Nuestra América, por José Martí
Publicado en:
La Revista Ilustrada de Nueva York, 10 de enero de 1891.
El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891.
Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el Cielo, que van por el aire dormidos engullendo mundos. Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo en la cabeza, sino con las armas en la almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra.
No hay proa que taje una nube de ideas. Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de acorazados. Los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos. Los que enseñan los puños, como hermanos celosos, que quieren los dos la misma tierra, o el de casa chica, que le tiene envidia al de casa mejor, han de encajar, de modo que sean una, las dos manos. Los que, al amparo de una tradición criminal, cercenaron, con el sable tinto en la sangre de sus mismas venas, la tierra del hermano vencido, del hermano castigado más allá de sus culpas, si no quieren que les llame el pueblo ladrones, devuélvanle sus tierras al hermano. Las deudas del honor no las cobra el honrado en dinero, a tanto por la bofetada. Ya no podemos ser el pueblo de hojas, que vive en el aire, con la copa cargada de flor, restallando o zumbando, según la acaricie el capricho de la luz, o la tundan y talen las tempestades; ¡los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las siete legua! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes.
A los sietemesinos sólo les faltará el valor. Los que no tienen fe en su tierra son hombres de siete meses. Porque les falta el valor a ellos, se lo niegan a los demás. No les alcanza al árbol difícil el brazo canijo, el brazo de uñas pintadas y pulsera, el brazo de Madrid o de París, y dicen que no se puede alcanzar el árbol. Hay que cargar los barcos de esos insectos dañinos, que le roen el hueso a la patria que los nutre. Si son parisienses o madrileños, vayan al Prado, de faroles, o vayan a Tortoni, de sorbetes. ¡Estos hijos de carpintero, que se avergüenzan de que su padre sea carpintero! ¡Estos nacidos en América, que se avergüenzan, porque llevan delantal indio, de la madre que los crió, y reniegan, ¡bribones!, de la madre enferma, y la dejan sola en el lecho de las enfermedades! Pues, ¿quién es el hombre? ¿el que se queda con la madre, a curarle la enfermedad, o el que la pone a trabajar donde no la vean, y vive de su sustento en las tierras podridas con el gusano de corbata, maldiciendo del seno que lo cargó, paseando el letrero de traidor en la espalda de la casaca de papel? ¡Estos hijos de nuestra América, que ha de salvarse con sus indios, y va de menos a más; estos desertores que piden fusil en los ejércitos de la América del Norte, que ahoga en sangre a sus indios, y va de más a menos! ¿Estos delicados, que son hombres y no quieren hacer el trabajo de hombres! Pues el Washington que les hizo esta tierra ¿se fue a vivir con los ingleses, a vivir con los ingleses en los años en que los veía venir contra su tierra propia? ¡Estos «increíbles» del honor, que lo arrastran por el suelo extranjero, como los increíbles de la Revolución francesa, danzando y relamiéndose, arrastraban las erres!
Ni ¿en qué patria puede tener un hombre más orgullo que en nuestras repúblicas dolorosas de América, levantadas entre las masas mudas de indios, al ruido de pelea del libro con el cirial, sobre los brazos sangrientos de un centenar de apóstoles? De factores tan descompuestos, jamás, en menos tiempo histórico, se han creado naciones tan adelantadas y compactas. Cree el soberbio que la tierra fue hecha para servirle de pedestal, porque tiene la pluma fácil o la palabra de colores, y acusa de incapaz e irremediable a su república nativa, porque no le dan sus selvas nuevas modo continuo de ir por el mundo de gamonal famoso, guiando jacas de Persia y derramando champaña. La incapacidad no está en el país naciente, que pide formas que se le acomoden y grandeza útil, sino en los que quieren regir pueblos originales, de composición singular y violenta, con leyes heredadas de cuatro siglos de práctica libre en los Estados Unidos, de diecinueve siglos de monarquía en Francia. Con un decreto de Hamilton no se le para la pechada al potro del llanero. Con una frase de Sieyès no se desestanca la sangre cuajada de la raza india. A lo que es, allí donde se gobierna, hay que atender para gobernar bien; y el buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con qué elementos está hecho su país, y cómo puede ir guiándolos en junto, para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la Naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas. El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma de gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país.
Por eso el libro importado ha sido vencido en América por el hombre natural. Los hombres naturales han vencido a los letrados artificiales. El mestizo autóctono ha vencido al criollo exótico. No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza. El hombre natural es bueno, y acata y premia la inteligencia superior, mientras esta no se vale de su sumisión para dañarle, o le ofende prescindiendo de él, que es cosa que no perdona el hombre natural, dispuesto a recobrar por la fuerza el respeto de quien le hiere la susceptibilidad o le perjudica el interés. Por esta conformidad con los elementos naturales desdeñados han subido los tiranos de América al poder; y han caído en cuanto les hicieron traición. Las repúblicas han purgado en las tiranías su incapacidad para conocer los elementos verdaderos del país, derivar de ellos la forma de gobierno y gobernar con ellos. Gobernante, en un pueblo nuevo, quiere decir creador.
En pueblos compuestos de elementos cultos e incultos, los incultos gobernarán, por su hábito de agredir y resolver las dudas con su mano, allí donde los cultos no aprendan el arte del gobierno. La masa inculta es perezosa, y tímida en las cosas de la inteligencia, y quiere que la gobiernen bien; pero si el gobierno le lastima, se lo sacude y gobierna ella. ¿Cómo han de salir de las universidades los gobernantes, si no hay universidad en América donde se enseñe lo rudimentario del arte del gobierno, que es el análisis de los elementos peculiares de los pueblos de América? A adivinar salen los jóvenes al mundo, con antiparras yanquis o francesas, y aspiran a dirigir un pueblo que no conocen. En la carrera de la política habría de negarse la entrada a los que desconocen los rudimentos de la política. El premio de los certámenes no ha de ser para la mejor oda, sino para el mejor estudio de los factores del país en que se vive. En el periódico, en la cátedra, en la academia, debe llevarse adelante el estudio de los factores reales del país. Conocerlos basta, sin vendas ni ambages; porque el que pone de lado, por voluntad u olvido, una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad que le faltó, que crece en la negligencia, y derriba lo que se levanta sin ella. Resolver el problema después de conocer sus elementos, es más fácil que resolver el problema sin conocerlos. Viene el hombre natural, indignado y fuerte, y derriba la justicia acumulada de los libros, porque no se administra en acuerdos con las necesidades patentes del país. Conocer es resolver.Conocer el país, y gobernarlo conforme al conocimiento es el único modo de librarlo de tiranías. La universidad europea ha de ceder a la universidad americana. La historia de América, de los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria. Los políticos nacionales han de reemplazar a los políticos exóticos. Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas. Y calle el pedante vencido; que no hay patria en que pueda tener el hombre más orgullo que en nuestras dolorosas repúblicas americanas.
