En el esoterismo masónico existen unas categorías equivalentes que
dan
satisfacción a los masones de los diferentes niveles culturales.
Incluso ha de haber algo que satisfaga los gustos más "bajos" en el
amplio y versátil espectro del panorama masónico. Los patrones de
conducta suelen variar también conforme vamos descendiendo escalones
en la escala ceremonial. Eso significa que al descender los
masones se vuelven menos disciplinados y están menos controlados
por unos códigos de conducta, no quiere decir que sean groseros o
peor
educados. Las obligaciones no se toman tan en serio ni las
responsabilidades se observan con el respeto que normalmente imponen
en círculos más convencionales. Ahora bien, hay que pensar que esto
es
una generalización, tanto en una dirección como en la otra, pero
ciertamente indica la existencia de una relación entre los seres
humanos pertenecientes a determinados grupos sociales, que
desarrollan
unas actividades masónicas específicas.
Ciertos grupos rechazarán un tipo de comportamiento que puede
considerarse aceptable o incluso deseable dentro de una agrupación
determinada. Por ejemplo, en algunos de los grupos menos cultos, si
bien muy auténticos e insertos en nuestra Tradición, se permitiría la
humillación deliberada, la exposición al ridículo y las payasadas
como
parte de una prueba de iniciación, en tanto que otros dirían que todo
eso "se les ha quedado pequeño". El haberlo hecho hace unos cuantos
siglos no significa que haya de realizarse exactamente del mismo modo
en el presente, ni siquiera que haya de realizarse en absoluto. La
antigüedad por sí sola no lo autoriza. La evolución sí. Aunque las
pruebas de personalidad son siempre aconsejables, quienes se dedican
a
la selección psicológica pueden aplicar unos sistemas más modernos
como la poligrafía o cualquier otro procedimiento conocido. En
realidad, cabe la sospecha de que cualquier grupo masónico que esté
dispuestos a admitir miembros sin realizar ninguna selección basada
en
la compatibilidad es cuando menos inadecuado, aunque su conducta en
general se ajuste enteramente a los códigos de lo que denominamos un
comportamiento civilizado. Todo aquello que quede fuera de dichos
códigos precisa ser investigado muy cuidadosamente.
Por tanto los patrones de comportamiento adoptados por la mayoría de
las Logias Masónicas coinciden probablemente con los de la clase
social de la que han sido extraídos su miembros. Pero, además, hay
unas cuantas costumbres que se separan lo bastante de dichos patrones
para resultar interesantes, son un poquito singulares, o incluso
atrevidas. Después de todo, las cosas inusuales que decimos o hacemos
durante las ceremonias celebradas en el Templo son lo que da
importancia y valor a nuestra vida y a nuestra significación
espiritual. Si en los Templos no realizáramos más que actividades
comunes y corrientes, éstos no pasarían de ser unas casas o unos
talleres y no habría razón para construirlos o consagrarlos. La razón
por la cual tenemos Templos es que en ellos sólo hemos de tener
pensamientos, emitir palabras y realizar acciones relacionadas con
nuestras intenciones espirituales, conforme al estilo del sistema del
Templo en particular.
El comportamiento de los hombres en los Templos puede ser considerado
anormal desde numerosos puntos de vista, pues difiere muy claramente
del comportamiento que tenemos en nuestra vida ordinaria. Normalmente
no:
1. nos reunimos con fines esotéricos;
2. nos ponemos una ropa y unos adornos especiales;
3. hablamos en términos masónicos;
4. adoptamos unas actitudes extrañas al tiempo que hacemos unos
gestos
extravagantes;
5. ofrecemos incienso ni derramamos agua;
6. consumimos comida y bebida especialmente consagrada;
7. nos rodeamos de una simbología mística;
8. nos consagramos solemnemente a un Dios o ser sobrenatural;
9. potenciamos objetos inanimados o fenómenos naturales como el aire
y
el fuego;
10. escuchamos o leemos largos pasajes de textos sagrados o rituales.
Aunque cada una de las actividades de esta lista puede ser
desarrollada fuera del Templo en determinadas ocasiones, el normal
funcionamiento de un Templo de ceremonias se basa en la combinación
adecuada de dichos elementos. Es decir, estos comportamientos sólo se
considerarían anormales si tuvieran lugar fuera del entorno
colectivo,
que es el Templo.
Esto quiere decir que las demandas de servicios espirituales que se
concentran y efectúan con regularidad en el Templo, además de las que
se producen en la vida ordinaria, están originando una especie de
tensión que pesa sobre los seres humanos y literalmente ordena al
lado
más profundo y generalmente dormido de nuestra naturaleza que se
manifieste de un modo apreciable. Al "llamar a los Dioses" no podemos
evitar llamar a ese lado divino que existe en cierto grado dentro de
nosotros mismos. Es la faceta mejor de la personalidad humana y rara
vez se muestra a los demás. Esta práctica, si se realiza con
frecuencia, desarrollará y consolidará los mejores atributos que
hemos
heredado, al igual que los ejercicios físicos hacen con nuestro
cuerpo
si se aplican adecuadamente.
