Hola a todos!
Como ya sabeis La SEMI y la comisión nacional de la especialidad se
han manifestado rotunda y reiteradamente en contra del reconocimiento
de urgencias como una especialidad con un programa MIR propio y
diferenciado.
"Un error de imprevisibles consecuencias"
La creación de una especialidad médica de urgencias y emergencias,
además de innecesaria, sería un error desde el punto de vista
asistencial, formativo y organizativo. El presidente de la SEMI aboga
por un área de capacitación específica que haría menos rígido el
sistema y permitiría un fácil trasvase de los médicos de urgencias a
otros servicios.
Ramón Pujol, Presidente de la Sociedad Española de Medicina Interna
18/07/2007
Ante la noticia de la tramitación parlamentaria de una especialidad
médica de urgencias y la posibilidad de que se tome una decisión
precipitada, sin el necesario debate social y profesional, que tenga
unas imprevisibles consecuencias, la Sociedad Española de Medicina
Interna (SEMI) se ve obligada a manifestar su postura y darla a
conocer públicamente.
Actualmente más de 5.000 internistas y 1.230 MIR de la especialidad
trabajan diariamente en los distintos hospitales de España: en plantas
de hospitalización de adultos, consultas y áreas de urgencias.
De su capacidad y cuidados depende la atención de muchos pacientes con
procesos prevalentes (infecciones diversas, enfermedades
cardiovasculares, respiratorias, digestivas, neoplasias...), y también
de pacientes complejos, bien por presentar un diagnóstico más difícil
o bien por estar en una situación más frágil.
El programa de formación MIR en Medicina Interna contempla
específicamente la formación en el área de urgencias y emergencias a
lo largo del periodo formativo de 5 años, y los residentes de esta
especialidad alcanzan una alta capacitación en este área gracias a su
amplia formación clínico-práctica, siendo, desde siempre, uno de los
especialistas más idóneos para la actividad en urgencias. Para hacerse
una idea de la implicación real de la Medicina Interna en este ámbito
basta recordar que un internista necesita realizar un mínimo de 275
guardias de 24 horas (¡más de medio año de guardia!) y desempeñar al
menos tres meses de trabajo activo en servicios de urgencias para
habilitarse en su especialidad. La tutorización actual durante 5 años
(ó 4 años en Medicina de Familia con un planteamiento similar) parece
acreditar que los médicos puedan tener una eficiencia contrastada para
la asistencia en urgencias.
La SEMI y la comisión nacional de la especialidad se han manifestado
rotunda y reiteradamente en contra del reconocimiento de urgencias
como una especialidad con un programa MIR propio y diferenciado.
Existen argumentos de peso, que van mucho más allá de cualquier
defensa corporativa del campo de actuación de una especialidad
concreta y que merecen ser considerados en profundidad.
En primer lugar, el carácter inequívocamente multidisciplinario que
presenta la actividad propia de urgencias -que compete a
especialidades reconocidas, como Cirugía General, Traumatología,
Pediatría, Medicina Intensiva, Medicina Interna...- hace necesario ver
a las urgencias como un área de conocimiento y de práctica clínica de
consideración peculiar a la que pueda accederse desde múltiples
especialidades (algunas ya señaladas) y desde la Medicina General y de
Familia. La urgencia es un ámbito común de actuación, no un campo de
especialización compartimentado. En este sentido, podría ser
considerada un área de capacitación específica mediante un periodo
complementario de formación acreditada a la formación generalista. La
permeabilidad para acceder a esa capacitación (desde las
especialidades que se determinen) es necesaria para asegurar una
formación suficiente en un programa MIR reconocido y unos contenidos
específicos homologables en la capacitación complementaria, que
reconocieran una competencia más profunda pero no ligada a
titulaciones ni a puestos de trabajo. De lo contrario caeríamos en los
mismos errores que han hecho de nuestro sistema de formación MIR uno
de los mas rígidos de Europa.
Necesaria renovación
En segundo lugar, desde el punto de vista meramente asistencial, el
trabajo en urgencias tiene un claro factor temporal de dedicación,
que, de acuerdo con la experiencia de múltiples servicios, requiere
una renovación o rotación de personal: a partir de determinadas edades
(por encima de 50 ó 55 años, en general) puede ser recomendable un
cambio de actividad. Este "factor edad" no sería un problema tan
irresoluble si existiera la permeabilidad aludida, con una formación
troncal previa en un área de medicina o cirugía. En cambio, plantea
problemas asistenciales difícilmente abordables si urgencias se
convierte en una especialidad no polivalente, en la que el médico deba
trabajar durante toda su vida profesional.
