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Es lo que deben hacer en España.
http://internacional.elpais.com/internacional/2012/05/26/actualidad/1338055952_132147.html
Unas 60.000 personas, la mitad de ellas sudaneses y eritreos, deambulan por
las calles de Israel. Las autoridades no les deportan, pero les dejan a su
suerte, en un limbo legal que ni les permite trabajar ni les da acceso al
sistema sanitario o educativo. Su presencia crispa a los vecinos bajo la
notable inoperatividad del Gobierno.
El termómetro supera los 25 grados en el parque Lewinsky de Tel Aviv. Allí
decenas de sudaneses y algunos eritreos matan el tiempo a golpe de
imaginación: unos compartiendo anécdotas en los abundantes corrillos. Otros,
menos soñadores, tumbados en el césped. Su mirada se pierde en algún punto
impreciso del horizonte. "Aquí no tenemos nada, a veces ni qué comer, pero
al menos sé que no me van a matar en cuanto salga a la calle", dice Omar, un
sudanés de Darfur, una región al oeste de Sudán inmersa en un cruento
conflicto desde 2003 entre las milicias paramilitares árabes y los africanos
negros. A su lado, varios compañeros escarban dentro de una bolsa de
plástico con algunas camisas y pantalones viejos que un vecino acaba de
traer.
Sin embargo, aunque en Israel no corran el riesgo de ser aniquilados en una
guerra civil (se calcula que más de 300.000 personas han muerto durante los
últimos siete años) tampoco están exentos de ser linchados a manos de
ciudadanos israelíes encendidos. El pasado miércoles unos mil israelíes se
manifestaban en el barrio de Hatikva, al sur de Tel Aviv, llamando a su
expulsión con lemas como "Son un cáncer en nuestro cuerpo" o "Sudaneses a
Sudán", consignas pronunciadas incluso por alguno de los cinco diputados de
la derecha israelí (tres del Likud, uno de Kadima y otro del partido Unión
Nacional, de derecha radical) que participaron en esta protesta que terminó
de forma violenta.
La progresiva exaltación de los manifestantes se saldó con el lanzamiento de
piedras a toda persona de color que pasara dentro de un coche, a la
retención forzosa de taxis compartidos para ver si había algún inmigrante en
el interior, o al destrozo de una tienda cercana de comestibles. Fueron
detenidas 17 personas y varios de los parlamentarios, denunciados por
"incitar a la violencia" por parte de ONGs como Paz Ahora.
He cubierto ataques terroristas, funerales, accidentes de coche y
protestas. He visto ira, frustración, desesperación y tristeza, pero nunca
he visto tanto odio"
Ilan Lior, periodista
Revelador fue al día siguiente el testimonio de un periodista del diario
israelí Haaretz, Ilan Lior, que cubrió la manifestación: "He cubierto
ataques terroristas, funerales, accidentes de coche y protestas. He visto
ira, frustración, desesperación y tristeza en variedad de formas y lugares,
pero nunca he visto tanto odio como el que presencié ayer". Por cierto, a él
también le tuvo que sacar la policía porque casi le linchan al grito de
"izquierdista".
Tampoco es tranquilizador el mensaje lanzado por algunos miembros del
Ejecutivo. El ministro del Interior, Eli Yishai, anunció el jueves que
estudiaba multar a los alcaldes de localidades israelíes que permitieran la
contratación de "infiltrados". "Su lugar es el país del que han venido",
dijo. El primer ministro, Benjamín Netanyahu, dijo a las pocas horas del
incidente que "hay que detener la llegada de extranjeros a Israel" y afirmó
que su Gobierno lo haría de forma "responsable", empezando por acelerar los
trabajos de la valla fronteriza con Egipto, cuya construcción se completará
en unos meses.
Travesía por el desierto del Sinaí
En los últimos cinco años, 35.000 eritreos y 15.000 sudaneses han ido
llegando a Israel, la mayoría a través del desierto del Sinaí, en una
aventura peligrosa que a menudo termina en tragedia. "A muchos les
secuestran las tribus beduinas y piden rescates a sus familias que pueden
llegar hasta los 40.000 dólares [algo más de 30.000 euros]" dice Orit Marom,
de la Organización para la Ayuda de los Refugiados en Búsqueda de Asilo
(ASSAF, en sus siglas en inglés) con sede en Tel Aviv. "Les amenazan con
matarles, o lo que es peor, con extraerles los órganos", asegura esta
israelí en la entrada de su oficina.
"Varios compañeros tienen una raja en la espalda, les quitaron un riñón",
asegura Onnab, otro sudanés del grupo de Lewinski en el recibidor de ASSAF.
"Es un auténtico drama, a las mujeres las violan, incluso nos han llegado
niños con las extremidades deformadas porque les mantuvieron atados durante
meses mientras sus huesos crecían", asegura, Orit Rubin, coordinadora
psicosocial de esta organización.
Casualidad o no, la policía israelí desmanteló la semana pasada una red
clandestina de tráfico de órganos, deteniendo a diez sospechosos, entre
ellos un médico de Tel Aviv con antecedentes de practicar trasplantes en un
hospital de Pristina (Kosovo) en 2008.
Extorsiones que no hacen sino aumentar la angustia de estos sudaneses
(procedentes tanto de Sudán, como del actual Sudán del Sur) y eritreos,
desorientados en un país que no les deporta -Israel es firmante de la
Convención sobre el Estatuto de los Refugiados (1951) que impide la
deportación al país de origen en caso de caso de existir riesgo de
persecución "por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a
determinado grupo social u opiniones políticas"- pero que tampoco les
concede ningún derecho, ni visado de trabajo. "Están en un limbo legal, lo
que único que tiene que hacer Israel es aceptar su solicitud de asilo,
valorarla y, si realmente considera que no existen tales riesgos, ya puede
deportarles como piden los políticos", explica Orit Marom.
Dany Dannon, parlamentario por el Likud -el partido liderado por Benjamín
Netanyahu- y uno de los que acudió a la manifestación del miércoles con
mensajes como "hay que sacar a los africanos de aquí", es uno de ellos. En
conversación telefónica, asegura que él ha estado en el sur de Sudán, que
allí no pasa absolutamente nada y que estos inmigrantes se encuentran en
Israel de forma ilegal solo para trabajar. "Debemos tomar medidas. Vienen y
luego quieren traerse a toda su familia y amigos, no puede ser", asegura.
Sin embargo, Orit Maron, de ASSAF, es crítica con las aseveraciones de
Dannon. "Se les trata como criminales pero sí están legales, tienen un
permiso de residencia que deben renovar cada 3 meses", explica. No obstante,
Maron asegura comprender a los vecinos del barrio de Hatikva, sin recursos y
abandonados, asegura, por los sucesivos Gobiernos israelíes. "Si en tu
barrio aparecen de pronto miles de personas haciendo sus necesidades donde
pueden, o viviendo 200 en un edificio preparado para 50 te rebelas",
explica. "En lugar de echar más leña al fuego, lo que tiene que hacer el
Gobierno es afrontar el problema y dejar de lavarse las manos" concluye.