Cecilia:
Antes que nada quisiera empezar por agradecer tu vivaz respuesta -al igual que la de Miriam- ya que reflejan el interés que puede haber suscitado el informe. Éste ha sido tan sólo pensado como un intento de resumir las discusiones que se van ya dando con bastante regularidad en el colegio con el grupo de personas que, con gran esfuerzo y motivación, todavía deseamos mantener el ritmo de diálogo sobre filosofía en algunos recreos. Más que una voluntad de opinar personalmente ha sido por consiguiente un intento de reflejo de nuestro estado de diálogo, por supuesto, esperando compartirlo más allá de nuestro pequeño grupo de “motivados”, finalmente por la iniciativa distante de Cochepi. Bajo su sugerencia, el intento también es ver si esta nueva herramienta internáutica puede brindar un poco de apo yo al respecto. También siento la necesidad de hacer énfasis, antes de responder, sobre tu idea inicial ya que no sólo la comparto enteramente sino que me parece que es la que puede definir la intención inicial de dicho informe: Compartir dudas y preguntas, para enriquecer el trabajo, el diálogo –el equipo- y el proceso.
Permitiéndome por consiguiente, ahora sí, responder de manera más personal, desde mi percepción del proceso, comienzo por intentar aclarar tu preocupación inicial: lo del cambio de nombre.
En un inicio se reflexionó sobre la manera de presentar la idea (a los chicos) de forma más próxima, ya que se admitía –grupalmente- el aspecto novedoso de tal propuesta en nuestro medio (¿colegio?), y algunas otras dificultades como el término mismo, lamentablemente un poco desvalorado o encasillado, ya sea sencillamente por su ausencia en los hábitos lingüísticos o culturales locales, ya sea por algunos prejuicios ligados al intelectualismo (entre otras ideas de la conversación). Fue así que, intercambiando enfoques y sugerencias, Martín propuso el término Hamut’ay, neologismo quechua que, no siendo su exacto homeomórfico, se acerca al concepto castellano del verbo “filosofar” (pensarlo dos veces). Así no só lo se podía guardar la idea central fundamental del proyecto sino que también se valorizaba la lengua local que también tratamos de enseñar.
Luego, César enfatizó la posibilidad de optar por la forma activa del verbo, sugiriendo así un matiz de movilidad, de acción, de dinámica; más acorde con nuestras expectativas como colegio. Pareció entonces justificable al grupo la propuesta del hamut’akusunchis (filosofemos), no distante de los ya propuestos y usuales Rimanakuy o Khipu. No fue entonces, si no es por que ahora nos lo permites reflexionar, una intención de no-desear-llamar-las-cosas-por-su-nombre, ni tergiversarlas, sino acoplar o conciliar la idea, relacionarla con la mayor precisión posible a nuestro contexto inmediato que es el colegio y el Cusco, con las ventajas/dificultades de “pluralidad” e inte gración (¿comunicación?) que ya conocemos. Nuestro difícil de aproximar inter-…
Reflexión inmediata que me compartes implícitamente y, te la retorno: A veces intentamos con la mejor de las intenciones plantearnos la búsqueda de “universalizaciones” que permitan una mejor integración de nuestros tan diversificados alumnos (¿y profesores?). ¿Pero, desde qué ventana lo tentamos para que sea lo más justo posible? En este caso es la idea de filosofía la que cuenta, y es lo que se trata de mantener, pero sin embargo, ¿quechua o castellano? …¿Desde qué cara no se va a ser discriminatorio? ¿Y cómo podríamos hacer p ara evitarlo o aminorarlo? ¿Es posible evitarlo o hay que asumirlo lo más constructivamente posible? ¿Existe algún enfoque intermedio que se nos escapa como colectivo? Estas interrogantes, y creo que con mucha pertinencia, son las que también te preocupan y están sobreentendidas en la siguiente idea presentada en tu carta.
Argumentas a partir de dos ideas importantes: el cuestionamiento del término reflexión y la crítica de la individualidad como factor de acceso al conocimiento. Quizás nos brinde alguna ayuda partir efectivamente de la etimología (al menos unas de ellas).
