Aura.
Su presencia iluminaba donde fuera. La quiso por el brillo de sus
ojos, de su sonrisa; por el aleteo de mariposa de su forma de andar.
Él pasó al principio desapercibido, esperó su turno en la penumbra
mientras bajo el foco desfilaban otros pretendientes. Con el tiempo,
un nuevo foco se fijó sobre él, y ella lo vio bajo una nueva luz que
le favorecía. Las mariposas vuelan hacia la luz.
Vuelan por ahí otras historias de mariposas: la de una que persiguió
un espectro brillante toda su vida, y mil veces se posó donde creyó
encontrarlo, y en tanto viaje se dejó las alas; o la del hombre que
quiso emitir luz, y no moverse a medida que la luz desplazaba su foco,
pero olvidó que el espectro que arrojamos, nuestra aura, tal vez es
sólo nuestra, pero siempre consiste en el brillo reflejado por una luz
externa, luz que, como todo en este mundo, cambia de calidad y nunca
deja de moverse, como unas alas en eterno vuelo.
fin cita---------
Nota mental: debo limpiar mejor los discos duros de los ordenadores
del trabajo.
Por lo que he averiguado, lo hice al mismo tiempo que éste (por lo
visto, tenía el ánimo floral mariposero), aunque éste sí que decidí
publicarlo:
http://ignacioegea.blogspot.com/2006/03/el-ltimo-guerrero.html