EL SISTEMA DE FASCIAS
El conocimiento sobre las fascias es relativamente moderno.
También reciente es el conocimiento de la ciencia anatómica sobre el
movimiento pulsátil de los huesos del cráneo y de la médula espinal,
así como la fluctuación del líquido cefalorraquídeo por el interior de
las meninges.
Taylor Still empezó a hablar del tejido fascial al principio de su
trabajo como osteópata, considerándolo de gran importancia en el
estudio y desarrollo de una lesión osteopática. Decía también que aún
nos quedaba mucho para comprender mínimamente el papel de las fascias.
El hombre está formado por huesos, músculos, nervios, ligamentos,
vasos sanguíneos, etc. y todos estos sistemas están íntimamente
interrelacionados a través del tejido fascial, asegurando así la
cohesión del conjunto y estableciendo un vínculo interno entre todos
sus sistemas por medio de una perfecta red de comunicación electro-
química y neuronal.
El tejido fascial se encuentra por todo el cuerpo, aunque reciba en
anatomía diferentes nombres según dónde se encuentre o la función que
realice. Por ejemplo el tejido aponeurótico, el tejido conjuntivo, las
meninges, las membranas exocraneales e indocraneales, los ligamentos,
los tendones, los músculos, etc. son tejidos fasciales.
DIBUJO DE LOS LIGAMENTOS DEL CORAZON
DIBUJO DE LOS ELEMENTOS QUE CONSTITUYEN LAS FASCIAS
Al tejido conjuntivo rodea y protege al tejido muscular. El tejido
fascial es una capa ancha de tejido conjuntivo fibroso y el tejido
conjuntivo comparte estructura, forma y componentes similares al
tejido fascial.
El tejido conjuntivo es el más abundante en el cuerpo humano. El
tejido conjuntivo es el órgano de la forma. Este tejido también
llamado fascia, está formado por capas reticulares de tejido que
envuelven todos los componentes de nuestro cuerpo. Cada músculo,
órgano, hueso, nervio, ligamento, etc. tiene o está envuelto por
tejido fascial, todo en menor o mayor medida dispone de capas de
tejido conjuntivo.
Si se quitaran todos los órganos, huesos, músculos, etc. del cuerpo
humano, dejando solamente el tejido fascial, anatómicamente hablando
quedaría un mapa perfecto de dicho cuerpo.
Las fascias son el elemento de subdivisión y clasificación de nuestro
cuerpo, a la vez que informan al sistema nervioso central sobre la
estructura interna de nuestro cuerpo.
Podemos decir que el tejido fascial es el órgano de la forma.
Por ejemplo si introdujéramos una fina aguja por la piel del brazo
hasta el hueso, la aguja pasaría por varias capas de fascias. Primero
atravesaríamos la fascia superficial, justo debajo de la piel, luego
las sucesivas fascias de los músculos, primero su envoltorio, luego el
tejido conjuntivo y al final atravesaríamos la capa conectiva entre el
músculo y el periostio.
Las fascias definen planos y volúmenes dentro de nuestro cuerpo. Entre
sus funciones están la de ayudar al movimiento y deslizamiento de
músculos y de órganos entre sí, la de protegerlos, nutrirlos y servir
de apoyo al sistema nervioso central.
En terapia cráneo-sacral consideramos al tejido conjuntivo como un
tipo de tejido fascial, ya que está constituido por muchos de los
componentes y dispuesto de manera parecida al tejido fascial.
Por tanto definimos que nuestro cuerpo esta formado en su mayoría por
tejido conjuntivo, cuya algunas de sus propiedades es responder a
influencias químicas o mecánicas con cambios momentáneos o
permanentes. Serán permanentes si la frecuencia y la intensidad son
reiteradas y por tanto el tejido organizado en fascias que recorren
todo el cuerpo y envuelven los músculos se va viendo afectado y por
tanto se organiza de forma diferente, desviando las estructuras de su
forma habitual, esto afectara por tanto a las articulaciones y a su
movilidad. Este tejido fascial tras el trauma físico o psíquico
repetitivo se contrae y arrastra en su desplazamiento a las demás
estructuras, y si la situación no es corregida a tiempo, con mucha
facilidad producirá desviaciones en diversas partes del cuerpo, que
con el tiempo se pueden hacer crónicas.
