JOSÉ MANUEL NIEVES | MADRID Actualizado Miércoles , 28-10-09 a las
13 : 29
Ha vuelto a suceder. Fue el pasado 8 de octubre y sobre los cielos de
Indonesia. Un pequeño asteroide de diez metros de diámetro que ningún
instrumento había sido capaz de detectar se precipitó contra la
Tierra, detonó al entrar en la atmósfera, a unos 20 km de altura, y
provocó una explosión de 50 kilotones, tres veces más potente que la
bomba atómica lanzada sobre Hiroshima. Se trata de la mayor explosión
de un asteroide registrada hasta la fecha. Si la roca hubiera sido
sólo un poco más grande, sus efectos habrían sido devastadores.
El episodio, observado por numerosos testigos, grabado en vídeo y
emitido en todos los informativos locales, se produce justo en el
momento en que el gobierno norteamericano estudia la mejor manera de
hacer frente a la amenaza que suponen estos auténticos vagabundos
espaciales. Una amenaza muy real, a la luz de la dramática explosión
registrada hace apenas dos semanas sobre South Sulawesi, en Indonesia,
que liberó una energía equivalente a 50.000 toneladas de TNT. O lo que
es lo mismo, tres veces más que la bomba lanzada sobre Hiroshima al
final de la Segunda Guerra Mundial
Aunque la explosión no causó daños en tierra, dada la altura a la que
se produjo, sí que es una prueba más que demuestra lo desprotegidos
que aún estamos frente a acontecimientos de esta clase. Los astrónomos
Peter Brown y Elizabeth Silber, de la Universidad de Western Ontario,
en Canadá, han calculado la magnitud de la detonación a partir de las
ondas infrasónicas que produjo, que recorrieron medio mundo y que
fueron registradas por la red internacional de instrumentos que mide
las explosiones nucleares.
Ningún telescopio lo detectó
A partir de la energía liberada, los astrónomos han determinado que el
objeto no tenía más de diez metros de diámetro. Y según las
estadísticas, un asteroide de esas características y tamaño hace
impacto contra la Tierra, como media una vez cada entre dos y doce
años. Ningún telescopio detectó la amenaza antes del impacto. Lo cual,
a la vista del escaso número de asteroides menores de cien metros que
tenemos catalogados, no constituye una sorpresa.
Si la roca que se precipitó contra Indonesia hubiera tenido 20 ó 30
metros de diámetro en lugar de 10, habría podido provocar una
catástrofe de grandes proporciones. El informe de los dos astrónomos,
en el que se incluyen todos los detalles técnicos, aparece en esta
página de la web de la NASA.
http://neo.jpl.nasa.gov/news/news165.html
Según los objetivos marcados por la Casa Blanca, Estados Unidos
debería aprobar una serie de medidas defensivas contra pequeños
asteroides dentro de este mismo año. Sin embargo, una red de
instrumentos capaz de detectar estos pequeños objetos a tiempo
significaría tener que liberar un presupuesto de muchos miles de
millones de dólares. Algo que los norteamericanos no están dispuestos
a hacer en solitario.
Así, mientras el mundo termina de ponerse de acuerdo, seguimos
dependiendo de la suerte. El próximo impacto, o el siguiente, podría
producirse en tierra y contra un centro habitado. Y entonces será
demasiado tarde.
fin cita----