Llovía, ¡ por fin! y encima lo hacía con ganas. No sólo llovía con
ganas, sino que el gris del cielo auguraba que lo haría durante toda
la noche. No era el habitual gris luminoso del Mediterráneo, ese
gris que no pesa, ese gris bajo el cual no sucumbes, ese gris que no
te fosiliza el alma, ese gris que pule todos los contornos y que
supone un descanso a tanto y tanto sol implacable. Era un gris
Euzkadi, un gris para sumergirse en la memoria y bucear entre los
recuerdos de días grises, de los días más grises, los días de
temporal. Esos días en que el gris del Cantábrico despliega una gama
brutal de contrastes en el cielo, en el mar y en el alma de los
expertos en días grises. Y los expertos en temporales tienen su
sitio, su Meca, en el Paseo Nuevo de San Sebastián, en la punta de “el
Macho” la rompiente más brava con la barandilla más tenue, una oblea
de barandilla corroída y doblegada por un mar absoluto. Una barandilla
en la cual los toreros de olas donostiarras se enfrentan al bravo mar
que les ha tocado en el sorteo de mares con trapío. Una barandilla o
un ángulo sobre el cual doblarse y auscultar si la ola siguiente va a
romper formando una muralla de agua que te atrapará o simplemente una
desganada ola, de las del montón, que simplemente acariciará la
muralla de roca que está a tus pies. Un juego de adivinanzas para el
que se va bien preparado. Katiuskas, chubasquero y dinero, el paraguas
es inconcebible. Las Katiuskas, para pisar sin pudor todos los charcos
de lluvia y mar, el chubasquero para el viento y el dinero… el dinero
es para gastarlo en la Parte Vieja. Después de la borrachera de
viento, lluvia y olas, con el mar pegado en el pelo y la sal en los
labios es necesario pasar la resaca en los sitios adecuados: Casa
Bartolo, el Txistu, el Lambroa, el Juantxo, el Astelena, la bodega
Donostiarra, Casa Alcalde, La Cepa… ay!
Mojada por el mar y la lluvia, sin aire de tanto bucear en los
recuerdos, llamó a su amigo Pedro, su compinche de pitanzas y
desvaríos.
- Hola Pedro, esta lluvia me ha donostiarrizado, te invito a cenar
merluza a la koxkera, o sea, merluza a la donostiarra, merluza gris y
almejas grises para coronar un día tan gris.
- ¿Qué vino llevo?
- Txacolí, sin duda, un vino al que no le importa demasiado el sol.
- ¿Postre?
- Después de este plato, tan perversamente desnaturalizado, emulado y
violado en todo el mundo, lo que suele tomar mi cuadrilla es un
sencillo cocktail de champagne.
- Haré un esfuerzo, pero que sea merluza, merluza, no tiburón a la
koxkera como me has contado que cocinaste en Santo Domingo.
- Reconozco que aquello fue poco ortodoxo, pero quÉ quieres… no
abundan mucho las merluzas en el Caribe. De todas formas ya sabes que
el tiburón a la koxkera terminó en el cubo de la basura, ni mi perro
lo probó.
- Nunca me has confesado por qué no te lo comiste.
- Es verdad, pero hoy es día de temporal y para celebrarlo te lo voy a
confesar. La semana anterior a mi descubrimiento del tiburón en una
pescadería, había visto en las noticias cómo los tiburones se habían
comido a los inmigrantes de una patera de dominicanos en el Canal de
La Mona. Este canal separa la República Dominicana de Puerto Rico, es
el Gibraltar caribeño, la diferencia entre el vivir una quimera y el
sobrevivir. Cuando tuve el plato en mi mesa, me acordé y para no
sentirme transitivamente antropófaga, lo tiré a la basura.
- Vale, ¿a las 10?
- Más o menos.
Saludos y un brindis con txacolí para el Doc. TXIN TXIN!!
cardiyo ha escrito:
> - esta lluvia me ha donostiarrizado
¿Quién te desdonostiarrizará? El desdonostiarrizador que te
desdonostiarrice buen desdonostiarrizador será.
(Leed en voz alta y rapidito si tenéis cojones, anda la hostia)
Donostiarriza como puedas.
Hum, estoy viendo que el festival de cine coincide con una escapada
que hab�a planeado a Par�s. �Qu� vida m�s estresante tengo!
Un abrazo para cardi (y otro para Ignacio).