17.05.2012
Por Raquel Roberti
http://www.veintitres.com/nota-4755-sociedad-Nacen-o-se-hacen.html
El fisiólogo Marcelini Cereijido asegura que hay un componente innato: todos podemos ser hijos de puta. Responden y opinan sus colegas de diversas disciplinas.
Opinión
Originaria, pero no innata
Por Enrique Carpintero
Psicoanalista, director de la revista Topía
Después de Auschwitz decir que el ser humano es bueno es absurdo. Pero decir que la maldad tendría origen biológico es, al menos, una afirmación polémica. Si bien en la actualidad hay una ideología para fundamentar todo desde esa disciplina, la maldad no obedece a cuestiones estrictamente biológicas.
El niño nace en un mundo de incertidumbres, de orden psíquico, donde juegan el narcisismo, la angustia primaria, vivir el exterior como enemigo… todo eso lleva a un odio primario. Con el tiempo, el sentimiento evoluciona, pero sigue estando y ante una crisis, se pone en juego. Aparece ese odio, la maldad hacia el otro, la perversión de negarlo como ser humano, condición necesaria para maltratarlo.
Para Freud, el ser humano tiene una maldad
originaria, pero no innata: tiene condiciones que lo pueden llevar a la maldad o
a la bondad. El camino dependerá de factores personales, familiares y
sociales.
(Testimonio recogido telefónicamente)
Opinión
Lo que supimos conseguir
Por Diego Golombek / Biólogo, investigador del Conicet
Y (Pirincho) Cereijido lo hizo de nuevo. Luego de mostrarnos cómo era ver al maestro Houssay desde su nuca, o las diferencias entre ciencia e investigación, ahora se mete con uno de los temazos de la biología desde su mayoría de edad: la pelea entre lo que traemos de fábrica (la naturaleza) y el ambiente (la cultura). Por si fuera poco, se ocupa de uno de los caracteres que, al parecer, nos define como humanos: ser hijos de puta.
Nos cuestan algunos de sus argumentos, pero no cabe duda de que es un texto brillante, casi una introducción a la evolución humana con todo lo que eso trae aparejado. Cereijido avanza en la pregunta ¿qué somos? ¿Un puñado de genes egoístas (y, según la tesis, bastante hijos de puta), que cablean un cerebro a imagen y semejanza, o una serie de casualidades, historias, anécdotas, amigos, padres y dietas varias? En el medio, un sinfín de combinaciones y posibilidades; ahí, justamente, estamos nosotros, con todo lo bueno e hijo de puta que supimos conseguir.
Nota
En la novela Mazurca para dos muertos, Camilo José Cela pone en boca de Raimundo, “el de los Casandulfes”, el detalle de las nueve señales del hijo de puta que se convirtieron en identificadores universales de tipos malos, malísimos: “pelo ralo; frente buida (puntiaguda); cara pálida; barba por parroquias; manos blandas, húmedas y frías; mirar esquivo; voz de flauta; pijo flácido y doméstico, y avaricia”. Sin embargo, hay muchos merecedores del epíteto –el mayor insulto posible en la mayoría de las lenguas actuales– que no responden a esa descripción y van por la vida con cabello abundante, piel bronceada y voz grave. Semejante diversidad obliga a preguntarse qué determina a un hijo de puta. Marcelino Cereijido, fisiólogo celular y molecular argentino radicado en México, se metió de lleno en esa duda existencial y salió con una certeza: la biología. Eso propone en su libro, recientemente editado por Tusquets, Hacia una teoría general sobre los hijos de puta. Un acercamiento científico a los orígenes de la maldad, que se perfila como disparador de un debate apasionante, en el que juegan múltiples conceptos y factores.
La primera aclaración, imprescindible, es que al científico –de 79 años, profesor emérito del Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional, en México– no le quita el sueño discutir sobre una definición acabada y generalizada de “hijo de puta”, ya que, dice, sus colegas “ni siquiera lograron un acuerdo acerca de qué es una especie. Es terrible ver que, hasta ahora, la hijoputez estuvo en manos de gente que se entretiene buscando definirla, y no se fija que la está limitando al campo de lo consciente y, peor, lo racional, y hasta llega a aplicarle definiciones inanes”.
Por eso, parte de que un “hijo de puta es aquel que perjudica en forma grave a un tercero” para avanzar en su ensayo, y sostiene que, así como el sueño o la necesidad de alimentarse, causar mal a otro no obedece sólo a una cuestión cultural o psicológica sino que, además, responde a una condición biológica. Para los investigadores, explica, cuando una característica se repite en una especie independientemente del entorno, es porque tiene una raíz biológica.
“Touché –admite Diego
Golombek, biólogo y responsable del laboratorio de cronobiología de la
Universidad de Quilmes–. Varios estudios de personas con lesiones cerebrales
afirman que ciertas áreas del cerebro están ligadas a la moral y las buenas
costumbres. Por ejemplo, el ferroviario Phineas Gage, que sobrevivió
milagrosamente a que una barra de hierro le traspasara el bocho, pero pasó de
ser un buen parroquiano a convertirse en un tarambana amigo del juego y otros
vicios. Hay una especie de barrera moral cerebral que cuida nuestros actos, y a
veces falla de la manera más calamitosa”.
No hay duda de que hijos de
puta hay aquí y en Kamchatka, sin olvidar los puntos intermedios, pero el caso
que cuenta Golombek es hasta ahora un indicio. La ciencia todavía no ha
demostrado cabalmente la relación de la maldad con la biología, tal como hizo
con la generosidad o el altruismo, virtudes vinculadas a los
genes.