Con los pies en el rosario, la cabeza blanca y el cuerpo pinto de indio y criollo, venimos, denodados, al mundo de las naciones. Con el estandarte de la Virgen salimos a la conquista de la libertad. Un cura, unos cuantos tenientes y una mujer alzan en México la república, en hombros de los indios. Un canónigo español, a la sombra de su capa, instruye la libertad francesa a unos cuantos bachilleres magníficos, que ponen de jefe de Centro América contra España al general de España. Con los hábitos monárquicos, y el Sol por pecho, se echaron a levantar pueblos los venezolanos por el Norte y los argentinos por el Sur. Cuando los dos héroes chocaron, y el continente iba a temblar, uno, que no fue el menos grande, volvió riendas. Y como el heroísmo en la paz es más escaso, porque es menos glorioso que el de la guerra; como al hombre le es más fácil morir con honra que pensar con orden; como gobernar con los sentimientos exaltados y unánimes es más hacedero que dirigir, después de la pelea, los pensamientos diversos, arrogantes, exóticos o ambiciosos; como los poderes arrollados en la arremetida épica zapaban, con la cautela felina de la especie y el peso de lo real, el edificio que habían izado, en las comarcas burdas y singulares de nuestra América mestiza, en los pueblos de pierna desnuda y casaca de París, la bandera de los pueblos nutridos de savia gobernante en la práctica continua de la razón y de la libertad; como la constitución jerárquica de las colonias resistía la organización democrática de la República, o las capitales de corbatín dejaban en el zaguán al campo de bota y potro, o los redentores bibliógenos no entendieron que la revolución que triunfó con el alma de la tierra había de gobernar, y no contra ella ni sin ella, entró a padecer América, y padece, de la fatiga de acomodación entre los elementos discordantes y hostiles que heredó de un colonizador despótico y avieso, y las ideas y formas importadas que han venido retardando, por su falta de realidad local, el gobierno lógico. El continente descoyuntado durante tres siglos por un mando que negaba el derecho del hombre al ejercicio de su razón, entró, desatendiendo o desoyendo a los ignorantes que lo habían ayudado a redimirse, en un gobierno que tenía por base la razón; la razón de todos en las cosas de todos, y no la razón universitaria de unos sobre la razón campestre de otros. El problema de la independencia no era el cambio de formas, sino el cambio de espíritu.
Con los oprimidos había que hacer una causa común, para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores. El tigre, espantado del fogonazo, vuelve de noche al lugar de la presa. Muere echando llamas por los ojos y con las zarpas al aire. No se le oye venir, sino que viene con zarpas de terciopelo. Cuando la presa despierta, tiene al tigre encima. La colonia continuó viviendo en la república; y nuestra América se está salvando de sus grandes yerros -de la soberbia de las ciudades capitales, del triunfo ciego de los campesinos desdeñados, de la importación excesiva de las ideas y fórmulas ajenas, del desdén inicuo e impolítico de la raza aborigen-, por la virtud superior, abonada con sangre necesaria, de la república que lucha contra la colonia. El tigre espera, detrás de cada árbol, acurrucado en cada esquina. Morirá, con las zarpas al aire, echando llamas por los ojos.
Pero «estos países se salvarán», como anunció Rivadavia el argentino, el que pecó de finura en tiempos crudos; al machete no le va vaina de seda, ni el país que se ganó con lanzón se puede echar el lanzón atrás, porque se enoja y se pone en la puerta del Congreso de Iturbide «a que le hagan emperador al rubio». Estos países se salvarán porque, con el genio de la moderación que parece imperar, por la armonía serena de la Naturaleza, en el continente de la luz, y por el influjo de la lectura crítica que ha sucedido en Europa a la lectura de tanteo y falansterio en que se empapó la generación anterior, le está naciendo a América, en estos tiempos reales, el hombre real.
Éramos una visión, con el pecho de atleta, las manos de petimetre y la frente de niño. Éramos una máscara, con los calzones de Inglaterra, el chaleco parisiense, el chaquetón de Norteamérica y la montera de España. El indio, mudo, nos daba vueltas alrededor, y se iba al monte, a la cumbre del monte, a bautizar a sus hijos. El negro, oteado, cantaba en la noche la música de su corazón, solo y desconocido, entre la olas y las fieras. El campesino, el creador, se revolvía, ciego de indignación, contra la ciudad desdeñosa, contra su criatura. Éramos charreteras y togas, en países que venían al mundo con la alpargata en los pies y la vincha en la cabeza. El genio hubiera estado en hermanar, con la caridad del corazón y con el atrevimiento de los fundadores, la vincha y la toga; en desestancar al indio; en ir haciendo lado al negro suficiente; en ajustar la libertad al cuerpo de los que se alzaron y vencieron por ella. Nos quedó el oidor, y el general, y el letrado, y el prebendado. La juventud angélica, como de los brazos de un pulpo, echaba al Cielo, para caer con gloria estéril, la cabeza, coronada de nubes. El pueblo natural, con el empuje del instinto, arrollaba, ciego de triunfo, los bastones de oro. Ni el libro europeo, ni el libro yanqui, daban la clave del enigma hispanoamericano. Se probó el odio, y los países venían cada año a menos. Cansados del odio inútil de la resistencia del libro contra la lanza, de la razón contra el cirial, de la ciudad contra el campo, del imperio imposible de las castas urbanas divididas sobre la nación natural, tempestuosa e inerte, se empieza, como sin saberlo, a probar el amor. Se ponen en pie los pueblos, y se saludan. «¿Cómo somos?» se preguntan; y unos a otros se van diciendo cómo son. Cuando aparece en Cojímar un problema, no van a buscar la solución a Dantzig. Las levitas son todavía de Francia, pero el pensamiento empieza a ser de América. Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa, y la levantan con la levadura del sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación. El vino, de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino! Se entiende que las formas de gobierno de un país han de acomodarse a sus elementos naturales; que las ideas absolutas, para no caer por un yerro de forma, han de ponerse en formas relativas; que la libertad, para ser viable, tiene que ser sincera y plena; que si la república no abre los brazos a todos y adelanta con todos, muere la república. El tigre de adentro se echa por al hendija, y el tigre de afuera. El general sujeta en la marcha la caballería al paso de los infantes. O si deja a la zaga a los infantes, le envuelve el enemigo la caballería. Estrategia es política. Los pueblos han de vivir criticándose, porque la crítica es la salud; pero con un solo pecho y una sola mente. ¡Bajarse hasta los infelices y alzarlos en los brazos! ¡Con el fuego del corazón deshelar la América coagulada! ¡Echar, bullendo y rebotando, por las venas, la sangre natural del país! En pie, con los ojos alegres de los trabajadores, se saludan, de un pueblo a otro, los hombres nuevos americanos. Surgen los estadistas naturales del estudio directo de la Naturaleza. Leen para aplicar, pero no para copiar. Los economistas estudian la dificultad en sus orígenes. Los oradores empiezan a ser sobrios. Los dramaturgos traen los caracteres nativos a la escena. Las academias discuten temas viables. La poesía se corta la melena zorrillesca y cuelga del árbol glorioso el chaleco colorado. La prosa, centelleante y cernida, va cargada de idea. Los gobernadores, en las repúblicas de indios, aprenden indio.
De todos sus peligros se va salvando América. Sobre algunas repúblicas está durmiendo el pulpo. Otras, por la ley del equilibrio, se echan a pie a la mar, a recobrar, con prisa loca y sublime, los siglos perdidos. Otras, olvidando que Juárez paseaba en un coche de mulas, ponen coche de viento y de cochero a una pompa de jabón; el lujo venenoso, enemigo de la libertad, pudre al hombre liviano y abre la puerta al extranjero. Otras acendran, con el espíritu épico de la independencia amenazada, el carácter viril. Otras crían, en la guerra rapaz contra el vecino, la soldadesca que puede devorarlas. Pero otro peligro corre, acaso, nuestra América, que no le viene de sí, sino de la diferencia de orígenes, métodos e intereses entre los dos factores continentales, y es la hora próxima en que se le acerque, demandando relaciones íntimas, un pueblo emprendedor y pujante que la desconoce y la desdeña. Y como los pueblos viriles, que se han hecho de sí propios, con la escopeta y la ley, aman, y sólo aman, a los pueblos viriles; como la hora del desenfreno y la ambición, de que acaso se libre, por el predominio de lo más puro de su sangre, la América del Norte, o en que pudieran lanzarla sus masas vengativas y sórdidas, la tradición de conquista y el interés de un caudillo hábil, no está tan cercana aún a los ojos del más espantadizo, que no dé tiempo a la prueba de altivez, continua y discreta, con que se la pudiera encara y desviarla; como su decoro de república pone a la América del Norte, ante los pueblos atentos del Universo, un freno que no le ha de quitar la provocación pueril o la arrogancia ostentosa o la discordia parricida de nuestra América, el deber urgente de nuestra América es enseñarse como es, una en alma e intento, vencedora veloz de un pasado sofocante, manchada sólo con sangre de abono que arranca a las manos la pelea con las ruinas, y la de las venas que nos dejaron picadas nuestros dueños. El desdén del vecino formidable, que no la conoce, es el peligro mayor de nuestra América; y urge, porque el día de la visita está próximo, que el vecino la conozca, la conozca pronto, para que no la desdeñe. Por el respeto, luego que la conociese, sacaría de ella las manos. Se ha de tener fe en lo mejor del hombre y desconfiar de lo peor de él. Hay que dar ocasión a lo mejor para que se revele y prevalezca sobre lo peor. Si no, lo peor prevalece. Los pueblos han de tener una picota para quien les azuza a odios inútiles; y otra para quien no les dice a tiempo la verdad.
