Creo que no se trata tanto de un conflicto en el mundo exterior como
de una crisis en la conciencia, en el pensamiento, en todo nuestro
ser
interno. Y creo que es sólo la mente iniciática la que puede disolver
este dolor, la que puede disipar por entero, totalmente, el proceso
integro del pensamiento y el resultado que este produce en forma de
dolor, de miedo, de ansiedad y sentimiento de culpa-
Hemos inventado muchos medios para librarnos del dolor: ir a la
iglesia, deportes, acumulación de riquezas, escapar hacia creencias,
dogmas, entregarnos a diversas actividades sociales y políticas, y
otros innumerables medios de escapar de este perpetuo corroer del
miedo y el dolor. Creo que es sólo la mente verdaderamente iniciada
la que puede resolver el problema. Y por mente iniciática quiero
significar algo del todo distinto de la mente profana, del masón que
cree en esa Gran Luz que se nos otorga en la iniciación masónica. No
hay dogmas donde hay una verdadera creencia en Dios.
No hay creencia legitima donde hay un sólo dogma, donde existe la
eterna repetición de palabras litúrgicas, palabras, palabras, ya sea
en portugués, español o cualquier otra lengua. Ir a ‘la tenida
repetitiva’ es simplemente otra forma de un mal entretenimiento; no
es
masonería. La masonería no es de palabras es de acción concreta de
cada día. Tanto si vuestro cerebro es depurado por la gente de
iglesia
como por los izquierdistas, es lo mismo. La masonería es algo
enteramente diferente de la creencia o la no creencia, de forma
mecánica. Y deseo entrar en toda la cuestión de lo que es la mente
iniciática. Veamos pues muy claramente que la masonería no es la fe
en
que creéis: eso es demasiado falto de madurez. Y donde falta madurez
tiene que haber dolor. Se requiere gran madurez para descubrir lo que
es una verdadera masonería. El masón no es el que cree, por cierto;
no
es él que sigue a la autoridad, de cualquier clase que sea, tanto si
es la del venerable maestro como la del Gran maestro del Oriente.
Así,
es obvio que una masón está libre de todo seguimiento y, por lo
tanto,
de toda autoridad, Y es así que el masón aprende a ser su propio
maestro.