Tras cinco años de constante e incansable estudio sobre este bello instrumento de placer he alcanzado a vislumbrar la verdadera naturaleza y el secreto que conduce a que una pipa fume bien.
Partiendo de la lógica dialéctica de Hegel y del principio de indeterminación de Heisenberg elaboré un método teniendo en cuenta que todo es mutable de forma continuada y que la observación al condicionar lo observado puede conducirnos a conclusiones que aparentando ser evidentes pueden no serlo. Deseché totalmente como guía de mi estudio las teorías sobre el espacio-tiempo de Einstein porque seguramente el espacio y el tiempo solo sean una invención del intelecto.
La primera idea que me vino a la mente fue que el elemento subjetivo tiene gran importancia a la hora de calificar una pipa. Subjetividad que nace desde el mismísimo estado de ánimo con que se aborda la carga, el encendido y la fumada del tabaco hasta el cariño o la fascinación que una determinada forma, un veteado o una simple anécdota ejerce sobre nuestra ánima.
Pero de seguido me di cuenta que no era un camino axeitado, no iba a dar conclusiones coherentes o prácticas.
Así que recurrí al análisis empírico. Medí y pesé; estudié la calidad del brezo, la relación de tiro, las formas clásicas y las libres, las pipas rectas y las bent, su comportamiento con diferentes labores…cinco años enteros.
Y al final se hace la luz. Rescaté del olvido una de mis primeras pipas y vi que me fumaba bien. No era gran cosa; una P Luchine con una veta irregular; una rodesiana.
¿Cuál era el secreto? Simplemente fumaba bien y otras no. Una evidencia tautológica y primitiva. Mas que primitiva, primigenia. Me parece.
¿O es de otra forma?
Ser Jacopo + Condor Long Cut
Salud
Javé