El
Museo del Prado presenta la mayor y más importante antológica que se ha dedicado
nunca a Joaquín Sorolla, el pintor español con mayor proyección internacional
del siglo XIX. El centenar de pinturas del artista suponen un ambicioso
recorrido el que se dan cita todas sus grandes obras maestras, incluido el
conjunto de paneles de sus Visiones de España pintados para la Hispanic Society
of America y traídos a España en 2007, que ya fueran exhibidas en Valencia y
otras ciudades españolas en olor de multitudes.
Los
grandes museos están ya presentando su programación para el verano. Mientras que
el Prado apuesta por Sorolla, y el Reina Sofía por 'Los Esquizos', -el grupo
figurativo ligado a la movida madrileña de los setenta y ochenta, del que
hablaremos pronto-, el Museo Thyssen se ha decidido por indagar en la etapa
menos conocida de Henri Matisse, en lo que fue el tramo central de su carrera,
desde 1917 a 1941. Presenta una exposición soberbia, un baño de belleza y
colorido, un festín exótico rodeado de odaliscas, un paseo magnífico por su casa
de Niza, con esa ornamentación exhuberante que le fascinaba, y una sucesión de
balcones abiertos prologando la mirada recluida del artista. Dos décadas
pintando y pintando lo mismo y de la misma forma, aquietada la paleta, candorosa
la mirada, ajeno al mundo, investigando en su universo de formas y colores
propios. Reposando su primera osadía, ensimismado, entre dos enormes guerras a
ambos lados del incesante pincel.
Los
clásicos pueden discutirse y hasta odiarse. Pero son los clásicos por algo, y
esta obra pertenece sin duda a los grandes jalones del teatro del siglo XX.
Tiene sentido traerla de nuevo a escena. Y se ha hecho con gran solvencia.
Muerte de un viajante es un texto denso para un argumento ambicioso, aunque las
tres horas largas de duración del espectáculo deberían haberse dejado en dos y
pico, suprimiendo el descanso y algunos afluentes secundarios de la obra que
distraen más que completan. En todo caso, Mario Gas hace un gran trabajo al
frente de un reparto y un equipo técnico magníficos. El público se ha dado por
enterado y hay llenos totales y ovaciones largas y sentidas. Un acierto del
Teatro Español para cerrar la temporada.