Nuevamente insistimos en ese "si" de la aplicación. La calistenia mal
aplicada puede estropear el buen rendimiento del cuerpo humano y su
equivalente a nivel espiritual puede hacer lo mismo en el alma. No
resulta difícil pensar en personas que se han echado a perder a causa
de las prácticas religiosas o esotéricas de naturaleza indeseable. La
causa más frecuente de dicho deterioro parece ser el síndrome del
"Nosotros-tenemos-razón-y-todos-los-otros-están-equivocados". Dicho
de
otro modo, el exclusivismo a expensas de los demás. Una especie de
suficiencia espiritual que siempre parece sacar a la luz lo peor de
la
naturaleza humana, probablemente debido a que procede de esa fuente.
Ahora bien, no hay nada malo en el exclusivismo en el sentido de
crear
un ambiente absolutamente privado, al igual que tienen derecho a
hacer
todas las personas en sus propios hogares con su familia y sus
amigos.
Pero cuando se niega ese derecho a los demás humanos, ciertamente hay
un error de base.
Puede que sea una perogrullada muy gastada decir que "lo que para uno
es bueno, para otro es veneno", pero hay ciertos casos en los que
esto
es más frecuente que en los Templos del esoterismo occidental. En
tales casos el individualismo ha sido llevado al extremo al que
aspiran los practicantes más activos de los Templos totalmente
privados. Esto se está transformando en algo parecido a una empresa
corporativa inmensa en la cual la marca de distinción es tener
derecho
a usar los aseos más exclusivos hasta llegar a la cima, ¿dónde está
el
jefe de todos, que tiene un aseo para él solo (que no comparte con
nadie exceptuando las limpiadoras, por supuesto)? Aunque nunca ha
habido un censo que muestre exactamente cuántos Templos privados hay,
debe de haber varios miles por lo menos. La mayoría son habitaciones
de casas privadas que han sufrido una transformación, edificios en
jardines retirados, o incluso rincones de los dormitorios que han
sido
tapados, pero todos ellos siguen considerándose Templos de nuestra
Tradición esotérica. Sin embargo, los Paganos practicantes suelen
preferir lugares al aire libre para la celebración de sus ceremonias
y
no les gustan los Templos que están en el interior de un edificio,
sólo los usan en condiciones climáticas muy adversas.
Aquí se hace una distinción entre los esoteristas occidentales que
prefieren el "interior" y los que prefieren el "exterior", lo cual es
realmente académico, aunque hay unas diferencias específicas que
dependen del temperamento y no de la clase social. Las personas
aficionadas a los "Templos interiores" suelen ser más conservadoras y
convencionales, quizás la palabra reprimidos sirva mejor para
describirlas. Las que prefieren los "Templos exteriores" son
generalmente más exuberantes y desinhibidas y permiten un mayor grado
de libertad entre sus miembros. El término Pagano es en cierto modo
un
nombre inapropiado, que resulta permisible únicamente por el uso
moderno. En rigor, se aplicaba sólo a la población rural latina que
habitaba las pagi, unas zonas fortificadas que rodeaban la ciudad. Al
final, dicho término se acabó utilizando en sentido descriptivo para
cualquier tipo de campesinado. Tal vez la mejor opción sería
distinguir estos dos tipos de esoteristas con los términos urbano y
rural, independientemente de sus domicilios.
No hay mejor ni peor en los sistemas esotéricos. Lo que saca fuera lo
mejor de un alma puede hacer que salga fuera lo peor de otra. Se
trata
de combinar almas y sistemas. Muchos individuos han ido pasando
muchas
veces de una institución organizada a otra hasta asentarse en una en
la que han encajado bien. Muchos no han hallado tal cosa y se han
sentido vinculados por unos lazos fraternales con el resto de
nosotros
simplemente por el hecho de haber nacido dentro de la misma
Tradición.
Esos esotéricos probablemente encontrarían bastante incompatibles a
sus hermanos invisibles si se los encontraran encarnados. Los choques
de personalidad suelen ser la motivación más frecuente de la ruptura
de numerosas agrupaciones esotéricas. Ello, aunque resulte triste
decirlo, apenas puede sorprender si tenemos en cuenta la naturaleza
sumamente individualista del esoterismo occidental en su conjunto.
Pocos parecen haber aprendido a valorar las diferencias existentes
entre unos y otros, en lugar de las similitudes. Suele interesarles
más descubrirse a si mismos en otros que buscar a los otros en sí
mismos.