Para Marcelo Rubinstein,
investigador del Conicet y profesor adjunto de Fisiología, Biología Molecular y
Celular de la UBA, el hijoputismo es “un tema curioso, para debatir
ampliamente”. Sin haber leído a Cereijido, considera que “el término hijo de
puta, debido a su valoración subjetiva, no tiene nada que se le parezca a una
entidad de índole académica, médica o biológica. Por supuesto que las conductas
y las personalidades tienen un fundamento biológico, no podemos explicar nuestra
esencia a través del alma. Pero eso no debe tomarse como genético. Aunque tiene
incidencia, es importante el componente ambiental y la historia de alegrías,
logros, frustraciones, violencias, postergaciones, acumuladas por cada persona.
Rescato la frase de Sartre: ‘Cada hombre (o mujer) es lo que hace con lo que
hicieron de él’. Creo más en la experiencia individual, que lleva a alguien a
transformarse en un hijo de puta, que en su componente
biológico”.
Más allá de los ejemplos
universales e históricos (Hitler, Videla o el machismo que se justifica en
razones culturales, como la ablación de clítoris entre los musulmanes o el
vendado de pies femeninos entre los chinos), Cereijido –autor de La madre de
todos los desastres; La muerte y sus ventajas; La ciencia como calamidad, y
Ciencia sin seso, locura doble, entre otros títulos– se detiene en “la hijoputez
hormiga”, la cotidiana, la del policía que detiene a un heladero hasta que se le
derriten los helados o la del grandote que le pincha el globo a un niño,
ejemplos de que todos tenemos un componente de maldad que puede aflorar en
cualquier momento.
“La hijoputez es una
posibilidad del ser humano –consideró el psicoanalista Enrique Carpintero–; la
perspectiva clásica afirma que el ser humano es bueno por naturaleza y que la
estructura social o cultural lo transforman en malo. Freud plantea que las
personas tienen condiciones que lo pueden llevar hacia la maldad o hacia la
bondad. De aquel Mal puesto en un ser ajeno, Diablo o similar, a este mal que
está en nosotros y juega con el bien permanentemente”. El director de la revista
Topía ejemplifica con un hecho contado por Cereijido en su libro: un experimento
con estudiantes que, en la medida que se dejan ganar por las circunstancias y el
mensaje de un líder, llegan a torturar a sus compañeros con modernas
picanas.
¿Por qué no hubo una
negación a continuar con ese experimento? Según Cereijido –Premio Internacional
de Ciencias Bernardo A. Houssay (1993), otorgado por la OEA–, porque “todos
tenemos un Doppelgänger que nos tiene a su cargo incluso mientras dormimos. Si
advierte que tenemos frío toma el borde de la manta y lo sube, o nos despierta
para que no nos orinemos encima. Es tan poderoso que puede dejarnos secos de un
infarto antes de que sigamos torturando a un semejante, pero no lo
hace”.
Doppelgänger es un término
alemán que podría traducirse como las dos caras de una moneda. Pero el fisiólogo
lo usa en otro sentido. “Es una de las ideas más interesantes de Cereijido
–comenta Golombek–. Muchas, si no todas, de las funciones vitales, que lata el
corazón, que respiremos, que se secreten hormonas, están fuera del control
consciente. Lo cual invita a pensar que la evolución seleccionó a los individuos
con control autonómico de estas funciones, el Doppelgänger cereijidiano, como
‘si no hubiera confiado’ en que esos ñatos se iban a acordar de respirar y otras
obviedades”.
Podría decirse, entonces, que ese control falla en algunas personas, aunque selectivamente. Claro que también son irremediablemente malditos, o no, según quién o cómo los mire. Por ejemplo: difícilmente los contemporáneos de los colonizadores los vieran como hijos de puta y consideraran a San Martín un héroe.
Y si el héroe de aquí es el
hijo de puta de allá, ¿no va en contra de la idea de hijoputez biológica? “Es el
dilema que plantean los sociólogos y filósofos de escritorio –se enoja
Cereijido–. Hay situaciones que me preocupan en serio. Según la Unesco se
necesitan dos dólares diarios para mantener vivo a un ser humano, pero mientras
muchos mueren de hambre, otros como Bill Gates, Buffett o Carlos Slim, ganan un
par de millones diarios. Una humanidad que puede diseñar cohetes sofisticados
para que tomen fotos a los anillos de Saturno, ¿no es capaz de desarrollar una
economía que acabe con esa barbaridad y un código legal que señale que eso es
asesinato masivo?”.
El investigador no es el
único en abordar los orígenes de la maldad. El filósofo belga Pierre de Roo,
autor de ¿Adónde va la verdad? Artimaña, violencia y filosofía (Waldhuter
Editores), bucea en cómo se usa la razón para justificar la violencia. La
artimaña, para De Roo, consiste en hacer pasar la verdad por lo que no es, ya
que da sentido a las preguntas sobre la vida, la muerte, la felicidad, etc., y
al mismo tiempo justifica el crimen en nombre de una idea. La facultad de
urdirlas, dice el belga, tiene sus raíces evolutivas en la capacidad cognitiva y
sería congénita a la inteligencia.
De todas maneras, Cereijido
admite que “un soldado asesino de hoy pudo ser un pacífico carpintero ayer. De
pronto estalla una guerra entre serbios y croatas, y se matan, incendian,
torturan, castran, violan… ¿Dónde estaban esas bestias antes de la guerra? Eran
sastres, peluqueros, mozos de restaurante. Lo que les encendió la hijoputez
fueron las circunstancias”.
Entonces, ¿se cura el
hijoputismo? “No –responde Carpintero–, porque no es una patología. Se puede
curar a las personas que por su historia personal desarrollan perversidad,
aunque no es fácil. No existe el día sin la noche, las dos son válidas. No hay
proceso creativo que no destruya algo, el problema no es que la destrucción
desaparezca sino al servicio de qué se pone”.