No hay odio de razas, porque no hay razas. Los pensadores canijos, los pensadores de lámparas, enhebran y recalientan las razas de librería, que el viajero justo y el observador cordial buscan en vano en la justicia de la Naturaleza, donde resalta en el amor victorioso y el apetito turbulento, la identidad universal del hombre. El alma emana, igual y eterna, de los cuerpos diversos en forma y en color. Peca contra la Humanidad el que fomente y propague la oposición y el odio de las razas. Pero en el amasijo de los pueblos se condensan, en la cercanía de otros pueblos diversos, caracteres peculiares y activos, de ideas y de hábitos, de ensanche y adquisición, de vanidad y de avaricia, que del estado latente de preocupaciones nacionales pudieran, en un período de desorden interno o de precipitación del carácter acumulado del país, trocarse en amenaza grave para las tierras vecinas, aisladas y débiles, que el país fuerte declara perecederas e inferiores. Pensar es servir. Ni ha de suponerse, por antipatía de aldea, una maldad ingénita y fatal al pueblo rubio del continente, porque no habla nuestro idioma, ni ve la casa como nosotros la vemos, ni se nos parece en sus lacras políticas, que son diferentes de las nuestras; ni tiene en mucho a los hombres biliosos y trigueños, ni mira caritativo, desde su eminencia aún mal segura, a los que, con menos favor de la Historia, suben a tramos heroicos la vía de las repúblicas; ni se han de esconder los datos patentes del problema que puede resolverse, para la paz de los siglos, con el estudio oportuno y la unión tácita y urgente del alma continental. ¡Porque ya suena el himno unánime; la generación actual lleva a cuestas, por el camino abonado por los padres sublimes, la América trabajadora; del Bravo a Magallanes, sentado en el lomo del cóndor, regó el Gran Semí, por las naciones románticas del continente y por las islas dolorosas del mar, la semilla de la América nueva!
Tomado de http://www.analitica.com/BITBLIO/jmarti/nuestra_america.asp
Estimados Yara e Isidoro:
Me alegra muchísimo tener amigos argentinos que se interesan por la vida y
obra de Martí, que es tanto de Cuba como del mundo porque pienso que Martí
es también para los estadounidenses (evito llamarles "americanos" porque
todos los que vivimos en este vasto continente lo somos, de ahí que Martí se
refiriera a "Nuestra América"). Argentina está muy ligada a la vida personal
e intelectual de Martí, quien llegó a ser cónsul de esta hermana nación en
Nueva York en 1890. Estoy convencido de que Yara se propuso hacer de este
grupo algo verdaderamente martiano que no es otra cosa que una plataforma en
la cual todos tengamos el derecho de expresarnos libremente, pero con
respeto, tolerancia y mesura. Bienvenido sea usted a este grupo donde nadie
sacará un cuchillo para criticarlo si es que no coincidimos con lo que usted
tenga que opinar o exponer, y veo que lo hace usted con mucho tino y
sensibilidad. Puedo asegurarle que cuando puse a disposición de Yara el
vínculo con las Obras Completas que ella ya una vez publicó y no logró
recuperar, no esperábamos ni Yara ni yo agradecimiento alguno. Cuando se
colabora con algo tan altruista y noble como este esfuerzo que Yara ha
tenido a bien realizar para promover la obra y vida de nuestro Maestro,
pienso que no debemos esperar otra cosa que el placer de haber contribuido a
difundir las ideas de ese genial hombre en los momentos en que es necesario
devolverle al mundo un sentido de unidad, entendimiento y humanismo.
Resulta que es muy difícil poner de acuerdo a los cubanos que viven en
lugares tan disímiles como Cuba, Estados Unidos o Europa, pues cada cual
tiene su propia interpretación de qué significa Martí para los cubanos. En
el norte se le utiliza para fundamentar la oposición al gobierno de la isla
mientras que en el archipiélago se exalta principalmente su carácter
anti-imperialista, pero en ambos casos se pasa por alto que Martí fue mucho
más que eso para los cubanos y para toda la humanidad. El resultado de tales
interpretaciones es casi siempre un enfrentamiento desagradable y poco
martiano, en mi modesta opinión. Eso es precisamente lo que Yara y gente
como yo queremos evitar, pero pienso que no somos los únicos. En la medida
en que conozcamos más a Martí veremos que él supo aceptar las lógicas
desavenencias con algunos de los grandes próceres de la independencia de
Cuba en aras de lograr la unidad necesaria para tener una Cuba "con todos y
para el bien de todos". La participación y colaboración de personas como
usted ayudará enormemente a darle a este grupo la dimensión continental y
mundial que Martí se merece. Por mi parte, espero con ansiedad su
colaboración, que es lo que hace más digno y enriquecedor este noble empeño
de mi querida amiga Yara.
Un saludo martiano desde Francia, su amigo,
Frank Vales
> escribió: > > > > > > > > > Estimados Yara e Isidoro: > > > Me alegra muchísimo tener amigos argentinos que se interesan por la vida y > > obra de Martí, que es tanto de Cuba como del mundo porque pienso que Martí > > es también para los estadounidenses (evito llamarles "americanos" porque > > todos los que vivimos en este vasto continente lo somos, de ahí que Martí > > se > > refiriera a "Nuestra América"). Argentina está muy ligada a la vida > > personal > > e intelectual de Martí, quien llegó a ser cónsul de esta hermana nación en > > Nueva York en 1890. Estoy convencido de que Yara se propuso hacer de este > > grupo algo verdaderamente martiano que no es otra cosa que una plataforma > > en > > la cual todos tengamos el derecho de expresarnos libremente, pero con > > respeto, tolerancia y mesura. Bienvenido sea usted a este grupo donde nadie > > sacará un cuchillo para criticarlo si es que no coincidimos con lo que > > usted > > tenga que opinar o exponer, y veo que lo hace usted con mucho tino y > > sensibilidad. Puedo asegurarle que cuando puse a disposición de Yara el > > vínculo con las Obras Completas que ella ya una vez publicó y no logró > > recuperar, no esperábamos ni Yara ni yo agradecimiento alguno. Cuando se > > colabora con algo tan altruista y noble como este esfuerzo que Yara ha > > tenido a bien realizar para promover la obra y vida de nuestro Maestro, > > pienso que no debemos esperar otra cosa que el placer de haber contribuido > > a > > difundir las ideas de ese genial hombre en los momentos en que es necesario > > devolverle al mundo un sentido de unidad, entendimiento y humanismo. > > > Resulta que es muy difícil poner de acuerdo a los cubanos que viven en > > lugares tan disímiles como Cuba, Estados Unidos o Europa, pues cada cual > > tiene su propia interpretación de qué significa Martí para los cubanos. En > > el norte se le utiliza para fundamentar la oposición al gobierno de la isla > > mientras que en el archipiélago se exalta principalmente su carácter > > anti-imperialista, pero en ambos casos se pasa por alto que Martí fue mucho > > más que eso para los cubanos y para toda la humanidad. El resultado de > > tales > > interpretaciones es casi siempre un enfrentamiento desagradable y poco > > martiano, en mi modesta opinión. Eso es precisamente lo que Yara y gente > > como yo queremos evitar, pero pienso que no somos los únicos. En la medida > > en que conozcamos más a Martí veremos que él supo aceptar las lógicas > > desavenencias con algunos de los grandes próceres de la independencia de > > Cuba en aras de lograr la unidad necesaria para tener una Cuba "con todos y > > para el bien de todos". La participación y colaboración de personas como > > usted ayudará enormemente a darle a este grupo la dimensión continental y > > mundial que Martí se merece. Por mi parte, espero con ansiedad su > > colaboración, que es lo que hace más digno y enriquecedor este noble empeño > > de mi querida amiga Yara. > > > Un saludo martiano desde Francia, su amigo, > > > Frank Vales > > -- > Lic. Rosa Cristina Báez Valdés "La Polilla Cubana"- Hide quoted text - > > - Show quoted text - -- You received this message because you are subscribed to the Google Groups "JOSE MARTI-Grupo de discusion sobre su vida y obra." group. For FAQ's (Preguntas Frecuentes) visit: http://groups.google.com/group/josemarti/web/faqs-preguntas-frecuentes To post to this group, send email to jose...@googlegroups.com To unsubscribe from this group, send email to josemarti+...@googlegroups.com For more options, visit this group at http://groups.google.com/group/josemarti
Querida Yara:
Me encontré, leyendo al Maestro, algo que me hace reflexionar sobre los recientes desacuerdos y desavenencias ocurridas en los últimos intercambios entre nuestros miembros. Espero que “la pasión o el deseo desordenado” no empañen el esfuerzo que debe guiarnos a todos al reencuentro necesario para el diálogo constructivo y edificador.
