Tiene que ver también con que, en aquellos saraos, si uno se topaba
con un tipo con pinta de empollón que se había quedado dormido en una
silla, de tan borracho que se le habían quedado los ojos abiertos, y
la boca abierta, y la cabeza echada para un lado, pues era lo normal
escarnecerle un poco, ponerle un gotero o un embudo con whisky en la
boca abierta, y darle de beber, ponerle gorritos de papel
estrafalarios y hacerle fotos, y ya de paso, aprovechando la cámara, y
que no se movía, hacerle posar con penes de goma cerca de la boca y
cosillas de ese tipo, inofensivas, que cuando se es joven tienen
cierta gracia, como tiene cierta gracia depositar a los borrachos en
las fuentes más céntricas de la vieja ciudad universitaria, con silla
y todo.
Tienen que ver un poco con todo eso, pero que quede claro que yo no he
dicho que haya tenido nunca que ver con aquel lamentable incidente que
dio tanto que hablar, ni con las grotescas fotos que circulan desde
hace tiempo en Internet y de las que nadie sabe si son verdaderas o
falsas, o si, de ser ciertas, si lo que allí se ve es algo más que un
parecido casual y representan realmente a Stephen Hawking.