La Estrella de Sevilla es un superclásico y
ha gozado de continuas representaciones durante sus cuatro siglos de existencia.
Empezó siendo un exitazo y casi muere de ello, pues debió sufrir tantos arreglos
y apaños que ahora sólo puede decirse de ella que es atribuida a Lope de Vega,
mil veces manipulada por intérpretes y adaptadores, y quizás escrita o refundida
por Andrés de Claramonte, un actor murciano que representaba a menudo las obras
de Lope, y dramaturgo también al que se reivindica en las últimas décadas. Se
programó en 1977 en la inuaguración del Festival de Almagro, hace diez años la
volvió a presentar el insigne Miguel Narros con la CNTC, y una década después lo
hace su actual director, Eduardo Vasco, en una versión de gran nivel y
belleza.
'Este espectáculo está recomendado para público adulto por el
contenido de algunas de sus escenas', advierte el dossier de prensa. Y debería
también figurar en el cartel y toda la publicidad de la obra porque en su primer
mitad es lo más parecido a un espectáculo porno, con una pareja
en pelotas a medio metro de ti, que se masturban y simulan coitos en todas las
posiciones. No obstante, en la segunda parte la obra evoluciona hacia un
espectáculo sadomasoquista, con mucha violencia y menos desnudos. Una
joya para los que gustan de estas cosas. El aderezo es un texto panfletario con
algunos aciertos y muchos horrores, unos diálogos sesudos entre una puta pobre y
buena, y un cliente rico y malo que pasan revista a la globalización, la
inmigración, la corrupción política, la crueldad financiera, la maldad judicial,
y especialmente al sistema de libre mercado culpable de los mayores crímenes,
especialmente de producir verdugos como el protagonista y víctimas como la
protagonista. Todo ello alumbrado por esa estrella de cinco puntas que aparece
junto al título para que no haya la menor duda de la empanada que se nos
ofrece.
Magic People Show es un simple espectáculo de
café teatro, un show humorístico napolitano sobre las gilipoyeces de su
sociedad, tan parecida a la nuestra. Basado en los artículos de Giuseppe
Montesano en el diario Il Mattino, tiene talento, sutileza, gracia y
mérito. Lástima que se haya quedado un tanto antiguo por mor de la crisis
económica. Habla del Nápoles de la burbuja inmobiliaria y
consumista, del turismo de masas a la Patagonia, de la omnipresencia del
'telefonino' (el maldito móvil). Su mayor acierto es el tono, ese tono escéptico
e irónico de la crítica inteligente, que nada tiene que ver con los panfletos
politizados izquierdosos que llenan nuestros escenarios.
Cabaret literario dicen Xavier Albertí y Lluisa Cunillé que es
su versión de "La corte del faraón". 'Zarzuela deconstruida a la manera
posmoderna' podríamos también decir del espectáculo que han presentado
durante diez días en el Teatro de la Abadía, tras su estreno en Barcelona en
2008 y antes de viajar a Sevilla y Granada. Es una burla soportable de los
tópicos musicales españoles, de más lograda escenografía que texto, un picadillo
demoledor de una gran opereta española décimonónica, que hace reir y pasar un
buen rato, pero también preguntarse por lo que aporta a la larga y respetable
trayectoria del original.
Hasta media docena de veces repitió el presidente Rodríguez Zapatero este mediodía que el cambio de gobierno que ha realizado, tan sólo un año después de ganar las elecciones, está destinado a combatir la crisis económica mediante un cambio del modelo económico que sigue España desde los años sesenta del pasado siglo, el mismo del tardofranquismo y de la casidemocracia, el que ha subsistido a todas las alternancias: desarrollismo, consumo y construcción. El modelo que ha hecho fracasar la transición española y que nos ha colocado en primera fila frente al precipicio de la recesión mundial.