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EL NUEVO ORDEN SOCIAL

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LuxOrLux

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May 16, 2009, 8:57:38 AM5/16/09
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EL NUEVO ORDEN SOCIAL
Quien actualmente observe con atención al mundo en que vivimos, verá
que por doquier se presenta,
poderosamente, lo que suele llamarse la "cuestión social". El que
tome
en serio lo que la vida exige, deberá
reflexionar sobre todo lo relacionado con este problema; y no cabe
duda de que un pensar que se propone
actuar según los más sublimes ideales de la humanidad, también tenga
que ocuparse de las exigencias
sociales. Como la ciencia espiritual se identifica con semejante modo
de pensar, resulta lo más natural que
ella examine lo que con dicho problema se relaciona.
A simple vista podría dar la impresión, que en este campo, nada puede
esperarse de la ciencia
espiritual. Pues, ante todo, se le reconocerá como su característica
sobresaliente, el reconcentrarse en la vida
anímica y el despertar de la visión del mundo espiritual. La
reconocerán incluso quienes superficialmente, no
más, hayan llegado a conocer las publicaciones de la ciencia
espiritual. Empero, es más difícil comprender
que el afán de dicha ciencia también pueda tener un significado
práctico, y menos aún se verá su relación con
la cuestión social. ¿Podrá una ciencia que se ocupa de la
"reencarnación", del "karma", del "mundo
suprasensible" y del "origen de la humanidad", de modo alguno ser
útil
para vencer la miseria social?
Pareciera que semejante doctrina más bien tienda a volar a las nubes,
lejos de toda realidad de la vida,
mientras que haría falta que cada uno concentre todas sus fuerzas en
dedicarse a las exigencias de la realidad
terrena.
Enumeremos solamente dos de las más diversas opiniones que en la
actualidad, con respecto a la
ciencia espiritual, necesariamente han de aparecer.
Una de ellas consiste en que se la considera como expresión de la más
desenfrenada fantasía. Para el
adepto a la ciencia espiritual no debiera parecer extraño el que haya
semejante opinión. Todo lo que sucede y
se habla en torno de él, lo que a la gente causa satisfacción y
alegría, le hará ver que él mismo habla un
idioma que muchos han de considerar como desatinado. A la comprensión
del mundo que le rodea él debe,
por el otro lado, sumar la absoluta certeza de hallarse en el camino
correcto; pues, de otro modo, no podría
mantenerse firme, frente a la discrepancia de sus propias ideas con
las de los muchos que pertenecen a los
instruidos y cultos. Basándose en la firme certeza, en la verdad y
solidez de sus ideas, se dirá a sí mismo: ya
sé y también comprendo que en la actualidad fácilmente se me
considere
hombre iluso; sin embargo, por más
que la gente se ría o se burle, la verdad se hará valer, y su
eficacia
no depende del parecer que de ella se tenga
sino de lo sólido de su fundamento.
La otra opinión a que la ciencia-espiritual está expuesta, considera
que, si bien sus ideas son bellas y
satisfactorias, no tienen valor para la lucha de la vida práctica; e
incluso quienes, para satisfacer sus
inquietudes espirituales, buscan el nutrimiento científico
espiritual,
fácilmente se inclinan a decirse: está
bien, pero estas ideas no pueden damos ninguna explicación de cómo
vencer la penuria social, la miseria material.
Ahora bien, precisamente tal parecer se debe a un total
desconocimiento de los verdaderos hechos de
la vida y, ante todo, a un malentendido con respecto a los frutos de
la concepción científico-espiritual. Es que
casi exclusivamente se pregunta: ¿qué es lo que la ciencia espiritual
enseña, y cómo puede demostrarse la
verdad de lo que ella sostiene? Luego se busca el fruto en la
satisfacción que por las enseñanzas recibidas se
siente. Indudablemente, esto es lo más natural, ya que ante todo hay
que sentir la verdad del contenido de
esas enseñanzas. Sin embargo, en ello no debe buscarse el verdadero
fruto de la ciencia espiritual, sino que
este fruto sólo se pone de manifiesto cuando con las ideas de dicha
ciencia se asumen las tareas de la vida
práctica. Lo que importa es: saber si la ciencia espiritual nos
conduce a asumir esas tareas, con clara visión,
y a buscar con la debida comprensión los medios y caminos para la
solución correspondiente. Quien desee
actuar en la vida, ante todo debe comprenderla. He aquí el meollo del
asunto. Quien se limite a preguntar:
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¿qué es lo que la ciencia espiritual enseña?, podrá decir que tal
ciencia, es demasiado "alta" para la vida
práctica. En cambio, si se dirige la atención hacia el desarrollo del
pensar y del sentir, que se obtiene por esta
ciencia, se dejará de hacer semejante objeción. Por más extraño que
parezca al concepto superficial, hay que
reconocer que el pensar de la ciencia espiritual, aparentemente
iluso,
crea la comprensión para la correcta
conducta de la vida cotidiana. La ciencia espiritual agudiza la
vista,
para comprender las exigencias sociales;
justamente a través de la elevación del espíritu a las lucientes
alturas de lo suprasensible. Por paradójico que
parezca, no deja de ser verdad.