Biológica, cultural, o
mixta, la hijoputez causó, a lo largo de la historia, más daño que muchas
enfermedades. Y lo peor es que continúa reinando en sociedades que no la
cuestionan a pesar de vivirla a diario, en los colectiveros que no abren la
puerta a sus pasajeros aunque estén a medio metro de la parada, en los
automovilistas que arrojan sus autos sobre los transeúntes para ganar unos
segundos o en los bancarios que demoran tres horas a los ancianos necesitados de
su jubilación, entre miles de ejemplos posibles. Por eso Cereijido asegura que
su esperanza de salvación, y posiblemente la de la humanidad, es el amor,
entendido como un bien social y cultural.
_______________________________________________________________________________
En el podio
Videla, Jorge Rafael (1925). Presidente de facto de la Argentina entre 1976 y 1981. Fue juzgado y condenado a prisión perpetua y destitución del grado militar por numerosos crímenes de lesa humanidad cometidos durante su gobierno. En abril de 2012 admitió: “Pongamos que eran siete mil u ocho mil las personas que debían morir para ganar la guerra contra la subversión; no podíamos fusilarlas (…). Para no provocar protestas dentro y fuera del país, sobre la marcha se llegó a la decisión de que esa gente desapareciera”.
Rasputín, Grigori Yefímovich (1869-1916). Místico ruso también conocido como “el Monje Loco”. Su actividad en la corte zarista marcó el fin de ese régimen. Predijo que ningún pariente de su asesino viviría más de dos años. Murió en 1916 a manos de la familia Romanov; un año después, durante la Revolución Rusa, murieron todos los descendientes.
Frederick II, emperador del Sacro Imperio Romano (1194-1250). Para descubrir el idioma de Adán, mantuvo aislados a decenas de bebés, al cuidado de nodrizas que tenían prohibido hablar entre ellas y con los niños, o acariciarlos. Los bebés murieron antes de hablar.
Hitler, Adolf (1889-1945). Ideólogo del Partido Nacionalsocialista Alemán. Sus acciones determinaron la Segunda Guerra Mundial. Responsable del Holocausto: ordenó asesinar a 17 millones de personas, incluyendo seis millones de judíos y más de un millón de gitanos.
Leopoldo II, de Bélgica (1835-1909). Propietario del Estado Libre del Congo, concesión otorgada por los 14 países firmantes de la Conferencia de Berlín de 1884/1885. Se estima que murieron entre cinco y quince millones de congoleños durante su reinado, a raíz de la viruela (cuya diseminación favoreció con el traslado de cientos de personas), la fiebre amarilla, inanición y fusilamientos.
Robledo Puch,
Carlos Eduardo (1952). Asesino
múltiple apodado “El Ángel Negro”. Condenado a cadena perpetua en 1980 por once
homicidios, una tentativa de homicidio, diecisiete robos, una violación, una
tentativa de violación, un abuso deshonesto, dos raptos y dos hurtos. Antes de
abandonar la Sala 1ª de la Cámara de Apelaciones de San Isidro, que lo juzgó,
dijo: “Esto fue un circo romano. Algún día voy a salir y los voy a matar a
todos”.
De: Carlos Alberto Barzani <carlos...@yahoo.com.ar>
Para: Foro Topia <foro...@googlegroups.com>
Enviado: martes, 22 de mayo de 2012 12:40
Asunto: [forotopia] ¿Nacen o se hacen? Debate sobre el origen de los malos
De: Mabel Peirú <mabel...@yahoo.com.ar>
Para: "foro...@googlegroups.com" <foro...@googlegroups.com>
Enviado: martes, 22 de mayo de 2012 23:06
Asunto: Re: [forotopia] ¿Nacen o se hacen? Debate sobre el origen de los malos
De: Mabel Peirú <mabel...@yahoo.com.ar>
Para: "foro...@googlegroups.com" <foro...@googlegroups.com>
Enviado: martes, 22 de mayo de 2012 23:06
Asunto: Re: [forotopia] ¿Nacen o se hacen? Debate sobre el origen de los malos
Me suena muy raro este artículo! Empieza como una ironía pero luego hay opiniones serias con un tétmono que en un cintexti humorístico, no me parece objetabke, porque en el humor nada puede ser objetable, pero hay opiniones en serio No sé , es muy raro y no me gusta
De: Carlos Alberto Barzani <carlos...@yahoo.com.ar>
-- Has recibido este mensaje porque estás suscrito al grupo "Foro Topia" de Grupos de Google.Para publicar una entrada en este grupo, envía un correo electrónico a foro...@googlegroups.com.Para anular tu suscripción a este grupo, envía un correo electrónico a forotopia+...@googlegroups.comPara tener acceso a más opciones, visita el grupo en http://groups.google.com/group/forotopia?hl=es.-- Has recibido este mensaje porque estás suscrito al grupo "Foro Topia" de Grupos de Google.Para publicar una entrada en este grupo, envía un correo electrónico a foro...@googlegroups.com.Para anular tu suscripción a este grupo, envía un correo electrónico a forotopia+...@googlegroups.comPara tener acceso a más opciones, visita el grupo en http://groups.google.com/group/forotopia?hl=es.
Como se están debatiendo algunas cuestiones sobre el tema del “mal” (con minúscula) en referencia a un artículo donde aparecen algunas precisiones mías fragmentadas (en toda revista hay un limite del espacio) aprovecho para hacer algunas precisiones.
El asunto del “mal” tiene muchas connotaciones éticas y morales que van desde “El mal radical” de Kant, “Más allá del bien y del mal” de Nietzsche, “La banalización del mal” de Hanna Arendt y la pregunta de Levinas después de Auschwitz “Es de suma importancia saber si la moral nos engaña”. Esto sin desarrollar la interesante propuesta de mi admirado Spinoza donde “lo malo y lo bueno” (no el mal) están ligados a la potencia o impotencia en el desarrollo de las pasiones alegres o las pasiones tristes.