Un abrazo, Frank
“La unidad de pensamiento, que de ningún modo quiere decir la servidumbre de la opinión, es sin duda condición indispensable del éxito de todo programa político, y de toda especie de empresas, principalmente de aquellas que por la fuerza, la novedad y la oportunidad del pensamiento se acercan más al éxito que cuando iban sin otro rumbo que el de la pasión o el deseo desordenado, que más perturban que serenan los ánimos y alejan que acercan, en un país harto probado y harto
razonador para lanzarse a tentativas oscuras que no satisfagan su juicio.” (Generoso deseo, Patria, 30 de abril de 1892, en OC, T. 1, pág. 423).
No sé si este correo te llegará Alejandra y espero que esté a tiempo:
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> wrote: > > > > Hola a todos: > > > > > Bueno ante todo corte la colita de mensajes pues eso recraga > > inutilmente el > > > > peso del mismo en los buzones y alguno no tienen gran capacidad de > > > > almacenaje > > > > Miren realmente no he leido el mensaje de Elena, ni sé desde donde > > escribe. > > > > Si sé que escribo yo desde la Isla del Caribe donde Marti viera la luz > > > > primera, y dónde -como él pidiera- murió de cara al sol. > > > > > Me suscribi hace tiempo pero como la lista no estaba activa pues recien > > fue > > > > que comecé a interactuar con ustedes: Yara me solicitó muy cortesmente > > que > > > > no agregara la saga de mis páginas y como me pareció que lo hizo de > > forma > > > > correcta, pues cuando escribo los elimino. Si estoy en esta lista -no a > > > > pesar, si no gracias a- siendo revolucionaria y viviendo en Cuba, es > > porque > > > > veo en ella un respeto a Martí, y a la cubanía, donde quiera que esta > > se > > > > "exhiba". Sí pedí por favor que los comentarios a la "tirania > > castrista" no > > > > se utilizaran, porque ofenden a quienes amando a Martí, realizamso su > > > > prédica y llevamos adelante su obra de este lado del Caribe. > > > > > Solamente el hecho de ver que esta lista sobre Martí es leída en > > Argentina > > > > -tierra que el amo y a la cual quiero como mía- o desde Francia, o > > desde lo > > > > que él llamó el Norte revuelto y brutal que nos desprecia y que no es > > más > > > > que otro pueblo más lleno de virtudes y defectos como cualquier otro, > > con > > > > gobiernos con los que podemos no estar de acuerdo, pero que NO > > REPRESENTAN a > > > > su pueblo que es amable y cordial, me parece suficiente para participar > > en > > > > la lista: envie los trabajos de la masoneria a diversos martianos en > > esta > > > > tierra y he invitado a algunos de ellos a participar en la lista. > > > > > Incluso ya he establecido relaciones de naciente amistad con algunos de > > sus > > > > miembros.. > > > > > Creo que debemos, como Martí, con todos y para el bien de todos, > > difundir la > > > > obra martiana, porque "obras son amores" > > > > > Como dice Frank, es muy dificil poner de acuerdo a los seres humanos y > > a > > > > Marti, para bien o para mal, se ha utilizado. Dejemos estar a quién > > creemos > > > > que tiene la razón, pero creo que tal vez, una lectura al que para mi > > es su > > > > texto fundamenteal, nos aportara mucho sobre ello > > > > > Desde Cuba, revolucionaria y martiana > > > > > Rosa C, Báez, La Polilla Cubana > > > > > AGREGO EL TEXTO NUESTRA AMERICA Y EL VINCULO DE DONDE LO TOME > > > > > *Nuestra América*, por José Martí > > > > > Publicado en: > > > > > La Revista Ilustrada de Nueva York, 10 de enero de 1891. > > > > > El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891. > > > > > Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que > > él > > > > quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le > > > > crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, > > sin > > > > saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden > > poner > > > > la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el Cielo, que van por > > el > > > > aire dormidos engullendo mundos. Lo que quede de aldea en América ha de > > > > despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo en la > > cabeza, > > > > sino con las armas en la almohada, como los varones de Juan de > > Castellanos: > > > > las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen > > más > > > > que trincheras de piedra. > > > > > No hay proa que taje una nube de ideas. Una idea enérgica, flameada a > > tiempo > > > > ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un > > > > escuadrón de acorazados. Los pueblos que no se conocen han de darse > > prisa > > > > para conocerse, como quienes van a pelear juntos. Los que enseñan los > > puños, > > > > como hermanos celosos, que quieren los dos la misma tierra, o el de > > casa > > > > chica, que le tiene envidia al de casa mejor, han de encajar, de modo > > que > > > > sean una, las dos manos. Los que, al amparo de una tradición criminal, > > > > cercenaron, con el sable tinto en la sangre de sus mismas venas, la > > tierra > > > > del hermano vencido, del hermano castigado más allá de sus culpas, si > > no > > > > quieren que les llame el pueblo ladrones, devuélvanle sus tierras al > > > > hermano. Las deudas del honor no las cobra el honrado en dinero, a > > tanto por > > > > la bofetada. Ya no podemos ser el pueblo de hojas, que vive en el aire, > > con > > > > la copa cargada de flor, restallando o zumbando, según la acaricie el > > > > capricho de la luz, o la tundan y talen las tempestades; ¡los árboles > > se han > > > > de poner en fila para que no pase el gigante de las siete legua! Es la > > hora > > > > del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro > > apretado, > > > > como la plata en las raíces de los Andes. > > > > > A los sietemesinos sólo les faltará el valor. Los que no tienen fe en > > su > > > > tierra son hombres de siete meses. Porque les falta el valor a ellos, > > se lo > > > > niegan a los demás. No les alcanza al árbol difícil el brazo canijo, el > > > > brazo de uñas pintadas y pulsera, el brazo de Madrid o de París, y > > dicen que > > > > no se puede alcanzar el árbol. Hay que cargar los barcos de esos > > insectos > > > > dañinos, que le roen el hueso a la patria que los nutre. Si son > > parisienses > > > > o madrileños, vayan al Prado, de faroles, o vayan a Tortoni, de > > sorbetes. > > > > ¡Estos hijos de carpintero, que se avergüenzan de que su padre sea > > > > carpintero! ¡Estos nacidos en América, que se avergüenzan, porque > > llevan > > > > delantal indio, de la madre que los crió, y reniegan, ¡bribones!, de la > > > > madre enferma, y la dejan sola en el lecho de las enfermedades! Pues, > > ¿quién > > > > es el hombre? ¿el que se queda > > ... > > read more »- Hide quoted text - > > - Show quoted text - -- You received this message because you are subscribed to the Google Groups "JOSE MARTI-Grupo de discusion sobre su vida y obra." group. For FAQ's (Preguntas Frecuentes) visit: http://groups.google.com/group/josemarti/web/faqs-preguntas-frecuentes
> wrote: > > > > Hola a todos: > > > > > Bueno ante todo corte la colita de mensajes pues eso recraga > > inutilmente el > > > > peso del mismo en los buzones y alguno no tienen gran capacidad de > > > > almacenaje > > > > Miren realmente no he leido el mensaje de Elena, ni sé desde donde > > escribe. > > > > Si sé que escribo yo desde la Isla del Caribe donde Marti viera la luz > > > > primera, y dónde -como él pidiera- murió de cara al sol. > > > > > Me suscribi hace tiempo pero como la lista no estaba activa pues recien > > fue > > > > que comecé a > > ... > > read more »- Hide quoted text - > > - Show quoted text - -- You received this message because you are subscribed to the Google Groups "JOSE MARTI-Grupo de discusion sobre su vida y obra." group. For FAQ's (Preguntas Frecuentes) visit: http://groups.google.com/group/josemarti/web/faqs-preguntas-frecuentes
Gracias por el vínculo Frank. Dos grandes de la cultura cubana Juan
Marinello y Cintio Vitier.