Voy a citar un ejemplo para ilustrarlo. Últimamente apareció en
Berlín
un libro sumamente
interesante: "De obrero en América". Durante algún tiempo su autor,
el
consejero gubernamental Kolb, vivió
en América, trabajando como jornalero. Esto le permitió formarse un
juicio sobre los hombres y sobre la vida,
de un modo que evidentemente no le hubiera sido posible durante su
vida antes de llegar a la posición de
consejero gubernamental, ni tampoco por sus experiencias como tal.
Quiere decir, que durante años había
ocupado un puesto de bastante responsabilidad, hasta que después de
haberlo dejado —por poco tiempo—
para vivir lejos de su patria, llegó a conocer la vida de tal manera,
que en dicho libro pudo escribir la siguiente
frase significativa: "Cuántas veces, en el pasado, al ver mendigar a
un hombre sano, me pregunté con indignación
moral: ¿por qué no trabaja este holgazán? Entonces lo supe. En la
teoría se lo ve distinto a lo que es la
práctica; y en el gabinete de estudio se trabaja bastante bien,
incluso con las más aborrecibles categorías de
la economía política". Sin dar lugar a malentendidos, hay que
tributar
admiración a este hombre, que no
vaciló en renunciar por un tiempo a una situación cómoda, para
trabajar duramente en una fábrica de
cerveza y otra de bicicletas. Además, para no despertar la creencia
de
que nosotros tratamos de censurarle,
hemos de destacar el respeto por este cometido. Pero para quien lo
observe correctamente, resulta evidente
que toda instrucción y toda ciencia que este hombre haya recibido, no
le han capacitado para juzgar la vida.
Hay que ver claramente qué es lo que aquí se admite, a saber:
actualmente puede aprenderse todo aquello que
a uno le da capacidad para ocupar posiciones más bien elevadas; no
obstante, se está totalmente ajeno a la
vida en que se debe actuar. ¿No es esto comparable a haber estudiado,
en la facultad de ingeniería, la
construcción de puentes, y al verse realmente frente a esta tarea,
resulta que no se comprende nada al
respecto? No, por cierto, no es exactamente lo mismo. Pues, quien
esté
mal preparado, para la construcción
de puentes, se dará cuenta de este defecto al encontrarse ante la
tarea práctica: dará prueba de ser chapucero
y será rechazado por doquier. Empero, no se manifestarán tan pronto
los defectos de quien esté mal
preparado para actuar en la vida social. Puentes mal construidos se
derrumban; y para el juicio más parcial
queda evidente que el constructor era chapucero. En cambio, lo que se
"chapucea" en la actuación social, sólo
repercute en hacer sufrir a los demás; y a la relación de este
sufrimiento con la chapucería, no se le da la
misma atención como a la causalidad entre el derrumbe de un puente y
la incapacidad del constructor. Se
podrá responder: Está bien, pero ¿qué tiene que ver todo esto con la
ciencia espiritual? ¿Créese acaso que la
ciencia espiritual con las ideas de reencarnación y karma y de los
mundos suprasensibles hubiera conferido al
consejero Kolb una mejor comprensión de la vida? Nadie podrá
sostener,
que las ideas acerca de los sistemas
planetarios y los mundos superiores, hubiesen ayudado al señor Kolb
para no tener que confesar, que con las
más aborrecibles categorías de la economía política se trabaja
bastante bien en el gabinete de estudio. La
ciencia espiritual realmente permite responder, como lo hizo Lessing
en un determinado caso: yo soy aquel
"nadie", e incluso lo sostengo. Naturalmente, no hay que tomarlo en
el
sentido como si alguien, con la doctrina
de la reencarnación, o el conocimiento del karma pudiese actuar
socialmente en forma correcta. Se entiende
que en cuanto a los futuros consejeros gubernamentales, no se trata
de
remitirlos a la "Doctrina Secreta" de
Blavatski en vez de emprender un estudio universitario con Schmoller,
Wagner o Brentano.