A juzgar por algunas noticias recientes, existe el riesgo de volver a
caer en el error de fomentar un desarrollo no armónico de nuevas
especialidades independientes (en este caso, en urgencias), que,
además de no ser reconocida en la mayoría de los países europeos,
puede dar mayor rigidez al sistema y un alto grado de frustración en
estos nuevos especialistas, a los que les costaría mantener su
recortado campo de actuación. A lo largo de su vida profesional, un
clínico podrá profundizar en distintos conocimientos y habilidades con
la acreditación que se determine. Por eso, un mismo médico puede
abordar a lo largo de su carrera más de un área de conocimiento a
nivel experto: con una sólida formación troncal se puede luego
adquirir una capacitación y reconocimiento de experto acreditado en un
campo concreto (por ejemplo, en urgencias), sin perder la polivalencia
propia del internista.
Por eso, Medicina Interna aboga por el desarrollo de las áreas de
capacitación específica como nueva fórmula de futuro propuesta en la
LOPS y acorde, por cierto, con las titulaciones vigentes en los países
de nuestro entorno. De esta manera, se mantendría la coherencia del
esquema de especialización "en tronco de árbol", en vez de la no
deseada "en forma de peine".
Los problemas actuales de las urgencias, según múltiples expertos y
gestores conocedores del tema, se centran en aspectos organizativos,
de educación poblacional y de gestión eficiente, más que en una
especial cualificación de los médicos.
En el caso de reconocerse esta nueva especialidad de urgencias, es muy
verosímil que algunos médicos, al no disponer de otras opciones,
pudieran elegir forzosamente esta "futura especialidad", que no les
permitiría posiblemente ninguna otra salida futura, fuera de este
ámbito concreto de actuación. Las urgencias podrían progresivamente
desacreditarse, no sólo en los aspectos organizativos ya citados, sino
también en sus niveles de eficiencia, calidad y desgaste de los
profesionales, que se ven abocados a trabajar toda su vida en estos
servicios hospitalarios.
¿Alguien cree en serio que puede elegirse trabajar en urgencias toda
la vida profesional sin riesgo de cambiar de opinión a lo largo de
décadas? Por eso es muy importante contemplar las posibles
remodelaciones en este campo asistencial, manteniendo una formación
troncal sólida con la polivalencia y permeabilidad que ello implica.
Todos los médicos clínicos deben adiestrarse en la actuación urgente
por razones obvias: la urgencia no puede ser un campo acotado de
ninguna especialidad concreta; sencillamente, no es una necesidad
objetiva.
Consecuencias potenciales
Por todo ello, los políticos y gestores sanitarios sensatos no deben
presentar como un logro sanitario el reconocimiento de una nueva
especialidad. Ese hipotético reconocimiento no va a flexibilizar ni
hacer más eficiente el sistema, sino que previsiblemente creará nuevos
problemas de muy difícil solución y compartimentará aún más el sistema
de especialidades.
Las consecuencias potenciales de una nueva especialidad en urgencias y
emergencias son varias: produciría una mayor rigidez del sistema que
afectaría a miles de profesionales; crearía un claro conflicto de
competencias y de formación con la mayoría de las especialidades que
atienden problemas urgentes (casi todas las clínicas); sería un
escollo para el desarrollo de la LOPS en lo referente a los sistemas
de troncalidad y un mal precedente que puede fomentar las
reivindicaciones de otros colectivos con lugares de trabajo
específicos (médicos especialistas en cuidados domiciliarios, en
unidades de corta estancia, en cuidados paliativos...), y, finalmente,
acarrearía un alejamiento de las orientaciones de la Unión Europea en
cuanto a la formación de los especialistas.
El reconocimiento profesional que merecen los médicos que trabajan en
urgencias -y la valoración de los conocimientos, habilidades y
competencias necesarios para ejercer como tales, independientemente de
su origen- tiene como respuesta natural un área de capacitación
específica en urgencias desde las diferentes especialidades ya
existentes.
Las principales sociedades científicas que representan a los
colectivos asistenciales con formación vía MIR, la SEMI, la Sociedad
Española de Medicina Familiar y Comunitaria(Semfyc), la Sociedad de
Medicina Intensiva (Semyciuc), así como el Consejo Nacional de
Especialidades y la Federación de Sociedades Científicas de España
(Facme) se han manifestado reiteradamente, de una forma clara,
prudente e inequívoca, sobre la forma más permeable de abordar el área
asistencial de urgencias en el futuro. En definitiva, no parece
racional ni necesario aventurarse a crear algo arriesgado,
irreversible y de consecuencias imprevisibles cuando lo que se tiene
es fácilmente mejorable desde las especialidades existentes.