Yara
--------------------------------------------------
From: "criollo47" <jfv...@wanadoo.fr>
Sent: Tuesday, December 01, 2009 4:40 PM
To: "JOSE MARTI-Grupo de discusion sobre su vida y obra."
<jose...@googlegroups.com>
Subject: [Jose Marti] Re: Con todos y para el bien de todos, sin
desactivaciones ni enfrentamientos inutiles
> Saludos a todos, muy especialmente a Rosa, a quien le agradezco que
> nos haya llamado la atención hacia ese excelenete texto martiano (para
> mi todos los son) que es Nuestra América. Tengo también algo de
> "polilla cibernética" y me encontré este vínculo a una edición que me
> parece muy instructiva porque, además de tener el texto de Nuestra
> América, hay un prólogo de Juan Marinello y apuntes de Cintio Vitier.
> Espero que lo disfruten. Un abrazo martiano, Frank
>
> http://www.bibliotecayacucho.gob.ve/fba/index.php?id=97&backPID=2&tt_products=15
>
>
> On Nov 29, 6:50 pm, La Polilla <lab...@gmail.com> wrote:
>> Hola a todos:
>>
>> Bueno ante todo corte la colita de mensajes pues eso recraga inutilmente
>> el
>> peso del mismo en los buzones y alguno no tienen gran capacidad de
>> almacenaje
>>
>> Miren realmente no he leido el mensaje de Elena, ni sé desde donde
>> escribe.
>> Si sé que escribo yo desde la Isla del Caribe donde Marti viera la luz
>> primera, y dónde -como él pidiera- murió de cara al sol.
>>
>> Me suscribi hace tiempo pero como la lista no estaba activa pues recien
>> fue
>> que comecé a interactuar con ustedes: Yara me solicitó muy cortesmente
>> que
>> no agregara la saga de mis páginas y como me pareció que lo hizo de forma
>> correcta, pues cuando escribo los elimino. Si estoy en esta lista -no a
>> pesar, si no gracias a- siendo revolucionaria y viviendo en Cuba, es
>> porque
>> veo en ella un respeto a Martí, y a la cubanía, donde quiera que esta se
>> "exhiba". Sí pedí por favor que los comentarios a la "tirania castrista"
>> no
>> se utilizaran, porque ofenden a quienes amando a Martí, realizamso su
>> prédica y llevamos adelante su obra de este lado del Caribe.
>>
>> Solamente el hecho de ver que esta lista sobre Martí es leída en
>> Argentina
>> -tierra que el amo y a la cual quiero como mía- o desde Francia, o desde
>> lo
>> que él llamó el Norte revuelto y brutal que nos desprecia y que no es más
>> que otro pueblo más lleno de virtudes y defectos como cualquier otro, con
>> gobiernos con los que podemos no estar de acuerdo, pero que NO
>> REPRESENTAN a
>> su pueblo que es amable y cordial, me parece suficiente para participar
>> en
>> la lista: envie los trabajos de la masoneria a diversos martianos en esta
>> tierra y he invitado a algunos de ellos a participar en la lista.
>>
>> Incluso ya he establecido relaciones de naciente amistad con algunos de
>> sus
>> miembros..
>>
>> Creo que debemos, como Martí, con todos y para el bien de todos, difundir
>> la
>> obra martiana, porque "obras son amores"
>>
>> Como dice Frank, es muy dificil poner de acuerdo a los seres humanos y a
>> Marti, para bien o para mal, se ha utilizado. Dejemos estar a quién
>> creemos
>> que tiene la razón, pero creo que tal vez, una lectura al que para mi es
>> su
>> texto fundamenteal, nos aportara mucho sobre ello
>>
>> Desde Cuba, revolucionaria y martiana
>>
>> Rosa C, Báez, La Polilla Cubana
>>
>> AGREGO EL TEXTO NUESTRA AMERICA Y EL VINCULO DE DONDE LO TOME
>>
>> *Nuestra América*, por José Martí
>>
>> Publicado en:
>>
>> La Revista Ilustrada de Nueva York, 10 de enero de 1891.
>>
>> El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891.
>>
>> Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que
>> él
>> quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le
>> crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal,
>> sin
>> saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden
>> poner
>> la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el Cielo, que van por el
>> aire dormidos engullendo mundos. Lo que quede de aldea en América ha de
>> despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo en la
>> cabeza,
>> sino con las armas en la almohada, como los varones de Juan de
>> Castellanos:
>> las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen
>> más
>> que trincheras de piedra.
>>
>> No hay proa que taje una nube de ideas. Una idea enérgica, flameada a
>> tiempo
>> ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un
>> escuadrón de acorazados. Los pueblos que no se conocen han de darse prisa
>> para conocerse, como quienes van a pelear juntos. Los que enseñan los
>> puños,
>> como hermanos celosos, que quieren los dos la misma tierra, o el de casa
>> chica, que le tiene envidia al de casa mejor, han de encajar, de modo que
>> sean una, las dos manos. Los que, al amparo de una tradición criminal,
>> cercenaron, con el sable tinto en la sangre de sus mismas venas, la
>> tierra
>> del hermano vencido, del hermano castigado más allá de sus culpas, si no
>> quieren que les llame el pueblo ladrones, devuélvanle sus tierras al
>> hermano. Las deudas del honor no las cobra el honrado en dinero, a tanto
>> por
>> la bofetada. Ya no podemos ser el pueblo de hojas, que vive en el aire,
>> con
>> la copa cargada de flor, restallando o zumbando, según la acaricie el
>> capricho de la luz, o la tundan y talen las tempestades; ¡los árboles se
>> han
>> de poner en fila para que no pase el gigante de las siete legua! Es la
>> hora
>> del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado,
>> como la plata en las raíces de los Andes.
>>
>> A los sietemesinos sólo les faltará el valor. Los que no tienen fe en su
>> tierra son hombres de siete meses. Porque les falta el valor a ellos, se
>> lo
>> niegan a los demás. No les alcanza al árbol difícil el brazo canijo, el
>> brazo de uñas pintadas y pulsera, el brazo de Madrid o de París, y dicen
>> que
>> no se puede alcanzar el árbol. Hay que cargar los barcos de esos insectos
>> dañinos, que le roen el hueso a la patria que los nutre. Si son
>> parisienses
>> o madrileños, vayan al Prado, de faroles, o vayan a Tortoni, de sorbetes.