Lo que importa es que una teoría de la economía política, basada en
la
ciencia espiritual, no será de
tal naturaleza que con ella se trabajaría bien en el gabinete de
estudio, pero que resultaría insuficiente frente
a la vida real. ¿Cuándo fracasa una teoría frente a la vida? Esto
ocurre cuando tal teoría es producto de un
pensar que no se haya formado para la vida. Pero las conclusiones de
la ciencia espiritual son, precisamente,
las verdaderas leyes de la vida, análogamente a como la ciencia de la
electricidad, da las leyes para una
fábrica de artefactos eléctricos.
Quien quiera instalar tal fábrica, deberá primero aprender
electrotecnia. Y quien desee actuar en la
vida, deberá conocer las leyes de la vida. Por lejos de la vida que
parezca estar la ciencia espiritual, la verdad
es que la abarca muy de cerca. Considerándola superficialmente,
parece
ser ajena a la vida; pero a la
verdadera comprensión de sus verdades se abre la realidad de la vida.
No se vive retirado en "círculos de la
ciencia espiritual" para obtener allí toda clase de informaciones
"interesantes" sobre mundos extraterrestres,
sino que se ejercita el pensar, sentir y querer de acuerdo con las
"leyes eternas de la existencia", con el fin de
actuar en la vida y de comprenderla con clara visión. Las verdades de
la ciencia espiritual son, al mismo
tiempo, el camino que conduce hacia el viviente pensar, juzgar y
sentir.
Cuando se llegue a comprenderlo plenamente, sólo entonces el
movimiento científico-espiritual habrá
entrado en su justo cauce. El recto obrar proviene del correcto
pensar; y el erróneo actuar tiene su origen en
el equivocado pensar, o bien en la irreflexión. Quien realmente
quiere
tener fe en que en la esfera social se
llega a realizar algo benéfico, ha de consentir que semejante obrar
depende de las respectivas facultades
humanas. El trabajo de compenetrarse de las ideas de la ciencia
espiritual, significa acrecentar las facultades
para el obrar social. A este respecto no solamente es importante qué
pensamientos se acojan por el estudio de
dicha ciencia, sino, cómo a través de ella, se transforma el pensar.
Ciertamente, no se puede negar, que aún no se percibe que dentro de
los círculos científicoespirituales
mismos, se haya realizado mucho trabajo en ese sentido, y que
precisamente por tal causa, los
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extraños a la ciencia espiritual tengan, por ahora, suficiente motivo
para dudar de lo expuesto. Por otra parte
hay que tener en cuenta que nuestro movimiento científico espiritual
aún se halla al comienzo de sus
actividades, y que su ulterior progreso ha de buscarse en que se
introduzca en todos los ámbitos de la vida
práctica *. En cuanto a la "cuestión social" se pondrá entonces de
manifiesto, que en lugar de las teorías "con
las cuales en el gabinete de estudio se trabaja bastante bien", habrá
otras que darán la capacidad para juzgar
la vida, sin prejuicios, encauzando la voluntad hacia un actuar que
dará a la humanidad bienestar y fecundo
desarrollo. Alguno que otro responderá que justamente el caso del
señor Kolb hace evidente que es superfluo
apelar a la ciencia espiritual, y que sólo haría falta que aquel que
se prepara para una carrera o profesión, no
se limite a aprender sus teorías en el gabinete de estudio, sino que,
aparte de la instrucción teórica, debiera
conocer la vida a través de un aprendizaje práctico; ya que para
Kolb,
al tener contacto con la vida, le bastó lo
que había aprendido, para llegar a una opinión distinta a la que
anteriormente había tenido. Sin embargo, no
es suficiente, pues el defecto tiene raíces más profundas.