Reflexión: acción o efecto de reflexionar o meditar (reflexionar meditar, considerar detenidamente, pensar cuidadosamente) : latín tardío reflexionem, acusativo de reflexio (tema reflexion-) reflejo, acción de doblar hacia atrás, del latín reflexus, participio pasivo de reflectere hacer cambiar de dirección, doblar hacia atrás (véase reflejo, flexible)
Breve Diccionario de Etimología de la Lengua Española, Fondo de Cultura Económica de México, 1995
Como veras, el término reflexión no conlleva intrínsecamente aquí una connotación de individualidad ni de simple o “cerrado” proceso de cognición, sino más bien de verbo (de acción), de reflejo, de flexibilidad, que quizás, sólo se termina verificando en la relación (¿con el mundo, con el otro?), en el retorno, en la devolución, en el (inter-) cambio de sentido. Sin embargo tu preocupación es concreta, y es precisamen te lo que llamas proceso de cognición individual. Quizás el matiz que te causa cuestionamiento es el riesgo (por voluntad o negligencia) de exacerbación de la reflexión puramente racional e involuntariamente “fragmentante”, que tiende a la individualidad por más empeño que le pongamos a la estructuración y a la perfectibilidad de la misma. Esta individualidad, efectivamente no está forzosamente más relacionada, lamentablemente, con la comprensión del conjunto (como relacionalidad, como “reciprocidad equitable”) sino con una excesiva valoración de la “confusa” partícula (la particularidad, la individualidad). Esto de alguna forma es en todos nosotros (¿modernos? ¿Occidentales?) en la actualidad un hábito bastante diseminado, muy sutilmente observable y difícilmente abordables desde la dialéctica verbal -oral o escrita. Pero difícil felizmente no significa imposible, al menos de intentar.
Estamos en nuestros desordenados tiempos modernos realmente confrontados a una paradoja contextual[1] en el que la inercia de nuestro auto-condicionamiento social y político (TV, Radio prensa, calle, etc.) poco cuestionado y conciliado con la realidad, genera resultados inversos a nuestras expectativas sociales (solidaridad , empatía, respeto, tolerancia, etc.) y hasta, humanas. Nos queda probablemente frente a ello como una de las pocas posibilidades concretas, el estudiar (investigar) los factores y situaciones que hacen de la comprensión individual un motor de “egoísmo” o un parámetro para la relacionalidad, ya que finalmente casi todas las propuestas que nos “llegan desde afuera” todavía no ofrecen o no se orientan hacia un reflexión seria sobre el asunto (Ref. a la reflexión sobre Detrás de la apariencia de C. Bowers). Como tú lo sugieres, nuestros chicos suelen más expresarse, es decir que tienen más hábito en “formalizar” -con diversos grados o matices- su individualidad, que oírse entre ellos, que es justamente el aspecto relacional o colectivo, que sentimos que podría ser impulsado (¿revalorado?). Es cierto que hay que trabajar todavía mucho (en la práctica, en la teoría y en el diálogo intercultural) para que justamente el crecimiento aspire a ser compartido de forma espontánea por una mayoría de “diferencias”.
Se podría también comprender, a partir de la etimología, ambas caras de una misma medalla: la idea de acción, de relación externa, y la de pensar-se, de relación interna. En todo caso podríamos además apoyarnos en el sentido de la palabra meditar. Meditar aquí lleva la connotación de pensar cuidadosamente (por nuestra herencia griega), pero justamente, según muchas otras tradiciones, éste estaría más ligado a un tipo de ejercicio intuitivo de “conexión” (consigo y con el mundo) que a una racionalidad organizacional (a alguna relación cognitiva fragme ntada o riesgosamente individual) Es decir, bajo estos otros enfoques, que se trataría un proceso que se aproxima más a un no-pensar que a un pensar. Esto, permite fácilmente sobreentender la posibilidad de inclusión de otros motores cognitivos que los puramente racionales (que, como hábito de estructuración, tienden implícitamente a la estructura, e inevitablemente a alguna forma de rigidez), de otros factores de “enriquecimiento”, de aprendizaje, de acción; en el concepto de reflexión.
Y así lo sentíamos algunos, que se debería por consiguiente dar mayor y pareja oportunidad a los diversos tipos de formas de acceso al conocimiento, si es que lo que buscamos es algo que nos sirva en nuestro contexto y dándole sus mayores posibilidades. Para la diversidad de alumnado que tenemos en la escuela, tanto social como culturalmente hablando, sentíamos que era necesario enfocar el proyecto desde una mirada si racional y metodológica, pero también considerando equiparablemente otros motores como el aspecto imaginativo, sensible/perceptivo, intuitivo, creativo/sensorial, para abrir las mayores posibilidades del proyecto y ser l o menos “discriminatorios” posible. Esto genera efectivamente un cierto grado de exigencia en nosotros los profesores implicados dentro de este primer año real de experimentación y aplicación. Exigencia a nivel de la diversidad que nosotros –profesores- también representamos y que se nutre en las aulas; exigencia de la necesidad de sistematización para seguir dando una “forma” a nuestra metodología ya como colegio, con una mirada clara sobre el avance diversificado. Exigencia por consiguiente de práctica constante, de diálogo constante.