>> ¡Estos hijos de carpintero, que se avergüenzan de que su padre sea
>> carpintero! ¡Estos nacidos en América, que se avergüenzan, porque llevan
>> delantal indio, de la madre que los crió, y reniegan, ¡bribones!, de la
>> madre enferma, y la dejan sola en el lecho de las enfermedades! Pues,
>> ¿quién
>> es el hombre? ¿el que se queda con la madre, a curarle la enfermedad, o
>> el
>> que la pone a trabajar donde no la vean, y vive de su sustento en las
>> tierras podridas con el gusano de corbata, maldiciendo del seno que lo
>> cargó, paseando el letrero de traidor en la espalda de la casaca de
>> papel?
>> ¡Estos hijos de nuestra América, que ha de salvarse con sus indios, y va
>> de
>> menos a más; estos desertores que piden fusil en los ejércitos de la
>> América
>> del Norte, que ahoga en sangre a sus indios, y va de más a menos! ¿Estos
>> delicados, que son hombres y no quieren hacer el trabajo de hombres! Pues
>> el
>> Washington que les hizo esta tierra ¿se fue a vivir con los ingleses, a
>> vivir con los ingleses en los años en que los veía venir contra su tierra
>> propia? ¡Estos «increíbles» del honor, que lo arrastran por el suelo
>> extranjero, como los increíbles de la Revolución francesa, danzando y
>> relamiéndose, arrastraban las erres!
>>
>> Ni ¿en qué patria puede tener un hombre más orgullo que en nuestras
>> repúblicas dolorosas de América, levantadas entre las masas mudas de
>> indios,
>> al ruido de pelea del libro con el cirial, sobre los brazos sangrientos
>> de
>> un centenar de apóstoles? De factores tan descompuestos, jamás, en menos
>> tiempo histórico, se han creado naciones tan adelantadas y compactas.
>> Cree
>> el soberbio que la tierra fue hecha para servirle de pedestal, porque
>> tiene
>> la pluma fácil o la palabra de colores, y acusa de incapaz e irremediable
>> a
>> su república nativa, porque no le dan sus selvas nuevas modo continuo de
>> ir
>> por el mundo de gamonal famoso, guiando jacas de Persia y derramando
>> champaña. La incapacidad no está en el país naciente, que pide formas que
>> se
>> le acomoden y grandeza útil, sino en los que quieren regir pueblos
>> originales, de composición singular y violenta, con leyes heredadas de
>> cuatro siglos de práctica libre en los Estados Unidos, de diecinueve
>> siglos
>> de monarquía en Francia. Con un decreto de Hamilton no se le para la
>> pechada
>> al potro del llanero. Con una frase de Sieyès no se desestanca la sangre
>> cuajada de la raza india. A lo que es, allí donde se gobierna, hay que
>> atender para gobernar bien; y el buen gobernante en América no es el que
>> sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con qué
>> elementos está hecho su país, y cómo puede ir guiándolos en junto, para
>> llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a aquel
>> estado
>> apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la
>> abundancia que la Naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan
>> con
>> su trabajo y defienden con sus vidas. El gobierno ha de nacer del país.
>> El
>> espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma de gobierno ha de
>> avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el
>> equilibrio de los elementos naturales del país.
>>
>> Por eso el libro importado ha sido vencido en América por el hombre
>> natural.
>> Los hombres naturales han vencido a los letrados artificiales. El mestizo
>> autóctono ha vencido al criollo exótico. No hay batalla entre la
>> civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la
>> naturaleza.
>> El hombre natural es bueno, y acata y premia la inteligencia superior,
>> mientras esta no se vale de su sumisión para dañarle, o le ofende
>> prescindiendo de él, que es cosa que no perdona el hombre natural,
>> dispuesto
>> a recobrar por la fuerza el respeto de quien le hiere la susceptibilidad
>> o
>> le perjudica el interés. Por esta conformidad con los elementos naturales
>> desdeñados han subido los tiranos de América al poder; y han caído en
>> cuanto
>> les hicieron traición. Las repúblicas han purgado en las tiranías su
>> incapacidad para conocer los elementos verdaderos del país, derivar de
>> ellos
>> la forma de gobierno y gobernar con ellos. Gobernante, en un pueblo
>> nuevo,
>> quiere decir creador.
>>
>> En pueblos compuestos de elementos cultos e incultos, los incultos
>> gobernarán, por su hábito de agredir y resolver las dudas con su mano,
>> allí
>> donde los cultos no aprendan el arte del gobierno. La masa inculta es
>> perezosa, y tímida en las cosas de la inteligencia, y quiere que la
>> gobiernen bien; pero si el gobierno le lastima, se lo sacude y gobierna
>> ella. ¿Cómo han de salir de las universidades los gobernantes, si no hay
>> universidad en América donde se enseñe lo rudimentario del arte del
>> gobierno, que es el análisis de los elementos peculiares de los pueblos
>> de
>> América? A adivinar salen los jóvenes al mundo, con antiparras yanquis o
>> francesas, y aspiran a dirigir un pueblo que no conocen. En la carrera de
>> la
>> política habría de negarse la entrada a los que desconocen los rudimentos
>> de
>> la política. El premio de los certámenes no ha de ser para la mejor oda,
>> sino para el mejor estudio de los factores del país en que se vive. En el
>> periódico, en la cátedra, en la academia, debe llevarse adelante el
>> estudio
>> de los factores reales del país. Conocerlos basta, sin vendas ni ambages;
>> porque el que pone de lado, por voluntad u olvido, una parte de la
>> verdad,
>> cae a la larga por la verdad que le faltó, que crece en la negligencia, y
>> derriba lo que se levanta sin ella. Resolver el problema después de
>> conocer
>> sus elementos, es más fácil que resolver el problema sin conocerlos.
>> Viene
>> el hombre natural, indignado y fuerte, y derriba la justicia acumulada de
>> los libros, porque no se administra en acuerdos con las necesidades
>> patentes
>> del país. Conocer es resolver.Conocer el país, y gobernarlo conforme al
>> conocimiento es el único modo de librarlo de tiranías. La universidad
>> europea ha de ceder a la universidad americana. La historia de América,
>> de
>> los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los
>> arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es
>> nuestra. Nos es más necesaria. Los políticos nacionales han de reemplazar
>> a
>> los políticos exóticos. Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero
>> el
>> tronco ha de ser el de nuestras repúblicas. Y calle el pedante vencido;
>> que
>> no hay patria en que pueda tener el hombre más orgullo que en nuestras
>> dolorosas repúblicas americanas.
>>
>> Con los pies en el rosario, la cabeza blanca y el cuerpo pinto de indio y
>> criollo, venimos, denodados, al mundo de las naciones. Con el estandarte
>> de
>> la Virgen salimos a la conquista de la libertad. Un cura, unos cuantos
>> tenientes y una mujer alzan en México la república, en hombros de los
>> indios. Un canónigo español, a la sombra de su capa, instruye la libertad
>> francesa a unos cuantos bachilleres magníficos, que ponen de jefe de
>> Centro
>> América contra España al general de España. Con los hábitos monárquicos,
>> y
>> el Sol por pecho, se echaron a levantar pueblos los venezolanos por el
>> Norte
>> y los argentinos por el Sur. Cuando los dos héroes chocaron, y el
>> continente
>> iba a temblar, uno, que no fue el menos grande, volvió riendas. Y como el
>> heroísmo en la paz es más escaso, porque es menos glorioso que el de la
>> guerra; como al hombre le es más fácil morir con honra que pensar con
>> orden;
>> como gobernar con los sentimientos exaltados y unánimes es más hacedero
>> que
>> dirigir, después de la pelea, los pensamientos diversos, arrogantes,
>> exóticos o ambiciosos; como los poderes arrollados en la arremetida épica
>> zapaban, con la cautela felina de la especie y el peso de lo real, el
>> edificio que habían izado, en las comarcas burdas y singulares de nuestra
>> América mestiza, en los pueblos de pierna desnuda y casaca de París, la
>> bandera de los pueblos nutridos de savia gobernante en la práctica
>> continua
>> de la razón y de la libertad; como la constitución jerárquica de las
>> colonias resistía la organización democrática de la República, o las
>> capitales de corbatín dejaban en el zaguán al campo de bota y potro, o
>> los
>> redentores bibliógenos no entendieron que la revolución que triunfó con
>> el
>> alma de la tierra había de gobernar, y no contra ella ni sin ella, entró
>> a
>> padecer América, y padece, de la fatiga de acomodación entre los
>> elementos
>> discordantes y hostiles que heredó de un colonizador despótico y avieso,
>> y
>> las ideas y formas importadas que han venido retardando, por su falta de
>> realidad local, el gobierno lógico. El continente descoyuntado durante
>> tres
>> siglos por un mando que negaba el derecho del hombre al ejercicio de su
>> razón, entró, desatendiendo o desoyendo a los ignorantes que lo habían
>> ayudado a redimirse, en un gobierno que tenía por base la razón; la razón
>> de
>> todos en las cosas de todos, y no la razón universitaria de unos sobre la
>> razón campestre de otros. El problema de la independencia no era el
>> cambio
>> de formas, sino el cambio de espíritu.
