Otra vez el mito de Fausto. Otra vez esta periclitada
travesura romántica del mortal que vende su alma al diablo a cambio de una buena
amante. Decenas, quizás centenares de versiones en todos los géneros musicales y
artísticos nos contemplan. Es un mito muy gastado a estas alturas, porque quien
no haya vendido su alma (opinión, criterio) al diablo (al jefe, a los amigotes,
al vecino) a cambio de algo (dinero, halagos, comodidad) que tire la primera
piedra. Esta vez es el Fausto de Jean-Christophe Maillot, con los Ballets de
Monte Carlo en Los Teatros del Canal dentro del festival Madrid en Danza. Una
disculpa, un guiño, para montar un espectáculo excelso, una demostración de que
algo llamado el ballet neoclásico existe, y puede ser superior a todo lo que se
imagina, ópera y cine incluidos.
'Un mago que engaña al público con realidades ficticias dicen
que se definió una vez, quizás bromeando. Un contador de historias, un
constructor de metáforas en forma de escultura: también él se veía así. En la
solapa del catálogo de esta exposición está manejando esos tres vasos que el
tahúr callejero mueve a gran velocidad para que no aciertes en cual está la
moneda, y lo hace en una foto con truco. Su trabajo radiofónico más conocido, A
Man in a Room, Gambling (un hombre en una habitación, apostando), se apoyaba en
su propia narración de trucos de naipes. Lo mejor de esta retrospectiva de su
obra, es el encuadre, porque en el espacio circundante es como los guiños
visuales de Muñoz, sus juegos de perspectivas y sombras, sus sorpresas inocentes
y juguetonas, adquieren toda su potencia y fulgor.
Tenía 73 años de edad Claudio Monteverdi cuando estrena en
1640 'Il ritorno d’Ulisse in patria', 33 años después de 'inventar' la ópera con
su L'Orfeo. Demostraba estar en plena forma, como lo están los encargados de
llevar su trabajo al Teatro Real casi cuatro siglos después, el director musical
William Christie, y el director musical, Pier Luigi Pizzi, que no deben andar
muy lejos de la edad y la experiencia que tenía Monteverdi cuando compuso esta
obra y revisó hasta modificar sustancialmente el magnífico libreto de la misma,
un texto a la altura de una música que juntos ofrecen un banquete de placer
estético inolvidable, si bien rozando magnitudes casi indigeribles para el
humano actual, siempre estresado y agobiado como para sentarse ante un festín de
tres horas y media de duración.
El
teatro fue un templo abarrotado de fieles devotos y expectantes. El estreno de
'Cuento de invierno', la segunda entrega de The Bridge Projects en Madrid en
olor de santidad global, no estuvo por debajo de las expectativas. Probablemente
representa el mejor teatro que pueda verse en estos momentos en todos estos
mundos mundiales. Un cuento maravilloso para adultos deseosos de evasión de
calidad. Una adaptación lograda del imposible texto de Shakespeare como sólo los
grandes pueden conseguir. Un espectáculo medido, sin apabullar, con la
coherencia y austeridad que sólo los grandes pueden permitirse. El teatro
plasmando su superioridad sobre el cine. El clásico de los clásicos aunando
respeto e innovación.