El sistema de fascias, en el que se basa esta terapia, dispone de un
gran poder de almacenaje del trauma físico o psíquico y es el único
sistema capaz de conectar los sistemas mental, emocional, sensorial y
locomotor a través de la memoria y durante las 24 horas del día,
mediante su intrincado sistema de fibras fasciales que sobrepasa
aspectos de espacio y tiempo.
Es decir, uno se puede torcer un tobillo y después de un mes tener un
dolor de mandíbula que el dentista no podrá localizar. En este
aparentemente simple proceso de torcedura del tobillo se ha producido
una compleja reacción en cadena.
A través de este tejido especializado o fascia, dicho golpe será
compensado y el efecto del impacto y el dolor serán re-dirigidos
propagándose como una onda en dirección opuesta.
Hasta ahora las investigaciones anatómicas modernas no han mostrado
mucho interés por las fascias. Los libros y atlas de anatomía muestran
los músculos, órganos, huesos, nervios, etc. al descubierto. Aunque
todos estos órganos sean los mismos en todas las personas puesto que
fisiológica y morfológicamente apenas existen diferencias entre dos
cuerpos, lo que sí varía de un cuerpo a otro es el estado del tejido
fascial de cada órgano, de cada parte del cuerpo.
Recordemos que las fascias conforman la estructura y la forma del
cuerpo humano que a su vez no es más que un reflejo de ciertos
patrones básicos y circunstanciales adoptados.
Estos patrones estructurales tienen una larga historia, los adoptamos
en la infancia, en la pubertad o incluso en el nacimiento.
Todos los patrones físicos están sometidos a un proceso de formación a
lo largo de la vida humana. Las influencias internas y externas
determinan nuestra apariencia corporal. Lo que hemos vivido, las
experiencias emocionales que hemos experimentado, las circunstancias
traumáticas que hemos pasado, según cómo lo hemos experimentado o
vivido en nuestro Ser y cómo hemos permitido que repercuta en nuestra
morfología, determinará en gran medida nuestra estructura corporal.
Todos estos aspectos psicológicos y/o energéticos repercuten muy
directamente en el tejido fascial.
Si entendemos la vida como una secuencia de reencarnaciones, podemos
entender también cómo desde nuestro nacimiento tenemos ya rasgos muy
particulares sobre nuestra morfología. Podemos decir que la morfología
corporal crea aspectos psicológicos y que éstos a su vez crean nuestra
estructura corporal. Al nacer venimos con deformaciones de la columna
o rasgos morfológicos propios de cada uno, desde el nacimiento y es
muy probable que traigamos estos defectos de otras vidas, ya que las
fascias van más allá del tiempo y del espacio.
Podemos decir también que a los 15 años tenemos el cuerpo con el que
hemos nacido y a los 30 años tenemos el cuerpo que nos hemos hecho.
Cuando hablamos de cuerpo estamos refiriéndonos a su forma exterior e
interior.
En biología el tejido fascial está considerado entre la morfología y
la fisiología. La morfología se encarga de sistematizar, clasificar o
distinguir el cuerpo humano. La fisiología se ocupa de los procesos
del cuerpo viviente, cómo funciona y qué actividades realiza.
Esta ciencia todavía no tiene claro qué alcance y qué función realiza
el sistema fascial en los procesos del organismo. Sin embargo antes o
después la ciencia descubrirá la gran importancia del tejido
conjuntivo o fascial para la formación y mantenimiento de la vida.
Podemos asegurar que el tejido fascial tiene un papel muy importante
en el control del crecimiento del organismo, así como su mantenimiento
y relación con el sistema nervioso central.
Repetimos pues que lo que fundamentalmente establece las diferencias
entre un cuerpo y otro son las fascias
LA FASCIA SUPERFICIAL Y LA PROFUNDA
Se puede decir que las fascias se encuentran en todo el cuerpo.
Podemos diferenciarlas en dos capas de fascias principalmente: la
fascia superficial y la profunda.
Estos dos componentes corporales tan importantes en este trabajo
cráneo-sacral son los que se encargan de la interacción entre las
tensiones locales y el conjunto de la compleja forma corporal.
Iremos observando y comprendiendo las sorprendentes conexiones
existentes entre el tejido fascial y todo nuestro cuerpo físico e
incluso nuestra estructura emocional y mental.