>>
>> Con los oprimidos había que hacer una causa común, para afianzar el
>> sistema
>> opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores. El tigre,
>> espantado del fogonazo, vuelve de noche al lugar de la presa. Muere
>> echando
>> llamas por los ojos y con las zarpas al aire. No se le oye venir, sino
>> que
>> viene con zarpas de terciopelo. Cuando la presa despierta, tiene al tigre
>> encima. La colonia continuó viviendo en la república; y nuestra América
>> se
>> está salvando de sus grandes yerros -de la soberbia de las ciudades
>> capitales, del triunfo ciego de los campesinos desdeñados, de la
>> importación
>> excesiva de las ideas y fórmulas ajenas, del desdén inicuo e impolítico
>> de
>> la raza aborigen-, por la virtud superior, abonada con sangre necesaria,
>> de
>> la república que lucha contra la colonia. El tigre espera, detrás de cada
>> árbol, acurrucado en cada esquina. Morirá, con las zarpas al aire,
>> echando
>> llamas por los ojos.
>>
>> Pero «estos países se salvarán», como anunció Rivadavia el argentino, el
>> que
>> pecó de finura en tiempos crudos; al machete no le va vaina de seda, ni
>> el
>> país que se ganó con lanzón se puede echar el lanzón atrás, porque se
>> enoja
>> y se pone en la puerta del Congreso de Iturbide «a que le hagan emperador
>> al
>> rubio». Estos países se salvarán porque, con el genio de la moderación
>> que
>> parece imperar, por la armonía serena de la Naturaleza, en el continente
>> de
>> la luz, y por el influjo de la lectura crítica que ha sucedido en Europa
>> a
>> la lectura de tanteo y falansterio en que se empapó la generación
>> anterior,
>> le está naciendo a América, en estos tiempos reales, el hombre real.
>>
>> Éramos una visión, con el pecho de atleta, las manos de petimetre y la
>> frente de niño. Éramos una máscara, con los calzones de Inglaterra, el
>> chaleco parisiense, el chaquetón de Norteamérica y la montera de España.
>> El
>> indio, mudo, nos daba vueltas alrededor, y se iba al monte, a la cumbre
>> del
>> monte, a bautizar a sus hijos. El negro, oteado, cantaba en la noche la
>> música de su corazón, solo y desconocido, entre la olas y las fieras. El
>> campesino, el creador, se revolvía, ciego de indignación, contra la
>> ciudad
>> desdeñosa, contra su criatura. Éramos charreteras y togas, en países que
>> venían al mundo con la alpargata en los pies y la vincha en la cabeza. El
>> genio hubiera estado en hermanar, con la caridad del corazón y con el
>> atrevimiento de los fundadores, la vincha y la toga; en desestancar al
>> indio; en ir haciendo lado al negro suficiente; en ajustar la libertad al
>> cuerpo de los que se alzaron y vencieron por ella. Nos quedó el oidor, y
>> el
>> general, y el letrado, y el prebendado. La juventud angélica, como de los
>> brazos de un pulpo, echaba al Cielo, para caer con gloria estéril, la
>> cabeza, coronada de nubes. El pueblo natural, con el empuje del instinto,
>> arrollaba, ciego de triunfo, los bastones de oro. Ni el libro europeo, ni
>> el
>> libro yanqui, daban la clave del enigma hispanoamericano. Se probó el
>> odio,
>> y los países venían cada año a menos. Cansados del odio inútil de la
>> resistencia del libro contra la lanza, de la razón contra el cirial, de
>> la
>> ciudad contra el campo, del imperio imposible de las castas urbanas
>> divididas sobre la nación natural, tempestuosa e inerte, se empieza, como
>> sin saberlo, a probar el amor. Se ponen en pie los pueblos, y se saludan.
>> «¿Cómo somos?» se preguntan; y unos a otros se van diciendo cómo son.
>> Cuando
>> aparece en Cojímar un problema, no van a buscar la solución a Dantzig.
>> Las
>> levitas son todavía de Francia, pero el pensamiento empieza a ser de
>> América. Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las
>> manos
>> en la masa, y la levantan con la levadura del sudor. Entienden que se
>> imita
>> demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase
>> de
>> esta generación. El vino, de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino!
>> Se
>> entiende que las formas de gobierno de un país han de acomodarse a sus
>> elementos naturales; que las ideas absolutas, para no caer por un yerro
>> de
>> forma, han de ponerse en formas relativas; que la libertad, para ser
>> viable,
>> tiene que ser sincera y plena; que si la república no abre los brazos a
>> todos y adelanta con todos, muere la república. El tigre de adentro se
>> echa
>> por al hendija, y el tigre de afuera. El general sujeta en la marcha la
>> caballería al paso de los infantes. O si deja a la zaga a los infantes,
>> le
>> envuelve el enemigo la caballería. Estrategia es política. Los pueblos
>> han
>> de vivir criticándose, porque la crítica es la salud; pero con un solo
>> pecho
>> y una sola mente. ¡Bajarse hasta los infelices y alzarlos en los brazos!
>> ¡Con el fuego del corazón deshelar la América coagulada! ¡Echar, bullendo
>> y
>> rebotando, por las venas, la sangre natural del país! En pie, con los
>> ojos
>> alegres de los trabajadores, se saludan, de un pueblo a otro, los hombres
>> nuevos americanos. Surgen los estadistas naturales del estudio directo de
>> la
>> Naturaleza. Leen para aplicar, pero no para copiar. Los economistas
>> estudian
>> la dificultad en sus orígenes. Los oradores empiezan a ser sobrios. Los
>> dramaturgos traen los caracteres nativos a la escena. Las academias
>> discuten
>> temas viables. La poesía se corta la melena zorrillesca y cuelga del
>> árbol
>> glorioso el chaleco colorado. La prosa, centelleante y cernida, va
>> cargada
>> de idea. Los gobernadores, en las repúblicas de indios, aprenden indio.
