Toda
temporada tiene sus fiascos y sus gratas sorpresas, y 'Clementina' pertenece sin
duda a la segunda categoría. Llámenla 'zarzuela barroca' si quieren, pero esta
ópera española puede codearse con la producción de sus coétaneos, incluídos
Haydn y Haendel, y es digno prolegómeno de los prodigios operísticos de Mozart.
Una música medida e inspirada para un texto soberbio del gran Ramón de la Cruz
en un libreto de encomiable coherencia (méritos que se atribuyen en parte a un
expurgado concienzudo del original), y todo ello en una obra única, en la única
ópera que compusiera Luigi Boccherini. Lástima que no hubiera más. Lástima que
no hubiera otros. Lástima de más encargos por parte de la aristocracia española.
Pudo haber en España un género a la altura del de Italia si la cúspide social lo
hubiera apoyado como hizo doña María Faustina Téllez-Girón, condesa viuda de
Benavente, encargando al titular musical de su Casa esta agradable Clementina
que merece entrar en los repertorios habituales. Un digno entretenimiento. Un
rato muy agradable. Un espectáculo donde todo resultó gratificante.
Vivió
60 años (1581-1649); a los 32 se metió en un convento dominico, y no pintó más
de cuarenta obras en toda su vida. Juan Bautista Maíno apenas es conocido en
España y absolutamente nada por esos mundos. El Prado lo rescata del olvido con
exquisito cuidado, expone su obra prácticamente completa y la acompaña de otras
tantas obras de maestros de su tiempo para que podamos encuadrarla en su justa
valía. Es su propuesta para este otoño y es una propuesta que merece
reconocimiento y éxito. “Probablemente nadie llegó tan cerca de Caravaggio como
este dominico español”, dijo de él el primer experto que lo lanzó
internacionalmente. Y con ello le situó perfectamente.