Posiblemente lo peor que puede sucederle a cualquier agrupación
esotérica es que caiga en malas manos y se haga mal uso de ella por
razones políticas o antisociales. Y si esto encima es apoyado por
influencias internas que no desean que los seres humanos evolucionen
y
se conviertan en unos seres espirituales con sus facultades
correspondientes, entonces el caso es mucho peor; y es posible
encontrar ejemplos de lo que ciertamente puede denominarse una
"Hermandad Negra" en el sentido de esoterismo del mal. Tales
sociedades casi nunca están abiertas a los hombres de tipo medio.
Están restringidas a una clase muy exclusiva de personas que sabe
mantenerse alejada de aquellos que no pertenecen a su círculo, y
extiende su influencia a través de agentes indirectos a aquellos
puntos donde es probable que su efecto se deje sentir con una gran
fuerza sobre unos seres humanos que se encuentran desprevenidos y no
ofrecen resistencia.
Aunque sería una equivocación el atribuir a semejantes indeseables
unos poderes ilimitados y sobrenaturales, sería asimismo un error
desestimar el efecto global que pueden llegar a producir a escala
mundial. Aunque esto se debe fundamentalmente a que la mayoría de la
gente es muy permisiva y les deja salirse con la suya, lo que
acabamos
de decir no disminuye el daño que el mal uso del esoterismo puede
hacer. La Sociedad Thule de la Alemania Nazi es un ejemplo típico, y
existen otras sociedades parecidas que se dedican a minar y a
destruir
la sociedad humana por el mero hecho de obtener unas ganancias.
También sucede a la inversa, es decir, hay muchas asociaciones de
naturaleza opuesta, cuyo objetivo es la liberación del alma y el
espíritu humanos de la esclavitud que representan la existencia
corpórea y los otros males que padece nuestra sociedad. Así que al
final todo se reduce a un enfrentamiento de buenos contra malos,
mientras la gran masa de la humanidad espera el desenlace con la
vista
puesta en las posibles ganancias.
Por si acaso alguien se estuviera preguntando si alguna asociación
esotérica en concreto pudiera estar controlada por los referidos
malos, y deseara saber cómo evitar unirse a la misma por error,
digamos que tal acontecimiento sería prácticamente imposible por los
siguientes motivos: tales asociaciones sólo recluían a sus miembros
cuando estos han superado varias cribas, cada una de las cuales
garantiza la seguridad de que el siguiente paso del proceso estará
salvaguardado. Por ejemplo, puede darse el caso de que un posible
miembro ingrese en una orden esotérica de fácil acceso y que, todo lo
más, un año después alguien insinúe que existe un grupo mucho más
interesante y exclusivo donde "podría haber una vacante". Ese
alguien,
por supuesto, es un descubridor de talentos y lo único que sabe es
que
a él/ella le van a pagar muy bien por la presentación. A partir de
ahí, puede repetirse este proceso varias veces hasta alcanzar el
grupo
definitivo. Aun así, el candidato así seleccionado ha de estar
especialmente capacitado para el mal y ha de sentir una total
devoción
hacia lo que podríamos denominar el Demonio considerado como el anti-
Dios. Además, ya sea para bien o para mal, cuanto más se avance por
ese camino, cada paso que se dé requerirá una disciplina más estricta
y exigirá la imposición de penas más severas por el fracaso en ambas
direcciones.
Así pues, aunque puede que no haya nada malo en el hecho de que a un
miembro se le ofrezca formar parte de otro grupo, por lo menos habrá
que tener los ojos bien abiertos y hacer unas cuantas preguntas. De
todas formas, los malos de clase alta prefieren reclutar directamente
a los miembros de sus agrupaciones escogiéndolos de sus propias
familias y pequeños círculos de operarios, aunque no son contrarios a
fortalecerse gracias a determinadas personas que están plenamente
capacitadas para ayudar al cumplimiento de sus fines. Si se
anunciaran
abiertamente dirían: "Los candidatos han de tener experiencia y muy
buenos informes." Ciertamente, nunca obligarían a trabajadores que no
lo desean, pues ello sería contraproducente: Es poco probable que
quienes practican la magia negra pertenezcan a los círculos
esotéricos
de tipo medio.
Además, una operación de este tipo sólo podría llevarse a cabo en
agrupaciones más bien grandes que cuentan con un importante número de
socios. En cambio es muy difícil infiltrarse en los círculos
pequeños,
donde todo el mundo se conoce muy bien. Puede que los círculos
reducidos no posean los recursos materiales que tienen las grandes
organizaciones, pero posiblemente estarán más libres de influencias
hostiles, excepto si se da la circunstancia de que la agrupación haya
sido especialmente constituida para el ejercicio del mal. Todo grupo
que goce de una cierta reputación accederá de buen grado a estar en
una situación de libertad vigilada durante un cierto período de
tiempo. En dicha etapa los miembros nuevos pueden conocer a los
otros,
y si al finalizar el período no están satisfechos, podrán abandonar
el
grupo libremente, sin que haya malos sentimientos por ninguna de las
partes con tal que respeten los secretos que les hayan confiado.