LA FASCIA SUPERFICIAL: La fascia superficial es un sistema fibroso que
envuelve todo el cuerpo por debajo de la piel, permitiendo la
transmisión de tensiones a través de distintas partes del cuerpo sin
que puedan ser descritas u observadas mediante un análisis de los
elementos anatómicos. Se encuentra unida a la cara inferior de la piel
y es un tejido fibro-elástico, tejido conjuntivo areolar y tejido
adiposo de confección holgada. Aquí encontramos grasas y estructuras
vasculares (incluyendo redes capilares y canales linfáticos) y
estructuras nerviosas, en especial los corpúsculos de Paccini, que nos
sirven de receptores cutáneos.
La piel puede desplazarse en todas las direcciones sobre las
estructuras más profundas gracias al holgado diseño de la fascia
superficial. Aquí hay espacio potencial para la acumulación de
fluidos. Gran parte de la grasa de las personas con sobrepeso se
almacena en esta fascia superficial.
Esta fascia cumple cuatro importantes funciones:
• Aquí se almacena agua y grasa.
• Protege frente a la perdida de calor, es aislante.
• Proporciona protección mecánica frente a los traumatismos.
• Constituye un camino por donde los nervios y vasos sanguíneos entran
y salen de los músculos.
Las anormalidades palpatorias de la textura tisular no son más que el
resultado de cambios en la fascia superficial. Esta fascia superficial
nos envuelve como una película y puede tener un grosor diferente según
el sitio donde se encuentre.
LA FASCIA PROFUNDA: En un nivel más profundo nos encontramos con que
las fascias envuelven y separan los huesos, los músculos, rodean y
aíslan las vísceras y contribuyen de manera importante a la forma y
función del cuerpo. Podemos llamar a estas fascias profundas, fascias
individuales de tejido conjuntivo denso e irregular.
Esta fascia profunda mantiene a los músculos unidos separándolos en
músculos funcionales. Esta fascia permite que los músculos se muevan
libremente.
La capa más externa que rodea a cada uno de los músculos es el
epimisio. El perimisio rodea a los haces musculares compuestas por 10
o mas de 100 fibras musculares. Penetrando a cada fascículo y
separando cada una de la fibras musculares de las demás se encuentra
el endomisio.
El epimisio, el perimisio y el endomisio se continúan y proporcionan
fibras de colágeno comunes al tejido conjuntivo, que une los músculos
a otras estructuras, como los huesos u otros músculos. Estos tres
elementos se pueden unir y extender mas allá de fibras musculares
formando un tendón, una cuerda de tejido conjuntivo denso que une los
músculos al periostio del hueso. Algunos tendones disponen de una
vaina tendinosa que permite que entre ellos se deslice con mayor
facilidad. Cuando los elementos del tejido conjuntivo forman una capa
ancha y plana el tendón recibe el nombre de aponeurosis. Esta
estructura también se une al hueso, a los músculos o a la piel. Un
ejemplo de aponeurosis es la epicraneal en la parte superior del
cráneo.
El peritoneo, el pericardio y la pleura, son elementos especializados
de las fascias profundas. Todos los órganos internos están envueltos
en un tejido fascial que les protege y les da forma y sustentación.
Esta fascia individual casi nunca termina exactamente donde el músculo
o el órgano tiene su inserción o su origen, sino que en la mayoría de
los casos continúa en otras fascias de otros músculos u otros órganos
u otras partes del cuerpo. Este dato es muy relevante para la terapia
cráneo-sacral.
Por eso los terapeutas de cráneo-sacral sabemos que liberando el
movimiento respiratorio primario en una parte del cuerpo estamos
ayudando y mejorando toda la función y estructura corporal.
Las fascias realizan la tarea de conectar, unir, vincular, separar,
nutrir, soportar y deslizar. Sin embargo el papel prioritario de las
fascias es el de conectador: recogen la información de un tejido y la
envían a otro, además de establecer conexiones con el sistema
sensorial, emocional y mental.
Otras de las principales funciones de las fascias son las de proteger
y sostener.
Parece claro que todos los órganos internos están sostenidos por un
tipo de tejido fascial (ligamentos) que evitan que estos órganos
caigan y se descuelguen por el efecto de la gravedad. Recordemos que
los ligamentos son fascias.
Las fascias dan soporte a los vasos sanguíneos y nervios de todo el
cuerpo, hacen posible que tejidos adyacentes se muevan y rocen entre
sí proporcionándoles estabilidad y contorno, y además es por el
interior de este tejido donde circula el líquido cefalorraquídeo.
Todos los órganos y vísceras tienen su forma determinada de la energía
Chi. Las fascias son acumuladores y distribuidores de la energía
vital.
