. Y así nuestro Padre
celestial, seguidamente, terminara lo que empezó con todo
Israel al sacarlos de Egipto, para llevar acabo su gran
sacrificio supremo y aceptado de su Hijo amado junto con dos
de sus semejantes oculares, los cuales no solamente
testificaron en el corazón de la tierra sino también en el
cielo, y asimismo testificaran fielmente en el juicio final.

Porque los que vivieron alrededor del sacrificio eterno y de
sangre santa y salvadora de su Hijo Jesucristo, entonces
vivirán para siempre, porque creyeron a la verdad y a la
justicia de nuestro Padre celestial y de su Hijo Jesucristo
amando al mundo entero, desde todo lo alto del Moriah, del
Sinaí y del monte santo de Jerusalén, para vida eterna. Pero
los que vivieron día a día alrededor del sacrificio del
cordero fundido en oro, por las manos de los hebreos antiguos
que salieron de Egipto, como ídolos e imágenes de piedra,
metal, madera y demás, no podrán sostener sus propias vidas
delante de Dios y de su Jesucristo, porque sus nombres no
están escritos en el libro de la vida.

Estos descenderán al mundo perdido del fuego eterno del
infierno, en donde el gusano no muere ni se cansa jamás de
comer de sus carnes y de beber de su sangre pecadora y
enferma, por el pecado de las mentiras de Satanás y de sus
malvados de siempre. Pero nuestro Padre celestial no liberó a
Israel para matarlo en el desierto, sino para llevarlo a
vivir alrededor de su verdadero sacrificio eterno y salvador
de cada hombre, mujer, niño y niña de todas las familias de
las naciones de toda la tierra, para que las tinieblas mueran
y la luz del árbol de la vida viva en todos infinitamente.

Por eso, si nuestro Padre celestial te está llamando a que
regreses al lado de su sacrificio eterno de su Hijo amado
sobre todo lo alto del Sinaí y del monte santo de Jerusalén,
será, pues entonces, para que regreses al paraíso: porque
nuestro Señor Jesucristo resucitó en el tercer día, para
volver al cielo y a la vida eterna. Porque para estos tres
sacrificios de nuestro Señor Jesucristo junto con sus dos
semejantes hebreos, como testigos fieles de su vida, muerte y
sangre sobre el monte santo de Jerusalén, nuestro Padre
celestial libera a Israel para que le sirva cada día y para
siempre en la eternidad, como en la vida eterna de La Nueva
Jerusalén santa y colosal del cielo.

Y, hoy en día, tu nombre está escrito en el libro de la vida,
gracias al servicio dado de fe eterna de tu corazón inmortal,
mi estimado hermano y mi estimada hermana, alrededor del
sacrificio de sangre santa y reparadora de nuestro Salvador
Jesucristo, el Hijo de David, para que no mueras jamás sino
que resucites bendecido grandemente para la eternidad. Porque
para esto nuestro Padre celestial te creó inicialmente en su
corazón santísimo y con sus manos gloriosas, para que comas y
bebas cada día, para bendiciones sin fin y salud de tu
corazón, alma y espíritu humano, del Espíritu Santo de Sus
Diez Mandamientos infinitamente glorificados en el Holocausto
aceptable y creíble de Jesucristo, para que vivas para
siempre. Amén.  

El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre celestial y de su
Jesucristo es contigo.

¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre!

Dígale al Señor, nuestro Padre celestial, de todo corazón, en
el nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman,
Señor. Nuestras almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras
almas te rinden gloria y honra a tu nombre y obra santa y
sobrenatural, en la tierra y en el cielo, también, para
siempre, Padre celestial, en el nombre de tu Hijo amado,
nuestro Señor Jesucristo.

LAS MALDICIONES BIBLICAS, para los que obran maldad día y
noche, (Deuteronomio 27: 15-26):

"'¡Maldito el hombre que haga un ídolo tallado o una imagen
de fundición, obra de mano de tallador (lo cual es
transgresión a la Ley perfecta de nuestro Padre celestial), y
la tenga en un lugar secreto!' Y todo el pueblo dirá: '¡
Amén!'

"'¡Maldito el que le reste importancia a su padre o a su
madre!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

 "'¡Maldito el que cambie de lugar los limites de propiedad
de su prójimo!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

 "'¡Maldito el que desvié al ciego de su camino!' Y todo el
pueblo dirá: '¡Amén!'

 "'¡Maldito el que falsee el derecho del extranjero, del
huérfano y de la viuda!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

 "'¡Maldito el que se acueste con la mujer de su padre,
porque descubre la desnudes de su padre!' Y todo el pueblo
dirá: '¡Amén!'

 "'¡Maldito el que tenga contacto sexual con cualquier
animal!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

 "'¡Maldito el que se acueste con su hermana, hija de su
padre o hija de su madre!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

 "'¡Maldito el que se acueste con su suegra!' Y todo el
pueblo dirá: '¡Amén!'

 "'¡Maldito el que a escondidas y a traición hiera de muerte
a su semejante, sin causa alguna!' Y todo el pueblo dirá: '¡
Amén!'

 "'¡Maldito el que acepte soborno para matar a un inocente,
sin causa alguna!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'

 "'¡Maldito el que no cumpla las palabras de esta ley,
poniéndolas por obra en su diario vivir en la tierra!' Y todo
el pueblo dirá: '¡Amén!'

LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS

Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo
a la verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo
eterno, para que la omnipotencia de Dios no obre en tu vida,
de acuerdo a la voluntad perfecta del Padre celestial y de su
Espíritu Eterno. Pero todo esto tiene un fin en tu vida, en
ésta misma hora crucial de tu vida. Has de pensar quizá que
el fin de todos los males de los ídolos termine, cuando
llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los
ídolos con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando
día y noche entre las llamas ardientes del fuego del
infierno, por haber desobedecido a la Ley viviente de Dios.
En verdad, el fin de todos estos males está aquí contigo, en
el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en Él, en
espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas
los males, enfermedades y los tormentos eternos de la
presencia terrible de los ídolos y de sus huestes de
espíritus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de
los tuyos también, para la eternidad del nuevo reino de Dios.
Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en día
honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de
sus ángeles santos. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano,
mi estimada hermana, has sido creado para honrar y exaltar
cada letra, cada palabra, cada oración, cada tilde, cada
categoría de bendición terrenal y celestial, cada honor, cada
dignidad, cada señorío, cada majestad, cada poder, cada
decoro, y cada vida humana y celestial con todas de sus
muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y de
la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y
de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de
Israel y de las naciones!

SÓLO ÉSTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS

Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en
tu corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en
abundancia, en la tierra y en el cielo para siempre. Y te ha
venido diciendo así, desde los días de la antigüedad, desde
los lugares muy altos y santos del reino de los cielos:

PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí".

SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza
de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni
en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas
ni les rendirás culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios
celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos,
sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me
aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a
los que me aman y guardan mis mandamientos".

TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová
tu Dios, porque Él no dará por inocente al que tome su nombre
en vano".

CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para
santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero
el séptimo día será sábado para Jehová tu Dios. No harás en
ese día obra alguna, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu
siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que está
dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová hizo los
cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y
reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del
sábado y lo santificó".

QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que
tus días se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te
da".

SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio".

SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio".

OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás".

NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de
tu prójimo".

DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su
sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu
prójimo".

Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y déshazte de todos
estos males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno
de los tuyos, también. Hazlo así y sin más demora alguna, por
amor a la Ley santa de Dios, en la vida de cada uno de los
tuyos. Porque ciertamente ellos desean ser libres de sus
ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú no lo veas así,
en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los tuyos,
también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde
los días de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas,
en el día de hoy. Y Dios no desea continuar viendo estos
males en sus vidas, sino que sólo Él desea ver vida y vida en
abundancia, en cada nación y en cada una de sus muchas
familias, por toda la tierra.

Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y
digamos juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de
la presencia santa del Padre celestial, nuestro Dios y
salvador de todas nuestras almas:

ORACIÓN DEL PERDÓN

Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la
memoria de tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo
amado. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el
cielo así también en la tierra. El pan nuestro de cada día,
dánoslo hoy. Perdónanos nuestras deudas, como también
nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en
tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el
poder y la gloria por todos los siglos. Amén.

Porque sí perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre
celestial también os perdonará a vosotros. Pero si no
perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará
vuestras ofensas.

Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la
VERDAD, y la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO,
sino es POR MÍ". Juan 14:

NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR.

¡CONFÍA EN JESÚS HOY!

MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE.

YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA
TI Y LOS TUYOS, EN EL DÍA DE HOY.

- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de
éste MUNDO y su MUERTE.

Dispónte a dejar el pecado (arrepiéntete):

Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al
tercer día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que
entré en tu vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA.

QUIZÁS TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ
DECIRLE AL SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di:
Dios mío, soy un pecador y necesito tu perdón. Creo que
Jesucristo ha derramado su SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi
pecado. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a
venir a mi corazón y a mi vida, como mi SALVADOR.

¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador?  ¿Sí _____?  O ¿No
_____?

¿Fecha? ¿Sí ____?  O ¿No _____?

Sí tu respuesta fue Sí, entonces esto es solo el principio de
una nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:

Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con
Dios, orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate
en AGUA y en El ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y
sirve con otros cristianos en un Templo donde Cristo es
predicado y la Biblia es la suprema autoridad. Habla de
Cristo a los demás.

Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros
cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del
evangelio de Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender
más de Jesús y de su palabra sagrada, la Biblia. Libros
cristianos están disponibles en gran cantidad en diferentes
temas, en tu librería cristiana inmediata a tu barrio,
entonces visita a las librerías cristianas con frecuencia,
para ver que clase de libros están a tu disposición, para que
te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.

Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti,
para que te goces en la verdad del Padre celestial y de su
Hijo amado y así comiences a crecer en Él, desde el día de
hoy y para siempre.

El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la
paz de Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras
oraciones. Porque ésta es la tierra, desde donde Dios lanzo
hacia todos los continentes de la tierra: todas nuestras
bendiciones y salvación eterna de nuestras almas vivientes. Y
nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan tranquilos
los que te aman.  Haya paz dentro de tus murallas y
tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis
hermanos y de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre
Jerusalén". Por causa de la casa de Jehová nuestro Dios, en
el cielo y en la tierra: imploraré por tu bien, por siempre.

El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el
Espíritu de Dios a toda la humanidad, diciéndole y
asegurándole: - Qué todo lo que respira, alabe el nombre de
Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso! Y esto es, de toda
letra, de toda palabra, de todo instrumento y de todo
corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y
loor al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas,
como antes y como siempre, para la eternidad.

http://www.supercadenacristiana.com/listen/player-wm.asp?
playertype=wm%20%20///

http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx

http://radioalerta.com


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