Pero desde otro lugar epistemológico, como es el psicoanálisis, Freud nos permite entender una perspectiva complementaria. Freud dice claramente que lo primero es el odio el amor es secundario. Desde mi perspectiva (es decir, como lo leo a Freud) hay un odio primario (mal) producto de esa “primera muerte” (Freud) de la cual provenimos que esta ligado a todos los procesos primarios (narcisismo primario, angustia automática, etc.) de allí que necesitamos de un otro significativo que genere lo que llamo un “espacio soporte” para ligar ese odio al amor y la ternura. En el caso de no existir ese “espacio soporte” el niño desata el mal “suicidándose” tal como describió Spitz con los fenómenos del “hospitalismo” y la “depresión anaclítica”. En el desarrollo psicoevolutivo van a aparecer esas “fallas” del “espacio soporte” que pueden generar la tendencia al mal propia del ser humano (un claro ejemplo es la perversidad, diferente a la perversión). Eso depende de la historia individual de cada sujeto pero dando cuenta de una subjetividad que se encuentra con un otro en la intersubjetividad en el interior de una cultura. De allí que la Cultura (que dependen de procesos económicos, sociales y políticos) tiende a que los sujetos desarrollen el mal o desarrollen la ternura.
De todo lo anterior podemos decir que el mal no es ni innato ni adquirido sino es originario debido a nuestra condición pulsional.
Casualmente el próximo número de la revista Topía, que aparecerá en agosto, dedicamos el Dossier al tema del mal. Para no escribir el artículo editorial de la revista dejo aquí.
Un comentario final. Sobre este tema ver la excelente película “Tenemos que hablar de Kevin” donde aparecen algunas cuestiones que señale anteriormente. Es nueva y se la puede conseguir en ediciones truchas en la ciudad de Buenos Aires.
Saludos todos
Enrique Carpintero
De: Alicia Kohen <alici...@yahoo.com.ar>
Para: "foro...@googlegroups.com" <foro...@googlegroups.com>
Enviado: miércoles, 23 de mayo de 2012 3:29
-- Has recibido este mensaje porque estás suscrito al grupo "Foro Topia" de Grupos de Google. Para publicar una entrada en este grupo, envía un correo electrónico a foro...@googlegroups.com. Para anular tu suscripción a este grupo, envía un correo electrónico a forotopia+...@googlegroups.com Para tener acceso a más opciones, visita el grupo en http://groups.google.com/group/forotopia?hl=es.-- Has recibido este mensaje porque estás suscrito al grupo "Foro Topia" de Grupos de Google. Para publicar una entrada en este grupo, envía un correo electrónico a foro...@googlegroups.com. Para anular tu suscripción a este grupo, envía un correo electrónico a forotopia+...@googlegroups.com Para tener acceso a más opciones, visita el grupo en http://groups.google.com/group/forotopia?hl=es.-- Has recibido este mensaje porque estás suscrito al grupo "Foro Topia" de Grupos de Google. Para publicar una entrada en este grupo, envía un correo electrónico a foro...@googlegroups.com. Para anular tu suscripción a este grupo, envía un correo electrónico a forotopia+...@googlegroups.com Para tener acceso a más opciones, visita el grupo en http://groups.google.com/group/forotopia?hl=es.-- Has recibido este mensaje porque estás suscrito al grupo "Foro Topia" de Grupos de Google. Para publicar una entrada en este grupo, envía un correo electrónico a foro...@googlegroups.com. Para anular tu suscripción a este grupo, envía un correo electrónico a forotopia+...@googlegroups.com Para tener acceso a más opciones, visita el grupo en http://groups.google.com/group/forotopia?hl=es.
--
Has recibido este mensaje porque estás suscrito al grupo "Foro Topia" de Grupos de Google.
Creo necesario volver a aclarar. Hablo de “odio primario” no de “odio”. Este “odio primario” es producto del desvalimiento con que nace el sujeto. Desde allí siente como displacer todo lo exterior al cual rechaza encerrándose en el “narcicismo primario” a partir del principio de “displacer-placer” (esta es la denominación exacta ya que se dispara desde el displacer en busca de un placer “alucinado”). Este “odio primario” es el origen del “mal” para Freud. Lo cito: “a los niñitos no les gusta oír que se les mencione la inclinación innata (así esta escrito en alemán, ver traducciones) del ser humano al mal, a la agresión, la destrucción y, con ellas también a la crueldad” y agrega “la inclinación agresiva es una disposición pulsional autónoma, originaria, del ser humano”. Freud al “odio primario”, al mal, la crueldad propia de la pulsión de muerte le opone el amor y la ternura de la pulsión de vida. De allí que Freud no podía postular el “odio” para defender lo que ataca la vida. Aquí hay que diferenciar conceptos que son totalmente distintos: “Odio primario”, “odio”, “violencia”, “agresión” y “agresividad”. Todos tiene lugares tópicos diferentes en su fusión o defusión entre la pulsión de vida, Eros y la pulsión de muerte. En el “odio primario” y el “odio” encontramos la pulsión de muerte en estado puro donde se desubjetiviza al otro, el otro no existe y esta al servicio del narcisismo primario, por ejemplo perversidades, genocidios. Esto es propio de los asesinos seriales llámese Videla, Stalin o Hitler. Por ello toda la cultura fascista se basa en una apología de la guerra y del odio (sus canciones, los poemas y escritos están llenos de una glorificación del odio y de la muerte). El otro no existe se lo cosifica. Para los nazis los judíos, los gitanos, los homosexuales, los débiles mentales, los locos no existían como humanos eran cosas que debía desaparecer. Como claramente dice Videla en sus últimas declaraciones: eran una “disposición final”. Para oponernos a esta barbarie debemos apoyarnos en el amor de las pasiones alegres (en el sentido que Spinoza define estos términos como potencia del ser) aunque ello (nunca más apropiado este termino para un psicoanalista) implica destruir al que ataca la vida. Esto implica la utilización de la agresión e incluso de la violencia domeñada por la pulsión de vida. El Che tuvo que matar por amor no por odio.