>>
>> De todos sus peligros se va salvando América. Sobre algunas repúblicas
>> está
>> durmiendo el pulpo. Otras, por la ley del equilibrio, se echan a pie a la
>> mar, a recobrar, con prisa loca y sublime, los siglos perdidos. Otras,
>> olvidando que Juárez paseaba en un coche de mulas, ponen coche de viento
>> y
>> de cochero a una pompa de jabón; el lujo venenoso, enemigo de la
>> libertad,
>> pudre al hombre liviano y abre la puerta al extranjero. Otras acendran,
>> con
>> el espíritu épico de la independencia amenazada, el carácter viril. Otras
>> crían, en la guerra rapaz contra el vecino, la soldadesca que puede
>> devorarlas. Pero otro peligro corre, acaso, nuestra América, que no le
>> viene
>> de sí, sino de la diferencia de orígenes, métodos e intereses entre los
>> dos
>> factores continentales, y es la hora próxima en que se le acerque,
>> demandando relaciones íntimas, un pueblo emprendedor y pujante que la
>> desconoce y la desdeña. Y como los pueblos viriles, que se han hecho de
>> sí
>> propios, con la escopeta y la ley, aman, y sólo aman, a los pueblos
>> viriles;
>> como la hora del desenfreno y la ambición, de que acaso se libre, por el
>> predominio de lo más puro de su sangre, la América del Norte, o en que
>> pudieran lanzarla sus masas vengativas y sórdidas, la tradición de
>> conquista
>> y el interés de un caudillo hábil, no está tan cercana aún a los ojos del
>> más espantadizo, que no dé tiempo a la prueba de altivez, continua y
>> discreta, con que se la pudiera encara y desviarla; como su decoro de
>> república pone a la América del Norte, ante los pueblos atentos del
>> Universo, un freno que no le ha de quitar la provocación pueril o la
>> arrogancia ostentosa o la discordia parricida de nuestra América, el
>> deber
>> urgente de nuestra América es enseñarse como es, una en alma e intento,
>> vencedora veloz de un pasado sofocante, manchada sólo con sangre de abono
>> que arranca a las manos la pelea con las ruinas, y la de las venas que
>> nos
>> dejaron picadas nuestros dueños. El desdén del vecino formidable, que no
>> la
>> conoce, es el peligro mayor de nuestra América; y urge, porque el día de
>> la
>> visita está próximo, que el vecino la conozca, la conozca pronto, para
>> que
>> no la desdeñe. Por el respeto, luego que la conociese, sacaría de ella
>> las
>> manos. Se ha de tener fe en lo mejor del hombre y desconfiar de lo peor
>> de
>> él. Hay que dar ocasión a lo mejor para que se revele y prevalezca sobre
>> lo
>> peor. Si no, lo peor prevalece. Los pueblos han de tener una picota para
>> quien les azuza a odios inútiles; y otra para quien no les dice a tiempo
>> la
>> verdad.
>>
>> No hay odio de razas, porque no hay razas. Los pensadores canijos, los
>> pensadores de lámparas, enhebran y recalientan las razas de librería, que
>> el
>> viajero justo y el observador cordial buscan en vano en la justicia de la
>> Naturaleza, donde resalta en el amor victorioso y el apetito turbulento,
>> la
>> identidad universal del hombre. El alma emana, igual y eterna, de los
>> cuerpos diversos en forma y en color. Peca contra la Humanidad el que
>> fomente y propague la oposición y el odio de las razas. Pero en el
>> amasijo
>> de los pueblos se condensan, en la cercanía de otros pueblos diversos,
>> caracteres peculiares y activos, de ideas y de hábitos, de ensanche y
>> adquisición, de vanidad y de avaricia, que del estado latente de
>> preocupaciones nacionales pudieran, en un período de desorden interno o
>> de
>> precipitación del carácter acumulado del país, trocarse en amenaza grave
>> para las tierras vecinas, aisladas y débiles, que el país fuerte declara
>> perecederas e inferiores. Pensar es servir. Ni ha de suponerse, por
>> antipatía de aldea, una maldad ingénita y fatal al pueblo rubio del
>> continente, porque no habla nuestro idioma, ni ve la casa como nosotros
>> la
>> vemos, ni se nos parece en sus lacras políticas, que son diferentes de
>> las
>> nuestras; ni tiene en mucho a los hombres biliosos y trigueños, ni mira
>> caritativo, desde su eminencia aún mal segura, a los que, con menos favor
>> de
>> la Historia, suben a tramos heroicos la vía de las repúblicas; ni se han
>> de
>> esconder los datos patentes del problema que puede resolverse, para la
>> paz
>> de los siglos, con el estudio oportuno y la unión tácita y urgente del
>> alma
>> continental. ¡Porque ya suena el himno unánime; la generación actual
>> lleva a
>> cuestas, por el camino abonado por los padres sublimes, la América
>> trabajadora; del Bravo a Magallanes, sentado en el lomo del cóndor, regó
>> el
>> Gran Semí, por las naciones románticas del continente y por las islas
>> dolorosas del mar, la semilla de la América nueva!
>>
>> Tomado dehttp://www.analitica.com/BITBLIO/jmarti/nuestra_america.asp
>>
>> El día 29/11/09, Frank Vales <jfva...@wanadoo.fr> escribió:
>>
>>
>>
>> > Estimados Yara e Isidoro:
>>
>> > Me alegra muchísimo tener amigos argentinos que se interesan por la
>> > vida y
>> > obra de Martí, que es tanto de Cuba como del mundo porque pienso que
>> > Martí
>> > es también para los estadounidenses (evito llamarles "americanos"
>> > porque
>> > todos los que vivimos en este vasto continente lo somos, de ahí que
>> > Martí
>> > se
>> > refiriera a "Nuestra América"). Argentina está muy ligada a la vida
>> > personal
>> > e intelectual de Martí, quien llegó a ser cónsul de esta hermana nación
>> > en
>> > Nueva York en 1890. Estoy convencido de que Yara se propuso hacer de
>> > este
>> > grupo algo verdaderamente martiano que no es otra cosa que una
>> > plataforma
>> > en
>> > la cual todos tengamos el derecho de expresarnos libremente, pero con
>> > respeto, tolerancia y mesura. Bienvenido sea usted a este grupo donde
>> > nadie
>> > sacará un cuchillo para criticarlo si es que no coincidimos con lo que
>> > usted
>> > tenga que opinar o exponer, y veo que lo hace usted con mucho tino y
>> > sensibilidad. Puedo asegurarle que cuando puse a disposición de Yara el
>> > vínculo con las Obras Completas que ella ya una vez publicó y no logró
>> > recuperar, no esperábamos ni Yara ni yo agradecimiento alguno. Cuando
>> > se
>> > colabora con algo tan altruista y noble como este esfuerzo que Yara ha
>> > tenido a bien realizar para promover la obra y vida de nuestro Maestro,
>> > pienso que no debemos esperar otra cosa que el placer de haber
>> > contribuido
>> > a
>> > difundir las ideas de ese genial hombre en los momentos en que es
>> > necesario
>> > devolverle al mundo un sentido de unidad, entendimiento y humanismo.
>>
>> > Resulta que es muy difícil poner de acuerdo a los cubanos que viven en
>> > lugares tan disímiles como Cuba, Estados Unidos o Europa, pues cada
>> > cual
>> > tiene su propia interpretación de qué significa Martí para los cubanos.
>> > En
>> > el norte se le utiliza para fundamentar la oposición al gobierno de la
>> > isla
>> > mientras que en el archipiélago se exalta principalmente su carácter
>> > anti-imperialista, pero en ambos casos se pasa por alto que Martí fue
>> > mucho
>> > más que eso para los cubanos y para toda la humanidad. El resultado de
>> > tales
>> > interpretaciones es casi siempre un enfrentamiento desagradable y poco
>> > martiano, en mi modesta opinión. Eso es precisamente lo que Yara y
>> > gente
>> > como yo queremos evitar, pero pienso que no somos los únicos. En la
>> > medida
>> > en que conozcamos más a Martí veremos que él supo aceptar las lógicas
>> > desavenencias con algunos de los grandes próceres de la independencia
>> > de
>> > Cuba en aras de lograr la unidad necesaria para tener una Cuba "con
>> > todos y
>> > para el bien de todos". La participación y colaboración de personas
>> > como
>> > usted ayudará enormemente a darle a este grupo la dimensión continental
>> > y
>> > mundial que Martí se merece. Por mi parte, espero con ansiedad su
>> > colaboración, que es lo que hace más digno y enriquecedor este noble
>> > empeño
>> > de mi querida amiga Yara.
>>
>> > Un saludo martiano desde Francia, su amigo,
>>
>> > Frank Vales
>>
>> --
>> Lic. Rosa Cristina Báez Valdés "La Polilla Cubana"
>
> --
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