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From: Wilbert Tapia <wta
...@viabcp.com>
Date: 07-abr-2007 1:46
Subject: didactifilosofica ¿Aristóteles o Rousseau?
To: didactifilosof
...@elistas.net
Hola,
Aquí hay un artículo interesant en el que la pregunta que se hace también
podríamos aplicarla a nosotros, para ver si enseñamos ética según
Aristóteles o según Rosusseau.
Saludos
Wilbert
http://www.aplicaciones.info/blog/?p=210
*¿Aristóteles o Rousseau? <http://www.aplicaciones.info/blog/?p=210>*
* *
Hace casi veinticinco siglos, Aristóteles recomendaba una serie de
directrices para la educación moral de los niños, pues de otro modo
acabarían convirtiéndose en seres rebeldes e incivilizados. Comparaba esa
educación ética con el entrenamiento físico, y explicaba que igual que nos
volvemos fuertes y diestros al hacer cosas que requieren fuerza y destreza,
también nos volvemos buenos al practicar acciones buenas. Habituarse a un
buen comportamiento nos hace ser buenos, y entonces estamos entonces en
mejores condiciones de entender las ventajas y las razones de la bondad
moral. Ese buen obrar moral sirve de entrenamiento para lograr el control
sobre las inercias y malas inclinaciones de nuestra naturaleza y nos hace
así seres humanos libres y capaces.
Como ha señalado Christina Hoff Sommers, estos principios morales fueron
incuestionables durante siglos a través de la mayor parte de la historia de
Occidente, hasta la entrada en escena del filósofo y pedagogo ilustrado
Jean-Jacques Rousseau: "Cuando me imagino –escribía el pensador francés– a
un niño de diez o doce años, sano, fuerte y bien desarrollado, sólo nacen en
mí pensamientos agradables. Lo veo brillante, vehemente, vigoroso,
despreocupado, absorto en el presente, regocijándose en su vitalidad. El
único hábito que se le debería permitir adquirir es el no contraer ninguno,
prepararlo para el reinado de la libertad y ejercicio de sus
posibilidades…".
Rousseau consideraba la naturaleza del niño originariamente buena y libre
de pecado. La educación debía proporcionar terreno donde florecer su innata
buena naturaleza. La moral no debía venir de códigos externos ni ser
ordenada socialmente, pues eso sería un asalto a su derecho a desarrollarse
libremente. Bastaba con motivarle a poner en acción sus sentimientos
generosos, para así sacar a flote su auténtica y benevolente naturaleza: "Un
niño no puede jamás ser acusado de maldad, porque la mala acción depende de
la mala intención y eso él no lo tendrá nunca".
Es cierto que las ideas de Rousseau contribuyeron a humanizar la
educación en una época de excesiva rigidez y dureza, pero él mismo se
quedaría asombrado de la permisividad que impera en nuestros días, debida en
gran parte al enorme peso que sus ideas han tenido en la pedagogía
actual.
¿Quién tenía razón, Aristóteles o Rousseau? La experiencia histórica y el
sentido común se inclinan a favor Aristóteles, pero es Rousseau quien domina
poderosamente el pensamiento de los teóricos cuya influencia satura las
modernas escuelas de educación. El progresismo educativo que heredó su
pensamiento ha rehuido con frecuencia la importancia de cuestiones sencillas
y fundamentales como el esfuerzo, la práctica repetida de actos buenos o la
formación del carácter. El estilo ordenado y tradicional, con su exigencia
continuada y su insistencia en las calificaciones, ha sido denigrado como
vieja y agobiante moralidad. Celebrando la creatividad e innata bondad de
los niños, se ha descuidado la responsabilidad ancestral de someterlos a
disciplina, de entrenarlos en la práctica del bien y de acostumbrarlos a
manejarse con responsabilidad.
Han sido muchos años de desregulación moral amparada en una lucha contra
una tradición supuestamente exagerada y sermoneante. El eclipse de
Aristóteles ha traído muchos problemas a nuestra época, entre los que
destacan unos niveles de violencia y de fracaso escolar que nadie había
imaginado. Todo parece indicar que hemos tomado demasiado en serio a quienes
pensaban ahorrarnos a todos, y en especial a las nuevas generaciones, el
esfuerzo diario por ser buenas personas. Recuperar ahora ese terreno perdido
no es cuestión simplemente de leyes, ni de porcentajes de gasto público en
educación. No es cuestión de puñetazos en la mesa, ni de añorar tiempos
pasados, sino de volver a tomar en serio cosas que habíamos desdeñado un
poco. Tampoco en esto se nos va a ahorrar el esfuerzo diario para rectificar
poco a poco el rumbo equivocado.
Alfonso Aguiló.- Con la autorización de: <http://www.interrogantes.net>
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