----- Original Message -----From: Enrique Carpintero
----- Original Message -----From: Enrique Carpintero
De: Carlos Alberto Barzani <carlos....@topia.com.ar>
Para: foro...@googlegroups.com
Enviado: miércoles, 23 de mayo de 2012 2:59
De: Orochkovski <obi...@adinet.com.uy>
Para: foro...@googlegroups.com
Enviado: jueves, 24 de mayo de 2012 17:34
Asunto: Re: [forotopia] aclarar-me
“El amor y el odio van pegados, quien ama la libertad odia lo contrario, cualquier amor que no implique odio es medio sospechoso”
Eduardo Galeano
Si puedo amar es por que también puedo odiar, por que para poder amar hay que saber discriminar.
Si no puedo discriminar termino amando los mandatos de la cultura represora, que son los que nos oprimen y someten, en definitiva termino amando al represor a aquel que nos esclaviza.
Irene Antinori
Hemos pasado rápidamente (cómo suele ocurrir en los foros) de la cuestión del “odio primario” y su relación con el “mal” al tema del “odio”. Es decir, a la ligazón amor-odio que Lacan la definió con un neologismo interesante “odioenamoramiento”. Sobre el tema transcribo un viejo artículo que fue la base de un capítulo de mi libro “La Alegría de lo necesario. Las pasiones y el poder en Spinoza y Freud”. Para los que tengan ganas de leerlo va a continuación. Obviamente mucho de estas ideas fueron desarrolladas en otros textos.
Saludos
Enrique Carpintero
Editorial N 16 abril/julio de 1996
La parte maldita: lo siniestro de la violencia destructiva.
Enrique Carpintero
Sexualidad y violencia, amor y odio: pulsiones de vida y pulsiones de muerte. Pares antitéticos que nos hablan de un sujeto del inconsciente.
Si algo define al ser humano es su condición pulsional. En ésta se juega el destino de su vida en tanto portador de un deseo que da cuenta de su historia personal, pero también social y cultural. En este sentido querer entender la relación entre sexualidad y violencia implica hablar de la condición dilemática del hombre con sí mismo. Así como, de una cultura que actúa como factor determinante de su subjetividad.
Freud transforma la sexualidad en una pulsión para sacarla del ámbito exclusivo de la sexualidad y abarcar todas la áreas del sujeto. Es por ello que cuando realiza la segunda clasificación de las pulsiones, la pulsión sexual se transforma en pulsión de vida, Eros, pero no, para relativizar el peso de lo sexual, sino para reafirmar que lo sexual irrumpe en todas la manifestaciones del individuo.
Podemos decir que Freud realiza el mismo desarrollo en relación a la muerte, en tanto al transformarse en una pulsión no queda ceñida a la muerte real y definitiva, de la que nada podemos hablar, sino que está presente de entrada en todo sujeto. Por lo tanto, sus efectos se producen en el transcurso de la vida, en su unión o defusión con el otro par pulsional.
De esta manera lo que he denominado “la muerte como pulsión” por definición no pertenece a la vida psíquica, esta imposibilidad de ser representada en el inconsciente la ubica más allá de él, pero produce efectos que sólo pueden ser atrapados en su unión con la libido: la tendencia del sujeto al sufrimiento y el dolor. El autocastigo, el suicidio, la insistencia en lo displacentero, la violencia destructiva y autodestructiva.
En la ciudad griega de Micenas, una vez cesada la guerra de Troya, un joven noble mató a su madre y al amante. Luego les dijo a los ciudadanos micenences que había cometido el crimen por haber, su madre, manchado el honor de la familia al cometer adulterio y asesinar a su padre. La respuesta de Apolo, autorizado por Zeus, fue que si no vengaba a su padre, Agamenón, se convertiría en desterrado de la sociedad, al que le estaría prohibida la entrada en cualquier santuario o templo.
El matricida fue llevado ante los tribunales. Lo llamativo fue que los jueces no decidieron si era culpable del crimen, sino si se le podía acusar de haberse entregado a actividades antigriegas. Apolo, que era el Dios Sol e hijo de Zeus (el padre) hizo de abogado defensor. Con un discurso muy detallado negó la importancia de la maternidad, afirmando que una mujer no era más que el surco inerte en el que el esposo echaba su simiente y, que la acción de Orestes quedaba justificada ya que el padre era el único progenitor merecedor de ese nombre. La opinión de los doce miembros del jurado estaba dividida: seis lo absolvieron y los demás lo condenaron. Fue la misma Atenea, la Diosa de la Sabiduría y protectora de la sociedad ateniense quien dio el voto a favor de Orestes y ordenó retirarse a las Furias que habían estado acosando al joven en venganza por su terrible acto. En agradecimiento por su absolución Orestes dedicó un altar a Atenea guerrera.
A los setenta años de edad, murió de una mordedura de serpiente en Orestia, la ciudad que había fundado en el exilio. Como señala Esquilo en “La Eneida” la historia de Orestes tuvo una gran importancia social y política para los antiguos griegos. Señala la transición del sistema matriarcal al patriarcal. Siendo la tragedia de Orestes de características individuales, el tribunal de Atenas la juzgó desde un punto de vista político. Al absolverlo declararon desde el poder que había actuado correctamente y de acuerdo con el código patriarcal recientemente establecido.
La inclinación agresiva del sujeto es una disposición pulsional originaria, producto de la pulsión de muerte y la cultura encuentra en ella su obstáculo más poderoso, su malestar. Por ello, la cultura fue un proceso al servicio del Eros, que a lo largo de la historia, fue uniendo a la humanidad toda, constituyéndose en un “espacio soporte” de la muerte como pulsión.
