El accidente aéreo ocurrido ayer al mediodía en Madrid está siendo rodeado de un secretismo nada conveniente. Al tener lugar en las mismas pistas del aeropuerto, se dispone sin duda de una filmación que pueda aclarar si hubo o no hubo explosión, y que haga posible a los expertos un dictamen en caliente siempre limitado a la provisionalidad. Dada la magnitud de la tragedia y las repercusiones que va a tener sobre el prestigio internacional de España, y de Madrid en concreto, y en particular sobre el sector turístico nacional, vital más que nunca en estos momentos de recesión económica, sería el mismo presidente del gobierno, o en su defecto, la vicepresidenta, quien debía ya haber aparecido ante los medios internacionales para representar el dolor y la vergüenza nacional y una versión oficial del accidente.
Un obispo argentino sanciona a un teólogo que duda de demonios y apariciones
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Terminó el mayor espectáculo del mundo, el gran circo cuatrianual, el gran negocio mediático y publicitario, la reunión universal de humanoides de probeta, de maquinarias de carne y sangre aspirantes a computadora.
Obama elige como segundo a un veterano -católico y blanco- para equilibrar imagen
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El alma de Jerusalén: el tercer templo y/o la sagrada mezquita
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Es la hora de los conservadores, pero no se nota
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La copa que Cristo supuestamente usara en la Última Cena no es
una metáfora para ocultar secretos estilo Código da Vinci, sino un objeto bien
real, labrado en un taller de Palestina o Egipto, de 17 centímetros de altura
con recipiente de ágata llamada cornerina oriental, de color rojo obscuro, asas
de oro y pie de concha, adornada con dos rubíes, dos esmeraldas y veintiseis
perlas sobrepuestos en los siglos XIII a XIV, que se puede contemplar todos los
días en la catedral de Valencia. Juan Pablo II y Benedicto
XVI usaron este cáliz al celebrar sus Misas multitudinarias en sus
respectivas visitas a Valencia, lo que se ha considerado un apoyo del Vaticano
en favor de la autenticidad de esta reliquia. Pero jamás ha sido formulado un
comentario oficial.
Las canciones de Berlusconi
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Si ya el apellido Obama recordaba inmediatamente el nombre del enemigo
público número uno, don Osama bin Laden, el nombramiento de John Biden como
segundo, añade parecido: Obama-Biden se semeja curiosamente a Osama Bin (Laden).
Pero no era de esta frivolidad de lo que íbamos a hablar sino de que, como dos
de mis ilustrados lectores se han apresurado a señalar, es muy posible que este
nombramiento del católico Joe Biden como candidato a vicepresidente demócrata,
no haya disgustado a nadie más que lo han hecho a la misma Conferencia Episcopal
de EEUU. Es un conocido disidente de las posiciones oficiales católicas sobre el
aborto especialmente, en general en todo el abanico de 'la defensa de la vida',
un bien conocido 'pro-choice', como lo fuera John Kerry, cuya nominación hace
cuatro años desató la llamada 'guerra de la hostia' (wafer war), alrededor de la
posibilidad de negarle públicamente la comunión.