La buena circulación de la energía Chi por las fascias significa una
buena simulación en todo el cuerpo. Las fascias sanas son sinónimo de
energía beneficiosa, de flexibilidad e integridad estructural. Las
fascias sanas parecen planchas tirantes de material delgado y
resistente que ofrecen escudo protector flexible.
SISTEMA CONECTIVO FASCIAL: Somos una fascia grande. Nuestros nervios,
músculos, capilares, huesos, etc. existen y pueden realizar sus
funciones gracias al orden y conexión que permiten las fascias. Este
sistema fascial mantiene al sistema nervioso en constante conexión con
todo el organismo, es decir, ayuda junto con los nervios a que todo
el organismo esté interrelacionado.
Las fascias proveen de líquido lubricante a las diferentes estructuras
con el fin de permitir el movimiento y la nutrición de tejidos y
órganos.
En los tendones y ligamentos las fascias presentan características
distintas, aunque comparten con la fascia general elementos como el
colágeno, fibras elásticas y otras sustancias celulares. En estos
componentes especializados de las fascias existen mecanorreceptores y
propiorreceptores que envían información a la médula espinal y al
cerebro sobre las posiciones corporales y los diferentes movimientos
que realizamos.
El tejido fascial también ayuda en la defensa del sistema inmunitario
ante cualquier agresión, sea ésta por impacto, por disminución del
aporte nutritivo o de oxígeno, por el aumento de gas carbónico y de
desechos metabólicos, proliferación de microbios o por la irritación
de los receptores nerviosos. En estos casos las fascias tienden a
inflamarse, enrojecerse, crear calor y producir dolor. Aquí tiene
lugar un proceso automático de reparación y cicatrización basado en
mecanismos complejos en los que el tejido fascial o conjuntivo juega
un papel muy importante gracias entre otros al LCR que circula en su
interior.
Las fascias son tejidos de protección y unión que envuelven a todos y
cada uno de los órganos de nuestro cuerpo. Hacen posible que nuestra
piel, músculos, huesos, todos nuestros órganos y diferentes sistemas
permanezcan unidos ofreciendo un escudo de protección y lubricación.
Los libros de medicina enumeran más de 100 tipos diferentes de
fascias.
Las fascias son estructuras de energía Chi a las que se puede
fortalecer y conservar húmedas y flexibles cargándolas con grandes
cantidades de energía. Son como finos conductos de energía que
circulan por el cuerpo. Los canales y meridianos de energía de los
órganos pasan por las fascias. Para mi entender las fascias son uno de
los más importantes conductos físicos por donde la energía, el alma y
el espíritu se mueven y habitan.
Cuando las fascias no tienen demasiada energía, se endurecen y vuelven
frágiles. Cuando la persona pierde su energía o ésta no circula bien
(como en el caso de una cicatriz), el cuerpo se endurece y los
movimientos pueden resultar dolorosos y poco armónicos. Sabemos que en
la mayoría de los casos de cicatrización el tejido dañado no recupera
su suavidad ni calidad original. Lo que predomina en estos casos es el
tejido fibroso responsable del aspecto rígido denominado fibrosis.
Además, esta cicatrización va acompañada por adherencias responsables
de diversas patologías como son irritaciones, espasmos o fallos
energéticos en dicha zona producidos por la falta de comunicación
eléctrica entre las células del tejido fascial y sus alrededores, así
como el acortamiento de tejidos (una operación donde hay cicatriz
siempre tendrá estos inconvenientes). Como ya hemos dicho, en el
proceso de cicatrización se produce un acortamiento del tejido fascial
que tiende a compensar dicho acortamiento ocasionando un exceso de
tensión en zonas distales que posiblemente cause dolor o malestar en
algún otro punto del cuerpo.
Vemos pues que a través de las cadenas musculares o fasciales estas
cicatrices pueden producir molestias en otras partes del cuerpo.
De igual manera, cuando una persona recibe un impacto en la cabeza su
sistema fascial intenta que el cerebro quede lo menos dañado mediante
ajustes elásticos. Intenta protegerle amortiguando dicho impacto como
si fuera un muelle, es decir, absorbiendo los impulsos del golpe y re-
dirigiéndolo hacia zonas menos importantes.
Es como echar una piedra en un estanque: las ondas circulares que se
forman tras el impacto de la piedra en el agua son simplemente un
sistema de amortiguación.
Este impacto se transmite por las fascias de las suturas craneales
externas, las fascias internas, las fascias longitudinales y
transversales y por los envoltorios musculares del cuello.