El percatarse de que una instrucción preparatoria deficiente sólo
capacita para construir puentes que
se derrumban, todavía no confiere la capacidad, ni mucho menos, para
construirlos mejor, sino que primero
habrá que adquirir los conocimientos pertinentes. Indudablemente, no
hace falta sino observar las
condiciones sociales, y aunque se tenga una teoría de las leyes
fundamentales de la vida del todo insuficiente,
no se dirá, frente a cada uno que no trabaja: "¿Por qué no trabaja
este holgazán?". Es que la misma situación
social hará comprender por qué tal hombre no trabaja. Pero con ello
no
se ha aprendido cómo deben
organizarse las condiciones para el bienestar de la humanidad. No
cabe
duda de que todos los hombres de
buena voluntad que hayan presentado sus proyectos para el
mejoramiento
del destino humano, no juzgaron
del mismo modo que el consejero gubernamental Kolb antes de su viaje
a
América. Es de suponer que todos
estaban convencidos de que no corresponde reprender mediante la
frase:
¿por qué no trabaja este holgazán?,
a cada individuo al que en la vida le va mal. Pero esto no quiere
decir que las propuestas de reforma social,
divergentes entre sí, hayan sido fecundas. Por la misma razón, se
justifica decir que planes reformistas del
consejero Kolb, después de su cambio de opinión, tampoco podrían ser
de gran efecto positivo. En este campo,
el error de nuestro tiempo consiste, precisamente, en que cualquiera
se cree capaz de comprender la vida,
aunque no se haya interesado por sus leyes fundamentales, y sin haber
desarrollado la propia capacidad de
pensar para percibir las verdaderas fuerzas de la vida. La ciencia
espiritual equivale al desarrollo hacia un
sano criterio de la vida, porque ella penetra hasta el fondo de la
misma. A nada conduce el darse cuenta de
que las condiciones sociales hacen que los hombres sean llevados a
situaciones de degeneración: hace falta
conocer las fuerzas que generan condiciones más favorables. Nuestros
eruditos de la economía política no
poseen tal capacidad, por un motivo parecido a que no saben hacer
cálculos quienes no conocen la tabla de
multiplicar, y por más que se les presenten series numerales, todo
resultará inútil. Análogamente, aquel que
no entiende nada de las fuerzas fundamentales de la vida social,
tampoco llegará a saber cómo se concatenan
las fuerzas sociales para el bien o para el mal de la humanidad.
En nuestro tiempo hace falta un concepto de la vida que conduzca a
sus
verdaderas fuentes. La
ciencia espiritual nos da tal concepto. Ella podría conducirnos a
resultados positivos, si todos aquellos que
deseen formarse una idea de lo que "a la sociedad hace falta", se
compenetrasen primero de lo que la ciencia
espiritual enseña concerniente a la vida. No es admisible el
argumento
de que la ciencia espiritual en vez de
"actuar" solamente "habla", ni tampoco aquél de que sus ideas aún no
han sido ensayadas, y que por lo tanto,
podrían evidenciarse como pálida teoría, al igual que la economía
política del señor Kolb.
El primer argumento no es válido, puesto que no es posible "actuar"
en
tanto que los caminos para
efectuarlo se encuentren cerrados. Por más que un pedagogo sepa lo
que
un padre debiera hacer para educar
a sus hijos, no podrá "actuar" si ese padre no le llama para hacerse
cargo de ello. Hay que tener paciencia y
esperar hasta que el "hablar" de la ciencia espiritual haya
despertado
el entendimiento de los que tienen el
poder de "actuar". Y esto sucederá. El otro argumento tampoco reviste
significancia, y no será hecho, sino por
quienes desconocen las verdades fundamentales de la ciencia
espiritual. Quienes las conocen, saben que no
son algo que se busca por el "ensayo" o experimento, sino que las
leyes del bienestar de la humanidad
integran el principio básico del alma humana con la misma certidumbre
con que rige la tabla de multiplicar.
Sólo hace falta penetrar en lo profundo de este principio básico del
alma humana. Ciertamente, es posible
evidenciar lo que, en este sentido, se halla impregnado en el alma,
como también puede evidenciarse que dos
por dos son cuatro. Pero nadie pretenderá que la verdad de que "dos
por dos son cuatro" debe "probarse", por
ejemplo, mediante cuatro porotos que se colocan en dos grupos de dos
porotos cada uno. Lo cierto es que
dudar de la verdad de la ciencia espiritual, significa no haberla
comprendido, del mismo modo que sólo puede
dudar de que "dos por dos son cuatro", quien no lo haya comprendido.
Por más que las dos cosas se distingan
entre sí, ya que ésta es tan simple y aquélla tan complicada: tienen,
sin embargo, semejanza. Por otra parte,
no se llegará a reconocerlo, en tanto no se penetre en la ciencia
espiritual misma. Por esta razón, al que no la
conozca no se le puede dar "prueba" de ello; sólo puede decirse:
aprended a conocer la ciencia espiritual, y
llegaréis a la claridad.
La importante misión de la ciencia espiritual para nuestro tiempo se
evidenciará cuando ella se halle
convertida en fermento de la vida humana en general, y sólo quedará
al
comienzo de su actuar, mientras no
haya tomado este camino en toda la extensión de la palabra. Hasta no
alcanzarlo, dicha ciencia será tachada
de ajena a la vida. Ciertamente, lo es en el mismo sentido en que el
ferrocarril era ajeno a la civilización que
sólo conocía la realidad de la diligencia. Lo que la ciencia
espiritual enseña es algo tan ajeno como el porvenir
es ajeno al pasado.

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