La cultura actual se caracteriza por generar la ruptura de los lazos de solidaridad necesarios para la vida en comunidad. La legitimación de que triunfe el más fuerte determina que la cultura no puede constituirse como “espacio soporte”.
Por ello aparecen choques inevitables como luchas de legitimación personal, en los que una diferencia insalvable con el otro se convierte en un desafío al valor del propio yo. La relación yo-otro es reemplazada por lo que metaforizando denomino “el juego del yo-yo”, donde el sujeto mide al mundo como un espejo de su propio yo, en el que se encuentra atado a un hilo cuyo carretel realiza un movimiento repetitivo que lo encierra en una relación especular. De esta manera el proceso de desestructuración del tejido social y ecológico se encuentra con una trama subjetiva donde el narcisismo determina una actitud de medir el mundo como si fuera un espejo del yo.
Cuando el otro queda borrado como un otro se convierte en un recurso para el desarrollo de las propias fantasías del sujeto. En este sentido, amar a otra persona debido a sus diferencias es reemplazado por el deseo de encontrar en el otro las propias fantasías de lo que quiere que éste sea. Cuando el otro aparece como otro diferente la reacción del sujeto puede ser la violencia, ya que destruye en el otro la diferencia que no acepta en sí mismo.
De esta manera, si el erotismo implica un reconocimiento del otro como objeto de deseo, en la violencia sexual el otro desaparece como objeto de un deseo imposible. Es decir, es necesario hacerlo desaparecer como objeto de deseo a través del castigo donde las heridas representan un cuerpo en el que el dolor y el sufrimiento presentifican la emergencia de lo siniestro. Es que si el erotismo implica una relación donde se despliega el juego de dos cuerpos en sus encuentros y desencuentros en el que la pulsión de vida lleva a un alejamiento del narcisismo para tender a conquistarlo de nuevo. En la violencia sexual el juego es un cuerpo al servicio de la pulsión de muerte donde el sujeto queda detenido, estancado en el narcisismo omnipotente infantil.
En cada situación nos vamos a encontrar una historia personal con fallas en los procesos identificatorios, en los que está presente una forma particular de atravesar la castración edípica. Pero, también, la historia de una cultura que niega el cuerpo del otro como objeto de deseo.
Una cultura donde el cuerpo es una mercancía que se intercambia según las leyes de la oferta y la demanda.
De esta manera en la actualidad de nuestra cultura podemos encontrar tres características que la definen:
1) La intensificación de personalidades narcisistas donde el mundo se convierte en un espejo del yo cuyos efectos pueden ser la desconexión narcisística (la sensación de “vacío”, de “estar muerto”, de “falta de deseo”, etc.) o la conexión narcisista (la violencia contra el otro, la violencia autodestructiva).
2) El yo al no encontrar en la cultura un “espacio soporte” que permita el desarrollo de las posibilidades creativas se encuentra atrapado por las pulsiones de muerte y la emergencia de lo siniestro.
3) Este yo atrapado por las pulsiones de muerte, se refugia en el narcisismo omnipotente infantil, aislándose de las relaciones con los otros o desarrollando una actitud violenta, siendo la violencia sexual una de sus características.
Una joven ecuatoriana que vivía en EEUU sin metáforas de ninguna especie castró a su marido, un ex infante de marina, ex chofer de taxi, matón y actual estrella de películas pornográficas, cuyo nombre dice todo: John Wayne Bobitt.
La historia: en la madrugada del 23 de junio de 1993, John Wayne regresó a su casa borracho y forzó a su mujer a tener relaciones sexuales. La pareja se llevaba mal desde hacía varios años y numerosos testigos aseguran que el ex marino maltrataba con frecuencia a su mujer. Luego del acto sexual el marido se quedó dormido y ella humillada y dolorida agarró un cuchillo con el cual seccionó el pene de John Wayne. Ella fue detenida a las pocas horas y el pene reinstalado en una operación que duró nueve horas.
Luego del triunfo de la ciencia y la tecnología de este fin de siglo, comenzó el juicio espectáculo que, gracias al desarrollo de los medios de comunicación, fue difundido a escala planetaria.
Primero se absolvió a John Wayne por el delito de violación y abuso reiterado. Finalmente, en el juicio a Lorena Bobitt, que fue convertido en un baluarte de la emancipación de la mujer por parte de grupos feministas e hispanos, el jurado la absolvió proclamando que su acción fue realizada en un momento de “insanía temporaria”.
John Wayne recibió numerosas ofertas cinematográficas y televisivas, también, contratos radiales y editoriales, remeras con su pene cortado se vendían de a miles. Lorena Bobitt tuvo que contratar a un especialista para estudiar centenares de ofertas de diferentes medios de difusión, además de una propuesta de Hollywood para vender su historia al cine. La sociedad-espectáculo funcionaba.
Si Lorena Bobitt hubiera matado a su marido, habríamos estado frente a una tragedia doméstica y un caso judicial de rutina: Pero, la reacción de esta mujer despertó fantasías profundas, que en este final de siglo, permitió que fuera reinvindicada por una parte importante de la población que lucha contra la discriminación de la mujer y las minorías hispanas. Pero también el fallo judicial confirmó los adelantos de la tecnología: que el pene del hombre siguiera siendo atributo de su poder.
Es que, mucho se escribió en su momento sobre este caso, donde se opinaba a favor o en contra de una sentencia condenatoria a Lorena Bobitt.
Lo llamativo es que nadie salió a cuestionar un hecho evidente: el marido fue absuelto habiendo testigos que confirmaban el maltrato a su esposa ya que habían visto sus consecuencias en el cuerpo de Lorena.