Aunque es difícil percibir este principio en el tejido fascial, es
cierto que tras un traumatismo existe un movimiento dinámico del
tejido fascial o aponeurótico ya que funciona como sistema protector
amortiguando el impacto.
Las fascias se caracterizan por su continuidad de una zona a otra,
recubriendo completamente todos y cada uno de nuestros elementos
corporales y llegando incluso a todas las células del organismo en un
sistema complejo pero unificado y unitario.
Al hablar de fascias hablamos de diferentes tejidos que tienen la
misma función. Dependiendo de dónde se ubique la fascia, de dónde esté
el tejido de relleno, recibirá un nombre u otro.
El tejido aponeurótico, el envoltorio que se encuentra entre músculo y
músculo, es una fascia.
El hueso tiene su propio envoltorio, el periostio, otra fascia que
protege y nutre al hueso.
Una arteria tiene diferentes hojas o túnicas que la envuelven y cuya
función es la de proteger y nutrir, pues bien, esto también forma
parte del tejido fascial.
El abdomen tiene varias capas de fascias, en realidad allí es donde se
encuentra la mayor concentración de fascias del cuerpo de ahí la
necesidad de mantener sano y energetizado todo el abdomen. En técnicas
orientales y en artes marciales mantienen esta zona, el punto hara
como el lugar donde almacenar la energía y donde sale el poder y
fuerza descomunal que un practicante necesita sacar en un momento
dado.
Mejorar nuestra energía equivale a mejorar nuestro sistema fascial,
especialmente si tenemos en cuenta que las fascias son los
distribuidores y almacenadores de la energía de nuestro cuerpo.
Las fascias sanas son como láminas tirantes de un material delgado y
resistente que ofrece un escudo protector flexible. Fascias sanas son
sinónimo de flexibilidad, de unidad estructural y de que disponemos de
un cuerpo sano y vigoroso. Son ellas las responsables en gran medida
de nuestro estado de salud y es ahora cuando nos estamos dando cuenta
de la importancia de este tejido.
Como ya hemos dicho, la fascia posee una elasticidad y ésta le permite
tanto mantener su forma como responder a la deformación.
La deformación elástica es la capacidad de la fascia para recuperar su
forma original cuando ha desaparecido la carga.
Sin embargo, aunque la fascia tiene la capacidad de dar de sí cuando
se la somete a una carga de estiramiento constante, si esta carga es
grande y se aplica durante un periodo de tiempo prolongado, la fascia
puede no ser capaz de recobrar su tamaño y formas originales pudiendo
dar lugar a una deformación plástica y pérdida de energía. A éste
fenómeno se le llama histéresis.
Tras la relajación que se acompaña a esta nueva adaptación del tejido
estirado, éste recibe un desgaste y posteriormente dispone de menor
resistencia a una segunda aplicación de carga. Éste fenómeno es de
importancia clínica para el terapeuta cuando se observan los efectos
del tejido conectivo o fascial provocados por lesiones agudas, micro-
traumatismos repetitivos o debido a una tensión constante.
Siguiendo el principio de “dañar lo menos posible a lo más importante”
y gracias a la inherente tendencia a la salud, supervivencia y
conservación del cuerpo, este tejido siempre intentará alejar el
trauma físico de las zonas más importantes.
EL TEJIDO FASCIAL ES RESISTENTE Y SENSIBLE A LA VEZ
Podemos decir que las fascias son resistentes a los traumatismos y
realizan un papel de protección, pero sin embargo son sensibles a las
energías de baja vibración o energías negativas. Este tejido se da
cuenta de muchas cosas que nosotros no nos damos cuenta, de muchas
energías que son o no son buenas para nuestro organismo. Este tejido
tiene su propia inteligencia y memoria y si ha sido dañado por
ejemplo por los cafés o el alcohol, cuando queramos o tengamos
intención de tomar algo de esto, el cuerpo entero se pondrá malo
incluso antes de haber tomado nada. Es la sabiduría natural del
cuerpo. El tejido fascial es extremadamente sensible a las influencias
energéticas del entorno y del interior.
La fascia está hecha de colágeno, elastina y ácidos. Esta constitución
la convierte en una estructura elástica, dura y resistente.
El tejido conjuntivo tiene la capacidad de responder a influencias
mecánicas o químicas realizando cambios en su estructura y forma.
