El libro, publicado por Top�a Editorial en su colecci�n Fichas para el
Siglo XXI, lejos de impugnar a los adelantos cient�ficos, intenta una
reflexi�n sobre el uso (y el abuso) de los `gadgets` del nuevo
universo de la comunicaci�n.
Hazaki tambi�n es editor de Top�a Revista; realizador del video
"Tinelli-Pergolini, modelo para des-armar". Es autor de la obra de
teatro "Pena maleva", y de los vol�menes "Cuentos de Amor, Tripas &
Div�n"; "Cuentos para despu�s del div�n" y "El psicoanalista perdido".
En di�logo con T�lam, el investigador dice -apoyando su idea-fuerza-
que "aqu� y ahora, yo puedo comunicarme con cualquier parte del
planeta por medio de m�quinas".
Pero sin ignorar los adelantos cient�ficos, Hazaki insiste con un
efecto secundario a esos beneficios: "Esa variaci�n del tiempo, que no
es una novedad en la historia de las civilizaciones, no hay duda que
altera las relaciones sociales".
"No conviene olvidar que el reloj, con su periodizaci�n en segundos,
minutos, horas, es un invento del capitalismo, y que la llamada flecha
del tiempo, el tiempo hacia adelante, es un subrogado del
cristianismo", indica.
En su libro, el psic�logo sostiene que el hombre contempor�neo ha
construido "un cuerpo tecnol�gico" que produce efectos de los cuales
somos cada vez m�s dependientes.
La cita del soci�logo de la cultura Richard Sennet no puede ser m�s
elocuente: "Cuanto m�s c�modo se encontraba el cuerpo en movimiento,
tanto m�s se aislaba socialmente, viajando solo y en silencio".
Hazaki sostiene que "el tiempo siempre fue una medida cambiante. Pero
la instancia del `tiempo real` sucede por primera vez, y en
consecuencia, produce fen�menos, en todos los �rdenes, igualmente
in�ditos".
Estos fen�menos, "producidos por el hombre, en tanto y en cuanto son
las m�quinas las que promueven su potencia comunicativa, tiene como
consecuencia algo que desarroll� (el cr�tico cinematogr�fico espa�ol,
Rom�n) Gubern".
�De qu� se trata? "Del concepto de claustrofilia. El sujeto, desde su
habitaci�n, con la computadora, el tel�fono, la radio, la jugueter�a
digital, est� probado que de los 7 d�as de la semana, 2 los pasa
encerrado en una pieza, conect�ndose. Y esto es particularmente grave
en los ni�os y adolescentes", apunta.
La adicci�n al celular, por ejemplo, es uno de los rasgos de la
sociabilidad actual que estudia nuestro autor. Y da ejemplos que
pueden bordear el rid�culo.
"Porque es cierto que muchas personas hacen lo mismo fuera de su casa,
conectados a su celular. Pero tambi�n podr�a decirse que si hace 30
a�os ve�amos a una persona hablando sola por la calle, se pensaba
`est� loca`; y no es as�, no est� loca: est� hablando con un celular".
En efecto, la hiperconectividad promueve una claustrofilia, una
retracci�n del mundo social, del cuerpo a cuerpo, del encuentro.
El profesional no duda: "La subjetividad de este tiempo marcado por el
tiempo instant�neo, hace aparecer diversas cuestiones; por ejemplo: si
tengo que ver la tele, la compu, atender el celu, la capacidad
perceptiva toca y sale, digamos".
"Ese estilo de percepci�n y de memoria, ahora tan com�n y
generalizado, hay ciertas profundidades que esa memoria no toca.
Pero al mismo tiempo, por imperio de esa urgencia dominante, el efecto
de ansiedad es imparable, monumental".
Y lo m�s grave -para Hazaki- es que las consecuencias a largo plazo de
la dependencia redundan en una p�rdida progresiva de la autonom�a y de
la independencia que desde muy chicos empezamos a construir, en
principio, para soportar la moment�nea ausencia de nuestros padres".
"Esa imposibilidad de estar solos, ese rechazo de la soledad, produce
un individuo artificial, gregario por imposici�n, que no puede
disfrutar de los momentos de paz, desconexi�n, silencio", concluye
Hazaki.