De esta manera, la ley absolvió a los dos, no haciendo responsable de sus actos a ninguno de los miembros de la pareja. Esta obligación que un sujeto tiene en una sociedad y que la ley debe garantizar de responder por sus actos fue alegremente borrada, estableciendo judicialmente lo que se impone en otras áreas de nuestra civilización: la política del “sálvese quien pueda”. Es evidente cómo nuestro país imita al “primer mundo”. Comparativamente significa un progreso, en otras épocas, con Lorena, la sociedad hubiera ofrecido un espectáculo de ser quemada viva en una plaza pública.
Es George Bataille quien describe magistralmente las vicisitudes de la sexualidad, planteando la importancia que tiene en el ser humano, por lo cual la rodea de prescripciones, tabúes y leyes. En este sentido, la sexualidad humana a diferencia de la animal, está limitada por prohibiciones y el terreno del erotismo es el de la transgresión de esas prohibiciones,
De esta manera, la sexualidad tiene dos alternativas, o se somete a la civilización y acepta satisfacerse inocuamente en el marco de las prohibiciones o se transforma en erotismo, cuya principal característica es la de transgredir esas prohibiciones hasta el punto de que sin prohibición no habrá erotismo.
Bataille plantea que el erotismo está vinculado a la sangre y lo que ésta simboliza, es decir, la muerte. Por ello, afirma que “el erotismo es la aprobación de la vida hasta en la muerte”. Su contrario es lo siniestro que es la afirmación de la muerte en la vida del sujeto.
Es que el erotismo surge de la dialéctica entre lo continuo (ser) y lo discontinuo (el sujeto) que experimenta el deseo de continuidad que no puede ser otro que deseo de muerte. El hombre es un ser separado, distinto de todos los demás. Su movimiento, su muerte y los acontecimientos de su vida pueden tener un interés para los demás, pero sólo él está interesado directamente. Entre un ser y otro hay un abismo, hay una discontinuidad. Por ello, anhela y teme la continuidad. Si predomina el temor es el tiempo vacío, la nada. Si, en cambio, es el deseo lo que predomina, éste irrumpe a través del temor como deseo de continuidad. Allí, vamos a encontrar el erotismo de los cuerpos que es una violación del ser de los participantes. Es un movimiento donde los cuerpos discontinuos buscan una continuidad del ser, buscan más allá del sí mismo, una unidad que no puede ser lograda porque sería morir, pero que linda en el límite de la experiencia de la “pequeña muerte”.
El momento erótico es la cima de la vida. Es la vida que se reproduce pero que al reproducirla desborda alcanzando un extremo delirio. Estos cuerpos que se acoplan y se perpetúan en su voluptuosidad van en sentido contrario al de la muerte ya que el triunfo de ésta significa la aparición de lo siniestro, la parte maldita del ser humano.
De esta manera, si en el erotismo, la violencia está al servicio de llegar a ese límite donde en la voluptuosidad se encuentra con la “pequeña muerte”, para de esta manera afirmar la vida. En lo siniestro, la violencia, al negar ese límite se encuentra con la muerte final y definitiva de la que nada podemos decir. Es que si el límite que funda el erotismo es para ser excedido, en la violencia la negación de ese límite nos lleva a lo siniestro de la muerte. Por ello, en la violencia sexual el crimen importa más que la lujuria. La crueldad no es más que la negación de sí, llevada tan lejos que se transforma en explosión destructora. Es que en la violencia, la negación de los demás llega a ser negación de sí mismo, ya que no cuenta el disfrute personal, sólo cuenta el crimen, sólo importa que el crimen alcance la cima de crimen.
De esta manera, a partir de lo que venimos señalando sería erróneo pretender entender como negativa la capacidad pasional del ser humano, pues la pasión implica una afirmación del deseo de vivir. En cambio nuestro deseo se afirma en la pasión, morimos en tanto sujetos deseantes, ya que si nos afirmamos en el deseo de vivir debemos reconocer el principio de realidad que nos lleva a aceptar nuestra condición de seres finitos.
Eli Mandel: los campos de concentración son una imagen obsesiva en ti. Esta imagen aparece en toda tu obra ¿Por qué?
L. Cohen: Bueno, porque quisiera que me soltaran
(Leonard Cohen – músico y poeta canadiense)
El pre-juicio es tan antiguo como la humanidad. La historia nos enseña que el mismo ha llevado a la arbitrariedad del poder, cuyos resultados han sido la consumación de genocidios realizados sobre diferentes poblaciones. El paradigma de los mismo es el holocausto perpetuado por la barbarie nazi. En nuestro país, durante la década del setenta, se empezó a realizar una política sistemática de eliminación física de todo aquel que fuera sospechoso de pensar formas de organización más igualitarias. Esta política se institucionaliza con la dictadura militar instaurada en marzo de 1976, que sin juicio previo detiene a miles de obreros, estudiantes y militantes sociales para luego hacerlos desaparecer. Para ello se aprovecha de individuos desequilibrados y violentos que ejercieron sus fantasías siniestras en la impunidad de un poder que los avalaba.
En la E.S.M.A. funcionaba un campo de concentración donde algunos detenidos eran mantenidos vivos para trabajar en un proyecto mesiánico del almirante Massera. Algunas historias que allí ocurrieron son relatadas en el libro de Miguel Bonasso y luego ratificadas con nuevos documentos por el historiador norteamericano Martín Andersen. Una de ellas revela en toda su magnitud la relación del poder con lo siniestro. Es el vínculo de un oficial con una detenida donde la tortura, el sometimiento y la violencia los une para establecer una relación en la que el erotismo queda desbordado por la presencia siniestra de la muerte. El tigre y Pelusa se constituyeron en una pareja cuya obediencia debida es paradigmática de muchas relaciones que existen en la actualidad.
Es que la dictadura militar produjo efectos profundos y persistentes que hoy debemos analizar en nuestra sociedad que quiere ser democrática, ya que la situación de terror afectó al conjunto del tejido social, pues también implicó la desaparición de la libertad de pensar, de actuar, de crear, de disfrutar. Por ello, querer entender las causas del aumento de la violencia en la vida cotidiana, requiere analizar los efectos que produjo el silencio social impuesto y el modelo social de sometimiento en todos los que vivimos esos años.