Como ya hemos visto, una carga constante en el cuerpo hace que éste
modifique su configuración para acomodar dicha carga y como
consecuencia puede dejar rasgos permanentes en el cuerpo. Las
experiencias traumáticas pueden provocar el acortamiento de un músculo
y de sus fascias. Bajo tensión los músculos se contraen, pero si esta
tensión persiste, el acortamiento se puede hacer permanente ya que la
fascia empieza a unirse al músculo y a entremezclarse con éste en
patrones de acortamiento. Esto hace que el músculo se endurezca
causando al conjunto del cuerpo que se acople en una postura desviada
o asimétrica.
Si las influencias externas dejan rasgos permanentes en la estructura
del cuerpo, entonces deducimos que al realizar el proceso inverso
devolveremos al organismo su estructura corporal correcta.
Veamos qué puede suceder tras un trauma físico o psíquico.
Un traumatismo físico puede ser una lesión o golpe tras un accidente
de motociclismo o de cualquier otro deporte y un trauma psíquico puede
ser el ocasionado por un miedo intenso o por el enorme sufrimiento por
la pérdida de un ser querido.
Como consecuencia de un trauma lo normal es que la onda expansiva del
tejido fascial adopte una dirección determinada para protegernos y
aliviar el dolor y que luego vuelva a su posición inicial. No
obstante, ocasionalmente en el proceso de retroceso las fibras no se
alinean bien y se atascan. Debido a que las fascias están repartidas
por todo el cuerpo de forma continua y a que los músculos se
complementan y equilibran unos con otros, dicho traumatismo tensará y
acortará el músculo en la zona local, pero de igual manera se
producirá una tensión compensatoria en otra parte del cuerpo.
Al cabo de años o meses el sujeto puede tener problemas de pérdida de
olfato, de oído, dolor de hombro, molestias en el cuello, en la
cabeza, problemas respiratorios, fallo de memoria, etc. que
difícilmente podremos asociar con algo que nos sucedió hace 3 ó 4
años.
Por supuesto el proceso de deterioro provocado por un traumatismo es
reversible en la mayoría de los casos. El cuerpo se puede manipular y
dirigir a una posición mejorada, ya que el cuerpo es maleable. Incluso
los huesos están continuamente regenerándose y cambiando su
estructura.
La energía del terapeuta cráneo-sacral calienta y libera las fascias
de todo el cuerpo, ayudando al paciente a recobrar su mejoría.
Aquí prestaremos especial interés a la duramadre raquídea o médula
espinal.
La médula espinal es fuerte y resistente así como rica en fibras de
colágeno. Su débil rigidez proporciona cohesión entre las estructuras
del cráneo internas y externas, la columna vertebral, el sacro y el
cóccix.
Debido a tan estrecha vinculación entre estos componentes del cuerpo
humano, un problema en el sacro repercute en la columna y en el
cráneo, y viceversa.
Muchos problemas de origen psíquico, por no decir todos los problemas
emocionales, mentales y sentimentales que a lo largo de la vida
sufrimos, derivan en auténticos traumas que afectan a nuestras
fascias.
Por ejemplo, situaciones emocionales traumáticas con los padres, con
los hijos, con la pareja o cualquier otra relación, repercuten en la
tensión de las fascias de todo nuestro organismo.
Es muy posible que una discusión, una pena o tristeza, un enfado, una
depresión, una duda o incertidumbre, un no decir lo que uno quiere
decir, o cualquier emoción negativa, pueda producirnos tensión en el
tejido fascial y dolor en alguna parte del cuerpo.
Nuestras emociones entristecen nuestro cuerpo, alma y espíritu, y como
el tejido fascial interconecta estos tres pilares del Ser, es de vital
importancia el cuidado y relajación de este tejido tan especializado.
Es importante que seamos conscientes de que si nos vamos llenando de
pequeñas capas de energía negativa o traumática sin aprender a
liberarlas, al cabo del tiempo éstas se pueden convertir en una
distorsión psicológica y finalmente materializarse en una lesión
física. Sin embargo es muy posible que hasta que esto suceda
continuemos viviendo sin apenas darnos cuenta, sin demasiadas
molestias palpables. Quizá seamos un poco más infelices o tengamos
cierta dosis de ansiedad hasta que estos estados “soportables” deriven
en serios problemas, como por ejemplo en una esquizofrenia o un
cáncer.
Hasta la fecha aún no se han efectuado estudios que relacionen la
causa con el efecto, o lo que es lo mismo, lo psíquico-emocional con
lo físico. Aunque sabido es por la comunidad científica que casi un
80% de las enfermedades actuales son de tipo psicosomático.
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