Quizás se encuentre allí otro tema de vital importancia, uno de los panes por rebanar que indicas en tu siguiente idea: El problema de la adaptación.
Es cierto que es difícil decidir por el adaptar o el aplicar, o el por qué se adapta y qué se adapta; si el enfoque, si el material, si el ritmo,… y lo cierto es que efectivamente no son tanto los aspectos sensoriales lo que más importa, como recalcas, sino la diversidad de miradas que consigamos del material para una diversidad de alumnos que tendrán que trabajar con él. Si dentro de ello la aparición de criterios sensoriales es un aspecto que podría abrir las posibilidades de aplicación, ¿no podría ser válido intentarlo? Al igual que otros aspectos que también puedan permitir a un abanico más amplio de alumnos la inmediata participación, no por la motivación (¿obligación?) que les promovamos sino por reconocimiento de un lenguaje que les sea familiar ya “de arranque”dentro de las propuestas.
No creo, personalmente, que se trate de adaptar metodologías ni contenidos… y tienes razón en dudar del término ya que no es el más apropiado. Otros como conciliar o mediar hubieran sido más sutiles y precisos para explicar nuestra preocupación. En todo caso puede más bien tratarse de que nosotros nos intentemos el “adaptarnos” a la intención profunda de ofrecer “algo” que les sirva a los alumnos para aproximar al mundo, a ellos mismos y a las herramientas que poseen; y a partir de ello que les permita crecer y buscar situaciones de crecimiento,... ni siquiera siento que sea necesario realmente nombrarlo para realizarlo. Pero tenemos que encontrarnos en un enfoque, en un con-senso, no para la comunidad de indagación (que requiere evidentemente de diversidad para el enriquecimiento del diálogo), sino para el equipo que aplica en un mismo espacio/tiempo el proyecto y que espera también un sentido común como “apoyo”. Difícil es, además, separar o diferenciar las lecturas desde los profesores y desde los alumnos, lo cual genera dificultades y exigencias suplementarias… paciencia y trabajo.
Estas son por el momento las problemáticas que siento que tenemos querida Cecilia. No son todas pero comparto el fondo de tus inquietudes y no creo haber ayudado con estas nuevas preguntas a resolver ninguno de los problemas que planteaste, pero sí espero más bien a haberte motivado a seguir participando con este grupo, ya que como comenzamos nuestras cartas, se trata de compartir ideas, dudas y preguntas. Todos sentimos diversos temores como el de no nombrar algo por su nombre o el de solo desear llamarlo de una misma forma. Ninguno de los “polos” (como extremos o como camisetas) debería hacernos sentir temor si es que estamos comprometidos en el trabajo y en el diálogo. Y creo que esto, detrás de lo precedentemente dicho no sólo se vuelve grato y digno de intentar sino que nos puede llevar a cosechar con el tiempo algunos robustos frutos en los chicos, en el colegio y en nosotros mismos: “Compartiendo la intención profunda de ofrecer “algo” a los chicos y chicas que les sirva para aproximar al mundo y a ellos mismos, y a partir de ello que les permita crecer y encontrar situaciones de crecimiento, y crecer… ya sea jugando, observando, oyendo, imaginando, sintiendo, razonando,… reflexionando o haciéndonos reflexionar”.
Un fuerte abrazo,
Alain.
[1] Esta es más o menos las polémicas conjeturas (¿¡avisos "urgentes"?!) del centro de investigación nacional científico de París (CNRS) desde mediados de los 90, que luego ha sido ampliamente desarrollado por J.P. Le Goff en “La suave barbarie” (“La barbarie douce” ed. La découverte, 1999) y J.C. Michéa en “La enseñanza de la ignorancia y sus condiciones modernas” (Enseignement de l’ignorance et ses conditions modernes, ed. Climats 1997?).
__________________________________________________
Correo Yahoo!
Espacio para todos tus mensajes, antivirus y antispam ¡gratis!
Regístrate ya - http://correo.espanol.yahoo.com/
amail/f_iq2.jpg" border=0> Lycos iQ : Posez votre question maintenant et obtenez des réponses d?Experts. Cliquez ici !
Cecilia:
Un abrazo y sigamos compartiendo información y opiniones.
Cochepi