Decía Freud: “a los niñitos no les gusta oír que se les mencione la inclinación innata del ser humano al “mal”, a la agresión, la destrucción y, con ellas también la crueldad... la inclinación agresiva es una disposición pulsional autónoma, originaria del ser humano”. Es que la agresividad es necesaria para diferenciarse del otro, ya que la diferencia se hace con el otro y contra el otro. En la agresión ponemos distancia con el otro. La misma puede estar al servicio de preservar la vida o por el contrario encerrarnos en nuestro propio narcisismo. En cambio, la violencia implica hacer desaparecer al otro. El otro puede estar afuera o dentro de uno mismo. Sus consecuencias: el asesinato o el suicidio. Por ello, ante la agresividad propia del hombre se puede proponer más cultura, más controles. De esta forma se instalan guardianes de comportamientos ¿Es usted nervioso? Practique yoga ¿Es agresivo? Tome psicofármacos. Sigue siendo agresivo, más psicofármacos y si no, una internación en un hospital psiquiátrico donde recibirá varios electroshock.
Es que es imposible entender las manifestaciones violentas sin dar cuenta de las relaciones de poder que se juegan en cada período histórico. Por ejemplo, la violencia sexual se realiza predominantemente sobre grupos minoritarios: mujeres, niños, ancianos, homosexuales, etc. Su ejercicio implica la apropiación de un poder que realiza, generalmente, un hombre sobre aquellos que se encuentran en inferioridad de condiciones. El resultado es que la mayoría de los delitos, como abuso sexual a niños, maltrato a la mujer en el medio familiar, no son informados. Aquellos que se especializan en este tema señalan que su número ha aumentado considerablemente, produciéndose en la víctima consecuencias psíquicas y físicas profundas. De esta manera, negar la parte maldita del ser humano no es una solución. Tampoco, proponer ilusiones apelando al amor o la buena voluntad. Como dice Bataille “la negación racional de la violencia, considerada como inútil y peligrosa, no puede suprimir lo que negó, más de lo que hace la negación irracional de la muerte. Pero la expresión de la violencia tapa, como he dicho, con la doble oposición de la razón que la niega y de la violencia misma, que se limita al desprecio silencioso de las palabras que le conciernen”. Es que el crimen espontáneo u organizado, privado o estatal, sólo tiene el sentido de mantener el silencio de los inocentes. Dejarlos hablar implica cuestionar un poder que sólo puede perpetuarse en el ejercicio de la violencia y el sometimiento.
En las primeras entrevistas la paciente manifestaba un profundo estado de angustia. El relato de un mundo donde predominaba la insatisfacción se sumaba al de una violencia cotidiana que ejercía el marido sobre ella. Había concurrido a diferentes grupos de autoayuda y al poco tiempo terminaba abandonándolos. Era probable que se repitiera esa situación en este tratamiento. Hablar de su presente y relacionarlo con aspectos de su historia fue permitiendo disminuir la angustia. Al mes comenzó a faltar. Cuando llamó por teléfono me agradeció lo que había realizado por ella y anunció que abandonaba el tratamiento ¿Cómo entender este hecho? Podría decir que fue una reacción terapéutica negativa. También que repetía su historia con sus padres. Quizás, la necesidad de seguir manteniendo un vínculo sado-masoquista. O, en defensa de mi propio narcisismo, que era una paciente no analizable.
Respuestas coherentes que me podían tranquilizar. Pero ¿es posibles entender su actitud por fuera de una cultura que preconiza el poder tener más, el éxito como forma de relación social? Un cultura en la que el sometimiento tiene características diferentes. Estoy convencido de que es imposible pensar la relación terapéutica sin dar cuenta de una cultura donde se desarrolla el tratamiento. Esto nos lleva a señalar los límites de una análisis.
Por ello, creo que la gente puede utilizar individualmente los cambios que se producen en sus experiencias íntimas al realizar un tratamiento. Pero no como un esquema de reconstrucción de la sociedad sobre bases más creativa. Más bien pienso que habrá que construir una nueva clase de sociedad para modificar la destructividad de las relaciones humanas.
Freud, Sigmund
Tres ensayos de teoría sexual. Editorial Amorrortu.
Introducción del narcisismo. Editorial Amorrortu.
El malestar en la cultura. Editorial Amorrortu.
Lo siniestro. Editorial Homo Sapiens
Más allá del principio de placer. Editorial Amorrortu.
Bataille, George.
El erotismo. Editorial Tusquet
Breve historia del erotismo. Editorial Caldén 20
Esquilo
Las Eneidas. Editorial Aguilar
Carpintero, Enrique.
“La cultura del Mal-estar”. Psiché n°27. Diciembre 1988
“Cuando el miedo juega al yo-yo”. Psiché n°34 mayo 1990
“La muerte como pulsión en la constitución de la vida humana” Topía revista n° 2 agosto 1991
“La máquina imperfecta: el cuerpo”. Topía revista n° 3 noviembre 1991
“El eros o el deseo de la voluntad” Topía revista n° 4 abril 1992
Graves Robert Los mitos griegos. Editorial Bruguera
Ives Michaud. Violencia y política. Una reflexión post-marxista acerca del campo social moderno. Editorial Sudamericana
Denker Rolf. Elucidaciones sobre la agresión. Editorial Amorrortu.
Wertham Frederic. Leyenda oscura. Psicología de un crimen. Editorial Paidós.
Sennett Richard. Narcisismo y cultura moderna. Editorial Kairos
Bonasso, Miguel. Recuerdo de la muerte. Editorial Bruguera.
Andersen, Martín. Dossier secreto. El mito de la guerra sucia. Editorial Planeta.